martes, 2 de febrero de 2010

UNA BICICLETA IMPOSIBLE

Me quedé mirando aquella bicicleta imposible. Tenía un diseño totalmente distinto a todo lo conocido y estaba pintada con unos colores que eran sencillamente geniales. No tenía pedales, y ese fue el motivo de que me quedase maravillado al verla. Fue entonces cuando traté de imaginar cómo podría funcionar. En esto, se me acercó alguien vestido con un mono de mecánico y me pidió por favor que me apartara, que tenía trabajo que hacer en la bicicleta. Seguro que era un mecánico porque vestía un mono lleno de grasa, y además, llevaba en las manos... ¡dos pedales!. Me aparté y me reí de la tontería de haber pensado que la bicicleta podía haber funcionado sin ellos. El mecánico me vio reír y me dijo muy serio: si, ya sé que es una tontería poner pedales a la bici porque no le hacen ninguna falta, pero es la única manera que tengo para que la gente no se quede embobada mirando mi bicicleta. Creo que ponerle pedales será la única manera de evitar que cada día haya grandes corros de gente a su alrededor. ¡Cómo! exclamé yo ¿Es que funciona realmente sin pedales?. ¿Sin pedales? dijo el mecánico, claro que no, no funciona con pedales pero tampoco sin ellos. Los pedales no le hacen falta porque no funciona de ningún modo ¿no ve que ni siquiera tiene cadena? Es una bici vieja que muchas veces me sirve para probar mis aerosoles de pinturas en ella y que, como apenas tengo sitio en el taller, la tengo siempre aquí afuera, en la calle, y mire usted, lo que me asombra muchísimo es que este esperpento de bici llame tanto la atención.

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