jueves, 4 de febrero de 2010

¡RIIIINGGGGGG!

- Dígame....
- ¿El señor Rodoredo?
- Si, yo mismo.
- Buenos días, señor Rodoredo, le llamo de la Editorial "Enciclopedias avanzadas". No tenemos por costumbre ofrecer nuestras enciclopedias antes de que salgan publicadas, salvo casos especiales, pero éste es uno de esos casos especiales, permítame decírselo. ¿Tiene alguna ocupación peculiar o que se salga de lo que podemos llamar, corriente?
- Pues, la verdad, no sé...
- ¿A qué se dedica, señor Rodoredo?
- Trabajo en una oficina, como delineante.
- Creo que vamos por el buen camino. Aparte de su trabajo como delineante ¿Tiene algún hobby?
- Bueno, tengo varios, me gusta la fotografía, me gusta también escribir...
- Eso es, creo que es usted mi hombre. ¿Su nombre exacto es Juan Rodoredo Granda?
- Pues si, efectivamente.
- Bien, en ese caso, no me he equivocado. Sin duda es usted.
- ¿A qué se refiere?
- Verá, como el propio nombre de nuestra Editorial indica, nuestras enciclopedias son las más avanzadas del mercado. No solo figuran en ella los hechos más recientes, sino que además también los hechos más relevantes que ocurrirán durante los dos próximos años. Le parecerá raro, pero tenemos expertos que únicamente se ocupan de hechos venideros. Naturalmente, no solemos airear estos datos, como comprenderá, para no ofrecer ventajas a nuestra competencia, pero en este caso me ha parecido obligado ponerme en contacto con usted, estimado señor.
- Bueno, la verdad es que no entiendo nada.
- Lo comprendo señor Rodoredo. Se lo voy a explicar: usted figura en la enciclopedia como el precursor de unas ideas que revolucionarán el mundo.
- ¿Yo?
- Si, señor Rodoredo, usted. Ahora le leeré lo que explica la enciclopedia, escuche: Rodoredo Granda, Juan. De profesión delineante. Escritor. Precursor y fundador del movimiento Casuístico Imperativo Lineal. Su libro "Casuístico Imperativo" revolucionó los pensamientos del ser humano, y el mismo Juan Rodoredo ocasionó, con el liderazgo de sus ideas, el mayor movimiento humanístico del siglo veintiuno. El libro ha sido reeditado innumerables veces y se prevé que su difusión sea incluso mayor que el libro más vendido de la historia, la Biblia. Gracias a los pensamientos profundos de Rodoredo, la humanidad siempre estará en deuda con este insigne hombre.
- Me deja profundamente asombrado....
- No se asombre, ¿no me ha dicho que escribe?
- Si, pero...
- ¿Está escribiendo algo en estos momentos?
- La verdad es que si, pero no creo que....
- Perdone, ¿ha puesto ya el título a su libro?
- Pues tenía pensado varios, pero como apenas lo he comenzado pues todavía no... pero vamos, que mi novela no me parece que...
- No se equivoque. Las grandes obras, las que el mundo admira, ni su autor se imaginaba que llegarían a ser lo que luego han sido. Me he sentido obligado a ofrecerle nuestra enciclopedia cuando esta mañana he visto, en la redacción, la página donde habla de usted. No solemos hacerlo, pero siendo un caso especial como éste deseamos que pueda tenerla tan pronto salga de la encuadernación. Personalmente, considero que es un privilegio ponerme a su disposición. El precio es solo de cincuenta mil pesetas y será de los primeros en tenerla. Dígame si le interesa para anotar su envío.
- Me ha dejado sin habla. Si, claro que me interesa. ¿Puedo pagarla a plazos?
- Lo siento, Juan. ¿Me permite llamarle Juan? El caso es que, es imposible. Solemos hacerlo cuando se trata de una venta normal, pero, no sé como decírselo, preferiríamos que si decide adquirirla, lo que sin ninguna duda ya ha decidido, nos envié el importe previamente al envío. Tan pronto recibamos su cheque se la enviaremos. La Editorial no puede regalar sus enciclopedias.
- ¡Oiga! ¡Que yo les pienso pagar!
- Si, sé que ésa puede ser su intención, pero....
- ¡Cómo que solo una intención! Yo siempre pago mis deudas y los compromisos que adquiero!
- ¡Ay! señor Rodoredo, me obliga a ser más explícito y yo no quería llegar a eso...
- ¿Explícito? ¡Claro que debe ser explícito!
- Bien. Lo siento, y que conste que usted me obliga. La enciclopedia dice, además de lo que ya le había leído, que Juan Rodoredo fallece por accidente de automóvil en el mismo año de la publicación del libro y apenas iniciado el liderazgo de sus ideas. Comprenderá ahora el motivo de no querer cobrarla a plazos. No nos íbamos a arruinar por ello, pero es que, sabiendo que usted no llegará a poder pagarla....
- ¡Ahora sí que me ha dejado de piedra! ¿Dice la fecha exacta?
- No, la fecha exacta, no. Solo dice que a finales de año.
- ¡Necesito saber la fecha exacta y todos los detalles!
- Se trata de una enciclopedia, no de unas memorias detalladas; se supone que éstas se publicarán y que además serán muchos los autores que lo hagan, pero la enciclopedia solo hace la reseña de una manera sucinta. Con seguridad que, en años posteriores, las enciclopedias ampliarán los datos. Ya le digo que lo siento, pero debe decirme ahora si la quiere o no. Decídase. Debo indicarle que ya me estoy arrepintiendo de haberle llamado. Lo cierto es que sentí tristeza al pensar que alguien que llegará a ser tan importante, moriría sin saberlo, pero si no la quiere, pues nada. He tenido mucho gusto, señor Rodoredo.
¡No! ¡Espere! Hoy mismo le envío el cheque.

¡Rinngggggg!
- ¿Diga?
- Oiga, ¿Es la Editorial "Enciclopedias avanzadas"?
- Si, señor, aquí es. ¿Con quién quiere hablar?
- Me llamo Juan Rodoredo. Acabo de recibir una enciclopedia de ustedes y yo no figuro para nada en ella. Me la han vendido con un engaño increíble, inadmisible a todas luces. Por culpa de ustedes he llegado en estos últimos días a cambiar mi vida. He terminado de escribir mi libro, que tenía que ser lo más maravilloso ocurrido a la humanidad y resulta que nadie quiere publicarlo. Y como creí que realmente moriría en pocos meses, he vendido y despilfarrado todo lo que poseía y ahora estoy arruinado.
- ¡Vaya! pues lo lamento, señor. Es usted la persona nº 200 que ha llamado en estos días para la misma queja. Ya hemos despedido al vendedor. Era muy agresivo y las técnicas de venta que empleaba no eran del agrado de nuestra Editorial.
- Señorita, estoy desesperado, no sé cómo me he podido dejar engañar por un vendedor. ¿Puedo devolverles la enciclopedia? Si pudiera recuperar las cincuenta mil pesetas, eso me arreglaría algo.
- ¿La ha llegado a desembalar?
- Si, claro, pero solo la he ojeado.
- Entonces, es imposible. Son normas de la casa. No podemos hacer nada. Que tenga Vd. buenos días, señor.
¡Clink!.-

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