martes, 2 de febrero de 2010

COMO HORMIGAS PELEONAS

No hace mucho, en el campo, pude ver cómo peleaban dos bandas de hormigas, unas eran de color negro y las otras eran rojas. Las rojas parecían más grandes y más furiosas, unas guerreras naturales. Naturalmente no supe el motivo de esa guerra masiva. Posiblemente pelearon por un territorio con apetitosas viandas. Al día siguiente, hice fotos de restos de las hormigas muertas con una cámara digital colocada en posición macro. Fueron unas fotos impresionantes cuando las pude ver ampliadas en el ordenador. Había muchos restos de hormigas esparcidos por el suelo, patas sueltas, cabezas arrancadas, cuerpos mutilados y otros partidos (literalmente) por la mitad, como si lo hubiera hecho una sierra mecánica. Había tantas hormigas rojas muertas, como negras. Me recordó un campo de batalla de humanos al día siguiente de haber peleado, pero, por supuesto, una batalla llevada a cabo en algún siglo muy anterior al actual. Lamentablemente, perdí las fotos por culpa de un virus que invadió mi ordenador. Una lástima porque perdí un gran documento, aunque debo decir que, cada vez que miré esas fotos, me invadió una tristeza infinita y una gran desazón por lo terrible de las imágenes.
Ahora, recordando esas imágenes, se me ocurre que en nuestro siglo siguen existiendo bandos, bandos de humanos, bandos de diversas ideologías, pero que, al contrario que hacen las hormigas, que viven en hormigueros exclusivos de su raza, resulta que los humanos vivimos todos revueltos, sea la que sea nuestra ideología, seamos blancos, negros o rojos. ¿Por qué no dividir la ciudad en tantas porciones como bandos existen? Quién prefiera las leyes de los populares, que se vayan a vivir a la ciudad de los Populares. Que quién sea socialista, se vaya a vivir con los socialistas, e igual los comunistas, etc. Que los de tal partido quieren imponer tal o cual ley... pues bien, que lo hagan en su territorio y nadie les discutirá nada. De vez en cuando, eso sí, podemos encontrarnos en un territorio de nadie, y allí, apedrearnos a placer, clavarnos cuchillos y partirnos por la mitad. Luego, cuando nos cansemos, cada uno a su casa y a vivir en paz.

No hay comentarios: