sábado, 6 de septiembre de 2008

¡¡Tengo un problema!!

—¡Foster! ¡Responde! ¡tengo un problema!
—Te oigo, Young ¿Qué te ocurre, amigo?
—¡Mi tablero de navegación no parece funcionar! Y lo que es peor, se me acaba el aire y me cuesta respirar.
—Young... eso no es un problema.. ¡son muchos problemas!.
—Lo sé, Foster. No encuentro la avería y me voy a ahogar. Llevo rato intentando encontrar la solución, pero ya noto la falta de aire. Algo debe haberse incendiado porque la cabina se ha llenado de humo.
—Veamos... analicemos la situación: estamos muy lejos de la flota para que intentes llegar hasta ella... si me dices que ahora mismo ya notas la falta de aire. A cien años luz tenemos la séptima galaxia y ahí tenemos una base ¿Crees que podrías llegar? No tardaríamos más de tres horas, Young.
—Negativo, Foster. No llegaría. Además, mis instrumentos de navegación se ha quedado mudos y sordos y ni siquiera podría poner rumbo a esa base. No veo otro remedio que enfundarme el traje espacial y abandonar mi nave.
—¡Dios! ¿Y que ganarías con ello? Te perderías en el espacio y morirías igualmente por falta de aire. Estamos demasiado lejos de todo para que podamos transmitir un SOS. Ya sabes que los trajes espaciales son simplemente de apoyo y que apenas contienen aire para una hora. Yo podría acercarme a la flota o a esa base e intentar retransmitirles el problema... pero para entonces ya se te habría agotado el aire. Lo mejor que podemos hacer es que te enfundes la escafandra y que te traslades a mi nave. Ya sabes que en estas naves no hay sitio para dos, pero puedo desprenderme de los medidores. Eso te permitiría permanecer acurrucado detrás de mi asiento hasta poder llegar a la base. Una vida vale más que mil medidores.
—De acuerdo, hagámoslo como dices, pero deberás acercarte tú, yo no puedo maniobrar, mi nave va a la deriva.
—Conforme, amigo, ponte el traje espacial y ten calma. Ya me dirijo hacia ti.


—¡Ya te veo, Young! Estoy justo a tu lado, pero tu nave se bambolea peligrosamente junto a la mía. Sin duda debes tener también el timón averiado. ¿No puedes mantener el rumbo? Podríamos chocar si no logras dominar la estabilidad de tu nave.
—Negativo. Nada funciona, pero ya tengo puesto el traje y estoy preparado para salir. Voy a hacerlo, Foster, recógeme.

En ese momento, las dos naves explotan y todo se convierte en escombros que salen despedidos por el espacio.

—¡Uf! Menuda tensión, compañero, ahora me siento perfectamente. ¿Cómo estás tú?
—Me encuentro mejor que nunca. Lastima que las naves no resistieran en el choque, eran unas buenas naves. Me pregunto adónde iremos ahora, tú sin aire en tu traje, y yo... sin siquiera traje. Y lo curioso es que no lo necesito, ni siquiera necesito respirar.
—Yo tampoco necesito respirar, pero no te preocupes ya por nada. Algún lugar habrá para nosotros.
—Seguro, amigo.

Rafael Muñoz

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