jueves, 4 de febrero de 2010

TRANSMISIÓN

- Bien, hijo. Ha llegado el momento de que te transmita mis conocimientos. Creo que ya estás preparado. Una cosa te pido, y es que no me hagas sufrir, pues cuando me comas, y aunque ya no tenga cerebro, si me comes vivo sufriré mucho, ya que mis terminaciones nerviosas me transmitirán el dolor.
- ¿Y cómo debo hacerlo, padre?
- No lo sé, hijo. Generación tras generación nos hemos hecho la misma pregunta sin haber encontrado hasta ahora la respuesta adecuada. Ojalá tú la encuentres. Si lo consiguieses, nuestro fin sería menos doloroso, piensa que un día te tocará a ti.
- Lo sé, padre, pero la única forma de que no sufras sería matarte antes y eso no puedo hacerlo. Quizá cuando tenga dentro de mi tu cerebro y tus conocimientos se hayan unido a los míos, encuentre el modo.
- Eso espero, hijo mío, prepárate.
Y, con sus manos, separó primero en dos partes, y con mucho cuidado, la cabeza de su hijo. Luego hizo lo mismo con su cabeza, arrancándose a continuación el cerebro, y gracias a sus últimos reflejos pudo insertarlo dentro de la cabeza abierta de su vástago. Los dos cerebros, ya dentro de la cabeza del hijo, extendieron sus minúsculos tentáculos y se unieron formando un todo. El hijo, ya completo al recibir la sabiduría de su progenitor, cerró y ajustó su cabeza y a continuación cerró la de su padre, observando en el rostro de éste una completa expresión de estupidez.
Y ahora, se dijo, ¿cómo puedo evitar el sufrimiento de mi padre? Si no me lo como, el ciclo no será completo y no habrá servido de nada la transmisión de su cerebro, necesito sus terminaciones nerviosas para digerirlas y que hagan activar el riego sanguíneo en mi cabeza, lo que hará que mi cerebro, unido al suyo, crezca y se haga poderoso. Y dirigiéndose a su padre, que babeaba y seguía manteniendo la misma expresión de estupidez, le dijo: lo siento, padre, ya sabes que no puedo matarte si no quiero ser maldecido por los dioses y que debo comerte vivo a pesar de lamentar que sufras atrozmente. Mi nueva sabiduría no me hace ver ningún nuevo camino para evitarte este final. Procuraré comerte rápidamente para hacerte sufrir lo menos posible y espero que en tres días te haya devorado totalmente.
Y empujando a su padre para que se sentara, él se sentó también a su lado, y agarrándole un pié comenzó a devorarle los dedos, mientras las lágrimas fluían de sus ojos al escuchar los atroces gritos de su padre.-

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