<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201</id><updated>2011-07-08T09:20:41.595-07:00</updated><title type='text'>Relatos muy poco creibles y alguno cierto</title><subtitle type='html'>RELATOS CORTOS DE FICCIÓN Y FANTASÍA

"Escribir ficción es el arte de conseguir que la estupidez se asemeje a la realidad" 
"Escribir realidades es el arte por el que en ocasiones se consigue escribir estupideces"</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>148</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-1132341055896922428</id><published>2010-04-01T08:42:00.000-07:00</published><updated>2010-04-01T08:43:29.062-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>IMPOSIBLE RESISTIR TANTA FELICIDAD&lt;br /&gt;    Fue resuelto a que le pincharan; imposible poder resistir ni unos minutos más.&lt;br /&gt;     Le dijo a la doctora: de acuerdo, ya me he decidido, pónganme esa inyección que me quitará tanta felicidad como tengo ahora, no puedo con ella.&lt;br /&gt;     Contuvo la respiración al notar cómo entraba la aguja en su carne; eso ya le hizo sentirse mejor, y al cabo de pocos segundos respiró de nuevo. ¡Por fin! dijo con voz muy alta, casi gritando. Luego, dio las gracias a la enfermera y se marchó con un fuerte portazo, demostrando con ello que ya había recobrado su mala leche.&lt;br /&gt;     Se había dado cuenta a tiempo de que sin sufrimiento no era nadie, no era nada. ¡Caramba, se dijo al llegar a la calle, tanta felicidad ya me empalagaba!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-1132341055896922428?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/1132341055896922428/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=1132341055896922428' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/1132341055896922428'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/1132341055896922428'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/04/imposible-resistir-tanta-felicidad-fue.html' title=''/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-3593170990529015708</id><published>2010-02-04T23:31:00.000-08:00</published><updated>2010-02-04T23:32:01.264-08:00</updated><title type='text'>COMO VERDADEROS CASCABELES</title><content type='html'>Sus risas resonaban alegremente cantarinas como deliciosos cascabeles. Yo no podía evitarlo, sus risas siempre me producían un intenso cosquilleo que entraba por mis oídos y me recorría todo el cuerpo, hasta llegar finalmente hasta los dedos gordos de mis pies.&lt;br /&gt;     Al principio, cuando la conocí, yo intenté resistir estoicamente, soportando la tortura del picor en mis dedos gordos. Encogía los pies dentro de los zapatos, deseando que se calmase ese picor, pero finalmente, y al no ser capaz de resistirlo, determiné descalzarme tan pronto como mis dedos me picasen y exigiesen ser rascados, y eso era siempre que me encontraba ante Rosarito, la niña de la fácil risa. &lt;br /&gt;      Un día aciago, Rosarito me dijo que siempre le había extrañado que cuando nos veíamos yo me descalzase y comenzase a rascarme los pies, que no comprendía esa manía mía y que a ella no le importaba, pero que no había dejado en ningún momento de parecerle chocante ese acto y también algo maloliente y, desde luego, nada elegante. &lt;br /&gt;    No he dejado de pensar en ese día en el que tanto me azoré y no supe reaccionar debidamente, pues recuerdo que yo contesté con verdadera simpleza: Rosarito, niña, es que tú... ¡continuamente estás riendo! Rosarito me miró, desconcertada, y entonces soltó su fácil risa con las más altas notas que yo hubiera oído antes, diciéndome sin dejar de reír: y eso, ¿qué tiene que ver?. Pero yo, pobre de mi, turbado y con más cosquillas y picores que nunca, no supe decir nada, atareado como estaba por las prisas para descalzarme. Y Rosarito se alejó, dejándome sentado en el suelo, desconsolado y con las botas ya fuera de mis pies, mientras comenzaba a rascarme con furor y muy apenado por no haber sabido explicarme. &lt;br /&gt;    Y como desde entonces, Rosarito ya no quiere saber nada de mi, he perdido dos placeres: uno, el de oír su risa de cascabeles, y el otro, el de rascarme los dedos de los pies.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-3593170990529015708?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/3593170990529015708/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=3593170990529015708' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/3593170990529015708'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/3593170990529015708'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/como-verdaderos-cascabeles_04.html' title='COMO VERDADEROS CASCABELES'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-7558547279354459945</id><published>2010-02-04T23:29:00.000-08:00</published><updated>2010-02-04T23:30:18.985-08:00</updated><title type='text'>¡Vaya mierda!</title><content type='html'>Avancé por la acera, entre la riada humana, dando codazos. Avancé como pude y me coloqué, al fin, en el centro de la calzada, delante de los cientos de coches que esperaban a que se abriera el semáforo. Dije entonces, en voz alta y con mis brazos extendidos: ¡aquí estoy, delante vuestro, para ser vuestro señor!&lt;br /&gt;El semáforo se abrió y a los pocos segundos mi espíritu pudo ver, desde lo alto, cómo mi cuerpo atropellado se iba convirtiendo en una pulpa, apenas una mancha, y me dije: ¡Nadie me ha hecho caso. Esto es una mierda!.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-7558547279354459945?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/7558547279354459945/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=7558547279354459945' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/7558547279354459945'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/7558547279354459945'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/vaya-mierda.html' title='¡Vaya mierda!'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-338795044267970955</id><published>2010-02-04T23:27:00.000-08:00</published><updated>2010-02-04T23:28:05.592-08:00</updated><title type='text'>LA VIRGEN</title><content type='html'>Recuerdo ese día como si lo estuviese viviendo de nuevo. Tengo 8 años. Miro a menudo con envidia una estatuilla muy pequeña de la Virgen María, de plata, y que mi madre tiene siempre colocada en la “coqueta” de su dormitorio. Esa imagen me atrae irresistiblemente. Al marcharme para ir al cole después de comer, en un impulso irreflexivo, y simplemente por la atracción que me produce, cojo la imagen, la guardo en un bolsillo y me la llevo.&lt;br /&gt;Paso la tarde en clase mirando y admirando la estatuilla. Por fin salgo del cole, ya libre de las advertencias y reproches del maestro, del estilo de “no te distraigas”, o “¿a qué juegas?” En la calle, camino de casa, saco una vez más del bolsillo mi preciada imagen y vuelvo a admirarla en mi mano; le tengo cariño y ahora es mía, por lo menos hasta que la devuelva al sitio de donde la cogí. Le doy mil vueltas y la sigo mirando y remirando. La lanzo al aire, hacia arriba, y la recojo al caer. Me demuestro a mi mismo la gran habilidad que poseo y de modo incansable continúo jugando de ese modo, lanzándola cada vez a más altura. De pronto no logro cogerla en el aire y sin poder poner remedio se cae al suelo. No veo dónde ha caído. Doy vueltas y más vueltas a mi alrededor, buscándola, pero no la encuentro.&lt;br /&gt;Revivo mi angustia al recordarlo, mi llanto interior, mi desespero. Había salido del Colegio a las seis de la tarde y la estatuilla la perdí apenas cinco o seis minutos después.&lt;br /&gt;Llegaron a dar las nueve de la noche sin encontrarla y todo ese tiempo, las tres horas, las pasé buscando, obsesionado, la imagen de la Virgen que, por una tontería mía, había perdido. No podía creer que habiendo caído a mi lado, rozándome la mano, no estuviese en el suelo, allí mismo, a mis pies.&lt;br /&gt;Di mil vueltas a mi alrededor, mirando, buscando y... rezando, rezando continuamente en mi interior y hasta en voz alta. Mi Colegio pertenecía a la Congregación de los Padres Salesianos, y en la mente tenía grabado un rezo que los Padres explicaban que era milagroso si llegabas a encontrarte en peligro, o en trance de morir “sin confesión”, pues La Virgen no lo permitiría&lt;br /&gt;si lo pedías con verdadero fervor. Yo no estaba en trance de muerte, pero era tan importante para mi recuperar la imagen que pensé que si rezaba con fervor, con toda mi alma, la Virgen me ayudaría igual que si estuviera en peligro de muerte inmediata. El rezo era: “María Auxilium Cristianorum, auxíliame”.&lt;br /&gt;Durante las horas en que estuve buscando la imagen, no dejé ni por un instante de repetirlo. ¿Cuántas veces lo repetí? ¿mil? ¿diez mil? Pero a pesar de mis rezos no encontré lo que buscaba; la Virgen no me auxiliaba. Había perdido su imagen y ella se había alejado completamente de mi. Ya se había hecho tan tarde, que mi angustia era un millón de angustias. Me&lt;br /&gt;matarían al llegar a esas horas, pensé. Derrotado, emprendí mi camino hacia casa.&lt;br /&gt;Llegué cansado y con miedo. ¿Qué explicaciones daría?. Decidí que cómo nadie me había visto coger la imagen, no diría nada, aunque sospechaba que acabarían descubriéndome, y seguramente, entonces, todo sería peor. A esa edad, por lo menos yo, no sabía como funcionaban las cosas ni sabía&lt;br /&gt;pensar en lo que podría ocurrir después, así que cuando intentaba imaginarlo, simplemente no podía hacerlo. &lt;br /&gt;Resulta que nadie se había preocupado por mi tardanza y al parecer nadie advertido la falta de la imagen. No me hicieron reproches por llegar a esas horas. Estaba casi finalizando el mes de Junio, recién comenzado el verano, y como en esos días las horas de luz se alargan mucho antes de hacerse de&lt;br /&gt;noche no parecía que fuese tan tarde. Dejé en mi cuarto la cartera repleta de libretas, de lápices y de plumillas, y como un delincuente que desea ver otra vez el lugar donde ha cometido su delito, entré en la habitación de mis padres.&lt;br /&gt;Y al mirar hacia la coqueta, vi que la estatuilla de la Virgen estaba allí, como siempre, donde siempre y durante años había estado.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-338795044267970955?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/338795044267970955/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=338795044267970955' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/338795044267970955'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/338795044267970955'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/la-virgen.html' title='LA VIRGEN'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-9124874545320454767</id><published>2010-02-04T23:22:00.000-08:00</published><updated>2010-02-18T03:05:18.190-08:00</updated><title type='text'>ME LLAMO WINSTON Y MI DESTINO ESTÁ A PUNTO DE CUMPLIRSE</title><content type='html'>Mi nombre es Winston, y aunque pueda pensarse que es un típico nombre de alguien de color, no es mi caso, pues yo soy muy rubio. Viajo en unión de otros compañeros, que al igual que yo, tenemos una misión encomendada. Deseo con ansia y miedo que llegue ese momento y espero poder cumplir con honor hasta el final. &lt;br /&gt;      La cápsula es pequeña y nos encontramos muy apretados aquí dentro. Seguiremos viajando de este modo hasta que lleguemos al final de nuestro viaje. Me gustaría ser el primero en salir pero tampoco me importa demasiado, puesto que si eso no ocurre, los que quedemos tendremos más lugar para estar cómodos.&lt;br /&gt;      Parece que se inicia la misión porque alguien, desde fuera, acaba de abrir la escotilla. ¡He sido escogido para salir el primero! El trato que me proporcionan es exquisito, cuidadoso diría yo, y me alegro, es lo menos que pueden hacer. &lt;br /&gt;      La emoción me embarga totalmente. Mi cuerpo, en un viaje indescriptible, describe una parábola por los aires hasta que por fin mi cabeza queda suavemente sujeta en un punto fijo. Advierto que este lugar en el que me han situado está ligeramente húmedo, pero noto que también es suave y muy agradable. Mi posición es ahora prácticamente horizontal y mi anclaje firme. Me siento cómodo y relajado, y a pesar de que en mi cabeza siento algo de frío por la humedad, al instante noto cómo se inflama y arde mi interior. Por fin sé qué se siente en estos instantes supremos. Percibo una sensación extraña al tener la certeza de que se está cumpliendo mi destino, y que al fin puedo contemplar, firme y feliz, mi ansiada transformación. &lt;br /&gt;      Mientras en esta maravillosa metamorfosis me veo a mi mismo brillando, también puedo ver que una parte de mi cuerpo, cada vez mayor, desaparece, ascendiendo lenta y majestuosamente en unas maravillosas, sorprendentes y bellas volutas, formando en décimas de segundo innumerables y distintas  figuras que no puedo dejar de admirar. &lt;br /&gt;      Asciendo más y más. Una invisible y fugaz  brisa lleva mis flotantes partículas de un lugar a otro, esparciéndolas y consiguiendo que se expanda mi ser infinitamente. Miro por última vez lo que queda de mi cuerpo, lentamente disuelto, pero acabo olvidándolo y me deleito con lo que me rodea. ¡Estoy uniéndome al mundo en espíritu ! ¡Ya soy uno con el mundo! ¡Es una maravilla! ¡Por fin formo parte de la inmensidad!.&lt;br /&gt;      Para que el mundo entero pueda saber cual era mi misión, gritaré que... ¡xhrtogm...! ¡y que ahora, mi nombre completo es: Winston FXqttWdo......!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Esto es una anotación técnica de la “Jefatura de Rescate Exterior De Pensamientos”. Es el informe sobre el pensamiento encontrado hoy, 2 de Mayo del 3080, en el espacio exterior&lt;/strong&gt;.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El escrito que aquí se ha podido leer es una trascripción que se ha rescatado tras mucho esfuerzo y trabajo en el espacio exterior. Como sabrán, un equipo especialmente entrenado, y con instrumentos altamente sensibles, recopila desde hace años todo lo que en nuestro Planeta se llega a pensar y también lo que se dice con palabras,  porque, como vulgarmente se suele decir, si a éstas se las lleva el viento, qué no ocurrirá, entonces, con los pensamientos.  El objetivo del equipo es conseguir que ninguna frase o palabra llegue a poder perderse, pero especialmente, ningún pensamiento. Todo puede ser aprovechable y todo en aras de nuestra humanidad. Es importante, no solamente lo que se escribe, sino con mayor razón los pensamientos, que por sí mismos y en cuanto a sonoridad poco alcance tienen, sobre todo si nadie se hace eco de ellos. Nuestro lema es que ningún pensamiento debe perderse jamás. Si resulta después interesante o no el guardarlos, ya lo decidirán los expertos.&lt;br /&gt;Soy el jefe de este equipo de rescate y me he ocupado personalmente de este pensamiento, ya que me pareció raro que pudiese escaparse tan fácilmente a nuestro control. Cuando mi primer capataz lo encontró rodando y sin rumbo, al no poderse hacer con él solicitó mi ayuda y yo se la di con mucho gusto. Una vez hube capturado y desencriptado el pensamiento completo, tuve dudas acerca de si la humanidad debía o no conocerlo, pero lo cierto es que no me siento capaz de juzgarlo, además de haberme sorprendido al saber quién había sido el autor del pensamiento, motivo por el cual lo envío a ustedes en este mensaje, debiendo decidir en ese Consejo si este pensamiento nos puede servir, ahora o en un futuro, y si conviene archivarlo debidamente. La firma del pensamiento no lograba descifrarse aunque es realmente reveladora, y cuando se consiguió descifrar ya no había lugar para ella al final del informe del pensamiento. Por ese motivo, encontrarán que apenas puede leerse, y los signos que se ven al final del pensamiento es lo que capté de esa firma en un primer momento. La adjunto ahora, ya debidamente descifrada. Podrán encontrarla al pie de este informe, y va debidamente señalada con tres X antepuestas:&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;XXX: WINSTON FUMADO&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-9124874545320454767?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/9124874545320454767/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=9124874545320454767' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/9124874545320454767'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/9124874545320454767'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/me-llamo-winston-y-mi-destino-esta.html' title='ME LLAMO WINSTON Y MI DESTINO ESTÁ A PUNTO DE CUMPLIRSE'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-7156969999127502864</id><published>2010-02-04T23:20:00.000-08:00</published><updated>2010-02-04T23:21:26.097-08:00</updated><title type='text'>LA "MARCA" DEL GATO</title><content type='html'>El felino trepaba por el edificio, dejando marcadas en la fachada las huellas de sus fuertes y duras uñas. De repente, potentes reflectores iluminaron la noche. &lt;br /&gt;- ¡Ya lo tenemos! ¡Lo hemos atrapado por fin! Así gritaban las cincuenta mil gargantas, pertenecientes a los policías y bomberos de la Ciudad, congregados al pie del edificio, llegando a oírse sus voces hasta en el último rincón de la Población. Gritaban, alborozados, por creer que habían conseguido sorprender a aquel gato, siempre huidizo, y que por las noches trepaba por los edificios, burlándose de las ordenanzas y de todos y estropeando las fachadas con sus garras. &lt;br /&gt;La multitud invadía las calles; muchos vecinos habían bajado en pijama, presurosos, para no perderse nada del espectáculo prometido y esperado. Los bomberos se aprestaron a lanzar, a alta presión, grandes chorros de agua con sus potentes mangueras, dirigidas hacia el felino.&lt;br /&gt;Los policías, mientras tanto, disfrutaban esperando ver caer al odiado gato, para apresarlo y hacerle pagar muy caro sus enfrentamientos y osadías. El gato no se sorprendió por la persecución, al contrario: estaba esperándola desde hacía mucho tiempo, la esperaba y la necesitaba para sentirse importante, para seguir sabiendo que él era el mejor. También sabía que aquello era un enfrentamiento en toda regla, de “poder a poder”. Desde lo más alto, desde la última cornisa que había logrado alcanzar, levantó su cola; lo hizo lenta, majestuosamente, y orientando su trasero hacía abajo, expelió  un potente y largo chorro "made in gatuno" con toda la maestría de que era capaz. La gran sonrisa de felino astuto que iluminó sus facciones al ver que, como siempre, su puntería había sido certera, contrastó con las maldiciones que vomitaban los que se encontraban abajo, recibiendo esa especie de lluvia pestilente, recibiendo “la marca del gato”. &lt;br /&gt;Los cincuenta mil policías y bomberos marcados, chorreando y llenos de ira por la nueva burla de su odiado enemigo, le imprecaron y protestaron, desesperados e impotentes. &lt;br /&gt;El gato, muy satisfecho, con un último impulso grácil y elegante, saltó hacia arriba, hacia el tejado, y pudo vérsele allí, quieto, con su rabo erguido, dominando la Ciudad desde las alturas, recortada su imponente figura, silueta de porte impecable, en el cielo alumbrado por la luna; eso duró unos instantes, desapareciendo el gato a continuación, con su acostumbrada majestuosidad, a través de la noche. &lt;br /&gt;Mientras aún resonaban las maldiciones de los policías, sobresalió por encima de todas ellas un largo y potente ¡MAUUUUU! que electrizó el ambiente húmedo de la calle. Y la multitud y los servidores públicos, cabizbajos y mojados, se retiraron apesadumbrados, dándose cuenta de que, una vez más, habían sido burlados y vencidos por el gato.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-7156969999127502864?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/7156969999127502864/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=7156969999127502864' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/7156969999127502864'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/7156969999127502864'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/la-marca-del-gato.html' title='LA &quot;MARCA&quot; DEL GATO'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-2242852947070585965</id><published>2010-02-04T23:17:00.000-08:00</published><updated>2010-02-04T23:19:16.459-08:00</updated><title type='text'>GLORIA</title><content type='html'>“Para ti, inolvidable compañera, con mi fervoroso deseo de que, sea el que sea    el lugar en el que te encuentres, que espero sea en el cielo, ahora seas feliz”&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;      Gloria fue una atractiva y simpática compañera de oficina. Trabajábamos en la misma Empresa (A. y C. S.L.) pero la trasladaron a un departamento distinto, en un edificio contiguo, y solía visitarnos para saludar a las compañeras que allí había dejado. Yo la conocí cuando ella ya no trabajaba en mi departamento. De Gloria siempre me gustó su sencillez y su delicioso candor de jovencita. La recuerdo bien, al igual que ahora mismo me parece estar viendo su expresión risueña y la sonrisa que nunca abandonaba sus bonitos labios. Con el tiempo se llegan a olvidar personas y rostros, pero a Gloria no la olvidaré nunca; era una personita increíblemente dulce, con una personalidad que a nadie dejaba indiferente, y su visita era siempre motivo de alegría.&lt;br /&gt;     Nos hizo una visita precisamente el día que yo había estrenado un nuevo coche y me felicitó nada más entrar en el despacho. Sabía que yo había cambiado mi trotado 2 CV por un flamante SIMCA 1.000 y también lo contento que yo estaba por ese motivo. Me dijo, entre risas, que me tenía envidia porque su novio continuaba con un viejo SEAT 600 que ya había pertenecido a varios familiares antes de pasar a sus manos, y que con gusto se subiría conmigo en el Simca para dar una vuelta, si no fuera por el enorme miedo que le daba subir en un coche&lt;br /&gt;      Me explicó entonces, con más detalle, lo que yo ya conocía por sus compañeras, que ella y su novio sufrieron tiempo atrás un terrible accidente, y aunque a Gloria no le ocurrió nada, vivió momentos angustiosos al quedar su prometido en coma. Su prometido pudo felizmente recuperase al cabo algún tiempo, pero desde aquel accidente, Gloria no fue capaz de volver a subir a ningún automóvil, a pesar de intentarlo en muchas ocasiones y de desear sobreponerse a sus temores. Me dijo que era inexplicable que ella pudiera haberse salvado, pues el golpe que recibieron fue tan grande que el coche quedó totalmente destrozado, llevando la peor parte el lado que ella ocupaba. Tuvieron que intervenir los bomberos para sacarla de allí, pero que a ella, inexplicablemente, no le ocurrió nada. Desde entonces, tenía el convencimiento de que debería haber terminado sus días en aquel momento, pero que por una pirueta del destino, se escapó de ese final. Sin embargo, conocía perfectamente que la muerte esperaba, pacientemente, a que ella subiese de nuevo a un coche para llevársela, y que esa vez no podría ya escapar. Hacía mucho que no subía a ningún coche y a menudo discutía con su prometido por ese motivo. Los miedos de ella impedían que pudiesen disfrutar, siquiera, de pequeños desplazamientos si éstos debían hacerse en coche, a los que Gloria se negaba rotundamente. Mucho menos ir a la playa en verano, como tampoco otras muchas otras cosas si para ello debía depender del auto, y aunque él intentaba disuadirla de sus temores, viniendo incluso en alguna ocasión a recogerla con su 600 a la salida del trabajo, ella rechazaba subir y se marchaba en autobús. Nadie podía quitar de su cabeza el presentimiento de que su destino era el de morir en un accidente de automóvil, y pensar en ello le aterraba.          &lt;br /&gt;      Me sobrecogió escucharla. No era ninguna tontería, pues Gloria estaba totalmente segura de lo que decía, y aunque yo quise hacerla ver que, precisamente por haberse salvado en ese accidente, estaba muy claro de que su de Pasaron varios meses desde aquella conversación. Un día nos comunicó, muy alegre y feliz, que ya estaba fijada la fecha de su boda. Estuvo conversando mucho rato con sus compañeras, que no dejaban de preguntarle mil detalles acerca de su casamiento. Les dejé hablando de esas cosas que les gusta tanto a todas las mujeres y me aposenté en mi escritorio. Desde allí pude escuchar, que a pesar de las muchas protestas de su futuro marido, quién deseaba hacer el viaje de bodas en coche, lo harían en ferrocarril. Todos comprendimos perfectamente la decisión de Gloria.&lt;br /&gt;    Yo me trasladé a otra Empresa y no había vuelto a ver a ninguno de mis antiguos compañeros hasta que un día, después de transcurridos muchos años, me topé con Guillén en un Aeropuerto. Nos reconocimos, nos dimos un abrazo y nos lamentamos mutuamente de no haber frecuentado nuestra amistad. Intercambiamos informaciones acerca de lo que habían sido nuestras vidas desde que me fui de la empresa en la que trabajábamos los dos. Sentimos nostalgia de aquellos tiempos y hablamos largo rato acerca de los antiguos compañeros. Cuando ya nos despedíamos recordé a Gloria, y sabiendo que eran amigos  le pregunté por ella. Le dije que recordaba muy bien que poco antes de marcharme, Gloria nos había anunciado su inminente boda, y que yo suponía que, efectivamente, se habría casado y que... Pero Guillén me interrumpió enseguida. ¿Pero no lo sabías? me dijo, Gloria murió en su viaje de bodas, en un accidente de coche. ¡Pero si Gloria decía que nunca subiría a un automóvil en su vida! repliqué, y es más, continué diciéndole a Guillén, Gloria nos dijo que el viaje lo harían en ferrocarril... Si, me interrumpió de nuevo mi amigo, pero su novio, ya para entonces su marido, le convenció de que sus temores eran simples tonterías infundadas, creadas por su mente, y que para poder superarlo debía enfrentarse a ellos; Gloria se dejó convencer y se fueron en coche. &lt;br /&gt;          Ante esa noticia tan inesperada y desconcertante me quedé sin habla, y hasta creo que me quedé sin sangre en las venas. Pensé que era increíble que Gloria hubiese sabido siempre que ése sería su destino, y que finalmente y a pesar de ello hubiese aceptado viajar en un coche, creyendo sin duda que era, como decía su novio, un miedo infundado. Ciertamente, el destino es inevitable. &lt;br /&gt;          Guillén y yo nos despedimos, asegurándonos mutuamente que nos llamaríamos por teléfono y que no dejaríamos transcurrir en esta ocasión tantos años para vernos. La noticia del fatal accidente de Gloria, sin duda la conoció mi compañero en la época que sucedió, y posiblemente por ese motivo, y después de tantos años, no le veía yo demasiado pesaroso al contarme el fatal desenlace, pero para mi, conocer la noticia fue impactante, como si la muerte de Gloria hubiese ocurrido en el mismo instante que mi amigo me lo dijo. &lt;br /&gt;      En ocasiones, y aunque el transcurso de los años borra recuerdos y rostros, recuerdo bien a Gloria, con su agradable sonrisa y su porte sencillo y dulce. ¿Dónde estás ahora, Gloria? ¿Dónde te encuentras, querida compañera? Recordarte me produce pena y un profundo dolor. Durante años, y en ocasiones, te recordé con cariño y me preguntaba si estarías bien, y ahora sé que, si lo estás, no será en esta vida. Me inquieta saber que conocías cuál sería tu destino, que lo temías, y que a pesar de ello no pudiste evitarlo. Tu vida y tus temores fueron, y son, un misterio. Yo fui testigo de ello, y me estremezco al pensar en ese destino tuyo. &lt;br /&gt;      Rezo por ti, estimada compañera.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-2242852947070585965?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/2242852947070585965/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=2242852947070585965' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/2242852947070585965'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/2242852947070585965'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/gloria.html' title='GLORIA'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-605552964122500354</id><published>2010-02-04T23:15:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T23:15:53.898-08:00</updated><title type='text'>DIÁLOGO CON DOÑA TECLA</title><content type='html'>—Caramba, doña Tecla, no me había fijado, pero ahora me doy cuenta  de que está usted imponente, quiero decir... que está usted mayúscula.&lt;br /&gt;      —Ya lo sé, ¿no te gusto así?.&lt;br /&gt;      —Claro que me gusta usted mayúscula, pero no siempre. Ahora mismo, pues no, estando así me estropea el escrito.&lt;br /&gt;      —¿No siempre? Pues ya sabes lo que debes hacer, pazguato.&lt;br /&gt;      —Si, ya lo sé.&lt;br /&gt;      —Bien, hazlo entonces, rebájame a una condición inferior, quítame el   honor de ser la primera, mézclame entre el vulgo, escóndeme entre  &lt;br /&gt;las demás dejándome minúscula...&lt;br /&gt;      —¡Eh! ¡Pare, pare! No se lance a lloriquearme. Es usted una exagerada y la encuentro patética.&lt;br /&gt;      —Naturalmente, las mayúsculas somos así, exageradas y orgullosas, pero no me llames patética, no lo soporto. Además, es injusto.&lt;br /&gt;      —Está bien, retiro lo de patética, lo siento. Sabe que siempre la&lt;br /&gt;necesito, que es usted imprescindible, pero ahora debo...&lt;br /&gt;      —Vale, vale, de acuerdo, por un rato me conformaré con ser una más, pero te pido que no hagas los párrafos tan largos, prefiero más puntos y aparte, o  seguidos, que me gusta lucirme a menudo.&lt;br /&gt;      —Por favor, doña Tecla, ¿ve cómo es una exagerada? Si apenas alargo los párrafos... y además, como mis relatos suelen ser cortos, pero escribo muchos, sale usted continuamente en los títulos. Debería   agradecérmelo.&lt;br /&gt;      —Si, eso es cierto, gracias.&lt;br /&gt;      —Menos mal que reconoce usted algo.      &lt;br /&gt;      —Es que me he acordado del último título en el que salí muy elegante,  en negrita, y me ha emocionado; me gusta mucho salir de ese modo, vestida de gala con mi más preciado traje de noche.&lt;br /&gt;      —Bueno, pues ya ve que no la trato tan mal. Hala, y ahora la quito, ¿eh?  Y no se enfurruñe, que pronto la volveré a sacar como a usted le gusta.&lt;br /&gt;      —De acuerdo, pero no tardes.&lt;br /&gt;      —Vale, hasta luego, doña Tecla.&lt;br /&gt;      —Hasta luego.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-605552964122500354?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/605552964122500354/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=605552964122500354' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/605552964122500354'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/605552964122500354'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/dialogo-con-dona-tecla.html' title='DIÁLOGO CON DOÑA TECLA'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-7905115877195164055</id><published>2010-02-04T23:12:00.000-08:00</published><updated>2010-02-04T23:13:07.733-08:00</updated><title type='text'>EL GATO AERÓBICO</title><content type='html'>Quiero presentarme a ustedes antes de explicarles la historia que, estoy seguro, les encantará conocer. Soy el representante del “gato aeróbico”, nombre por el que se conoce últimamente (aunque en círculos restringidos) a mi gato. Mi nombre no tiene importancia, excepto, claro está, para los que desean desde hace años contactar conmigo para poder contratar los servicios de mi gato, servicios que ni él ni yo deseamos ya ofrecer. Las habilidades de mi gato ya las conocen muchos de ustedes, supongo, puesto que se hizo famoso repentinamente a partir de su aparición en varios programas de televisión, y en el que una mayoría de público pudo verle y apreciar sus habilidades y su pericia. “El gato fantástico”, ése era su nombre artístico y del que presumía, siempre que podía, ante cualquiera. Desde luego, lo que más llamó la atención por aquel entonces a los espectadores, fueron sus enseñanzas de cómo caer desde una gran altura sin dañarse ni romperse todos los huesos. Recuerdo ese número y era verdaderamente espectacular. El gato se subía a lo más alto del escenario encaramándose por un cortinaje y después se lanzaba al vacío. Se lanzaba varias veces, una detrás de otra, sin descanso, haciéndolo de lado, de espaldas, de cabeza, y ni una sola vez dejó de aterrizar en el suelo sobre sus cuatro patas. Lo curioso, lo que asombraba de su espectáculo, era que a pesar de lanzarse tantas veces y de tantas maneras distintas desde tan alto, solamente se le veía subir hasta arriba, por las cortinas, al principio del espectáculo, porque luego, cuando se lanzaba una y otra vez, nunca podía verse cómo subía, tan rápido era, y tan pronto como su cuerpo tocaba el suelo después de uno de sus saltos, al instante se le veía arriba de todo, dispuesto a un nuevo lanzamiento. Ni yo mismo he llegado a saber cómo lograba hacer ese truco, porque a mi no me ha engañado nunca y estoy convencido de que era un truco, aunque desde luego muy bueno, eso sí.  Pero lo importante eran sus enseñanzas, lo que el gato trataba de enseñar, que no de demostrar, pues en el fondo él siempre huyó de las demostraciones vanas. Y lo que quiso siempre fue enseñar, a que los que desgraciadamente se cayeran al vacío desde una gran altura, el modo de caer para que no  tuvieran necesariamente que romperse la crisma. Consiguió, especialmente, una gran audiencia entre los obreros de la construcción, ya que llegaron incluso a fundar un club de fans dedicado a él. Luego, cuando dejó de salir en televisión porque las cámaras llegaron a aburrirle, se dedicó a enseñar aerobic. Nunca he hablado claramente con él acerca de esa decisión suya, pero creo que tuvo mucho que ver un pequeño accidente que le acaeció durante un rodaje en uno de los platós. &lt;br /&gt;      Aún recuerdo, como si fuera ayer mismo, sus increíbles acrobacias. Lo cierto es que un día, a pesar de su habilidad, llegó a caer sobre la punta de su rabo que, inadvertidamente, y así me lo confesó a mi más tarde, lo colocó mal durante la caída al distraerse con los focos. Cayó con todo el peso de su cuerpo encima de su propio rabo, rompiéndose el último huesecillo de la punta. Y desde entonces, la punta de su rabo quedó algo torcida, pues como siempre ha sido muy orgulloso, no quiso decir nada en aquel momento, sabiendo aguantar el dolor como un verdadero profesional. Podía yo haberme dado cuenta o haberme dicho él algo, pues hubiera procurado en aquellos momentos, que debieron ser terribles, pobrecillo, aliviarle el dolor y también enderezarle el rabito. Ahora, ya es mejor dejarlo como lo tiene; para mi gato es algo parecido a una herida de guerra, y cuando levanta su rabo puede vérsele la punta claramente torcida, de lo cual presume mucho. &lt;br /&gt;      Espero que después de tantos programas como hizo, mucha gente aprendiese a caer desde grandes alturas. Diré, en honor suyo y para aquellos que no pudieron verlo nunca, que el ejercicio consistía, sencillamente, en revolverse en el aire y caer con el cuerpo de forma horizontal, boca abajo y con los brazos extendidos, procurando aplanar al máximo el cuerpo y encoger al mismo tiempo el estómago. Mi gato lo hacía de ese modo, aunque en su caso extendiendo las patas. Gracias a las cámaras de alta velocidad podía apreciarse cómo aplanaba el cuerpo durante la caída y cómo era frenado, en su velocidad, por el mismo aire que recogía en su ahuecado estómago y que le servía a modo de elemental paracaídas. Cuando estaba a punto de llegar al suelo, recogía sus patas y caía sobre ellas, aunque procurando en el mismo instante de tocar éstas el suelo rodar sobre si mismo, dando muchas volteretas y evitando así recibir un fuerte y un único impacto en algún lugar concreto de su cuerpo. Yo sabía que el motivo de que sus lanzamientos los repitiese varias veces, era porque prefería ejemplos prácticos a dar demasiadas explicaciones. Siempre ha sido muy lacónico, y únicamente conmigo, y no siempre, se permite expansionarse hablando. Es todo un carácter.&lt;br /&gt;      Ahora, en el gimnasio, es conocido con el nombre de “El gato aeróbico”. Yo suelo asistir a sus clases porque no tengo otra cosa mejor que hacer y porque a él le gusta siempre verme cerca. Los alumnos siguen sus clases con atención y, aunque ya no hace las demostraciones de antaño, lo de arrojarse al vacío desde grandes alturas, demuestra que se mantiene en gran forma bailando sobre sus patas traseras y arrojándose al suelo al compás de la música, cayendo sobres sus patas delanteras con gran habilidad, al tiempo que levanta las de detrás. Y hace, y tiene, un gran repertorio de tablas de gimnasia de esa especialidad. Parece que sea de goma por las cabriolas que realiza. También posee un gran oído para la música y para seguir el ritmo. Sin embargo, últimamente le veo cansado, aunque no hay manera de que podamos hablar de ello, y cuando intento sacar la conversación y decirle que quizá ya es hora de retirarse, de descansar y de dejar de dar saltos, me mira de una forma especial y comienza a ofrecerme todo un extenso repertorio para convencerme de lo contrario: salta y se sube encima de lo que encuentre cerca y que esté relativamente alto respecto a su tamaño, intentando demostrarme que se conserva joven y ágil. Yo sé que no lo está, que se ha hecho viejo, que saltar así le cuesta mucho y que ahora tiene que hacer un gran esfuerzo para saltar.  Sin duda está ya viejo, es ley de vida.&lt;br /&gt;      Y esta es la historia, y además de contarla porque sé que muchos se habrán preguntado desde hace tiempo qué habrá sido de aquel gato famoso que salía en la  tele, yo quisiera que alguien me aconsejara sobre lo que puedo hacer para conseguir convencer a mi gato de que deje de impartir las clases de aeróbic. El dinero no me importa, tengo un gran cariño hacia mi gato y lo que no deseo es que pueda llegar a lesionarse,  quizá gravemente, pues su edad ya es avanzada. Y no sé cómo explicárselo para que me haga caso.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-7905115877195164055?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/7905115877195164055/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=7905115877195164055' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/7905115877195164055'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/7905115877195164055'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/el-gato-aerobico.html' title='EL GATO AERÓBICO'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-6281557197836988548</id><published>2010-02-04T07:43:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T07:43:46.119-08:00</updated><title type='text'>EL PACIENTE</title><content type='html'>Llegaron de más allá de la estrellas, de otros mundos muy lejanos. Ahora duermen; llevan durmiendo ocultos en las entrañas de este planeta desde hace varios siglos y están a punto de despertar. Y cuando lo hagan, todos los mortales temblarán de pavor. Ellos, los seres que ahora duermen, no son mortales, nadie sabe de qué están hechos ni quién les ha creado, pero son seres gigantescos que descansan de su largo viaje a la Tierra a través del espacio, viaje en el que tardaron mil siglos hasta llegar aquí. ¿Y que cómo lo sé yo? pues lo sé porque soy su guardián y fui fabricado por ellos a semejanza de los humanos para poder velar su sueño. Y ahora debo despertarlos, ha llegado por fin ese momento para el que me programaron.&lt;br /&gt;          El cirujano miró al supuesto paciente con gesto de resignación. En ocasiones recibía a personas que, más que necesitar de sus servicios, necesitaban un loquero. Se armó de paciencia y le dijo:&lt;br /&gt;- Bien, bien, de acuerdo. ¿Y por qué me cuenta todo eso a mi?&lt;br /&gt;- Pues mire, es que después de tanto tiempo de estar viviendo con ustedes, aquí, en este planeta, en la Tierra, ya me he acostumbrado a esta vida y es una vida que me gusta, y si alguien no me ayuda me veré obligado a hacer lo que no quisiera tener que hacer. Mi reloj interno me obligará a despertar a los gigantes y toda la humanidad sufrirá las consecuencias. Yo no soy humano aunque pueda parecerlo, pero tampoco soy como ellos, ya puede usted ver que puedo pasar perfectamente por una persona normal, es decir, como una persona cualquiera.&lt;br /&gt;-Claro, ya lo veo, es usted igualito, igualito, a uno de nosotros. &lt;br /&gt;          El doctor le había contestado sarcásticamente, soltando sin poderlo remediar una pequeña risita, aunque trató de disimularla inclinando su cabeza al tiempo que intentaba conformar en su boca un gesto que, además de disimular su risa, pareciese de preocupación por lo que acababa de escuchar.&lt;br /&gt;- Vamos a ver -continuó diciendo el doctor, recobrando su entereza y su seriedad- ¿Y qué es lo que puedo hacer por usted? ¿Qué espera de mi? Yo le aconsejaría un buen siquiatra, creo que lo que necesita son los consejos de un experto que pueda procurarle los medios para una buena relajación. Tenga la seguridad de que con un tratamiento adecuado podrá alejar todos esos pensamientos que le atormentan. Y el doctor comenzó a buscar en su agenda la dirección de un siquiatra amigo, para facilitársela al paciente.&lt;br /&gt;- No, doctor, no ha entendido nada de lo que le he explicado. Yo no necesito la ayuda de un siquiatra. He venido a verle porque usted es cirujano. Extraerme el reloj no será complicado, simplemente hace falta habilidad, tener buenas manos como las suyas; con una adecuada incisión bastará. Mire, lo llevo aquí, en el sitio más cómodo y, por tanto, el más lógico para llevar un reloj. Y enseñó al doctor su muñeca izquierda. El doctor observó aquel brazo extendido y exclamó: &lt;br /&gt;- ¡Pero hombre de Dios, si ni siquiera lleva usted reloj!&lt;br /&gt;- Claro que lo llevo, ya le he dicho que es un reloj interno, insertado por los gigantes. Acerque su oído a mi muñeca y escuchará su tic-tac. &lt;br /&gt;- Eso es el pulso, amigo mío, si no tuviese pulso, estaría muerto. Y, de nuevo, el doctor no pudo reprimir una sonrisa que esta vez no se preocupó en ocultar, pero el paciente insistió: no doctor, yo no tengo pulso. Y acercó su muñeca al rostro del doctor, de forma que éste pudiera oír el sonido de lo que, insistía, era un reloj interno. Y el doctor, por complacer, por seguirle la corriente, acercó su oído a la muñeca extendida. Y lo que oyó, fue: tic.tac, tic.tac, tic.tac, un perfecto sonido de reloj, un perfecto, nítido y metálico sonido de reloj. El doctor echó entonces bruscamente su cabeza hacia atrás y miró directamente a los ojos del hombre. &lt;br /&gt;- ¿lo ha oído, ¿verdad? le dijo el supuesto paciente. Auscúlteme ahora el corazón y se dará cuenta de que no late, de que no tengo un corazón como los humanos.&lt;br /&gt;El doctor, mecánicamente y por seguirle la corriente, le auscultó.&lt;br /&gt;- Mire, ha logrado influenciarme, dijo el doctor al paciente, con un tono de voz contenido, pero algo furioso. &lt;br /&gt;- Pero lo ha oído ¿verdad? Ha oído el reloj y en cambio no ha podido oír latir mi corazón.&lt;br /&gt;- Si, lo cierto es que he escuchado perfectamente el reloj y no su corazón. Tiene razón, habrá que extraerle ese reloj. Lo que va a tener que hacer es, primero de todo, visitar al siquiatra. Es imprescindible una buena preparación previa para que más adelante... pueda yo extraerle ese reloj.&lt;br /&gt;- No, doctor, no hay tiempo para preparaciones, tiene que ser hoy mismo. He esperado demasiado porque tenía dudas, pero el plazo vence esta noche, y si ahora no me extrae el reloj nada podrá hacerse, y los gigantescos monstruos despertarán e invadirán este planeta, destruyendo toda la vida que encuentren a su paso. &lt;br /&gt;        El doctor, sin apenas escuchar las protestas del hombre, garrapateó una dirección -la del siquiatra amigo- en una pequeña hoja de papel, y sin más preámbulos, introdujo la nota en uno de los bolsillos de la chaqueta de su paciente. El hombre seguía protestando, pero el doctor, empujándole suavemente, le acompañó hasta la salida, cerrando inmediatamente la puerta. Se quedó tras ella durante unos momentos, escuchando, pues el hombre, ahora, gritaba: ¡moriremos todos, doctor! ¡moriremos sin remedio si no me opera y no desconectamos el reloj!. El cirujano se quedó pensativo durante un corto instante, desconcertado. Finalmente, y moviendo la cabeza con disgusto por la insistencia de aquel loco, tan loco y tan persuasivo que hasta había logrado influenciarle de aquel modo, decidió dirigirse a su despacho y no seguir escuchándole. Sin preocuparse más por lo que pensó que no era más que un simple, aunque también un disparatado y desagradable incidente, se dispuso a recibir a su próximo paciente.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-6281557197836988548?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/6281557197836988548/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=6281557197836988548' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6281557197836988548'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6281557197836988548'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/el-paciente_04.html' title='EL PACIENTE'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-6999596619249078043</id><published>2010-02-04T07:42:00.000-08:00</published><updated>2010-02-04T07:43:02.757-08:00</updated><title type='text'>LA HUMANIDAD DEL FUTURO</title><content type='html'>devoradores de árboles   &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          Después de mil siglos transcurridos y mil hecatombes sufridas, la Tierra era por fin un Planeta pacífico, apacible y bucólico. Un gran silencio imperaba por doquier ofreciendo una gran sensación de reposo, paz y tranquilidad. La mayor actividad que se detectaba era la de algunos pocos robots genéticos fabricados siglos atrás, dedicados por completo a abonar sistemáticamente las vegetación de la Tierra. Los robots se alimentaban de animales criados por ellos mismos en pequeñas granjas, siendo esos recursos los necesarios y perfectamente suficientes para proporcionarles toda la energía que precisaban.&lt;br /&gt;          El Planeta estaba cubierto en casi su totalidad por una espesa y alta vegetación. La Tierra entera era una jungla, una gran selva de color verde amarillento y salpicada de elevados edificios que, a pesar de su gran altitud, apenas lograban sobresalir entre tanta frondosidad. Las construcciones se encontraban rodeadas por árboles gigantescos que alcanzaban una altura igual a la que éstas tenían, y estaban prácticamente engullidas por las ramas y hojas que crecían descontroladamente. No existían ciudades: éstas habían llegado a formar una perfecta simbiosis entre ciudad y jungla, y los miles de edificios existentes, que ocupaban la mayor parte de la superficie terrestre, no formaban &lt;br /&gt;          Tampoco existían avenidas, por supuesto, ni carreteras, ni anchos caminos, únicamente estrechos senderos por los que circulaban algunos robots. Las entradas y accesos a los edificios hacía mucho que no se utilizaban, y se encontraban completamente invadidas por la vegetación. Únicamente quedaban libres las ventanas, en las que podía verse cómo se asomaban por ellas lo que parecían seres humanos. No existían pájaros ni animales que no fueran los criados por los robots en sus granjas. Tampoco existían ciudades: éstas habían llegado a formar una perfecta simbiosis entre ciudad y jungla, y los miles de edificios existentes, que ocupaban la mayor parte de la superficie terrestre, albergaban en su interior a los habitantes de la Tierra que, durante el período de luz, y sin salir de sus viviendas, no hacían otra cosa que alimentarse, silenciosa y continuadamente, de las pálidas hojas de los árboles que crecían y reptaban por sus moradas. &lt;br /&gt;          La vegetación hubiera engullido totalmente el interior de las viviendas de los seres que poblaban la Tierra en esas condiciones, si no fuera porque éstos precisaban de esa vegetación para subsistir. Por las ventanas de los edificios podía verse a las criaturas, sin apenas diferencias físicas externas entre los dos sexos, extremadamente delgadas, con los cuerpos desnudos, pálidos y cubiertos con ralos pelos. Los rostros que se asomaban eran alargados, de tez tan extremadamente pálida como la de sus cuerpos y con grandes ojos claros faltos de toda expresión. En sus estrechas cabezas podían observarse largos cabellos de color indefinible, cabellos que les llegaban hasta las caderas y que se unían y confundían con el escaso pelo de sus cuerpos. Esos seres famélicos se asomaban incesantemente por las ventanas y estiraban los brazos para arrancar con sus manos las hojas de los árboles, hojas que una vez en su poder llevaban a sus bocas, masticando y deglutiéndolas lentamente sin denotar ninguna expresión en sus anodinos rostros y sin importarles algo más que no fuera continuar alimentándose. Esos seres ofrecían la impresión de ser un reflejo de la vegetación que les rodeaba, su aspecto era parecido al de las mismas ramas de los árboles de los que dependían para recibir su alimento, eran como otras ramas independientes y con vida propia,  ramas con cuerpo y cara de humanos y que mantenían una lucha perpetua contra la flora que paradójicamente les alimentaba. Su lucha era comer constantemente para vencer a la jungla, o ser absorbidos por ella. Todo el orden y la actividad de sus vidas era comer. Si dejasen de comer, perderían energía para poder realizar el esfuerzo de seguir comiendo y, si no comiesen continuamente, la flora crecería de tal modo que llegaría a ocupar y a taponar los únicos espacios  que seguían estando libres: las ventanas. Muchas raíces ya habían conseguido penetrar por una gran mayoría de ellas, invadiendo el espacio interior y obturándolas completamente. Los seres que habían vivido en esas habitaciones, y que se habían alimentado durante toda su existencia a través de esas ventanas, hacía tiempo que habían perecido. Sus restos, un abono perfecto, habían sido aprovechados por las mismas plantas. &lt;br /&gt;          Era en la hora de penumbra, durante esos pocos minutos que La Tierra disfrutaba de oscuridad, cuando las criaturas dejaban de asomarse al exterior de los edificios y abandonaban la actividad de alimentarse. Durante ese corto espacio de tiempo en el que cesaban de comer, algunos intentaban reproducirse. Entonces, en ese lapso nocturno, se podía oír, con sorda intensidad, grandes crujidos de ramas y el rumor acelerado de la vegetación al crecer. El Planeta, fuera de esos sonidos, se encontraba rodeado por un silencio sepulcral. Apenas transcurridos los minutos de total oscuridad, tan pronto como comenzaba a alumbrar el pálido y gigantesco Sol, aparecían de nuevo los famélicos seres, asomando por las ventanas. Asomaban sus pálidos y escuálidos cuerpos, estiraban sus esqueléticos brazos por el vigoroso entramado de los frondosos árboles que les mantenían sumidos en una suave penumbra, y arrancaban sin cesar las hojas que les servían de alimento.    &lt;br /&gt;          Y los robots, durante las veinticuatro horas, ignorando los días y las cortas noches, seguían haciendo el trabajo para el que habían sido programados: abonar sin descanso el planeta.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-6999596619249078043?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/6999596619249078043/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=6999596619249078043' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6999596619249078043'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6999596619249078043'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/la-humanidad-del-futuro.html' title='LA HUMANIDAD DEL FUTURO'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-2011021294857551287</id><published>2010-02-04T07:41:00.002-08:00</published><updated>2010-02-04T07:42:23.625-08:00</updated><title type='text'>DE NUESTRA HISTORIA RECIENTE</title><content type='html'>Cuando aparecieron de pronto en los principios del siglo XXII, el espantó llenó los corazones de todos los habitantes de la Tierra. No se les vio en seguida porque, precediéndoles, llegó una niebla que invadió el Planeta. La niebla comenzó a llegar de lo más alto de los cielos y fue bajando hasta los llanos, se extendió luego como un gigantesco abanico, penetrando hasta en el más mínimo rincón, y una grisácea oscuridad fue la dueña absoluta de campos y ciudades.&lt;br /&gt;          En las ciudades, la gente no se atrevía a salir de sus casas porque no podía ver más allá de un palmo de distancia. Ocurrieron muchos accidentes: los faros de los vehículos no podían nada contra la niebla; ni siquiera la policía conseguía, con los más modernos adelantos, penetrar la tremenda neblina. Fueron unos días en los que la humanidad, perpleja ante el fenómeno, se encontró desvalida y abandonada del Todopoderoso; vieron que su fin estaba cercano, un fin sobre el que ningún científico había sabido alertarles, y comenzaron a rezar; rezar era lo único que podían hacer. En los grandes núcleos urbanos se concentraron las multitudes para alabar al Señor y rogar su piedad. Esa gente, así reunida, no se veían entre ellos, pero se cogían de las manos y cantaban sin cesar, cantaban y lloraban rogando misericordia. &lt;br /&gt;          El caos era total: las transacciones comerciales se había paralizado, los alimentos habían desaparecido de las tiendas y supermercados y los transportes no podían circular para reponer la comida. Los mandos de todos los ejércitos del mundo no sabían qué hacer, no podían luchar ni tampoco sabían contra qué hacerlo. Y de pronto, transcurridos 14 días de constante niebla... aparecieron unos seres impensables para nosotros. &lt;br /&gt;          Se les pudo ver por la luminosidad que rodeaba a sus cuerpos: eran rechonchos y portaban un anillo luminoso que parecía flotar alrededor de su cintura sin que el anillo llegase a tocarlos. Aparecieron sin más, sin que nadie hubiese podido ver cómo habían llegado. No eran humanos y procedían de algún remoto planeta, quizá de alguna lejana Galaxia. &lt;br /&gt;Pronto hubo contactos del más alto nivel, y a los dos días, los seres extraños que nos invadieron, desaparecieron, así como también la niebla desapareció paulatinamente hasta no dejar rastro alguno. &lt;br /&gt;          La vida en La Tierra se restableció y los jefes de estado se dirigieron por televisión a los integrantes de sus naciones. En general, los mandatarios dijeron aproximadamente lo mismo:&lt;br /&gt;No hay peligro y no volverá a ocurrir, nos han dado garantías. Los saturninos son seres extremadamente afectuosos, como algunos habréis podido contemplar. Son bondadosos, y sus grandes sonrisas y sus cuerpos rechonchos nos producirían una gran hilaridad y un enorme afecto hacia ellos, si no fuera porque su civilización es antagónica a la nuestra y su proximidad nos resulta letal. Las nieblas y los gases que producen sus anillos, fuente de vida para ellos, nos ahogan al anular el oxígeno que necesitamos para respirar. Al visitarnos, desconocían el daño que podían causarnos, y cuando se han dado cuenta de lo que nos ocurría han regresado con rapidez a su planeta, Saturno. Ellos necesitan de la niebla para subsistir, necesitan de su vapor y humedad, igual que necesitan el anillo que rodea, no sólo a su planeta, si no también a sus cuerpos. El anillo es pura energía, y esa energía es la que les alimenta y les mantiene con vida. Desconocían que sus efectos podían aniquilarnos, pero tan pronto lo han advertido se han dado prisa en regresar a su lugar de origen. Nos han pedido excusas y han lamentado que no podamos intercambiar conocimientos personalmente. Las miles de muertes originadas por el ahogo que sus anillos produjeron al absorber nuestra atmósfera los alertaron, y apenas se dieron cuenta del mal que causaban, contactaron con nuestros gobiernos y abandonaron el Planeta. Podemos estar tranquilos, aunque sentimos profundamente las bajas que han habido. Pero los saturninos nos han prometido reparar en lo posible el daño ocasionado, y para ello, nos enviarán una sonda, desde Saturno, con lo que podremos gozar de una energía inagotable para nuestras casas, para nuestras fábricas, para todo lo que necesitemos. &lt;br /&gt;Hermanos: ¡Una nueva era comienza para nosotros!.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-2011021294857551287?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/2011021294857551287/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=2011021294857551287' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/2011021294857551287'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/2011021294857551287'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/de-nuestra-historia-reciente_04.html' title='DE NUESTRA HISTORIA RECIENTE'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-3695773497312560986</id><published>2010-02-04T07:41:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T07:41:40.385-08:00</updated><title type='text'>BELLAS MELODÍAS INDEFINIDAS</title><content type='html'>Ver los campos llenos de campanas bastantes crecidas me producía una gran satisfacción. Al agacharme me fijé en que los badajos parecían querer asomar y que muy pronto nacerían. Golpeé ligeramente y con extremo cuidado a una de las campanas escuchando atentamente: pude oír cómo su sonoridad se extendía por los aires contagiando a las demás en un eco multiplicado suavemente. Había que escuchar con verdadera devoción para oírlo, pero en eso yo era un experto. &lt;br /&gt;          En esta época convenía excitar a las campanas para que los badajos nacieran fuertes y robustos, y cada mañana, muy temprano, cuando todavía el rocío cubría los campos, yo las estimulaba adecuadamente; era mi misión, misión que por otra parte me encantaba, pues además de que los sonidos que arrancaba de ellas eran imprescindibles para que, con las vibraciones, pudieran desprenderse del rocío que la larga noche había depositado encima, y que podía serles perjudicial si el sol llegaba a secarlo antes de que se hubieran librado de él, la sinfonía producida por tantos miles de frutos metálicos de distintos tamaños me extasiaba de placer. &lt;br /&gt;          Ya estaba cercano el día en que, cuando los badajos hubiesen nacido, las campanas repicarían extendiendo sus dulces melodías por si solas y ya no me necesitarían.&lt;br /&gt;          Y más adelante, una vez recogida la cosecha, prepararía los campos para que el próximo año pudieran nacer, de nuevo, bellas y resonantes campanas.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-3695773497312560986?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/3695773497312560986/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=3695773497312560986' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/3695773497312560986'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/3695773497312560986'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/bellas-melodias-indefinidas.html' title='BELLAS MELODÍAS INDEFINIDAS'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-8414723919632445822</id><published>2010-02-04T07:40:00.000-08:00</published><updated>2010-02-04T07:41:01.272-08:00</updated><title type='text'>AUTOPSIAS DE LA VISIÓN</title><content type='html'>- Bien, chicos, hay que levantar el cadáver y llevarlo inmediatamente al instituto de fotoceregrafía. Deben revelar el cerebro del muerto antes de que se le nublen las imágenes. Y mantened el secreto como hasta ahora, que si esa técnica llegase a ser del domino público, pronto encontraríamos a las víctimas sin cabeza.&lt;br /&gt;- Vale, jefe.&lt;br /&gt;- Y mañana quiero ver la fotografía del asesino en todos los periódicos. Supongo que entendéis lo que eso significa: que tan pronto tengamos los datos en nuestro poder, es decir, la película de lo sucedido grabada por el cerebro del asesinado, tendremos al culpable. Ocúpate tú de ello, Manuel.&lt;br /&gt;- Si jefe ¿Y qué hago con las secuencias del vídeo?&lt;br /&gt;- Pues como siempre, Manuel, que no te enteras: mantienes archivado el vídeo hasta que podamos capturar al asesino y presentemos más adelante la filmación, como prueba evidente.&lt;br /&gt;- Claro, jefe, como siempre, si, pero me refería a todo lo demás, a lo que ya sabe que el fiscal hace luego con la recuperación de imágenes, que las colecciona cuando todo ha terminado. Dejo que se las quede?&lt;br /&gt;- ¡Ese maldito fisgón! Siempre se está aprovechando de nuestro trabajo... seguro que se ha enriquecido con los conocimientos que nuestro laboratorio le ha ido proporcionando. De momento no podemos hacer otra cosa que entregarle un duplicado de todas las cintas, pero eso se acabará pronto, ya sabéis que los jueces están discutiendo sobre la conveniencia de si la película de un fallecido debe destruirse, entregarse a los herederos, o considerar las filmaciones como material reservado. Hasta que los jueces no decidan lo más conveniente, será mejor que se las entreguemos al fiscal, como hasta ahora.&lt;br /&gt;- Vale, jefe, pero lo que es a mi, no me haría ninguna gracia que nadie, y mucho menos mi familia, pudiera contemplar al detalle lo que yo he llegado a ver y a vivir durante todos los instantes de mi vida, creo que eso es algo completamente privado, como los pensamientos, y que todo ello debería desaparecer cuando la persona dejase de existir.&lt;br /&gt;- Claro, Manuel, a mi tampoco me haría ninguna gracia, pero una autopsia es... una autopsia.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-8414723919632445822?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/8414723919632445822/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=8414723919632445822' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/8414723919632445822'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/8414723919632445822'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/autopsias-de-la-vision.html' title='AUTOPSIAS DE LA VISIÓN'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-6743142592647156774</id><published>2010-02-04T07:39:00.000-08:00</published><updated>2010-02-04T07:40:24.070-08:00</updated><title type='text'>AMADO PLANETA AZUL</title><content type='html'>Durante toda mi vida había anhelado poder regresar a la Tierra. Cuando la abandoné tenía solamente siete años; ahora tengo cuarenta y ocho. Y ni un solo día dejé de pensar en ello, en mi regreso.&lt;br /&gt;          Recuerdo el viaje con mis padres, a bordo de una gran nave a través del espacio: somos pioneros, me decían muy contentos. Y recuerdo haber contemplado a través de los inmensos ventanales de la nave a nuestro Planeta, intensamente azul, flotando en el vacío y cada vez más pequeño, más lejano, hasta que se perdió en la distancia, en el infinito del Cosmos, o no perdimos nosotros y dejé de verlo. Luego, nos dormimos. Eso no lo recuerdo, lo sé porque conozco los detalles de nuestro viaje por haberlos leído innumerables veces en los libros de historia. Solamente rememoro haber despertado después de un largo sueño, y oír como gritaban todos en la nave, alborozadamente; y cuando miré por los ventanales, después de la larga hibernación que también luego supe que había durado años, vi un Planeta gris que en nada se parecía al que habíamos abandonado. Y sentí pena porque, ese Planeta al que nos dirigíamos, no era tan bello ni tan espectacularmente lleno de colorido como nuestra querida Tierra, ya tan lejana. Pero nuestra llegada marcó un hito en la historia de la civilización del Planeta que nos acogió; lo bautizaron de común acuerdo con el nombre de “Humano”.&lt;br /&gt;          Durante meses fueron arribando a Humano muchas otras naves parecidas a la nuestra, al principio tal y como estaba previsto hasta que, sin poder conocer los motivos, dejaron de llegar todas las que esperábamos; eso alteró los planes de nuestra Colonia, haciéndonos más difíciles los comienzos en el Planeta gris.&lt;br /&gt;          Crecí, estudié y trabajé duramente. Me casé... y no tuve descendencia, ninguno de nosotros la tuvo, ningún humano. Mis padres murieron y también mi mujer. Nada me ataba ya a Humano y seguía sintiendo una gran nostalgia por la Tierra. Deseaba morir en el lugar donde nací y anhelaba poder regresar al Planeta azul antes de hacerme demasiado viejo, antes de que los achaques causados por los años me hicieran desistir de efectuar un viaje tan largo a través de las estrellas.     &lt;br /&gt;          Nuestra tecnología, gracias a las últimas naves que llegaron de la Tierra, había avanzado lo suficiente como para que no fuesen necesarias naves gigantescas para surcar el espacio. La comunidad me facilitó una pequeña nave, suficientemente maniobrable para poder manejarla yo solo. Todos me ayudaron en los preparativos, ellos también correrían esa ventura mía desde sus pensamientos, y me dijeron que quizá, de ese modo, la Tierra, que les había olvidado, volvería a contar con ellos.&lt;br /&gt;          Cuando después de muchos años de viajar hibernado por el espacio al fin llegué a contemplar nuevamente desde lejos mi Planeta, tantos largos años añorado, la emoción que me embargaba fue aumentando hasta que rompí en sollozos al aproximarme a él. &lt;br /&gt;          El Planeta azul era más azul que nunca y tan bello como yo lo recordaba desde niño. Y cuando entré en su atmósfera, el azul continuaba siendo intenso, tan intenso como el color del mar que lo anegaba por completo. &lt;br /&gt;          Sobrevolé ese mar durante incontables horas, buscando angustiosamente, intentando hallar aunque fuese solamente un metro cuadrado de terreno seco pero sin lograr encontrarlo, mientras mis ojos, antes llorosos por la emoción del regreso, derramaban ahora incontenibles lágrimas de dolor ante &lt;br /&gt;el uniformado color azul, ese color amado que durante tantos años había yo añorado y que ahora examinaba con odio por dominar totalmente a mi querida Tierra. &lt;br /&gt;          Puse finalmente rumbo a las estrellas lejanas de donde había venido y abandoné la Tierra, mientras reía histérica y amargamente por la paradoja de su nombre y al comprobar que mi largo viaje de regreso había resultado inútil, que mi origen y mi pasado eran ya algo remoto y que únicamente podría, en adelante y mientras viviese, rememorarlo como si fuese un sueño que nunca existió más que en mi mente.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-6743142592647156774?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/6743142592647156774/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=6743142592647156774' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6743142592647156774'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6743142592647156774'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/amado-planeta-azul.html' title='AMADO PLANETA AZUL'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-2697219248042027958</id><published>2010-02-04T07:38:00.002-08:00</published><updated>2010-02-04T07:39:45.148-08:00</updated><title type='text'>PERRI, TELÉFONOS, CHIPS Y UNAS CUANTAS COSAS MÁS...</title><content type='html'>Acababa de llegar a casa, cuando sonó el timbre del comunicador. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--¿Dígame?&lt;br /&gt;--Le habla la Compañía de Transmisiones (en adelante, “La Compañía”) Estamos actualizando los aparatos de su sector. Le rogamos encarecidamente que tan pronto haya terminado Vd. de oír este mensaje, cuelgue el receptor, se separe del aparato y no vuelva a tocarlo hasta que se haya efectuado el cambio. Cualquier problema que ocurra, si no sigue las instrucciones, será en exclusiva bajo su responsabilidad. La actualización durará aproximadamente un par de minutos. Si posee animales domésticos, o de compañía, tenga cuidado con ellos para que tampoco se acerquen al comunicador ni lo toquen mientras dure el proceso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          Quise preguntar, pero al instante me di cuenta de que no había opción para ello, era un mensaje grabado, como lo había sido en todas las actualizaciones anteriores. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          Colgué el terminal y coloqué debajo la pequeña bandeja protectora. La función de la bandeja, entregada por la Compañía al adquirir por primera vez el comunicador era salvaguardar, durante las actualizaciones, lo que se encontrase debajo del aparato. En este caso, mi apreciada mesa rinconera fabricada en transcetatovilo, modelo que ya no estaba a la venta por haberse quedado el Gobierno con la patente del invento y haber prohibido su fabricación comercial. El transcetatovilo era un material único, descubierto o inventado a principios de siglo y cuya cualidad principal, y verdaderamente espectacular, era la de ser completamente transparente y prácticamente indestructible, aunque tenía, al parecer, ventajas aún mayores. Por esas ventajas y otros motivos, de momento ocultos, se había quedado el Gobierno con su exclusividad. Su transparencia no era como la del cristal, iba mucho más allá, la transparencia del transcetatatovilo era tan absoluta que, cualquier objeto que se colocase encima de ese material, daba la impresión de que se mantuviese en el aire por sí solo, como si flotase sin nada que lo sujetase o mantuviese, de ahí el nombre con el que lo bautizaron. Mi mesa rinconera podía verse, aunque es un decir, pues sería mejor utilizar la expresión intuir, o incluso “adivinarse”, por los pies de metal que la adornaban, y cuya función era la de evitar que, a pesar de haberla colocado en un rincón, se pudiera inadvertidamente, en algún despiste comprensible y no previsto, tropezarse con ella. El tapete, que más tarde compré y que coloqué en la superficie de la mesa para adornarla, fue porque me causaba inquietud la impresión de que el comunicador reposase en el aire sin, al parecer, nada que lo mantuviese ahí, aunque supiese que debajo existía una superficie sólida y prácticamente indestructible. La bandeja protectora, accesorio imprescindible, no dejaría que el tapete se dañase durante el transcurso de la actualización. Me aparté como me habían indicado y busqué con la mirada a mi mascota Perri. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;           ¡Perri!, ¿dónde estás?, llamé al no verlo en el salón. Esperaba que apareciese trotando, pero sólo recibí un lejano gruñido que creí localizar en la cocina. Cuando le busqué allí, vi que Perri estaba comiendo sus croquetas revitalizadoras, y cuando mi perro se recargaba no atendía a nada que no fuera tragar, una tras otra, las pequeñas baterías que le mantenían activo durante veinticuatro horas. Cerré la puerta de la cocina por precaución, para que a Perri no se le ocurriese salir en ese momento y se acercase al aparato. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          Perri era una buena mascota, me había costado bastante dinero pero no me arrepentía, eso hacía que yo lo valorase en su justa medida, además de que me hacía mucha compañía y le había tomado cariño. Cuando lo compré, me dijeron que su duración sería mayor que la del perro que tuve anteriormente. Hacía ya dos años desde que salí de la tienda con él en brazos, y siempre, desde entonces, me había satisfecho su adquisición. Perri es cariñoso, fiel y muy divertido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          Tan pronto hube cerrado la puerta, comencé a oír en ella unos golpes: era lo único que no admitía mi perro, sentirse encerrado. ¡Quieto, Perri! le grité; esa orden era una de las 24 órdenes que me habían asegurado que este tipo de mascotas obedecen cuando ya se han acostumbrado a la voz de su amo, "aunque no siempre, no en todas las ocasiones", me había dicho la vendedora con gesto cómplice, mientras sonreía al decírmelo. Esta vez, pensé, debía ser una de esas ocasiones. Repetí mi orden y esperé unos segundos, pero Perri siguió golpeando sin hacerme caso. Como advertí que los golpes eran suaves y no dañarían la puerta, ni tampoco Perri podría hacerse daño a si mismo ya que su estructura estaba fabricada con materiales garantizados, no hice caso de su enfado y fui de nuevo al salón para no perderme la actualización. Lo hice a tiempo de poder ver el proceso y vi cómo mi aparato telefónico se convertía en algo parecido a una pequeña esfera incandescente y, tan luminosa, que tuve que taparme los ojos con las manos para no ser deslumbrado. En pocos instantes, el comunicador se transformó en un nuevo aparato reluciente y muy atractivo, con una pantalla moderna de un aparente y agradable color rosado. Menos mal, me dije, pues ya estaba cansado de aquel mamotreto de estética poco atrayente y que, además, nunca llegó a transmitir imágenes nítidas. Una luz roja parpadeaba ahora en el nuevo teléfono acompañado de un sonido agudo, penetrante y molesto que me hirió los oídos. Me acerqué, levanté el pequeño aparato, mucho más pequeño ahora que el anterior, maravillándome de su liviano peso, y saqué de debajo la bandeja protectora, guardándola en un estante cercano. La bandeja protectora era necesaria para las continuas actualizaciones y debía tenerla a mano. Levanté el auricular y una voz con timbre metálico, parecida a la que me había hablado antes, me dijo: su teléfono ya está actualizado; ahora, haga el favor de colgar y lea las instrucciones que encontrará en la base. Y eso hice, colgué y miré debajo, en la base, y vi un pequeño letrero luminoso con letras fluorescentes. Leí: “su número ha sido cambiado por exigencias del nuevo servicio” &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          Conocer que me habían cambiado otra vez el número me fastidió bastante, tendría que hacer tarjetas de visita nuevas... pero continué leyendo: para activar su número debe activar primero el programa. Si desconoce cómo efectuarlo, póngase en contacto con La Compañía; deberá hacerlo a través de su propio terminal, pero recuerde que para que podamos atenderle deberá indicarnos su nuevo número. Me quedé perplejo y leí varias veces las instrucciones sin llegar a entenderlas. Lo cierto es que el día en la planta de reciclaje había sido muy duro y me encontraba algo cansado. Resignado por el momento a no poder comunicarme con nadie, me acomodé en mi sillón antigravitatorio dispuesto a ver un rato de telegital, mientras meditaba cómo poder seguir las indicaciones de la Compañía, aparentemente tan contradictorias. Pulsé el mando que accionaba a distancia las persianas, y cuando una suave penumbra comenzó a invadir la habitación recordé a Perri. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          Advertí que Perri continuaba dando golpes en la puerta de la cocina. Me incorporé y fui a abrirle. El contento de Perri se hizo evidente cuando de su garganta salieron unos ligeros ladridos, mezclados con el especial y agradable ronroneo propio del avanzado modelo que Perri era, ronroneo con el que conseguía transmitir una sensación placentera a quien lo escuchase. Contento por no continuar encerrado, Perri me acompañó haciendo piruetas y moviendo el rabo sin cesar hasta mi sillón, en el que me aposenté de nuevo después de activar el botón en el programa número 3, el de ligera antigravedad, con el que me sentía sumamente cómodo. Perri se echó a mis pies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;         En la telegital estaban echando una muy vieja película de gángsters y detectives. Centré mi vista en una de las pantallas que me resultaba más cómoda desde la postura que había adoptado en mi sillón ergonómico. Anulé los demás monitores y subí el sonido de la tele, porque el pitido que emitía el teléfono era persistente y molesto y no había encontrado el modo de pararlo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;           No me gustó la película, pensé que era un absurdo ver en qué forma debían desenvolverse los detectives para atrapar a los "malos". Esas películas tan antiguas no deberían reponerlas, aunque admito que siempre hay a quién le gustan, pero es inconcebible que alguien pueda sumergir en ellas la atención cuando no tienen nada de realidad actual, no son más que ingenuas reliquias del pasado. Yo prefiero las actuales, más complicadas pero reales o, al menos, más plausibles. Me entusiasman las pelis en las que el protagonista logra eludir los sofisticados sistemas de vigilancia, así como todos los controles de las miles de cámaras que filman continuamente nuestra vida entera en el planeta y ver, con verdadero deleite, cómo consiguen "escapar" del control personal, este control al que todas las personas nos vemos sometidos por los chips que nos implantan desde nuestro nacimiento; eso sí es emocionante, y cuando uno ve esas películas se sienten verdaderas ganas de emular al héroe y, como él, buscar al increíble científico capaz de desactivarnos los implantes sin peligro para nuestra vida y conseguir al fin la libertad. Pero... ¿libertad? ¿dejar de pertenecer al engranaje? ¿Y qué podríamos hacer, entonces? ¿Cómo podríamos vivir?. Es una utopía pero es mi sueño, el sueño de todos, un sueño inalcanzable, lo sé, un imposible. En eso envidiaba yo a la gente que había vivido en siglos anteriores, sin apenas tecnología, sin estos avances que ahora poseemos pero que nos atenazan y nos hace ser para siempre prisioneros del "sistema" imperante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      El aburrimiento me domina y no dejo de estar preocupado por el problema de no tener teléfono. Decido ir a echarme un rato en la cama y me levanto del sillón, accionando al mismo tiempo el mando de los multimonitores, cuyas pantallas se extienden por toda la casa, para no perderme ninguna escena que pudiera ser interesante mientras camino hacia el dormitorio. A pesar de que contemplar la proyección de esta película no me termine de gustar, me fascina ver el pequeño cilindro blanco que el protagonista lleva colgado de la boca, encendido con una lumbre en un extremo, expeliendo sin cesar un humo ligeramente azulado, y extraño, en pequeñas nubecillas, y que se diluyen apenas en contacto con el aire; cigarrillos, los llamaban. Y el actor, un tal Bogart, alguien famoso , al parecer, y cuya fama se había acrecentado a pesar de los años transcurridos. Camino de mi habitación sigo viendo en las pantallas la vieja película. Me echo en mi cama, rellena en su interior con la última moda de gas inerte y me siento muy cómodo y relajado. Centro de nuevo la imagen en uno de los monitores, apagando los demás, y al rato noto una grata laxitud. Antes de dormirme, apago también la pantalla que estoy viendo y me instalo en la muñeca el cerebrocontrol de imágenes para seguir recibiéndolas, ahora con los ojos cerrados. Pronto las imágenes se desvanecen, igual que mis pensamientos, y me siento inmerso en un apacible sueño mientras mi cerebro capta el final de la película que, más tarde, cuando despierte, podré recordar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          He debido estar dormido unos cuarenta minutos, todo un récord. Normalmente no logro dormir más de veinte minutos seguidos, pero la telegital y el ronroneo de Perri hacen milagros. Desconecto el cerebrocontrol pero me siento incapaz de levantarme, sigo cansado. Conecto los monitores y veo que siguen con la misma película; cambio de canal, aburrido, y me sorprende la entrevista que en teledirecto están haciendo a un sujeto, uno de tantos inútiles como existen y que denigran nuestra sociedad. Parece que en una de las actualizaciones de comunicador, igual que la que acababan de hacer al mío, el hombre no siguió las instrucciones y no soltó el aparato. Fundió el teléfono y, lo que es peor, dejó a todo un sector entero de población sin comunicación. Los servicios de vigilancia de las cámaras personales que lo habían grabado todo, como siempre, denunciaron inmediatamente el hecho y rápidamente acudió a su domicilio un equipo aéreo. El equipo de recuperación le curó el brazo... y le apresó. Llegaron a tiempo de recuperarle el brazo, aunque no le salvaron la mano que había perdido. La mano se le había fundido, se deshizo totalmente junto con el teléfono. Escuché lo que el locutor decía en ese momento:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--Ahora se encuentra usted en libertad provisional. Supongo que ya sabe que se expone a que le condenen a una grave pena debido a su incompetencia. Perderá el derecho a seguir viviendo en el mismo domicilio y es posible que, si prospera la acusación particular y la acusación de la Compañía, le envíen a la última zona, la de los indigentes, sin poder disfrutar nunca más de los avances tecnológicos que usted poseía hasta ahora y que ha parecido despreciar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          El hombre trataba de defenderse y explicaba, llorando, que no se dio cuenta de lo que hizo, que sus pensamientos los tenía puestos únicamente en su hija que se encontraba en el hospital, grave, y que no reparó en lo que escuchó cuando le llamaron de La Compañía. -¡Ni siquiera entendí lo que me decían!- gritaba al que le entrevistaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--Si, continuaba impasible el locutor, está claro que algo debió de sucederle, y es de lamentar lo que le ocurre, pero un individuo cuenta poco ante la magnitud del perjuicio causado a los demás. Las actualizaciones siempre ofrecen instrucciones muy claras y precisas y usted las desatendió y ocasionó, con su torpeza, la interrupción de las comunicaciones en un sector muy amplio de la Ciudad, lo que produjo graves alteraciones en la vida pública. Por este motivo, el defensor del Pueblo, defendiendo los intereses de la Comunidad ante personas irresponsables como Vd. encabezará la acusación. Y el locutor, finalmente, le despedía con estas palabras: lo tiene mal, amigo. Y terminó el programa, diciendo y dirigiéndose a los espectadores: en nuestra actual civilización, mantener el equilibrio de la “Globalización” es fundamental. El equilibrio Global es tarea y deber de todos los que vivimos sobre la superficie de este planeta, y cualquier acto indebido que alguien cometa, por nimio que sea o que parezca serlo, repercute, perjudica y puede alterar profundamente, si no se atiene estrictamente a las normas establecidas, a toda nuestra forma de vida actual, así como también el futuro de la vida de nuestro Planeta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Recordé mi teléfono, que seguía sin funcionar. Me levanté de la cama, salí de mi apartamento y llamé al de mi vecino. ¡Le ocurría exactamente lo mismo que a mi!. Los dos visitamos a varios vecinos y a todos ellos les había ocurrido igual, se habían quedado sin poder utilizar el teléfono y sin saber qué podían hacer para solucionarlo. Decidimos convocar prontamente una reunión, no sin habernos peleado antes entre todos, echándonos las culpas unos a otros, lanzándonos mil reproches que nada tenían que ver con el problema que nos ocupaba y casi llegaron, algunos, a las manos. Al final, calmadas las agresividades, decidimos que, unidos la mayoría de vecinos del inmueble, quizá pudiésemos encontrar una solución o el modo de conseguir que La Compañía nos atendiese, pues reclamar individualmente era inútil y lo sabíamos sobradamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          Regresé a mi apartamento. Perri estaba esperándome junto a la puerta de entrada. Tan pronto la abrí me ronroneó fuertemente, emitiendo pequeños gruñidos de satisfacción por mi regreso, acariciándome las piernas con su cabeza y abanicándome con su rabo, que no cesaba de mover ni un instante. Me di cuenta de que Perri, fuese real o no, era lo único válido en mi existencia, quizás lo más cercano y entrañable que había tenido nunca. Al fin y al cabo, yo mismo había sido construido de forma similar, aunque con un mayor nivel de conciencia. Cuando el hombre dejó de tener descendencia, si no hubiese sido por nosotras, las máquinas, que tomamos su relevo, este mundo ya no existiría. Cuando me agaché para ponerme a la altura de mi mascota, ofreciéndole mi reconocimiento, su lengua me recorrió la cara y yo, entonces, dejé, enternecido, que Perri me lamiera cuanto quisiese, como premio a su cariño e inquebrantable fidelidad.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-2697219248042027958?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/2697219248042027958/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=2697219248042027958' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/2697219248042027958'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/2697219248042027958'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/perri-telefonos-chips-y-unas-cuantas.html' title='PERRI, TELÉFONOS, CHIPS Y UNAS CUANTAS COSAS MÁS...'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-858710153911214700</id><published>2010-02-04T07:38:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T07:38:53.951-08:00</updated><title type='text'>VERÓNICA</title><content type='html'>Verónica irradiaba una deslumbrante e irreal belleza. La delicada y débil luz de las velas, que yo mantenía románticamente encendidas como únicas luces para alumbrar la sala, le otorgaban a Verónica un aire bello y extraño que me subyugaba. Ante su deseada presencia desperdicié, a mi pesar, algunos segundos del preciado tesoro del tiempo. Desperdicié esos segundos al mirar, como hipnotizado, los pliegues de su indumentaria inmaculadamente blanca; quizá lo hice inconscientemente para poder encontrar, aunque fuese en el ropaje que vestía el cuerpo de mi amada, la respuesta que yo siempre esperaba y que ella, siempre callada, me negaba.                              &lt;br /&gt;          Cuando dejé de mirar los pliegues del ropaje de mi amada y levanté la mirada, vi que mi adorada avanzaba hacia mi como ella acostumbraba a hacerlo, muy despacio, rodeada de ése su halo misterioso, pareciendo no tener prisa alguna en su andar cadencioso, como si fuese dueña del tiempo y la eternidad le perteneciera. Caminaba tan delicada y lentamente que rozaba apenas el suelo, como si flotara, o una invisible esfera la transportase, acercándola hasta mi. Cuando Verónica llegó a mi lado, manteniendo en sus labios ese mohín risueño que yo conocía tan bien, creí poder escuchar su respiración y me llené de ella. &lt;br /&gt;         Verónica no me dijo palabra y yo tampoco hablé. Aspiré su fragancia y contemplé su belleza con deleite, con verdadero placer. Admiré  su cuerpo, sus cabellos y su hermoso rostro y advertí la intensa mirada de sus bellos ojos fijos en mi. Paseé de nuevo mi mirada por su bonita figura y me llené otra vez el alma con su imagen. Era lo único que yo podía hacer; sabía que si trataba de hacerle una mínima caricia, ella no lo permitiría. Se marcharía de mi lado, desaparecería como había desaparecido cada noche, durante años, y vanos serían mis intentos por demostrarle mi ternura. Yo lo sabía, sabía que eso ocurriría, ¡pero a pesar de saberlo no pude reprimir el deseo, ni limitar la locura de la noche, y extendí mi mano para tocarla...! y entonces, como siempre había ocurrido, y ante mi desesperación, Verónica se desvaneció al instante, esfumándose en el aire. &lt;br /&gt;          Durante un tiempo indefinido permanecí con la mano extendida hacia la nada, con mis dedos ansiosos y crispados por no poder dibujar el simple, sencillo y pequeño gesto que yo deseaba: acariciar la delicada piel de su adorable rostro. Encontré la nada en su lugar y un gran vacío ¡el de su presencia amada! Verónica ya no estaba ahí, pues mi gran amor, mi amada del alma, se había ido. &lt;br /&gt;          Vagaría yo, buscándola durante el resto de la noche, como lo hago desde hace años, vagando inevitablemente a solas con mi tristeza, aunque sin perder nunca la esperanza de volver a encontrarla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          Durante el día siguiente, un largo día colmado de nostalgias, soñaría despierto, soñaría con ella y rogaría para que Verónica, transportada por los hados, regresase al anochecer, como siempre. Y yo sé que, entonces, irremediablemente, extasiado con la contemplación de su bella imagen, trataré inútilmente, una vez más, de acariciar su rostro y de retener su presencia con mis temblorosas manos.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-858710153911214700?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/858710153911214700/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=858710153911214700' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/858710153911214700'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/858710153911214700'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/veronica.html' title='VERÓNICA'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-2640409886875629074</id><published>2010-02-04T07:36:00.002-08:00</published><updated>2010-02-04T07:37:59.831-08:00</updated><title type='text'>MI MAYOR DESEO ERA CONOCERNOS</title><content type='html'>Estaba rabiando por ver a mi amada. Habíamos quedado citados en una calle céntrica; yo iría con mi coche y lo aparcaría en la esquina, -o lo mantendría en doble línea, le dije, depende de si encuentro aparcamiento o no-. &lt;br /&gt;          A mi amada no la conocía, físicamente quiero decir; llevábamos escribiéndonos casi un año y los dos nos habíamos enamorado perdidamente a pesar de no habernos visto nunca. Éramos almas gemelas y, tan pronto nos dimos cuenta de ello, comenzó a subir nuestro ardor, a decirnos que nos amábamos y a soñar con encontrarnos. También nos prometimos, cuando ese momento llegase, darnos en persona todo el amor que sentíamos. Los días anteriores a nuestro encuentro fueron muy largos; contábamos esos días y esas horas que faltaban, contábamos incluso los minutos: ya solamente quedan dos días, amor, le escribía yo, y ella, igual, impaciente, casi desesperada porque el tiempo, implacable, se iba desgranando a su aire sin tenernos en cuenta a nosotros, que hubiésemos deseado que esos días, esas horas, hubieran sido solamente instantes. Nos hubiera agradado, cuando concertamos el día en que por fin nos encontraríamos, que con sólo cerrar y abrir nuestros ojos, el calendario nos indicase que ese día ya había llegado. Tuvimos que esperar como deben esperar todos los mortales. Y ese día llegó. &lt;br /&gt;           Mientras yo esperaba en el coche, imaginaba a mi amada, bella, grácil, femenina, coqueta y de cabellos de oro, rubia como me había dicho ella que era; confiaba en que fuese bella como sus pensamientos y tan ardiente como me prometió y me juró tantas y tantas veces por carta. Nuestra confianza mutua había ascendido hasta límites insospechados: hoy llevo puestas unas braguitas de color salmón, de esas que solo llevan a cada lado una tirita muy estrecha... Pues yo, amor, hoy, en la ducha, he pensado en ti y... &lt;br /&gt;         Nuestros deseos habían ido en aumento cada día y, ahora, la espera se me hacía interminable; tan pronto ella llegase reconocería mi coche por la matrícula, entraría en él y nos dirigiríamos a la habitación de un hotelito que yo había concertado tan pronto supimos que podríamos vernos y que tendríamos todo el día para amarnos. &lt;br /&gt;         Vi, de pronto, absorto en mis pensamientos, que la puerta del coche se abría sin haber advertido previamente que ella se acercaba. Se asomó una mujer rubia, alta, enorme, con una barriga que parecía un tonel. ¿Luis? preguntó. Y como me llamo Luis, todo el que me conoce lo sabe, me sorprendí, pues a aquella mujer yo no la conocía ni creí en un primer momento que ella fuese mi Laura ni que me conociese de nada, pero un sexto sentido, agudizado por el momento de la espera me hizo preguntar, con la secreta esperanza de que no fuera mi amada: ¿Laura?. Y esa inmensa mujer rubia, esa mujer que casi no cabía por la puerta y que resultó que sí, que era Laura, entró y se sentó a mi lado. Enseguida vino a mi mente la imagen de... esa imagen que yo había visto tantas veces con el pensamiento, la de las braguitas de Laura, aquellas braguitas diminutas con las tiritas estrechas...&lt;br /&gt;- ¡Amor, mi Luis, por fin juntos!&lt;br /&gt;- Si... amor, por... por fin...&lt;br /&gt;- ¿Adónde vamos a ir, amor?&lt;br /&gt;- Pues... yo había pensado... pero no sé si... mira, iremos a dar una vuelta y aparcaremos en alguna calle que no sea tan céntrica y... allí podremos hablar sin que nadie nos moleste.&lt;br /&gt;- ¡Me parece bien, amor!&lt;br /&gt;          Puse el coche en marcha y en apenas cinco minutos encontré una calle, al parecer bastante solitaria, y aparqué el coche sin dudar, mientras miraba de reojo a Laura. Aquella mujer... era rubia, si, pero no la había imaginado tan... Sin embargo, era mi Laura, la Laura que tan bien creía conocer, la Laura por la que había suspirado durante tanto tiempo. Ella me propuso pasar al asiento trasero y así lo hicimos. Me abrazó y, en esos momentos, sentí toda la ternura que en los meses pasados había rebosado mi corazón, pero mis brazos apenas podían abarcar nada de ella y, tras varios intentos vanos, desistí. Quiso besarme y yo pensé que se lo debía, que no podía negarme a esa muestra de cariño, pero entonces me fijé en sus dientes y me sentí incapaz de besarla ni de ser besado. Su sonrisa era franca, amplia y generosa, igual de generosa que sus dientes, unas enormes palas picudas que, además, llevaba manchados y con restos de comida. ¡No puedo besarte! argüí, casi tapada mi boca por la de ella y perdido entre los brazos de aquél corpachón que me ahogaba. ¿Qué has desayunado, Laura?, dije, sin ocurrírseme nada más original, para evitar que pudiese besarme. ¡Un bocadillo de chorizo, amor! contestó, ¡un bocadillo que estaba riquísimo!. Claro, pensé astutamente, así que los pringues de sus dientes son del chorizo que se acaba de zampar; y lo pensé como si hubiese descubierto algún secreto que hasta ese momento se mantuviese oculto y, habiéndolo desvelado, mereciese un premio por mi astucia; debería haberme alegrado de eso, pero, algo, me di cuenta, no terminaba de ir bien. Soy muy intuitivo y la intuición me decía que convenía terminar aquella situación cuanto antes. &lt;br /&gt;      Bueno, Laura, mira... comencé a decir, pero ella se separó de mi y me observó muy seria, ¡parecía que ya supiese lo que yo iba a decirle! ¡era más intuitiva que yo mismo! Y poniendo rostro enfurruñado, me espetó, furiosa: ¿Qué tratas de decirme, amor, con esta cara tan seria y con este tono que pones en la voz? ¿Y por qué te separas de mi de ese modo? No supe seguir hablando, las palabras se me atragantaban y en mis pensamientos dejaron de existir aquellas braguitas de color salmón, únicamente lograba ver sus dientes repletos de pizcas de chorizo y me quedé mudo de golpe. Laura se echó a llorar. Lloraba entrecortadamente, sollozaba con grandes hipos que hacían que el coche botase y se moviese como si estuviese dando saltos, saltos de compañerismo me parecieron a mi, por la vital y trascendente decisión que acababa yo de tomar, como si, al igual que Laura, el coche hubiese leído mis pensamientos; claro que, si el coche se movía, era por el hipo de Laura, pero a mi me pareció que esos saltos apoyaban mi determinación y que el coche se hacía cómplice de mi angustia del momento, pues por algo era mi coche. Me prometí que cuando le hiciese la próxima revisión, le pondría el mejor aceite del mercado. &lt;br /&gt;         Laura seguía llorando, desesperada, y trató de apoyar su cabeza encima de mi pecho, sin duda para llorar más a gusto, pero al retroceder yo impulsivamente hacia atrás, ella halló el vacío y, debido a su impulso, se encontró, y yo también, con su cabeza en mi estómago; en realidad, no precisamente en mi estómago, digamos más bien que colocó su cabeza entre mi estómago y mis piernas, y su mejilla encontró lo que nos diferencia a la mayoría de los hombres de la mayoría de las mujeres, al menos, que yo sepa. Lo notó y restregó ahí su mejilla, mimosa, como una gata en celo. ¡Ah, era eso! la oí decir, y como su rostro y su boca los había situado, ya sin tapujos, entre mis piernas, parecía que su voz saliese de debajo de mi asiento. ¡Esto es lo que querías, amor! seguía diciendo ella con voz amortiguada y que ahora sonaba como si tuviese la boca tapada por una bufanda de lana, pues yo te daré esto que quieres, vida mía, te daré todo y te haré todo lo que te guste, mi amor! Y levantó ligeramente su rostro, mirándome a los ojos, y entonces volví a ver sus dientes. Tenía la boca entreabierta y de nuevo pude ver esas grandes palas que tenía por dientes y acabadas en pico. Me imaginé a mi mismo como un gran bocadillo de chorizo y me entró pánico, me imaginé ser un embutido que, Laura, de un bocado, cercenaría. Y luego... mis restos quedarían sepultados entre sus dientes para siempre. Traté de apartarla dándole un empellón pero era imposible moverla, su gran barriga debía servirla como lastre y no pude moverla ni un milímetro. Ella se rió y me dijo: ¡tienes prisa, eh, amor? enseguida, enseguida, cariño. Y trató de bajarme la cremallera del pantalón; de hecho, lo consiguió. Tenía tanta fuerza que mientras abría con las manos la cremallera logró mantenerme inmóvil con su cabeza, aplastando mi pecho contra el respaldo del asiento. Me tenía prisionero. Como pude, con mi mano izquierda accioné la manilla que abre la puerta del coche y, al abrirse ésta de golpe, rodé hacia la calle dándome un buen trompazo contra el suelo. Me levanté al instante y eché a correr. Corrí hasta perder de vista a Laura, el coche, la calle y hasta el barrio.&lt;br /&gt;          Cuando por la noche me atreví a acercarme hasta donde se encontraba mi automóvil aparcado, no había rastro de ella. Ningún rastro, es decir... ninguno excepto los que había dejado en los cristales del coche. Todos los cristales, el de delante, el trasero, los de las ventanillas, estaban repletos de marcas. Por lo visto, se había entretenido, quizá esperando a que yo regresase junto a ella, en ir dejando sus labios marcados en los cristales. Mi coche daba la impresión de ser el de algún obseso que deseaba pregonar su condición a los cuatro vientos; parecía el coche de un perturbado, un coche con los cristales totalmente marcados con besos de color rojo chillón. No tuve más remedio que limpiar, si es que a emborronar se puede llamar limpiar, el cristal delantero para poder o, al menos, intentarlo, ver algo a través del parabrisas. &lt;br /&gt;          Después de este encuentro, estuve recibiendo cartas de Laura durante muchos meses. Naturalmente, yo no contesté a ninguna, pero cuando salgo a la calle miro precavidamente en todas direcciones, no vaya a ser que...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-2640409886875629074?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/2640409886875629074/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=2640409886875629074' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/2640409886875629074'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/2640409886875629074'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/mi-mayor-deseo-era-conocernos.html' title='MI MAYOR DESEO ERA CONOCERNOS'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-8389825237962410913</id><published>2010-02-04T07:36:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T07:36:52.240-08:00</updated><title type='text'>LOS SUEÑOS DE PAULA</title><content type='html'>En la cueva, todos andaban revolucionados. Aquél era su mundo, y ningún extraño había podido acceder jamás hasta ellos. Vivían así voluntariamente desde hacía muchas generaciones. Los humanos los hubieran llamado gnomos y quizá lo fueran. Todos medían entre 35 y 45 cm.. &lt;br /&gt;           La revolución llegó con una alpinista que nadie sabe cómo, en un deslizamiento de tierras, apareció, cayendo de pronto en uno de los túneles interiores. Estaba desvanecida, y todos contemplaron a aquella muchacha sin saber qué decidir. No parecía tener nada grave, solo un simple desvanecimiento al caer deslizándose, y por el golpe final que al parecer, se había dado contra el suelo. No podían permitirse ser descubiertos por aquella humana, pero tampoco podían dejarla encerrada para siempre, allí dentro. &lt;br /&gt;           Mientras la mujer estaba sin sentido, y una vez comprobaron que no tenía ninguna lesión, decidieron trasladarla fuera y lejos de sus cuevas. Antes de eso, admiraron las grandes, para ellos, dimensiones de la mujer. Nunca habían tenido una oportunidad como ésa. Con osadía, la desvistieron parcialmente, y quedaron boquiabiertos por los grandes y preciosos pechos de la mujer y de los fuertes muslos. Observaron su pubis, y también lo que había más abajo. Grandes  ¡Oh! salieron de todas las gargantas. La mujer era muy bella, y todos quedaron enamorados al instante, pues aunque para ellos era un gigante, sabían reconocer la belleza. Todos, incluso las mujeres, estaban impresionados. Como entre ellos no había lazos especiales para el amor, ya que convivían todos con todos, tomaron una decisión en la que unánimemente se pusieron de acuerdo. Hicieron beber a la mujer grande un brebaje, que la dejaría durante unas horas sin voluntad y... Luego la subirían al exterior, en algún paraje donde pudiese ser encontrada fácilmente por los de su propia raza.&lt;br /&gt;           Cuando Paula se despertó al cabo de algunas horas, lo hizo en un hospital. No recordaba nada, nada de su caída, ni nada de lo que le había ocurrido en las horas siguientes. Le explicaron dónde la encontraron, y que luego la habían trasladado hasta ese hospital, donde no apreciaron ninguna herida, solo síntomas de cansancio. &lt;br /&gt;           Paula, ya en su casa, reanudó su vida de siempre, pero todas las noches tenía el mismo sueño que le electrizaba, y por la mañana se despertaba calenturienta y deseosa de amor. Siempre soñaba lo mismo. Unos seres diminutos le rodeaban, y ella no podía moverse. Había mujeres y hombres. Le tocaban y le acariciaban los pechos. Unas mujeres le besaban los pezones y otras acariciaban sus muslos, y los pequeños hombres se turnaban para hacerle el amor. Muchos pequeños hombres le hicieron el amor, dándole un placer que no terminaba nunca. Cada noche tenía los mismos sueños, y llegó un momento en que deseó pudieran ser reales, tanto le gustaba ser poseída de ese modo tan especial y extraño, y que le causaba tan enorme placer.&lt;br /&gt;           Pasaron unos meses y un día, al salir a la calle, unos muchachos juerguistas que por casualidad pasaban por allí, entre bromas, le dieron la noticia : Estaba embarazada. ¿Qué será, niño o niña? le preguntaron. Paula se miró, y enseguida vio que era cierto. Había pensado que debía empezar a hacer régimen, sin darse cuenta de lo que en realidad le sucedía&lt;br /&gt;           Al cabo de seis meses, Paula dio a luz a nueve bebés tan pequeños, que los médicos quedaron mudos de  asombro. Paula miró a los bebés con inmenso cariño, y supo que no necesitaban de ninguna incubadora. Solo sabía que eran suyos por derecho propio, y que los cuidaría con todo su amor.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-8389825237962410913?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/8389825237962410913/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=8389825237962410913' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/8389825237962410913'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/8389825237962410913'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/los-suenos-de-paula.html' title='LOS SUEÑOS DE PAULA'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-7661237859205825223</id><published>2010-02-04T07:35:00.002-08:00</published><updated>2010-02-04T07:36:13.343-08:00</updated><title type='text'>DEPARTAMENTO DE INGENIERÍA</title><content type='html'>El robot metálico avanzaba con gran seguridad por la acera de la gran Avenida pero lo hacía despacio, pesadamente, paso a paso, dejando caer su enorme peso sobre un pierna y luego sobre la otra. De vez en cuando volvía hacia atrás su gran cabeza metálica, como esperando órdenes. Detrás caminaba un hombre con un mando de ultrasonidos en la mano y con el que controlaba al robot. Ambos entraron en un bar. Primero lo hizo el robot, seguido por el hombre. El artilugio mecánico se dirigió hacia una de las escasas mesas vacías, y separando una silla, esperó a que llegara el hombre hasta allí. Ambos, robot y hombre, se sentaron, no sin antes oír las protestas de un camarero que decía que, el robot, con su peso, podría llegar a romper la silla. El hombre le hizo un gesto displicente con la mano y el camarero optó por callar, aunque malhumorado pudo oírsele, en voz baja, un comentario que arrancó la sonrisa de varios clientes cercanos: ¿Y ahora, qué es lo que pedirá para el robot? -decía el camarero- ¿Una aceitera para engrasarle las rótulas oxidadas? Lo que hay que llegar a ver, venir aquí con esa antigualla... Y rezongando, se fue hasta un extremo de la barra, despreciando al nuevo cliente y dispuesto a no servirle nada a no ser que se lo rogase, y cogiendo un trapo se dispuso a secar un vaso como si esa fuese la tarea más importante que en ese momento debía hacer.  &lt;br /&gt;           Apenas unos segundos después, entró un hombre de mediana edad, echó un vistazo a su alrededor y se dirigió hacia la mesa que ocupaban el robot y el hombre que lo había estado dirigiendo con el mando. &lt;br /&gt;- Hola, Rob. Sabía que te encontraría aquí. Y mientras hablaba, esbozó una amable sonrisa de complicidad.&lt;br /&gt;- Hola, Jhon, Le contestó Rob seriamente, sin duda algo fastidiado por el encuentro. &lt;br /&gt;           Rob era apuesto, especialmente elegante y de cabellos rubios impecablemente peinados. Su estatura sobrepasaba la media normal y su rostro moreno tenía una atracción que agradaba todo el mundo, aunque ahora, al ver a Jhon, su gesto fuera adusto. - Mira, Rob, -empezó a decir el que acababa de entrar y que ahora se encontraba de pie, al lado de la mesa y del Robot, mientras miraba a Rob de frente, quién había puesto una expresión de indudable fastidio- sé que necesitas esta exhibición, pero no te está beneficiando en nada.&lt;br /&gt;- ¡Ah! -se limitó a contestar Rob-&lt;br /&gt;- No, no te beneficia. Entiendo lo que te ocurre, pero tu trabajo es altamente importante y no debes dejar que te dominen tus neuronas, esas que de vez en cuando y, por lo visto, hacen que te hartes y te escapes llevando de la mano a este Robot. Deberías apreciar más tu trabajo. Sabes que todo el Departamento te necesita y que no puede estar siempre pendiente de tus caprichos.&lt;br /&gt;           Rob, que había permanecido indolentemente recostado en su silla, medio se incorporó y, visiblemente airado y levantando la voz, dijo entonces: ¡Si. efectivamente, ya estoy harto de esta situación!. ¡Y tú y todo el Departamento la conoce perfectamente! Me habéis hecho a vuestra semejanza. Soy como vosotros, visto como vosotros, duermo, como y &lt;br /&gt;digiero del mismo modo y de la misma forma que todos vosotros coméis y digerís, pero no vivo como vivís vosotros! He sido creado como si hubiese sido el mismo Dios quién me hubiese hecho, pero estoy solo. Mi consuelo es este Robot, que es la única compañía que me satisface. Es como yo, aunque deba ser dirigido. Me prometisteis una compañera y no cumplís nunca con vuestra palabra...&lt;br /&gt;- Vamos, Rob, ten paciencia. Te lo prometimos y lo cumpliremos; solamente danos tiempo...&lt;br /&gt;           Y cogiendo a Rob del brazo, le hizo levantarse y se lo llevó con él,  casi arrastrándole,  fuera del bar.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-7661237859205825223?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/7661237859205825223/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=7661237859205825223' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/7661237859205825223'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/7661237859205825223'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/departamento-de-ingenieria.html' title='DEPARTAMENTO DE INGENIERÍA'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-8208098544092263888</id><published>2010-02-04T07:35:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T07:35:39.634-08:00</updated><title type='text'>COSAS QUE PASAN...</title><content type='html'>La noche era muy oscura, y la intensa lluvia que estaba cayendo en esos momentos, hacía que apenas se pudiera ver a través del parabrisas, a pesar de estar funcionando el limpia en la velocidad más rápida. Conducía despacio. Estaba buscando un hueco entre los coches aparcados en la calle, cuando de pronto le vi asomando su cara por la esquina. Estaba seguro de que era uno de los monos de la banda de Segis, y también de que su intención era que yo le viese. Cuando se cercioró de que efectivamente había sido así, desapareció. Yo no tenía ningunas ganas de mojarme, así que no salí del coche. Lo que hice fue seguir conduciendo, y giré por el callejón para colocarme donde esperaba que el mono apareciese de nuevo.                       &lt;br /&gt;           Como suponía, el mono apareció otra vez, aunque creo que sus movimientos y los míos los había estudiado muy bien y sabía perfectamente, el muy astuto, lo que yo haría al verle la primera vez. Salí entonces del coche rápidamente y le intercepté el paso. ¿Eres un mono de Segis? le pregunté.  Y seguí preguntando sin darle tiempo a responder a mi primera pregunta: ¿Qué quieres? ¿qué quiere Segis de mi? ¿dónde está tu jefe, el mono cojo? ¿dónde has dejado a la tribu?  Ante aquel aluvión de preguntas, y cayéndonos encima a los dos el agua de la lluvia a chorros, el mono se quedó cortado sin saber responder. Ya lo tenía, pensé. ¡Ya te tengo! dije, eres un mono pervertido y voy a darte tu merecido para que luego puedas explicar a Segis lo que yo hago con los monos que me envía... Balbuceando asustado, me dijo: No soy un mono, es cierto que me envía Segis, pero no soy un mono, soy... una mona. &lt;br /&gt;           Aquella revelación cambió totalmente la situación, -más o menos unos 90 grados- pero supe reaccionar: me levanté rápidamente recuperando la verticalidad y rodeé a la mona con mi brazo derecho. Mientras, con la mano izquierda abrí la puerta del coche y ayudé con ternura a la mona a subir al interior de mi vehículo. Toma, dije, sécate. Y con mimo, le di una esponjosa toalla que llevaba para situaciones como ésta. Luego, ofrecí, ceremonioso, para que se lo  pusiera, el quimono perfectamente planchado que también llevo siempre preparado debajo de mi asiento para después de estas mismas situaciones. &lt;br /&gt;           Conduje de nuevo hacia mi casa, ya tranquilizado. Encontré un bonito hueco y, aunque era algo pequeño, el nuevo giro que había dado la noche consiguió subir mis ánimos, así que pude sin mucha dificultad agrandarlo lo suficiente, mientras la monita me ayudaba jaleándome. Aparqué y subimos a mi apartamento. Allí, cuidé a la mona con esmero. Fue una noche perfecta. La obsequié con una exquisita cena, acompañada de un delicioso vino que guardaba exclusivamente para aquellas excepcionales ocasiones, y que la mona me agradeció con graciosos grititos. Pasamos una velada inolvidable. Todo eso debo agradecérselo a Segis. A veces desconfío, pero no hay duda, Segis es un buen amigo, como no hay otro.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-8208098544092263888?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/8208098544092263888/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=8208098544092263888' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/8208098544092263888'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/8208098544092263888'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/cosas-que-pasan.html' title='COSAS QUE PASAN...'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-7240383931230267365</id><published>2010-02-04T07:34:00.000-08:00</published><updated>2010-02-04T07:35:00.854-08:00</updated><title type='text'>BAILARINA ELECTRIZANTE</title><content type='html'>- ¿Qué sabes hacer ? Este es un club de mucha categoría...&lt;br /&gt;-  Bailo...&lt;br /&gt;- ¡Uf !, tienes muy buena figura, pero aquí ya hay bastantes bailarinas...&lt;br /&gt;-  Como yo, seguro que no. &lt;br /&gt;          Y allí, en la misma oficina, inició lo que parecía que iba a ser un paso de danza. Dio un solo paso y un medio giro con su cuerpo, pero no continuó. Se quedó de pronto quieta, esperando. Angus se quedó perplejo. No supo catalogar el increíble efecto que ese solo paso le había causado, pero la sensación de que necesitaba a esa bailarina en su espectáculo era tan fuerte, que le dijo :&lt;br /&gt;- De acuerdo, ¿cuánto quieres ganar?. Te advierto que no puedo pagarte mucho, y además y de momento, si te interesa, estarás a prueba unos días. &lt;br /&gt;          No quiero ningún contrato ahora, respondió la bailarina, y en cuanto al dinero, tampoco importa, podemos hablar de eso más adelante.&lt;br /&gt;          Por la noche, y con el club todavía a medio llenar, Angus pensó que era un buen momento para presentar a la nueva bailarina, pero se dio cuenta de que en realidad, desconocía con exactitud la clase de danza que la bailarina practicaba. No le importó. Si no era buena, la despediría en seguida, para eso estaba a prueba, aunque interiormente recordó la extraña sensación que había tenido por la mañana, con aquel corto paso de baile que la bailarina apenas inició, y que le había dejado a él, a Angus, hombre ya curtido por los muchos años y las muchas mujeres que sin cesar desfilaban por los camerinos, con una emoción rara y difícil de describir. Fue como recibir una descarga eléctrica en sus nervios y que le hizo sentirse inmediatamente atraído por la bailarina.&lt;br /&gt;          Ordenó a la orquesta que iniciara alguna pequeña pieza musical para la introducción. La bailarina salió de entre bastidores y le hizo señas de que no quería que los músicos siguieran tocando. Se acercó y le dijo: Quiero que los músicos estén en silencio cuando yo salga, y luego, ya sabrán ellos solos lo que tienen que hacer.&lt;br /&gt;          A pasos cortos y graciosos, la bailarina se adentró hasta el centro del escenario. Inclinó ligeramente la cabeza a modo de saludo dirigido al público, e inició una lenta pero voluptuosa danza. Los músicos estaban quietos, sin tocar, tal y como ella había pedido. Tan pronto como la bailarina empezó a moverse, comenzó a flotar en todo el local una especie de música extraña que no parecía brotar de ningún sitio en especial, pero que al mismo tiempo lo llenaba todo y llegaba hasta el último rincón de la sala. Sin embargo, los músicos seguían quietos y no estaban tocando. La música parecía emanar de la propia bailarina, y a cada movimiento de ella, su música, sus vibraciones, envolvían al público que, poco a poco, fue dejando de hablar, para centrar su atención en el espectáculo. La bailarina efectuó dos giros rápidos y algo electrizante cruzó el  aire. Algo electrizante que pareció impactar entre todos los presentes. Todas las damas, sin excepción, se dieron cuenta de que sus sexos se humedecían, notando un raro pero excepcional placer, y los hombres sintieron cómo les crecía su miembro impetuosamente, en una gran erección. La bailarina hizo varios giros más, muy rápidos, y la música que les envolvía a todos, como en un gran concierto de violines dando sus notas más altas, creció en intensidad, traspasando sus cuerpos y haciéndoles vibrar interiormente de un modo como jamás nadie había vibrado así en toda su vida.&lt;br /&gt;          El intenso placer que las damas notaban entre sus muslos, les hacía abrir y cerrar las piernas repetidamente, como no queriendo dejar escapar los mil orgasmos que estaban teniendo en esos instantes. Los caballeros, por su parte, notaron todos casi al unísono, y al mismo tiempo que las damas, un gran estallido de placer, un orgasmo tan fuerte que todos, y sin excepción, dejaron escapar un gran chorro de semen. Nadie prestaba atención a nadie. Todo el mundo estaba pendiente únicamente de los movimientos y de la música que emanaba la propia bailarina, y de su propio estallido de placer.&lt;br /&gt;           Llegado ese crucial momento, la bailarina se deslizó rápidamente hasta desaparecer entre bastidores.&lt;br /&gt;          El público estaba totalmente hipnotizado, desmadejado. todos los presentes, sin excepción, se encontraban tremendamente relajados y enormemente satisfechos, pero sin haber llegado a comprender enteramente lo que había sucedido. Pronto empezaron a mirarse unos a otros, y luego los caballeros a mirarse el pantalón, y las damas a mirar el pantalón de ellos. Al darse cuenta de lo que había ocurrido, y sintiendo una gran vergüenza, comenzaron a alarmarse y a iniciar casi una desbandada.     &lt;br /&gt;          Atropelladamente empezaron a levantarse huyendo hacia la salida, volcando las sillas y empujando mesas, tropezando entre ellos, empujándose unos a otros....&lt;br /&gt;          Angus pensó que era su ruina. También él había estallado de placer, pero ahora veía peligrar su local y su negocio.&lt;br /&gt;         De eso hacía ya dos meses. Después de la primera noche, la noticia se extendió como un reguero de pólvora encendida y no había tenido más remedio que ampliar su negocio hasta límites insospechados. La gente pedía reserva de mesa con muchos meses de antelación. Angus, en las mesas, solo servía champán, y por cada botella cobraba el equivalente a varios años de un buen sueldo. A la bailarina le había tenido que ceder la mayor parte del negocio. Era feliz, y cada día esperaba la llegada de la noche, no por el interés de su local, pues ya había conseguido mucho mas dinero del  que hubiera podido soñar nunca, sino por sentir él, como un cliente más, aquel electrizante orgasmo del que ya no podría prescindir nunca.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-7240383931230267365?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/7240383931230267365/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=7240383931230267365' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/7240383931230267365'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/7240383931230267365'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/bailarina-electrizante.html' title='BAILARINA ELECTRIZANTE'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-6367189827483319664</id><published>2010-02-04T07:33:00.000-08:00</published><updated>2010-02-04T07:34:22.228-08:00</updated><title type='text'>ANGEL PROFÉTICO</title><content type='html'>Lo veía en sus sueños. No transcurría una noche sin que viera a aquel ángel que le hacía señas, pero nunca lograba entender lo que el ángel trataba de decirle. Al despertarse por la mañana recordaba perfectamente lo que había soñado, y se preguntaba si todo aquello tendría algún significado. Las señas que el ángel le hacía eran incomprensibles, siempre señalaba hacia abajo indicándole algo con una mano, pero no entendía lo que era. Cuando miraba hacia  donde señalaba aquel ser, dando por hecho que era un ángel aunque tampoco tenía la seguridad de que lo fuera, únicamente veía oscuridad. Una noche le pareció que podía ver algo más que en noches anteriores. Aquello que con tanta insistencia y una noche tras otra le era señalado, daba la impresión de ser una especie de pozo conteniendo agua, si es que ese líquido era agua, que tampoco estaba seguro. El agua tenía un color oscuro e indefinido, y cuando quiso fijar sus ojos tratando de ver de qué estaba compuesto exactamente ese líquido, un estremecimiento de asco recorrió todo su cuerpo, dejándole un malestar tan grande que al despertar todavía notaba esa sensación desagradable. Sus sueños ya eran tremendas pesadillas y le resultaban incomprensibles, sobre todo por la repetición de las mismas, ya que soñaba lo mismo una y otra noche.&lt;br /&gt;           Pasaron varios meses sin que el ángel volviera a aparecer en sus sueños, y él lo olvidó completamente hasta que una noche el sueño comenzó de nuevo, y de nuevo vio al ángel. Esta vez, mientras el ser le señalaba aquel pozo horrendo, le pareció que hablaba y que trataba  de decirle algo. Procuró poner toda su atención en aquellas palabras, ya que siendo un ángel quién las profería, serían sin duda proféticas:&lt;br /&gt;          ¡Guarro, más que guarro!, decía el ángel, ¡Otra vez volviendo a las andadas! ¡Llegas borracho perdido y no tienes otra cosa mejor que hacer que mearte en la alfombra! Y yo a limpiarla enseguida como una idiota para que no se estropee; que a saber cómo estaría si no la limpiase... ¿Pues sabes que te digo? ¡Qué mañana sin falta te largas de mi casa y que no quiero verte más por aquí, desgraciado!.&lt;br /&gt;           Palabras proféticas, sin duda, pues cuando despertó se encontró con la maleta hecha y a la dueña de la pensión que le gritaba. Gritaba tanto que le era difícil entender lo que decía. El caso es que se encontró de patitas en la calle en un santiamén, sin comprender el motivo. Hay que joderse, pensó; resulta que tengo un ángel de la guarda que ya me advertía que me echarían, y yo no le hacía ni puto caso. Y a cuestas con su maleta, fue en busca de otra pensión dónde poder vivir.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-6367189827483319664?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/6367189827483319664/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=6367189827483319664' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6367189827483319664'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6367189827483319664'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/angel-profetico.html' title='ANGEL PROFÉTICO'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-317683674046220211</id><published>2010-02-04T07:32:00.002-08:00</published><updated>2010-02-04T07:33:37.876-08:00</updated><title type='text'>LA TRAMPA</title><content type='html'>R´as Al Gul caminaba a través de la estepa helada en busca del oso que, si lograba cazar, podría ser el único alimento que él y su mujer tuviesen durante los próximos meses. La pesca no se había dado bien y su esperanza estaba en esas huellas de oso marcadas en la nieve. Estaba llegado el deshielo y podía deslizarse con sus raquetas confeccionadas de piel, teniendo buen cuidado de no pisar la nieve blanda que podía llegar a ser una trampa mortal. Seguía tras las huellas, sabiendo que si no se apartaba de ellas el camino sería seguro, pues si el suelo había resistido el peso del oso, sin duda resistiría el suyo propio. Pensó en su gorda mujer que esperaba en el iglú, confiada en que él volvería con buena y fresca carne, y también pensó en que esa mujer había hecho de él un esclavo que solo servía para alimentarla. También pensó en el invierno que ahora quedaba atrás y en los largos días que él había pasado esperándola, mientras ella se solazaba con... Pero eso no deseaba seguir pensándolo pues le producía un gran dolor, un profundo dolor que atravesaba su pecho y le llenaba de tristeza. &lt;br /&gt;           De pronto, a lo lejos, vio al oso, al Gran Oso olfateando el aire con su enorme hocico. La vista de los osos no era lo suficientemente buena como para que pudiera verle a él a esa distancia, pero sí lo era su olfato. No había duda de que le había olido, y ahora, el oso sabía que estaba siendo perseguido. Se fue acercando extremando las precauciones y, a medida que se aproximaba, se dio cuenta de que algo extraño le sucedía al animal. El &lt;br /&gt;oso estaba de pie pero se encontraba hundido casi hasta los hombros en la nieve. Así que los osos también caéis en trampas, se dijo. El animal, hundido en un agujero que su propio peso había producido y sin poderse mover, indefenso, levantó su poderosa cabeza al tiempo que lanzaba al aire un gruñido ronco de desesperación. R´as preparó parsimoniosamente y con gran cuidado su arco; no tenía prisa, el oso no se le escaparía.&lt;br /&gt;           Tensó al máximo la cuerda y apuntó detenidamente; lanzaría la flecha lo más certeramente posible, a poder ser la clavaría en la parte alta del pecho del oso, casi en su garganta. Instantes antes de lanzar la flecha, el pensamiento de R´as voló una vez más hacia su mujer. La vio en la puerta del Iglú, celebrando gozosa su regreso. Celebraría con grandes aspavientos la buena caza conseguida pero luego retozaría con otro, mientras él se consumiría esperándola durante muchas horas. Su mujer volvería más tarde, satisfecha y mirándole con desprecio. Y él, R´as, ¿debía preocuparse para que a ella no le faltase alimento? Comparó su propia desesperación con la que el oso tenía en esos momentos y, lentamente, bajó el arco; se sintió tan unido al oso en su soledad que decidió no acabar con su vida. Tampoco volvería a su poblado donde era el hazmerreír de todos. Recordaba otro poblado que había conocido años atrás y donde siempre era bien recibido. Allí iniciaría una nueva vida. &lt;br /&gt;           Echó otra mirada al pobre oso atrapado por la nieve y en un impulso se acercó adonde éste se encontraba, aunque no tanto como para que el oso pudiera atraparle con sus garras. Observó que si ahondaba en el hielo con su pequeña pala por la parte baja de la nieve, por detrás del animal, podría liberarlo. Se dispuso a ello y, trabajando duramente, cavó lo suficiente para que el animal, si forcejeaba, lograse liberarse por si solo, pero no antes de que él se encontrase lejos de ahí.&lt;br /&gt;          No terminaba de comprender por qué había ayudado al oso, en lugar de cazarlo. Seguramente vio reflejada en el oso la soledad y la impotencia que él siempre llevaba dentro y salvar al oso había sido como salvarse a si mismo. Desde lejos, echó una última mirada al oso que ya no permanecía inmóvil, sino que parecía estar saliendo de la trampa y se alejó contento por las decisiones tomadas aquél día. También él, R´as, salía de la trampa en la que durante tanto tiempo había vivido inmerso.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-317683674046220211?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/317683674046220211/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=317683674046220211' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/317683674046220211'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/317683674046220211'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/la-trampa.html' title='LA TRAMPA'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-155021681687543722</id><published>2010-02-04T07:32:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T07:32:54.848-08:00</updated><title type='text'>EL AGUJERITO</title><content type='html'>El agujerito le había hecho rico. Cuando descubrió que su agujerito podía ser una buena fuente de ingresos se lanzó a explotar el negocio sin dudarlo. Al principio se comportó tímidamente; tenía reparos y por ese motivo su tarifa no era alta, pero más tarde descubrió que su agujerito hacía gozar inmensamente a todo el mundo y fue aumentando el precio.   &lt;br /&gt;          Todos se lo decían, que su agujerito les transportaba a otros mundos y les llenaba de felicidad. La mayoría repetía las visitas una y otra vez; se presentaban en su casa y él les comunicaba su nueva tarifa. No les importaba el aumento de precio, ¡no puedo, una vez lo he probado, decían, dejar de gozar con tu agujerito!  Él se encogía de hombros; mientras pagasen...&lt;br /&gt;          Había tenido mucha suerte. Lo explotaría unos años más y, luego, aceptaría la proposición que le había hecho un personaje al que no debía nombrar, un científico importante, aunque, por supuesto, no sin cobrar antes una cifra astronómica. Y nunca mejor dicho ya que, su agujerito conseguía que sus clientes sintieran todo el goce del Universo. Emitían exclamaciones de placer, chillaban y exclamaban que podían contemplar el Cosmos, y no el Cosmos conocido, sino un Cosmos distinto, alucinante. Por lo visto, y de nuevo nunca mejor dicho, el agujerito ofrecía la inconmensurable visión de otra dimensión. Lo que se podía ver y admirar, colocando allí el ojo, era una Galaxia bellísima pero desconocida, a pesar de que, sorprendentemente, si se miraba por el otro lado del tabique, lo único que detrás se encontraba era, ni más ni menos, que mi cuarto de estar. &lt;br /&gt;          Llegado el momento cobraría lo acordado, y si los científicos derribaban la pared para investigar, allá ellos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-155021681687543722?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/155021681687543722/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=155021681687543722' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/155021681687543722'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/155021681687543722'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/el-agujerito.html' title='EL AGUJERITO'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-3456675757937836135</id><published>2010-02-04T07:31:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T07:31:59.949-08:00</updated><title type='text'>UNA SORPRENDENTE MANIFESTACIÓN</title><content type='html'>Nos levantamos como acostumbrábamos a hacerlo cada mañana, escuchando el inevitable y habitual sonido del despertador que nos había regalado tía Luisa. Yo me encontraba cansado después de la fiesta del día anterior, pero no tenía otro remedio que ir al despacho. Laura, mi mujer, que se había levantado tan pronto había sonado el despertador, me llamó: Luis, el desayuno ya está preparado. &lt;br /&gt;          Como todos los días, Laura había dispuesto, en la mesita de la cocina, café para mi y una infusión de no sé qué hierbas raras para ella. Laura era muy aficionada a tomar esas hierbas que sus amigas siempre le aconsejaban. Ella sabía que yo únicamente tomaba café y que aborrecía las hierbas, pero cada mañana, sentados en la mesita de la cocina, me ofrecía su taza. ¿Quieres probarlo? me decía. Yo solía hacer un gesto que ella entendía perfectamente y no volvía a insistir. &lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;          Cuando nos disponíamos para ir a nuestros quehaceres, Laura me comentó algo en el último momento que no pude escuchar muy bien, pero creí entender que se refería a un conjunto nuevo que había comprado en aquella boutique que... y aparentando que le había prestado toda mi atención le dije que sí, que le quedaba muy bien y que hasta luego. Nos despedimos como siempre, con indiferencia, pero aparentando un amor y una atracción que no sentíamos, dándonos un beso en la mejilla y deseándonos una buena jornada.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;          A eso de las once me encaminé al despacho del abogado que llevaba los asuntos de la oficina. Nuestro abogado, hombre servicial y amable, normalmente nos visitaba personalmente, pero ese día le era imposible y yo necesitaba aquellos documentos sin más tardanza. Había recorrido ya un par de calles cuando me encontré con un gran gentío que bajaba vociferando por la Avenida. Muchos de los manifestantes llevaban pancartas que ni me molesté en leer, pero mi atención se fijó en una exquisita mujer de cabellos rubios y que, en medio de toda aquella gente, sobresalía por su elegancia y por sus formas. Sin saber muy bien porqué, me abrí paso como pude y me encontré al lado de ella. Al lado es un decir, pues apenas había llegado a su altura me sentí empujado, zarandeado y apartado de ella. Insistí en un empeño de no quedar atrás, pero los empujones me llevaban en contra de mi voluntad hacia el lado contrario. Cuando por fin de nuevo alcancé a la bonita mujer me fue del todo imposible colocarme a su lado y me conformé con caminar un trecho detrás de ella. Aspiré la fragancia de su perfume y me sentí irremediablemente enamorado. No pude resistir la tentación y, amparándome entre la multitud, rodeé con mis brazos su cintura. Después de mi atrevimiento, y como no rechazó mi abrazo, subí mis manos y las coloqué en lo que intuí que serían unos hermosos senos. Creí estar en la gloria, cuando entonces oí la voz de la mujer, que sin volverse para mirarme, me dijo: Luis, a ver si te estás quieto. Aquí delante de todo el mundo, no. Y coge una Pancarta como te he pedido esta mañana.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-3456675757937836135?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/3456675757937836135/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=3456675757937836135' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/3456675757937836135'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/3456675757937836135'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/una-sorprendente-manifestacion.html' title='UNA SORPRENDENTE MANIFESTACIÓN'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-6971362871179715098</id><published>2010-02-04T07:30:00.002-08:00</published><updated>2010-02-04T07:31:23.813-08:00</updated><title type='text'>UN MUNDO REPLETO DE INÚTILES</title><content type='html'>Estoy más que harto de tanto inútil como hay suelto por ahí. Harto de todo; tanto que, al salir del ascensor y casi tropezar con un cubo que habían dejado en lugar inapropiado los que limpian la escalera, (otra vez los inútiles dejaban constancia de su inutilidad) tuve un arranque de cólera y le pegué una patada. Mandé el cubo a volar por los aires, que era exactamente lo que yo había pretendido cuando le pegué la patada, aunque no había advertido que el cubo estaba lleno de agua. Lamentablemente, el agua se derramó inundando completamente el portal, y en cuanto al cubo, que ya he dicho que se fue volando, coincidió justamente con el pie de mi vecino Fernández cuando éste entraba en ese momento en el portal. Hay que ver las cosas que siempre me ocurren cuando salgo de casa, aunque en esta ocasión únicamente fue un intento de salir.&lt;br /&gt;          Lo cierto es que no sé si fue el cubo el que se puso debajo del pie de Fernández, o fue Fernández quién intentó parar con un pie lo que se le venía encima. El caso es que metió el pie dentro del cubo, aunque no me parece que lo hiciese a propósito, pues yo observé que se quedó quieto y alelado, con un pie levantado mientras veía llegar el cubo, así que creo que es otro inútil más que no supo ni apartarse a tiempo. El caso es que, de pronto, vi venir vertiginosamente a Fernández con su pie metido dentro del cubo, resbalando por todo el portal y echándoseme encima con los brazos extendidos, tratando de recuperar el equilibrio y gritando mucho, aunque no se entendía nada de lo que decía. Al mismo tiempo, con el rabillo del ojo pude ver cómo se abría la puerta del otro ascensor, el pequeño, el que se encuentra al otro lado del portal y que no baja hasta el garaje, por lo que apenas lo uso. De ese ascensor salió una señora a la que no tenía el gusto ni el disgusto de conocer. Salió muy deprisa y, al pisar el mármol del suelo, pegó tal resbalón por culpa del agua derramada que cayó de espaldas, y al igual que una bala humana de esas que lanzan por los aires con un cañón en los circos, se abalanzó sobre mi, pero esta bala humana salida del ascensor no lo hizo por las alturas, pues se deslizó con el culo por el suelo  a gran velocidad, con las faldas levantadas y con las piernas pataleando al aire. Mantenía una postura tan ridícula, y se me acercaba tan rápidamente, que me pareció estar viviendo una aventura de cómic. &lt;br /&gt;          Siempre he tenido buenos reflejos, por lo que doy gracias (aunque desconozco si debo dárselas a mi padre, a mi madre, o a los genes que yo mismo he hecho crecer a lo largo de mi vida, cuidándolos y mimándolos como algo personal) a la decisión que tomé mentalmente para librarme del encontronazo con Fernández y con la señora, que se me echaban encima.    &lt;br /&gt;          La decisión la puse inmediatamente en práctica, introduciéndome al instante en el mismo ascensor en el que yo había bajado unos momentos antes y que, gracias a Dios, nadie había solicitado todavía. Apenas me dio tiempo de entrar y pulsar el botón de mi piso. Por el cristal, y al mismo tiempo que comenzaba a ascender la cabina, pude ver chocar a las dos balas humanas que llegaban desde ángulos distintos; Fernández, llegando desde la entrada de la calle, y la señora, desde el pasillo del ascensor. Supongo que los dos tuvieron una enorme sorpresa cuando se encontraron de repente uno encima del otro y a tan gran velocidad. El cubo que Fernández se había apropiado con el pie al más puro estilo "Maradona" dio contra la cara de la señora y se oyó un ¡Plof! que me puso la carne de gallina flameada. Pero no acabó ahí la cosa. Casi al mismo tiempo, los pies de la señora, que llevaba levantados como a un metro de altura y que parecían imparables por la gran velocidad que había adquirido su culo al patinar por el agua del suelo, dieron contra el pecho de Fernández, quién fue elevado a la categoría de "Fernández vuela por las alturas del gran portal". &lt;br /&gt;          Mi vecino subió por los aires más rápido que yo, pero aún tuve tiempo de esbozar hacia él, con mi cabeza, un amable y respetuoso saludo cuando pasó volando, muy erguido, por delante de la puerta acristalada del ascensor. No esperé a verle bajar a pesar de estar convencido de que eso es lo que Fernández haría, más tarde o más temprano; me pareció una tontería tener que saludarle otra vez, si ya le acababa de saludar un segundo antes, y me volví hacia el espejo del ascensor como si todo lo que yo había estado viendo hasta ese momento, fuese lo más natural del mundo. Me ajusté con indiferencia, ante el espejo, el nudo de la corbata, porque que no me gusta que la gente se azore ante mi presencia. Cuando llegué a mi rellano entré en el apartamento y me dije, por millonésima vez, que el mundo está lleno de inútiles. &lt;br /&gt;           Llevo dos días sin salir de casa. Y es que, la verdad, con tanto inútil peligroso suelto, hay que pensarlo mucho para tomar la decisión de salir.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-6971362871179715098?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/6971362871179715098/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=6971362871179715098' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6971362871179715098'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6971362871179715098'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/un-mundo-repleto-de-inutiles.html' title='UN MUNDO REPLETO DE INÚTILES'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-6017467570280003201</id><published>2010-02-04T07:30:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T07:30:36.160-08:00</updated><title type='text'>SE VENDEN OJOS VIVOS</title><content type='html'>Leí el anuncio en la puerta del establecimiento y no me extrañó, al contrario: hacía tiempo que yo esperaba algo así. Entré decidido y me atendió una dependienta rubita y muy pizpireta. &lt;br /&gt;       &lt;br /&gt;- ¿Qué desea? &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;          La rubita me hizo la pregunta al tiempo que su cara expresaba un gesto de complicidad. Entendí perfectamente y le contesté sonriendo: pues, ya sabe... &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;          ¡Claro! dijo ella rápidamente. Es usted el primer cliente del día y, naturalmente, ya sabía lo que me pediría, pero debía preguntárselo, ¿no cree?.           &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;          Mientras la dependienta me hablaba, yo admiré la rotundidad de sus pechos y cómo se le marcaban fuertemente los pezones en aquel jersey que llevaba, de un bonito color lila pálido. Sin duda era un color apropiado para el día tan magnífico que hacía, y además le sentaba muy bien. ¿Le bastará con esta bolsa? siguió diciendo ella. Y mientras hacía la pregunta, me enseñaba una bolsa que a mi me pareció adecuada. Sí, le dije, con esta bolsa bastará.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;          Al salir de la tienda me prometí a mi mismo volver a comprar allí. Valía la pena por ver de nuevo a esa jovencita tan agradable y que me recordaba mi juventud.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-6017467570280003201?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/6017467570280003201/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=6017467570280003201' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6017467570280003201'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6017467570280003201'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/se-venden-ojos-vivos.html' title='SE VENDEN OJOS VIVOS'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-6428529682287788103</id><published>2010-02-04T07:28:00.000-08:00</published><updated>2010-02-04T07:30:01.057-08:00</updated><title type='text'>¡RIIIINGGGGGG!</title><content type='html'>- Dígame....&lt;br /&gt;- ¿El señor Rodoredo?&lt;br /&gt;- Si, yo mismo.&lt;br /&gt;- Buenos días, señor Rodoredo, le llamo de la Editorial "Enciclopedias avanzadas". No tenemos por costumbre ofrecer nuestras enciclopedias antes de que salgan publicadas, salvo casos especiales, pero éste es uno de esos casos especiales, permítame decírselo. ¿Tiene alguna ocupación peculiar o que se salga de lo que podemos llamar, corriente?&lt;br /&gt;- Pues, la verdad, no sé...&lt;br /&gt;- ¿A qué se dedica, señor Rodoredo?&lt;br /&gt;- Trabajo en una oficina, como delineante.&lt;br /&gt;- Creo que vamos por el buen camino. Aparte de su trabajo como delineante ¿Tiene algún hobby?&lt;br /&gt;- Bueno, tengo varios, me gusta la fotografía, me gusta también escribir...&lt;br /&gt;- Eso es, creo que es usted mi hombre. ¿Su nombre exacto es Juan Rodoredo Granda?&lt;br /&gt;- Pues si, efectivamente.&lt;br /&gt;- Bien, en ese caso, no me he equivocado. Sin duda es usted.&lt;br /&gt;- ¿A qué se refiere?&lt;br /&gt;- Verá, como el propio nombre de nuestra Editorial indica, nuestras enciclopedias son las más avanzadas del mercado. No solo figuran en ella los hechos más recientes, sino que además también los hechos más relevantes que ocurrirán durante los dos próximos años. Le parecerá raro, pero tenemos expertos que únicamente se ocupan de hechos venideros. Naturalmente, no solemos airear estos datos, como comprenderá, para no ofrecer ventajas a nuestra competencia, pero en este caso me ha parecido obligado ponerme en contacto con usted, estimado señor.&lt;br /&gt;- Bueno, la verdad es que no entiendo nada.&lt;br /&gt;- Lo comprendo señor Rodoredo. Se lo voy a explicar: usted figura en la enciclopedia como el precursor de unas ideas que revolucionarán el mundo.&lt;br /&gt;- ¿Yo?&lt;br /&gt;- Si, señor Rodoredo, usted. Ahora le leeré lo que explica la enciclopedia, escuche: Rodoredo Granda, Juan. De profesión delineante. Escritor. Precursor y fundador del movimiento Casuístico Imperativo Lineal. Su libro "Casuístico Imperativo" revolucionó los pensamientos del ser humano, y el mismo Juan Rodoredo ocasionó, con el liderazgo de sus ideas, el mayor movimiento humanístico del siglo veintiuno. El libro ha sido reeditado innumerables veces y se prevé que su difusión sea incluso mayor que el libro más vendido de la historia, la Biblia. Gracias a los pensamientos profundos de Rodoredo, la humanidad siempre estará en deuda con este insigne hombre. &lt;br /&gt;- Me deja profundamente asombrado....&lt;br /&gt;- No se asombre, ¿no me ha dicho que escribe?&lt;br /&gt;- Si, pero...&lt;br /&gt;- ¿Está escribiendo algo en estos momentos?&lt;br /&gt;- La verdad es que si, pero no creo que....&lt;br /&gt;- Perdone, ¿ha puesto ya el título a su libro?&lt;br /&gt;- Pues tenía pensado varios, pero como apenas lo he comenzado pues todavía no... pero vamos, que mi novela no me parece que... &lt;br /&gt;- No se equivoque. Las grandes obras, las que el mundo admira, ni su autor se imaginaba que llegarían a ser lo que luego han sido. Me he sentido obligado a ofrecerle nuestra enciclopedia cuando esta mañana he visto, en la redacción, la página donde habla de usted. No solemos hacerlo, pero siendo un caso especial como éste deseamos que pueda tenerla tan pronto salga de la encuadernación. Personalmente, considero que es un privilegio ponerme a su disposición. El precio es solo de cincuenta mil pesetas y será de los primeros en tenerla. Dígame si le interesa para anotar su envío.&lt;br /&gt;- Me ha dejado sin habla. Si, claro que me interesa. ¿Puedo pagarla a plazos?&lt;br /&gt;- Lo siento, Juan. ¿Me permite llamarle Juan? El caso es que, es imposible. Solemos hacerlo cuando se trata de una venta normal, pero, no sé como decírselo, preferiríamos que si decide adquirirla, lo que sin ninguna duda ya ha decidido, nos envié el importe previamente al envío. Tan pronto recibamos su cheque se la enviaremos. La Editorial no puede regalar sus enciclopedias.&lt;br /&gt;- ¡Oiga! ¡Que yo les pienso pagar!&lt;br /&gt;- Si, sé que ésa puede ser su intención, pero....&lt;br /&gt;- ¡Cómo que solo una intención! Yo siempre pago mis deudas y los compromisos que adquiero! &lt;br /&gt;- ¡Ay! señor Rodoredo, me obliga a ser más explícito y yo no quería llegar a eso...&lt;br /&gt;- ¿Explícito? ¡Claro que debe ser explícito!&lt;br /&gt;- Bien. Lo siento, y que conste que usted me obliga. La enciclopedia dice, además de lo que ya le había leído, que Juan Rodoredo fallece por accidente de automóvil en el mismo año de la publicación del libro y apenas iniciado el liderazgo de sus ideas. Comprenderá ahora el motivo de no querer cobrarla a plazos. No nos íbamos a arruinar por ello, pero es que, sabiendo que usted no llegará a poder pagarla....&lt;br /&gt;- ¡Ahora sí que me ha dejado de piedra! ¿Dice la fecha exacta?&lt;br /&gt;- No, la fecha exacta, no. Solo dice que a finales de año.&lt;br /&gt;- ¡Necesito saber la fecha exacta y todos los detalles!&lt;br /&gt;- Se trata de una enciclopedia, no de unas memorias detalladas; se supone que éstas se publicarán y que además serán muchos los autores que lo hagan, pero la enciclopedia solo hace la reseña de una manera sucinta. Con seguridad que, en años posteriores, las enciclopedias ampliarán los datos. Ya le digo que lo siento, pero debe decirme ahora si la quiere o no. Decídase. Debo indicarle que ya me estoy arrepintiendo de haberle llamado. Lo cierto es que sentí tristeza al pensar que alguien que llegará a ser tan importante, moriría sin saberlo, pero si no la quiere, pues nada. He tenido mucho gusto, señor Rodoredo.&lt;br /&gt;¡No! ¡Espere! Hoy mismo le envío el cheque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Rinngggggg!&lt;br /&gt;- ¿Diga?&lt;br /&gt;- Oiga, ¿Es la Editorial "Enciclopedias avanzadas"?&lt;br /&gt;- Si, señor, aquí es. ¿Con quién quiere hablar?&lt;br /&gt;- Me llamo Juan Rodoredo. Acabo de recibir una enciclopedia de ustedes y yo no figuro para nada en ella. Me la han vendido con un engaño increíble, inadmisible a todas luces. Por culpa de ustedes he llegado en estos últimos días a cambiar mi vida. He terminado de escribir mi libro, que tenía que ser lo más maravilloso ocurrido a la humanidad y resulta que nadie quiere publicarlo. Y como creí que realmente moriría en pocos meses, he vendido y despilfarrado todo lo que poseía y ahora estoy arruinado.&lt;br /&gt;- ¡Vaya! pues lo lamento, señor. Es usted la persona nº 200 que ha llamado en estos días para la misma queja. Ya hemos despedido al vendedor. Era muy agresivo y las técnicas de venta que empleaba no eran del agrado de nuestra Editorial.&lt;br /&gt;- Señorita, estoy desesperado, no sé cómo me he podido dejar engañar por un vendedor. ¿Puedo devolverles la enciclopedia? Si pudiera recuperar las cincuenta mil pesetas, eso me arreglaría algo.&lt;br /&gt;- ¿La ha llegado a desembalar?&lt;br /&gt;- Si, claro, pero solo la he ojeado.&lt;br /&gt;- Entonces, es imposible. Son normas de la casa. No podemos hacer nada. Que tenga Vd. buenos días, señor.&lt;br /&gt;¡Clink!.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-6428529682287788103?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/6428529682287788103/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=6428529682287788103' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6428529682287788103'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6428529682287788103'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/riiiingggggg.html' title='¡RIIIINGGGGGG!'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-3623268558962904815</id><published>2010-02-04T07:27:00.002-08:00</published><updated>2010-02-04T07:28:42.963-08:00</updated><title type='text'>ANTONINO, EL GITANO</title><content type='html'>Antonino caminaba perdido por aquel enorme y denso bosque, después de haber huido del campamento de gitanos con los que vivió hasta entonces. Deseaba otra clase de vida. No deseaba seguir toda su vida tocando una pandereta, mientras él mismo bailaba a su son para recibir unas monedas. Huía sin conocer su rumbo pero sabía una cosa: que no volvería a vivir con la tribu de gitanos. Los gitanos eran unas excelentes personas y también la única familia que había conocido, pero Antonino necesitaba algo más. Deseaba, anhelaba con todas sus fuerzas, vivir de un modo diferente y no viajar incesantemente, como  siempre había hecho desde que tenía uso de razón. Algo faltaba en su vida aunque no supiese qué era. Quizá debió escoger otro momento para marcharse, pues ahora, perdido, no sabía adónde dirigir sus pasos, ni cómo salir de ese inmenso bosque de árboles centenarios, y de una fenomenal altura, en el que se había adentrado inconscientemente.&lt;br /&gt;          De pronto, vio ante él lo que no esperaba. Un gran oso, a apenas cuatro metros de distancia, le cerraba el paso. El oso, al ver a Antonino, se levantó sobre sus patas traseras y rugió feroz, manteniéndose en esa postura unos instantes, instantes durante los que hombre y el animal mantuvieron fijas sus miradas. Antonino tembló de pavor. Pensó en huir corriendo, desechando al momento esa idea, ya que el oso podría darle fácilmente alcance. Pensó en subirse a un árbol, pero el oso, a buen seguro, treparía tras él. Si le tiraba piedras quizá le ahuyentaría... y buscó a su alrededor para encontrar algunas que pudiesen servir a sus propósitos, aunque al momento caviló que el oso se irritaría y quizá sería peor. Un oso es terriblemente salvaje en su furia. ¿Cómo podría huir?&lt;br /&gt;          Se le ocurrió algo. Quizá distraería al animal sin irritarle. Con mucho cuidado, despacio, y aparentando no tener temor alguno, con una mano cogió su pandereta, que colgaba de su cinturón, y tamborileó sobre ella con los dedos de su otra mano. El oso, imponentemente erguido, expresó en sus ojos una gran curiosidad, e inopinadamente se puso a bailar. &lt;br /&gt;          El oso continuaba erguido, y con sus patas traseras comenzó una grotesca danza, al son de los sonidos que Antonio producía con la pandereta. Antonio, sin dejar de tocar, fue alejándose con lentitud, y viendo que el oso continuaba danzando en el mismo lugar, se dispuso a correr con toda su alma. Se había alejado ya unos metros, cuando la curiosidad por saber si el oso seguía tras sus pasos pudo con él y volvió su vista atrás. ¡El oso le había seguido! ¡estaba a su lado! Antonino cesó en su carrera, casi muerto de miedo y sin saber qué hacer, cuando el oso pareció gemirle, implorante. Medio paralizado por el terror, Antonino creyó intuir que el oso deseaba seguir escuchando los sonidos de la pandereta. Volvió a tocarla, y de nuevo, el oso bailó contento. &lt;br /&gt;          Ese mismo día, Antonino regresó junto a su familia, y ahora recorre las ciudades tocando la pandereta, con el oso bailando a su lado. Se siente por fin realizado, y los dos, hombre y oso, son felices juntos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-3623268558962904815?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/3623268558962904815/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=3623268558962904815' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/3623268558962904815'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/3623268558962904815'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/antonino-el-gitano.html' title='ANTONINO, EL GITANO'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-6770106754144290011</id><published>2010-02-04T07:27:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T07:27:50.671-08:00</updated><title type='text'>JUANITO “el rodajas”</title><content type='html'>Juanito era un hombre de suerte, le decían siempre. Los últimos años de su vida los pasó visitando las salas de las clínicas de la Seguridad social. Como ya le conocían de tanto tiempo, no necesitaba número y le hacían pasar en seguida. ¡Ha llegado el rodajas! se transmitían las enfermeras unas a otras. Y le hacían pasar por delante de todos. &lt;br /&gt;          Juanito conocía muy bien el camino de los quirófanos. Él mismo se echaba en la camilla y se colocaba la anestesia sin necesidad de ayuda: hoy no me pondré mucha, doctor, que después he quedado con un amigo para jugar al mus. Es usted como de casa, Juanito, acostumbraba a decirle el médico, sírvase como guste. Hasta que un día, ése mismo médico le dijo: Juanito, hoy deberé ponerle yo la anestesia, porque no creo que pueda hacerlo usted solo sin ayuda. Pues sí doctor, respondió Juanito, difícil sería ponérmela yo mismo. Y es que a Juanito ya no le quedaban brazos. En realidad, a Juanito le quedaba muy poco de sí mismo. &lt;br /&gt;          Todo comenzó cuando se le declaró un feo mal en un pie y los médicos no tuvieron más remedio que extirparle los dedos. Luego, el mal continuó y le cortaron por encima del tobillo. Más tarde le cortaron por encima de la rodilla y también la otra pierna al completo. Y así, con el paso de los meses primero, y después con los años, fueron cortándole poco a poco el resto que le quedaba en su única pierna, y después continuaron con los brazos. Le cortaron todo,  hasta quedarle únicamente el torso y la cabeza. Tantas y continuas operaciones, hicieron que el personal médico le cogiera afecto y acabaran llamándole “el rodajas”.  &lt;br /&gt;          Un día, Juanito se sintió triste y se lo dijo a una enfermera. ¡Pero, Juanito, no se queje usted, hombre de Dios! le respondió ésta, con ánimo, sin duda, de levantarle la moral. Mire -continuó diciéndole la enfermera- ¿cuántas personas no habrán tenido la suerte que usted ha tenido? Lleva años viniendo por aquí, y cuántos hubieran querido eso; hay gente que se muere a la primera ¿no lo sabía?. Si, si, respondió Juanito, pero es que ahora... como me han dicho que me van a rebanar el cuello... &lt;br /&gt;          ¡Nada, eso no es nada, hombre! -le dijo la buena mujer- solo un cachito hasta la barbilla y le quedará la cabecita completa; podrá seguir mirando el mundo fijamente y le tendremos aquí siempre con nosotros, porque supongo que se lo habrán dicho, que le pondremos en un frasco y ya no tendrá que hacer tantos viajes como ahora. &lt;br /&gt;          A Juanito “el rodajas” se le iluminaron los ojos, y por primera vez en mucho tiempo se sintió feliz.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-6770106754144290011?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/6770106754144290011/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=6770106754144290011' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6770106754144290011'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6770106754144290011'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/juanito-el-rodajas.html' title='JUANITO “el rodajas”'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-6513303783428076688</id><published>2010-02-04T07:26:00.000-08:00</published><updated>2010-02-04T07:27:03.649-08:00</updated><title type='text'>LOS PROBLEMAS NUNCA TERMINAN</title><content type='html'>Cuando vio llegar a Jon por el camino, éste parecía estar malhumorado, venía a pie y traía a su caballo cogido por la brida. No era normal que Jon regresase caminando. Fue, entonces, cuando Steve se fijó en que el caballo cojeaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- Buenos días, Jon, regresas temprano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--¡Maldita sea, Steve! El motor de la pata derecha falla. No puedo arreglarlo; debe ser algo grave. He decidido volver porque no puedo recorrer de este modo los campos. A punto he estado de matarme cuando quise que el caballo saltase una zanja. Menos mal que lo advertí a tiempo. ¿Cómo diablos me lo entregaste sin estar reparado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--Jon, te aseguro que no lo advertí, si lo hubiera hecho habría cambiado el motor. Veamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Steve se acercó a examinar de cerca la montura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Humm! exclamó, una vez comprobó que la movilidad de la pata de la montura de Jon no parecía estar afectada. Y añadió: no parece que la transmisión esté rota... Y mirando a Jon fijamente, le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--Dime la verdad, Jon, a mi no puedes engañarme. Tu montura está perfectamente, y si parece cojear es porque le estás forzando tú a hacerlo, tirando de ese modo de sus bridas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--Bien, te seré franco. No puedo dominarlo. Estoy acostumbrado a los viejos jeeps, y se me hace cuesta arriba cabalgar en esta cosa. Me marean sus movimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--¡Pero Jon! ¡Si estos caballos son mejores que los jeeps para recorrer los campos! Además, esos cacharros que parece que añoras consumían todas nuestras reservas de combustible. Los caballos precisan únicamente un buen engrase y dejarles que por el camino vayan comiendo lo que encuentren. La verdad es que no termino de comprender lo que te ocurre. Tu montura es de las mejores, cuatro motores independientes y una movilidad increíblemente buena. Puede saltar zanjas, subir las más empinadas pendientes y no necesita más que un poco de cuidado en su engrase. ¿Sabes lo que pienso? Que quizá seas tú quien se encuentra un poco descentrado. Ven, entra en el taller. Creo que debo echarte un vistazo. Luego, deberás volver a los pastos del oeste. Sabes que hay que controlar de cerca a las lecheras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          Steve entró en el taller y Jon le siguió. Cuando Steve encontró un cable suelto dentro de la cabeza de Jon, lo comprendió todo. Pensó que debería reforzar los contactos. Era muy posible que los movimientos al cabalgar causasen esos problemas. Mientras conectaba el cable, dio un suspiro. Nunca acabarían los problemas, se dijo. Era una vida bien dura ser mecánico de vaqueros.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-6513303783428076688?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/6513303783428076688/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=6513303783428076688' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6513303783428076688'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6513303783428076688'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/los-problemas-nunca-terminan.html' title='LOS PROBLEMAS NUNCA TERMINAN'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-1009863276837881044</id><published>2010-02-04T07:25:00.000-08:00</published><updated>2010-02-04T07:26:23.824-08:00</updated><title type='text'>CONGRESO MUNDIAL PARA ELEGIR “LA FOTO DEL SIGLO”</title><content type='html'>El recinto donde se celebraba el congreso estaba lleno de gente hasta los topes. Llevaban mucho rato sentados esperando el comienzo del acto, cuando en la tribuna de oradores apareció un señor. El público lo aplaudió a rabiar, a pesar de no saber nadie quién era ese señor, pero entendiendo que el acto por fin comenzaba y eso era lo que valía. El aparente orador vestía elegantemente, aunque quizá de forma un tanto anticuada. Llamaba la atención que en el bolsillo superior de su chaqueta, como toque coqueto, sobresaliese la punta de un pequeño pañuelo blanco ribeteado con pequeños motivos dorados. Todos los asistentes al acto fijaron su vista, primero en el pañuelo, y a continuación, en el rostro del señor elegante. Los allí presentes no lo sabían, pero el orador tenía un motivo para llevar el pañuelo: disimular lo que portaba en ese pequeño bolsillo y que era, ni más ni menos, que una diminuta cámara digital de fotos. &lt;br /&gt;          Al fijar el público su atención en el orador, pudieron ver que su rostro tenía un color más blanco que el blanco de su pañuelo. El orador carraspeó varias veces, denotando la intención de dirigir una perorata al público, pero al parecer no se decidía a hacerlo porque no dejaba de carraspear una y otra vez sin decir palabra alguna. La gente que llenaba la sala se impacientaba, pero guardó silencio en espera de oír lo que ese señor, tan elegantemente vestido y tan pálido, iba a comunicarles. Por fin el orador se decidió a hablar. Dijo: señoras y... Y aquí carraspeó de nuevo e interrumpió sus palabras. Se oyeron varios silbidos y el orador hizo un gesto con la mano, entendiéndose que solicitaba comprensión o paciencia, o vaya usted a saber. Comenzó de nuevo y esta vez ya no volvió  a carraspear, soltando entonces, por fin, la frase completa, la frase que todo el mundo allí presente ya había comprendido sobradamente que terminaría diciendo. El orador dijo: señoras y señores. Y guardó silencio. No se oía en la sala ni el sonido del vuelo de un moscardón, entre otras cosas porque no había ningún moscardón aunque sí algunas moscas, y éstas, al parecer, o no volaban en ese momento o lo hacían a la chita callando. &lt;br /&gt;          Se oyó, al cabo de 10 segundos de repetitivo silencio, sobresaliendo de entre el público, una fuerte voz que todos pudieron escuchar con una nitidez y perfección absoluta, no obstante no haber utilizado esa voz micrófono alguno. Eso era así porque, más que voz, el hombre que habló tenía un enorme vozarrón con el que atronó la sala, al decir: ¡pero bueno, hombre de Dios! ¡diga usted lo que deba decir de una vez! Fuertes aplausos corearon al que había hablado, al mismo tiempo que una gran mayoría de gente pataleaba fuerte y sonoramente, en el suelo. &lt;br /&gt;          El orador se encogió sobre sí mismo pero al instante se sobrepuso, sacó pecho, y casi desafiante, de sopetón, dijo de corrido: El jurado “que aquí no está presente” me ha encargado decirles que este Congreso, creado para decidir cual debe ser la foto del siglo, no se va poder celebrar. Se declara, por tanto, a este congreso, como “desierto”.&lt;br /&gt;          La que se armó. Las palabras del orador cayeron entre la gente como, si en lugar de palabras, hubieran sido tres cubos seguidos de agua fría lo que hubiera caído en sus cabezas, desde un balcón, a las tres de la mañana de un día de invierno. El público se alborotó y se oyeron palabras como: ¡pero bueno! ¿ahora nos dicen esto? ¡Serán h... de p...! Se rompieron butacas, se quemaron cortinas y casi derriban la tribuna de oradores. &lt;br /&gt;          Un retén de bomberos apareció de repente. Rápidamente comenzó a rociar las cortinas con agua y de paso también a la gente, apagando los incipientes fuegos y ahogando los malos humores. A algunas pocas moscas con mala suerte podía vérselas caídas en el suelo de los pasillos, mojadas y pataleando. Varios de los presentes cercanos aprovecharon para hacer un montón de fotos “macro”. Entre la algarabía, el agua y el humo, alguien gritó:¡seamos sensatos, seamos sensatos! Los ánimos se calmaron un tanto, los bomberos se retiraron  a un rincón por si debían intervenir de nuevo, y el mismo vozarrón de antes volvió a interpelar al orador, encogidito éste dentro de la tribuna, apenas viéndosele más que la parte superior de su cabeza: díganos por qué se declara desierto este Congreso –dijo el vozarrón que todos conocían y al que la mayoría de gente había comenzado a admirar en secreto- cuando resulta que este año se han presentado, para ser candidatas a la mejor foto del siglo, una enorme y mayor cantidad de fotografías que nunca. &lt;br /&gt;          El orador se incorporó y respondió con timidez: precisamente éste es el motivo. El jurado me ha encargado decirles que es incapaz de revisar tantas fotos como se han presentado. Necesitaría varios años para poder verlas todas y elegir una. Tengan en cuenta que, de repente, el mundo se ha llenado de fotos. Los sótanos de este edificio están repletos y no pueden ni cerrarse las puertas. Correos ha quedado colapsado y amenazan con demandarnos. Ante esta avalancha de fotografías, el jurado ha decidido dimitir para siempre jamás. ¡Dense cuenta! –el orador ya se había animado y gesticulaba, poniendo verdadero énfasis en sus palabras- ¡Cada uno de nosotros –siguió diciendo- posee una cámara digital o un teléfono móvil que hace fotos! Hasta la mayoría de los relojes que ahora se fabrican hacen fotografías a través de su esfera. El mundo se ha vuelto loco de repente y se ha llenado de fotógrafos que hacen millones de fotos diariamente por puro capricho. Hasta los profesionales hacen ahora, con sus réflex digitales, una cantidad increíblemente mayor de fotos que antes no hacían. No se trata de despreciar lo digital, pero señores, esto no había sucedido nunca antes... y ahora sí está ocurriendo El jurado no puede, ni quiere ya, formar parte de esta locura colectiva. Muy erguido, al haberse podido expresar por fin, y una vez dicho todo lo que tenía que decir, el orador bajó dignamente de la tribuna para abandonar la sala del Congreso mundial para la foto del siglo. &lt;br /&gt;          Una vez hubo bajado las escaleras, y con gran disimulo, echó mano de su camarita digital e inmortalizó aquel acto, no celebrado, que jamás volvería a repetirse.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-1009863276837881044?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/1009863276837881044/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=1009863276837881044' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/1009863276837881044'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/1009863276837881044'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/congreso-mundial-para-elegir-la-foto.html' title='CONGRESO MUNDIAL PARA ELEGIR “LA FOTO DEL SIGLO”'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-7622979197066788980</id><published>2010-02-04T07:23:00.002-08:00</published><updated>2010-02-04T07:25:01.952-08:00</updated><title type='text'>TIEMPO-ESPACIO-FUTURO</title><content type='html'>Los asteroides se encontraban muy cerca de la Tierra. El peligro de los asteroides siempre había existido. Se sabía que el impacto de uno solo de ellos, de gran tamaño, podía causar la destrucción total de la vida en el planeta, como en realidad ya había ocurrido en el pasado. Que un asteroide chocase contra la Tierra era una posibilidad remota, según los matemáticos, y esa posibilidad podría producirse, aproximadamente, cada 100.000 años, decían. Sin embargo, esos cálculos de posibilidades eran una simple especulación. Supieron con certeza que eran especulaciones cuando los astrónomos divisaron un grupo de rocas avanzando por el espacio, en dirección al planeta azul. Aparecieron de improviso. El grupo de asteroides era tan numeroso y de un tamaño tan colosal, que los astrónomos supieron que si no se lograba parar su avance habría llegado el fin de la civilización, y, posiblemente, el del planeta entero. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          El hombre es débil ante las fuerzas desatadas de la naturaleza, pero ante lo que el espacio puede enviarle, está totalmente indefenso. Si el hombre destruye su entorno y destruye sus recursos se destruye a sí mismo, pero el planeta seguirá vivo, enfermo pero vivo, y se regenerará más tarde o más temprano. Grandes civilizaciones han surgido en el planeta y sobrevivieron durante cientos o, hasta es posible que miles de años, pero finalmente se extinguieron o fueron aniquiladas, y luego surgieron otras nuevas, nunca se sabrá por muchos estudios que se hagan o por muchas teorías que puedan ser creadas, pero si el planeta se destruye y desaparece no habrá posibilidad de que el hombre resurja, ni con nuevas formas ni bajo nuevos aspectos: el fin total habrá llegado y la Tierra no será ni siquiera historia, no será nada, no existirá nada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          Varias escuadrillas de naves, equipadas con mísiles destructores de alta potencia, salieron al espacio dispuestas a defender el planeta y a lanzar sus armas contra los asteroides. Era un desesperado intento de frenar, o desviar, la trayectoria del montón de amenazadoras rocas que, una vez avistadas, se sabía con certeza que impactarían en la Tierra, y que la destruirían, si no se lograba parar su avance. Era determinante poder evitarlo, era la supervivencia o la desaparición y no sólo de las especies. Sería la desaparición total del planeta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          Davis fue el último en despegar. Había tenido un pequeño problema de ignición en el momento del despegue de la escuadrilla y había salido retrasado. Ya en el espacio exterior, desde su cabina, vio cómo sus compañeros, uno tras otro, fueron lanzando las cargas destructivas. Algunos asteroides estallaron, otros fueron desviados y muchos se fragmentaron, pero los fragmentos, todavía enormes y numerosos, continuaron su rumbo hacia la Tierra. Era imposible detener su avance y Davis supo que era el fin. Lo sabían también sus compañeros de escuadrilla, y los pilotos, en un desesperado intento final, y de común acuerdo, dirigieron sus naves suicidamente contra las rocas más grandes, en una improbable esperanza de poder desviar su fatal trayecto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          Davis contempló la dantesca escena desde lejos: los mísiles impactando contra los asteroides; explosiones y llamas llenando el espacio, cientos de gigantescos trozos de roca estallando y saliendo despedidos en todas direcciones, girando sobre sí mismos y chocando y rebotando entre ellos, convirtiéndose en pedazos y más pedazos, pero todavía gigantescos y llenos de peligro, avanzando sin misericordia hacia la Tierra. Vio las naves, como diminutas pulgas, danzando entre las rocas y, finalmente, el sacrificio de los pilotos. Eran innumerables los fragmentos de asteroides que volaban en el espacio y dudó contra qué objetivo lanzar sus mísiles. Sentía su impotencia, y en ese momento de duda, un trozo de roca desgajada se proyectó contra su nave. Apenas fue rozada pero algo extraño sucedió entonces. Un halo de luz cegadora le envolvió y su nave pareció convertirse en una gran magneto brillante, impregnada por una energía extraña que se creó en el momento del impacto, y , entonces,en la fracción de una milésima de segundo, la nave desapareció. En realidad, la nave no fue incinerada ni destruida, sino que salió despedida fuera del espacio conocido, al tiempo que Davis sentía que perdía el control de los mandos y sus sentidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          Davis quedó en estado de shock mientras la nave, envuelta en un halo luminoso, viajaba hacia un desconocido infinito. Inmóvil en su asiento, paralizado sin saber el motivo, observó cómo el contador de distancias de la nave parecía haberse vuelto loco. Los números saltaban, llegaban hasta el final de su recorrido y comenzaban de nuevo desde cero. Recordando su misión, miró al exterior y no vio rastro de asteroides. Le pareció estar viajando a una velocidad infernal por un oscuro túnel. La fuerza de la gravedad le mantenía pegado a su asiento, mientras veía transcurrir a ambos lados de la nave unas desconocidas y borrosas constelaciones de estrellas que, vertiginosamente y en pocos segundos, iban quedando atrás. Hizo mentalmente un simple cálculo. Pensó que si el contador marcase la realidad estaría recorriendo el espacio a una velocidad mayor que la de la luz, una velocidad que equivaldría a recorrer en pocos minutos tantos años, que le resultó imposible poder calcularlos. Decidió que era absurdo lo que veía y lo que pensaba, y cerró los ojos, haciendo esfuerzos por recobrar la cordura y también sus movimientos. Davis entró en un sopor profundo, y cuando despertó se encontró en el espacio conocido. No había rastro alguno de asteroides, ni de trozos de roca. No comprendía lo que había ocurrido. Miró su reloj. Había transcurrido una hora desde que salió de la base. Miró la fecha y la hora, de nuevo, y se dijo que parecía un sueño lo que había vivido en tan solo una hora. Y cuando comprobó el ordenador, no pudo creer lo que este indicaba. Su nave había realizado en el espacio una gran elipsis saliendo de la galaxia, y había recorrido millones de kilómetros para finalmente regresar al punto de origen. Y todo ello en una hora. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          Entró en la atmósfera del planeta y fue cuando se dio cuenta de que todo había cambiado. Todo era distinto, diferente. El ordenador le indicaba que se encontraba en la Tierra, pero los continentes no estaban donde deberían estar. Grandes selvas invadían todo. No sabia qué hacer ni adónde dirigirse. De pronto, se fijó en la fecha que indicaba la pantalla. ¡Dios! ¡no podía ser! -se dijo mascullando- ¡el ordenador indicaba que habían transcurrido cien mil años! Anonadado, cuando encontró al fin un gran claro entre la selva, aterrizó y salió de su nave tambaleándose por el gran desconcierto que le invadía. Al poner pie en el suelo, y con los motores de la nave apagados, advirtió que un gran silencio imperaba por doquier y se sintió aterrorizado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          Davis nunca supo con exactitud lo que le ocurrió a partir de ese momento pues no llegó a enterarse del todo. Fue una pena que el único superviviente de una gran civilización acabase del modo en que acabó. Cuando una gran red que cayó de los árboles le cubrió, y una horda de seres salvajes le atrapó, Davis, piloto del espacio, perdió el conocimiento. Cuando lo recobró, lo estaban cociendo vivo para comérselo después. ¡En su propio planeta! pensó Davis, perdiendo de nuevo, y al instante,  el conocimiento, para terminar muriendo sin llegar a recobrarlo jamás... o eso es lo que pareció que sucedía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          Tenía razón Davis en haberse sorprendido porque, morir en su planeta cocinado por unas hordas salvajes y hambrientas no era algo normal para él. Claro que... eso ocurrió cien mil años más tarde de lo ocurrido con los asteroides. Sin duda que la Tierra no llegó a ser destruida gracias a la valentía de los  pilotos, pero sí fue el fin de la civilización que existía en aquel tiempo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          Davis, debido al dolor, y aunque parecía muerto, aún logró abrir los ojos durante unos instantes, pero sin comprender lo que le estaba ocurriendo. El sufrimiento que sentía era tan intenso que cerró de nuevo sus ojos, pensando que todo era un mal sueño y expiró, y esta vez, definitivamente. Nadie pudo verlo, pero el alma de Davis salió de su cuerpo en ese mismo momento y ascendió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          ¡Estas reuniones de amigos son siempre estupendas! -decía un tipo barbudo, de pie al lado de una hoguera, muy contento y rodeado de amigos- Si, respondieron a coro las voces de los presentes. Y el barbudo continuó: ya sabemos ahora lo ocurrido en el mundo de Davis, el recién llegado, o al menos conocemos una parte, porque lo cierto es que, a pesar de todo, seguimos ignorando muchas de las cosas que suceden, como también ignoramos el motivo de que ocurran, al igual que lo ignora el mismo Davis, ya que cuando murió no supo lo que le ocurría y por lo tanto es incapaz de relatarnos todos los detalles. &lt;br /&gt;          Davis, uno más entre los asistentes, y sentado ante la hoguera, asintió convencido ante las palabras del barbudo, que siguió diciendo: &lt;br /&gt;Por ejemplo, a Davis le esperábamos hace tiempo, y resulta que cuando aparece han transcurrido cien mil años. Esto es un verdadero misterio, amigos, pero no importa porque a nosotros no nos afecta el tiempo. Y como ahora me toca el turno de hablar, os contaré lo que ocurrió en mi mundo, o al menos, lo que yo viví en él. Pero antes, ¡brindemos, amigos! Es estupendo haber trascendido. ¿No creéis que si la gente de todos los mundos supiera que realmente existe esta vida, después de la vida terrenal, se comportaría de otra manera? ¡Si! -volvieron a responder todos al unísono, brindando y sintiéndose muy satisfechos de su estado actual.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-7622979197066788980?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/7622979197066788980/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=7622979197066788980' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/7622979197066788980'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/7622979197066788980'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/tiempo-espacio-futuro.html' title='TIEMPO-ESPACIO-FUTURO'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-5746577748049725415</id><published>2010-02-04T07:23:00.001-08:00</published><updated>2010-02-08T10:15:07.432-08:00</updated><title type='text'>TRANSMISIÓN</title><content type='html'>- Bien, hijo. Ha llegado el momento de que te transmita mis conocimientos. Creo que ya estás preparado. Una cosa te pido, y es que no me hagas sufrir, pues cuando me comas, y aunque ya no tenga cerebro, si me comes vivo sufriré mucho, ya que mis terminaciones nerviosas me transmitirán el dolor.&lt;br /&gt;- ¿Y cómo debo hacerlo, padre?&lt;br /&gt;- No lo sé, hijo. Generación tras generación nos hemos hecho la misma pregunta sin haber encontrado hasta ahora la respuesta adecuada. Ojalá tú la encuentres. Si lo consiguieses, nuestro fin sería menos doloroso, piensa que un día te tocará a ti.&lt;br /&gt;- Lo sé, padre, pero la única forma de que no sufras sería matarte antes y eso no puedo hacerlo. Quizá cuando tenga dentro de mi tu cerebro y tus conocimientos se hayan unido a los míos, encuentre el modo.&lt;br /&gt;- Eso espero, hijo mío, prepárate.&lt;br /&gt;          Y, con sus manos, separó primero en dos partes, y con mucho cuidado, la cabeza de su hijo. Luego hizo lo mismo con su cabeza, arrancándose a continuación el cerebro, y gracias a sus últimos reflejos pudo insertarlo dentro de la cabeza abierta de su vástago. Los dos cerebros, ya dentro de la cabeza del hijo, extendieron sus minúsculos tentáculos y se unieron formando un todo. El hijo, ya completo al recibir la sabiduría de su progenitor, cerró y ajustó su cabeza y a continuación cerró la de su padre, observando en el rostro de éste una completa expresión de estupidez.&lt;br /&gt;          Y ahora, se dijo, ¿cómo puedo evitar el sufrimiento de mi padre? Si no me lo como, el ciclo no será completo y no habrá servido de nada la transmisión de su cerebro, necesito sus terminaciones nerviosas para digerirlas y que hagan activar el riego sanguíneo en mi cabeza, lo que hará que mi cerebro, unido al suyo, crezca y se haga poderoso. Y dirigiéndose a su padre, que babeaba y seguía manteniendo la misma expresión de estupidez, le dijo: lo siento, padre, ya sabes que no puedo matarte si no quiero ser maldecido por los dioses y que debo comerte vivo a pesar de lamentar que sufras atrozmente. Mi nueva sabiduría no me hace ver ningún nuevo camino para evitarte este final. Procuraré comerte rápidamente para hacerte sufrir lo menos posible y espero que en tres días te haya devorado totalmente.   &lt;br /&gt;          Y empujando a su padre para que se sentara, él se sentó también a su lado, y agarrándole un pié comenzó a devorarle los dedos, mientras las lágrimas fluían de sus ojos al escuchar los atroces gritos de su padre.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-5746577748049725415?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/5746577748049725415/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=5746577748049725415' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/5746577748049725415'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/5746577748049725415'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/transmision.html' title='TRANSMISIÓN'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-3367210953166536560</id><published>2010-02-04T07:22:00.002-08:00</published><updated>2010-02-04T07:23:11.759-08:00</updated><title type='text'>UN RECLAMO A LA VIDA</title><content type='html'>Sintió que la vida se le iba. Sin duda había llegado el momento en el que sus ojos deberían cerrarse para siempre; no volvería a abrirlos, dormiría para siempre y descansaría al fin de tantas fatigas. Hasta ahora nunca había pensado en ello, pero su instinto le decía que así sería: dejaría de existir y de luchar. Estaba cansado y lo deseaba. &lt;br /&gt;         Había subido con esfuerzo, antes de que oscureciera, hasta la montaña más alta que pudo alcanzar. Observó cómo el sol estaba a punto de desaparecer por el horizonte. Completamente inmóvil, con la cabeza erguida, disfrutó por última vez de la belleza de las montañas. Y allí, en lo alto, se recreó de tanta belleza como le rodeaba, dándose cuenta de que nunca más volvería a contemplarla: esta era la primera vez que se daba cuenta de lo maravilloso que había sido vivir, y también la última. Hasta ahora, sobrevivir había sido lo primordial. &lt;br /&gt;          En ese momento prestó atención a sus recuerdos, que le asaltaron con fuerza, como nunca antes lo hicieron. Repasó su vida, mientras su vista no se apartaba de las montañas y de los bosques. Dentro de breves minutos todo quedaría oculto al caer la noche, exceptuando las cimas más altas que seguirían viéndose algunos minutos más, al recortarse sus siluetas en un cielo que aún tardaría en oscurecerse. Sin embargo, sus recuerdos eran tan intensos que estaban retenidos en sus retinas, y las imágenes de las montañas y de su familia se le presentaron como si fuera un luminoso mediodía. Todo lo veía en su mente a plena luz y reviviendo, como si estuviese ocurriendo en ese mismo momento, lo que jamás logró hacer desaparecer del fondo de sus pensamientos: sus recuerdos de infancia.&lt;br /&gt;          Los recuerdos de su madre y de sus hermanos acudían a su mente con verdadera fuerza, con la misma fuerza y energía que él recordaba tener en aquellos tiempos. Ahora, al final de su vida, se encontraba viejo y cansado, acabado, perdidas sus energías y su aliento. &lt;br /&gt;          Al mismo tiempo que contemplaba desaparecer la luz del sol, desaparecieron también los recuerdos de tantos seres queridos. Sintió en sus entrañas un frío intenso y comprendió que él mismo no tardaría mucho en desaparecer, quizá sería esa misma noche...&lt;br /&gt;          La oscuridad imperó por fin en los campos y ascendió hasta las montañas, que ya no podían distinguirse en la penumbra. Todo el horizonte quedó sumido en una masa densa y oscura, y de su garganta, como en los viejos tiempos, mientras notaba erizársele el lomo, surgió por última vez, vigorosa y potente, su llamada a la vida. En muchos Kilómetros a la redonda, en los campos y valles en los que había transcurrido su vida, pudo oírse su último aullido de lobo: ¡Ahúuuuu!.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-3367210953166536560?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/3367210953166536560/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=3367210953166536560' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/3367210953166536560'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/3367210953166536560'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/un-reclamo-la-vida.html' title='UN RECLAMO A LA VIDA'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-2224332591676296797</id><published>2010-02-04T07:22:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T07:22:25.246-08:00</updated><title type='text'>¡VAYA NOCHE QUE HE PASADO!</title><content type='html'>En mi casa, por las noches, a menudo oigo ruidos singulares o muy raros. Oigo correr por el pasillo y golpes contra las puertas. No me importa, sé que la que deambula por la casa es mi querida gata. También oigo a vecinos si llegan de madrugada o trastean con cacharros. &lt;br /&gt;          Algo así me pasó anoche. En mi cama, sin dormir pero con la luz apagada, oía yo gemir y pensé, no hay ninguna duda, ésa es mi gata. Me pareció escuchar que la gata soñaba, que gemía y no paraba. Al rato, me sorprendió oír algo distinto: era como el ulular de un fantasma. No recuerdo nunca que mi gata así soñara. Un uuuuhhhhh prolongado sonaba por toda la casa. No tuve preocupación pero pensé: ¡pues vaya lata! Y en mi cama, sin dormir pero con la luz apagada, pensaba ¿y si fuera algún fantasma? No pude dejar de reírme ante tamaño disparate, eso no me preocupaba, tan seguro estaba yo de que ésa era mi gata. Pero al rato se me ocurrió seguir pensando: ¿ y si... de verdad, fuera un fantasma? Y seguí ahí, con la luz siempre apagada, riéndome de mi y de esa pobre alma... ¡Menudo cabreo estará cogiendo esa alma oyéndome reír, si en verdad es un fantasma! Al cabo de dos minutos, oí fuertes golpes por la casa. ¿Pero qué era eso ? ¿patadas? Con mi mano busqué a tientas y encontré la querida cola de mi gata, a mi lado quieta, echada. Empezó a asaltarme la duda, pues, por ahí, los golpes seguían, los golpes sonaban ¡era, sin duda, el cabreo del fantasma! Ya no pude serenarme... pero no me levanté para nada. Muy quieto seguí donde estaba, en mi cama, casi paralizado y con los ojos como platos, sin poder dormir, sin atreverme siquiera a encender la luz, con miedo por no mirar, pero sin querer ver nada. &lt;br /&gt;          Y nada vi, ni nada más ocurrió aparte de lo que he contado, pero... ¡vaya noche que he pasado!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-2224332591676296797?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/2224332591676296797/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=2224332591676296797' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/2224332591676296797'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/2224332591676296797'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/vaya-noche-que-he-pasado.html' title='¡VAYA NOCHE QUE HE PASADO!'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-4027741767910327114</id><published>2010-02-04T07:21:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T07:21:57.090-08:00</updated><title type='text'>UNA TARDE DE PASEO</title><content type='html'>Aquellas piernas tan blancas me produjeron un vértigo que nada tenía que ver con lo que yo conocía hasta entonces. La poca luz que entraba por la entreabierta cortina, pues no había ninguna ventana allí, en ese cuartucho mísero de ese barrio pobre de la corta periferia de Melilla, situado en lo alto de un pequeño cerro, alumbraba apenas el cuarto. Sumida en esa oscuridad vi a la mujer. Una mujer de edad más que madura, muy gorda y sucia, con pelos grasientos y despeinados, y fea, tan fea que su rostro me impresionó.&lt;br /&gt;           Mi amigo el legionario me había dicho: entra conmigo. Y yo entré con él para acompañarlo. El fuerte tufo a hierbas que flotaba en el interior de la casucha casi logró que se me subieran las náuseas a la garganta. La mujer reía fuertemente mientras nos recibía, contenta por la visita, pero a mi, ni siquiera me miró. Toma, bebe, dijo dirigiéndose a mi amigo, tendiéndole un vaso tan sucio y mugriento como ella misma, conteniendo una bebida que nunca supe qué era. Mi amigo me miró, y lo hizo con un gesto que entendí que significaba algo parecido a: esto es así, funciona así siempre, me aprecia y me lo demuestra.&lt;br /&gt;          Luego, la mujer se echó, sin decir nada y sin más preámbulos, en una cama desvencijada que estaba situada en un rincón y que hizo un gran ruido, crujiendo fuertemente al recibir aquel cuerpo tan gordo y enorme, como si exhalara un doloroso gemido por ser tratado de aquella manera. La mujer abrió los brazos elevándolos en el aire, esperando recibir algo, o a alguien, en ellos. Comprendí que esperaba a mi amigo, y mi amigo, mientras yo la miraba a ella, ya había abierto la cremallera de su pantalón y vi cómo avanzaba hacia la cama. Se echó encima de la mujer y yo no quise ver más. Sin embargo, no pude evitar la visión de las piernas levantadas de la mujer, unas piernas tan pálidas y tan blancas entre sus ropas oscuras, que pensé que podían ser las piernas de una muerta. Salí de la casa, apartando con el brazo la cortina que protegía la entrada, tal asco me producía tocar nada con la mano, y al instante, y ahora sí, me apoyé con la mano en la fachada, y sujetándome en ella y agachando mi cabeza, vomité. &lt;br /&gt;Después de media hora larga, cuando ya me preguntaba si no debería entrar a rescatar a mi amigo, salió éste de la casa. Su expresión era de felicidad y satisfacción. Me dijo: Estas cosas son las que echaré de menos cuando me licencie y abandone la Legión. Y añadió, dubitativo: ... quizá me reenganche.&lt;br /&gt;          Nos fuimos de allí en silencio, bajando a grandes zancadas el camino de tierra que serpenteaba, pedregoso, en peligrosa bajada hacia el centro de Melilla.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-4027741767910327114?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/4027741767910327114/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=4027741767910327114' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/4027741767910327114'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/4027741767910327114'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/una-tarde-de-paseo.html' title='UNA TARDE DE PASEO'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-6712739974612252873</id><published>2010-02-04T07:19:00.000-08:00</published><updated>2010-02-04T07:20:18.560-08:00</updated><title type='text'>CUANDO EL DIA TERMINE</title><content type='html'>"Cuando el día termine, terminará tu vida". Estas eran las palabras que resonaban en mi mente al  despertarme por la mañana. Sin analizarlas, las fui pronunciando y repitiendo mecánicamente como si recitase; algo me impelía a ello. De pronto, comprendí su significado; durante unos breves instantes, algo parecido a unos recuerdos inconcretos acudieron a mi y creí comprender que eran parte de lo que había soñado esa noche. &lt;br /&gt;          Mis esfuerzos por recordar el sueño fueron vanos, únicamente acudía a mis labios, una y otra vez, la misma frase: "Cuando el día termine..." En esta ocasión, ya despierto y harto de la jugarreta que mi mente me hacía, intenté burlarme yo de ella y completé la frase de otro modo: "... tú también habrás terminado". Me di cuenta de que a pesar de mis esfuerzos por cambiar la letanía, el significado seguía siendo el mismo. &lt;br /&gt;          Comencé a preocuparme aunque no fuera más que por la manía que, desde que me levanté, tenía yo por repetir y repetir lo mismo. Seguí repitiéndola durante mi viaje en autobús a la fabrica, y cuando saludé al capataz, en lugar de desearle buenos días, y sin poderlo remediar, le espeté: Cuando el día termine, terminará tu vida. Naturalmente, yo no deseaba decirle eso al capataz, pero es lo que de mi boca salió. &lt;br /&gt;          El capataz me miró, enmudecido, cortado en su garganta el saludo de bienvenida y cortada también la sonrisa en sus labios que, como siempre, desde hacía años, me dirigía todas las mañanas al entrar yo en su oficina para recibir órdenes. En algún otro momento el capataz hubiera podido tomárselo a broma, pero mi expresión y mi talante, al parecer feroz, le dejó sin habla. En cuanto pudo me preguntó que porqué le amenazaba de ese modo, que él siempre había procurado complacerme en todo y proporcionarme las tareas más agradables y fáciles. No supe qué contestarle, yo mismo estaba tan sorprendido que no acertaba a darle ninguna explicación; me quedé quieto, mirándole, y allí, de pie ante su gran corpachón, bajé la vista sin saber qué decirle. Cuando levanté mi mirada de nuevo, ya estaba dispuesto a aclararle todo, le contaría el sueño... o más bien la pesadilla que había tenido aquella noche; le hablaría de lo poco que recordaba y le explicaría que no podía dejar de pronunciar la frase con la que le había saludado al entrar, que era una manía que me había entrado de repente aquella misma mañana. Sin embargo, cuando le miré a los ojos, de mi boca salió otra vez, sin poder ofrecer explicación alguna y sin poder aclararle nada: ¡Cuando el día termine, terminará tu vida! &lt;br /&gt;           Vi el pánico reflejarse en la cara del capataz, quién de un rápido salto salió del despacho y corrió hacia la oficina de Don Emilio, que era el director y propietario de la fábrica. Yo también salí corriendo tras el capataz intentando darle alcance, queriendo detenerle para ofrecerle explicaciones, para que no entrase en la oficina y contase al director lo que había ocurrido. En el momento en el que creía haber alcanzado al capataz, salió de la oficina Don Emilio. El capataz, para evitar tropezar con él, se paró de golpe y yo no pude parar mi impulso, golpeando mi pecho contra la espalda de mi jefe inmediato, que a su vez cayó encima de Don Emilio. Los dos rodaron por los suelos, y yo, solícito, ayudé a levantarse al director, pero mientras le cogía por uno de sus brazos, de mi boca salió la frase maldita; la pronuncié en un tono de voz muy bajo, tratando inútilmente de retener esas palabras que ya sabía que, irremediablemente y sin desearlo, diría.     &lt;br /&gt;          Agachado sobre Don Emilio, con mi boca muy pegada a su oído, con voz profunda y tremendamente lúgubre, y bien a mi pesar, le dije: “Cuando el día termine, terminará tu vida” Don Emilio me miró, aterrado e incrédulo, luego miró al capataz y... &lt;br /&gt; -¡Bien, bien! es suficiente. Con decir la frase una vez, bastaba. Lo cierto es que me ha dejado tan embobado con su historia que... &lt;br /&gt;          El que hablaba era el director del casting. Martín se hinchó como un pavo real, sintiendo la necesidad de sincerarse, de explicarle el porqué de su actuación: &lt;br /&gt; -Verá, es que la frase me la había estudiado muy bien pero dudaba de si el tono sería el adecuado, si sería el que ustedes deseaban ¿sabe? y como no tenía más que una oportunidad, se me ocurrió idear esta pequeña historia para poder repetir la misma frase varias veces y con distintos tonos de voz. Espero que les haya gustado como lo he hecho... ¿Les ha gustado?. &lt;br /&gt;-Pues... creo que sí, lo cierto es que lo ha hecho muy bien y con imaginación, le dijo el Director, observándole con atención. Mire, dijo finalmente, quizá pueda ofrecerle algo más que esa pequeña frase. Pásese mañana por los estudios y le diré lo que haya pensado.&lt;br /&gt;          Martín se fue a su casa contento y satisfecho. Parecía que el casting le había resultado favorable. Su pequeña pero estudiada estratagema le había dado el resultado que esperaba. Era posible que al fin consiguiese, no sólo la frase, sino quizá algún papel de mayor importancia. Ese era el empeño que tenía ahora, conseguir un buen papel en el reparto de esa película de la que no tenía ni idea de qué trataba el guión, aunque por la frase que le dijeron que debía pronunciar, quizá fuese de terror. La verdad es que no le importaba; lo único que quería era un papel, fuera bueno o malo. &lt;br /&gt;          Martín, cuando emprendía algo lo hacía con ganas; siempre ponía ilusión en la mayoría de sus proyectos y en los planes que emprendía, pero al final siempre acaba ocurriéndole de todo menos lo que él deseaba que ocurriese. Y es que, Martín, encontraba la vida siempre sorprendente. Quizá sea por mi culpa, se decía a menudo, quizá me ocurren siempre cosas inesperadas por ser un bobo y no saber salir a tiempo de cualquier berenjenal o atolladero en los que la vida acaba por meterte, lo quieras o no. &lt;br /&gt;          Caminaba Martín, despacio y pensativo, feliz por haber sido él quién enfocase la acción en esta ocasión y no al revés como normalmente solía ocurrir, claro que, se daba perfecta cuenta, y se lo repetía una y mil veces, era bastante ingenuo. Mientras caminaba y pensaba se preguntó si a toda la gente le pasarían cosas tan raras y absurdas como le solían ocurrir a él. Acabó decidiendo que él era una persona normal y que los absurdos eran los demás, que él solo era un simple espectador de la vida. &lt;br /&gt;          Un mendigo le alargó una mano pidiendo algo de limosna por el amor de Dios. Esa forma de pedir limosna le llamó la atención, ya no era usual. Los mendigos, ahora, pedían para alimentar a sus hijos, o eran extranjeros y pedían para poder regresar a su Patria... Se paró, observándole, y el mendigo le animó para que le socorriera: Sea usted bueno y generoso, señor, lo necesito para un vaso de vino. ¡Cómo, le dijo Martín, así que pide por el amor de Dios para poder tomarse un vaso de vino? Si, señor, le respondió el mendigo, es que para el bocadillo ya he sacado bastante y solamente me falta para la bebida. A Martín le hizo gracia la simpática y aparente sinceridad de aquel hombre y le dio unas monedas. Le sonaba eso del vaso de vino, pero la verdad es que no se lo esperaba y le hizo gracia. &lt;br /&gt;          Apenas se había alejado unos pasos del mendigo cuando tres tipos le cortaron el paso. Martín intentó evitarles, rodearles, pero uno de ellos le puso una mano en el pecho. Martín se quedó quieto. El tipo de la mano en su pecho parecía estar cómodo de ese modo. Bueno, pensó Martín, a ver si se cansa, al fin y al cabo, la mano es suya... Pero el tipo no se cansaba y Martín comenzó a estar incómodo. El tipo le dijo en ese momento: ¡vaya, así que repartiendo nuestro dinero a cualquiera que te lo pida! ¡A ver cuánto llevas aquí! Y la mano que hasta entonces el tipo mantenía apoyada en el pecho de Martín, se movió palpando su chaqueta. Vaya billetero que tienes, tío! dijo. Vamos, dámelo, añadió. Martín se quedó pensativo durante unos instantes y luego dijo: no es un billetero, es un paquete que... ¡Ah! exclamó el rufián, cortando las palabras de Martín (Martín se dio cuenta en seguida, tan pronto como ese tipo le habló de lo del billetero, de que el fulano que tenía enfrente era un rufián) Pues mira, este paquetito, seguía diciendo el rufián, va a ser para nosotros ¿verdad, amigos? Lo de amigos iba dirigido a los otros que le acompañaban y que asintieron riendo. &lt;br /&gt;          ¡Ah, no, no me lo puedes quitar! le dijo Martín, protestando. ¡Este paquete es mío! Pero el tipo, sin escucharle, introdujo su mano en el bolsillo interior de la chaqueta de Martín. Cuando sacó la mano, lo hizo mostrando en ella el paquete. Martín no pudo por menos de observar que esos dedos que sujetaban el paquete estaban teñidos de nicotina. Trató de decírselo, de advertirle por si él no se había dado cuenta, pero el tipo, enseñando triunfalmente a sus amigos lo que su mano había conseguido ya no le miraba, ni le escuchaba siquiera. Los tres empezaron a correr, alejándose y dejando a Martín con la palabra en la boca. Martín pensó: bueno, esa era mi cena... espero que les guste la mortadela. &lt;br /&gt;          Cuando estaba llegando al portal del edificio donde vivía, vio que salía humo de una de las ventanas del primer piso. El humo iba en aumento por segundos y era negro y espeso. Dudó unos instantes, pero reaccionando rápidamente se puso a dar grandes gritos, ¡fuego, fuego!.     &lt;br /&gt;          Ante sus gritos de alarma varios vecinos se asomaron a las ventanas. Los vecinos, al ver el humo y verle a él gritando ¡fuego!, se echaron a reír dejando a Martín estupefacto y confuso. En seguida, y por la ventana de donde salía aquel humo, apareció un viejo con una enorme cachimba en la mano. ¡Martín, cállese! le gritó el viejo, con un tono de voz fuerte pero grave y profunda, va a conseguir que me envíen de nuevo a la reserva india; ¿cómo se le ocurre gritar fuego, simplemente porque yo fume una pipa? Martín quiso responder, decirle que aquel humo... pero el viejo no le dejó hablar y continuó diciéndole ¿acaso ha visto usted el fuego? mire, Martín, lo que tiene que hacer es coger una brocha y pintar el portal que está que da asco, así se entretendría en cosas útiles y no en molestar a viejos como yo, que no hacen ningún daño a nadie por fumar su pipa.  &lt;br /&gt;          Martín conocía al viejo desde hacía años y desde luego siempre había creído que era un viejo gitano que vivía solo y sin familia, nunca se le hubiera ocurrido pensar que fuese indio y mucho menos que pudiesen enviarlo a una reserva. &lt;br /&gt;          Fijándose bien, quizá si fuese indio, pues sus rasgos... pero lo que no se tragaba era eso de que podrían enviarlo a la reserva. ¿a qué reserva? ¿pensaría el indio ése que él era tonto? Oiga, abuelo, empezó a decir, pero el viejo le echó desde la ventana un cubo vacío y una brocha, y si Martín no se aparta a tiempo, le encasqueta el cubo por sombrero. ¡Hala, ya puede empezar, y la pintura la compra usted! le dijo el viejo con muy mal humor. Y cerró la ventana. Martín se sintió sorprendido, pero también se enorgulleció al darse cuenta de que el indio confiaba en su destreza para pintar el portal, y que para demostrárselo le había entregado la brocha y también aquel cubo que casi le mata si no llega a apartarse. &lt;br /&gt;          Cuando iba a entrar en el portal, se fijó en que en la acera de enfrente se encontraba una niñita llorando desconsoladamente; vio que la niña estaba sola, y su buen corazón le hizo cruzar la calle para preguntar a la niña qué era lo que le ocurría. &lt;br /&gt;-Hola, pequeña. ¿Por qué lloras así, qué te ocurre? &lt;br /&gt;-Es que mi papá se ha subido al balcón y se ha caído, contestó la niña entre sollozos mientras señalaba uno de los balcones, al parecer bastante alto. &lt;br /&gt;-¡Por Dios! ¿Dónde está ahora tu papá? ¿está en el hospital? &lt;br /&gt; -¡Oh, no! Mi papá está en casa. &lt;br /&gt; -¿Pero se encuentra bien? ¿No está herido al haberse caído a la calle desde esa altura? &lt;br /&gt; -Mi papá está bien, señor. Él no se cayó a la calle, se había subido en una banqueta para colgar en el balcón la jaula del pajarito, y cuando bajaba tropezó conmigo, pero no se hizo daño. &lt;br /&gt;-Pues hija, ¿por qué lloras? &lt;br /&gt;-Porque mi papá se enfadó al tropezar, me dijo que siempre estoy en medio y que un día podía llegar a hacerse daño por mi culpa. Y cómo se ha enfadado, pues me ha tirado a mi a la calle desde el balcón. &lt;br /&gt;-¿Que te ha tirado a ti, dices? ¿Es posible? ¿Te ha tirado desde el balcón?  &lt;br /&gt;          Martín estaba atónito por lo que la niña le contaba. Dime, continuó diciendo Martín, ¿te encuentras mal? ¿dónde te duele? &lt;br /&gt;-No me duele nada, señor, siempre caigo en ese toldo rojo que hay ahí, debajo de mi balcón ¿lo ve?. Ya estoy acostumbrada. &lt;br /&gt;          Martín no terminaba de entender lo que estaba oyendo y así se lo dijo a la niña. &lt;br /&gt;-¿Dices que siempre caes en ese toldo rojo? ¿es que te ha tirado tu padre por el balcón otras veces? Entonces, lloras por eso, ¿verdad? &lt;br /&gt;-No, no, señor. Lloro porque tenía un chupachups y al caer lo he perdido. Hoy solamente lo había chupado una vez, y cuando mi padre vea que no lo tengo, me dará unos cuantos azotes. &lt;br /&gt;-Hija mía, no entiendo nada ¿Dices que tu padre te pegará por haber perdido un caramelo? &lt;br /&gt;-Si, señor, eso es lo que digo. Mi padre dice que hay que saber conservar las cosas. El chupachups debía durarme todo el mes. Cada día le doy tres chupaditas y lo guardo. Y ahora ¡lo he perdido! ¡buaaaaá¡&lt;br /&gt;-¿Cómo te llamas, hija? &lt;br /&gt;-Rosaurita. &lt;br /&gt;-Bueno, Rosaura, vamos a subir a hablar con tu papá y... &lt;br /&gt;-No, Rosaura, no. Me llamo Rosaurita y usted no puede subir a hablar con mi papá. &lt;br /&gt;-¿Por qué no puedo subir, Rosaurita? &lt;br /&gt; -Pues subir sí puede, pero mi papá le tirará al toldo. Los vecinos ya se lo han dicho muchas veces. Le dicen: Ernesto, que un día vamos a tener una desgracia... Pero mi papá es... mi papá, y no hace caso a nadie. &lt;br /&gt; -¡Glub! Bueno, Rosaurita, pues... lo siento. Por lo del chupachup, quiero decir. Mira, te voy a dar dinero para que puedas comprar otro. &lt;br /&gt;-¡Ah, no, señor! No admitiré dinero de extraños. Si mi papá se enterara... &lt;br /&gt; -Si, Rosaurita, ya lo sé, ya lo sé, ¡hale, al toldo! Bueno, pues nada, hija. Como no puedo hacer nada por ti, adiós, ¡y que sigas teniendo suerte al caer! &lt;br /&gt;-No se preocupe, señor, soy toda una artista. Ahora ya hago el triple salto mortal antes de llegar al toldo, y mi padre dice que... &lt;br /&gt;          Martín no quiso seguir oyendo lo que la niña decía, él ya se había despedido y se alejó. Lo hizo sumido en confusos pensamientos acerca de lo raros que son algunos seres humanos, y sobre las cosas tan extrañas que siempre estaban ocurriendo en todas partes. &lt;br /&gt;          Martín se levantó por la mañana algo cansado. Cuando el día anterior llegó por fin a su casa, se había derrumbado sobre la cama y se durmió al instante. Durante la noche había tenido un sueño agitado por los acontecimientos del día y eso no le había dejado descansar, Martín siempre soñaba mucho. Recordó la cita con los estudios y se animó. Se vistió con su mejor traje dispuesto a acudir al encuentro con la fama. Martín estaba convencido de que llegaría a ser muy famoso y quizás ese momento había llegado ya. &lt;br /&gt;          Absorto en sus pensamientos, ilusionado por el triunfo que había obtenido el día anterior en los estudios de televisión, no reparó en el cubo ni en la brocha que por la noche había dejado en el recibidor, casi a la entrada del pasillo, y al dirigirse con prisas a la puerta de salida de su apartamento pisó la brocha, resbaló y tropezó con el cubo. Al tratar de sujetarse a algo para no caerse, sus manos se cogieron a una percha sujeta hasta ese momento a la pared. Los tornillos que sujetaban la percha no fueron suficientes para resistir el peso del cuerpo de Martín, y éste, junto con la percha, cayó estrepitosamente al suelo. Tuvo tan mala fortuna que la percha cayó debajo de él y él encima de la percha. Su frente fue la que impactó sobre el colgador, exactamente sobre dos de los tres pomos que tenía para colgar la ropa. Quedó ligeramente aturdido por el porrazo que se había dado, pero animosamente se levantó y se dirigió al baño para recomponer su figura. &lt;br /&gt;          Se miró en el espejo, y aparte de tener la frente algo colorada, no advirtió que le hubiese ocurrido nada grave. Se refrescó el rostro con agua, se arregló el nudo de la corbata y se peinó los desordenados cabellos. Entonces, observó con sorpresa y pavor cómo iban creciendo en su frente dos grandes y hermosos chichones, uno a cada lado. Los chichones crecían y crecían sin parar. Cuando por fin dejaron de crecer, Martín vio en su frente lo que parecían unos sobresalientes y bonitos cuernos colorados. Se sentó, casi dejándose caer, en la banqueta de baño. ¿Que haría ahora? ¿Cómo podría presentarse con ese aspecto en los estudios? Pero pensó que si no se presentaba perdería lo que le costó tanto esfuerzo conseguir; debía presentarse a pesar de todo. &lt;br /&gt;          Ya en los estudios, Martín, avergonzado, se dirigió al director. El director, al verle, le observó con sorpresa, o eso le pareció a Martín. &lt;br /&gt;-Buenos días, amigo mío. Me deja usted sorprendido -le dijo el director- Martín pensó que, lastimosamente, había acertado. No era para menos, presentarse con esos dos enormes chichones en la frente... Y entonces, se sintió inmensamente ridículo, pero el director seguía hablándole y trató de apartar sus pensamientos para escuchar lo que le estaban diciendo. &lt;br /&gt;-No para de sorprenderme, Martín, porque se llama usted Martín, ¿verdad? Precisamente, después de su actuación de ayer, que fue francamente magnífica, había pensado que el papel de protagonista era ideal para usted. Y ahora, se presenta con esos cuernos en su frente... ¿cómo ha logrado que parezcan tan reales? ¿y cómo sabía que el protagonista es el propio Diablo que aparece en la Tierra cada mil años, y que a pesar de la apariencia humana que consigue no logra, cuando se enfada, ocultar sus cuernos? &lt;br /&gt;          Y, el director, cogiendo amigablemente a Martín por un hombro, continuó diciéndole: Sin duda que usted es el mejor para este papel. Acompáñeme a mi despacho, y si está de acuerdo firmaremos el contrato que posiblemente le hará millonario y famoso. Por cierto, deberá darme el nombre de su maquillador. Le ha maquillado de un modo impecable. Y ¿sabe? -aún se oyó decir al director, mientras caminaban en dirección al despacho, poniendo éste una voz cómicamente lúgubre y remedando la voz del propio Martín del día anterior: ¡CUANDO EL DÍA TERMINE, TERMINARÁ TU VIDA! &lt;br /&gt;          Y el director termino diciendo, mientras soltaba grandes carcajadas: me refiero a la vida que ahora lleva, por supuesto... ja, ja, ja. ¡Triunfará usted, amigo mío, no lo dude!.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-6712739974612252873?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/6712739974612252873/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=6712739974612252873' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6712739974612252873'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6712739974612252873'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/cuando-el-dia-termine.html' title='CUANDO EL DIA TERMINE'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-8125816243909106940</id><published>2010-02-04T07:17:00.002-08:00</published><updated>2010-02-04T07:19:38.953-08:00</updated><title type='text'>CASOS CERRADOS</title><content type='html'>caso primero: robo en el museo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          El robo en el Museo les estaba llevando a todos de cabeza en la comisaría de policía. Otro problema añadido al robo era que la Policía inglesa tenía mucho interés en que se resolviese el caso, y la Policía de Vitoria necesitaba ofrecer prontos resultados si no quería ser el hazmerreír internacional. Bastante daño se había hecho ya con la publicidad en contra que estaban teniendo, pero si no lograban recuperar lo robado, en el futuro sería difícil que en Vitoria se pudiesen exponer más cuadros prestados por Museos importantes. Por otro lado, si no aparecían los cuadros robados, la empresa de seguros se vería obligada a pagar una cifra millonaria. &lt;br /&gt;          Todos los cuadros habían sido pintados por artistas ingleses del siglo XVI. Esta célebre exposición era itinerante, y en el museo debían estar expuestos durante 12 días para luego ser enviados de vuelta a Inglaterra, pero después del segundo día de exposición ya habían desaparecido 3 cuadros; en realidad únicamente las telas, pues descolgaron los cuadros y sustrajeron las pinturas volviendo a dejar colgados los marcos. &lt;br /&gt;          Nadie podía explicarse cómo podían haberlos robado sin que los servicios de seguridad lo advirtiesen. Cada cuadro tenía su alarma individual, y deberían haber sonado al descolgarse de la pared. Pero las alarmas no sonaron, y nadie advirtió nada hasta que uno de los vigilantes de noche, al hacer su última ronda por la mañana antes de cambiar el turno, descubrió que faltaban las telas. No supo decir si las pinturas estaban o no en su sitio la noche anterior. Los ladrones debieron tener gran habilidad para sustraer cada tela sin apenas mover el marco, evitando accionar la alarma. Y otro de los misterios, dado el gran tamaño de las pinturas, era  el sistema que utilizaron para sacarlas del museo. Desde Londres presionaron durante toda la mañana, y sin esperar ni un día más ya habían anunciado la llegada a Vitoria de un agente inglés especializado en la investigación de robos a museos.                                     &lt;br /&gt;          Juan Salgado, el inspector español asignado al caso, hubiera deseado que la policía británica quedase al margen, pero lamentablemente, los ingleses estaban en su derecho a poder intervenir si así lo deseaban, ya que la exposición itinerante era inglesa y provinente de un museo británico. Salgado lamentaba especialmente ese robo por las implicaciones internacionales y por el ridículo en que quedaría la policía española si él no era capaz de solucionarlo. También lamentaba que la Policía inglesa pensase que para poder conseguir resultados satisfactorios, fuese imprescindible la intervención de uno de sus prepotentes policías. &lt;br /&gt;          Visitó el museo y comprobó todas las paredes, todas las ventanas, todos los rincones. Parecía imposible que los cuadros hubiesen podido ser robados. Era una sala amplia, sin claraboyas, y sin más salida que la que guardaban dos vigilantes. No había apenas muebles. Delante de los cuadros, a respetable distancia, se encontraban algunas banquetas para que los visitantes pudieran sentarse en ellas y contemplar cómodamente las pinturas. Había también una pequeña estantería adosada a una pared donde se habían colocado unos libros, editados precisamente con motivo de la exposición. Los libros contenían comentarios acerca de las obras expuestas, acompañados de los datos biográficos de los pintores. &lt;br /&gt;          Salgado entrevistó al Director del Museo. La puerta de entrada al despacho del Director estaba en uno de los extremos de la sala, y dentro del despacho no existía ninguna otra salida ni ventana alguna, por lo que no había otro acceso para entrar, o salir, más que esa única puerta. El Director llevaba en el cargo más de quince años, y parecía libre de toda sospecha. También habló con los vigilantes, que se encontraban francamente preocupados por su responsabilidad y temían perder su trabajo. Eran antiguos policías, compañeros suyos que abandonaron el Cuerpo de Policía por un trabajo más cómodo y mejor pagado. De eso hacía ya quince años y llevaban trabajando en el museo todo ese tiempo, igual que el Director. Desechó la idea de que alguno pudiera ser culpable, a pesar de que en un caso como éste, todos era sospechosos; la policía tenía que actuar siempre sin desdeñar a nadie como posible implicado. Indagó acerca de los visitantes que tuvo el museo durante los dos días que llevaba abierta la exposición. Todos, según la opinión de los vigilantes, fueron personas aparentemente normales y no se advirtió en ellos nada extraño. Tampoco se efectuó ninguna reparación en el museo ni tuvieron que aparecer, por allí, operarios de ninguna empresa.&lt;br /&gt;          Regresó a la Comisaría algo desconcertado, sin saber cómo podía continuar la investigación, y se dirigió al despacho del Inspector Jefe. &lt;br /&gt;- Juan: ¿Has averiguado algo? Inquirió su superior.&lt;br /&gt;- No, Jefe. No comprendo cómo pudieron sacar la telas del museo. Hay servicio de seguridad por todas partes y las pinturas son demasiado grandes. Los vigilantes no comprenden cómo pueden haberlas robado, y yo no hago otra cosa que dar vueltas a todo el asunto, sin sacar nada en claro. &lt;br /&gt;- Pues entonces, nos encontramos en una mala situación, Juan. Mañana llega el inspector inglés, y si no resolvemos nosotros el robo, nuestra imagen pública quedará por los suelos. Aunque lo importante es recuperar las pinturas, no sería nada agradable que ese inspector se llevase los honores y que nosotros quedásemos en ridículo. Antes de que lo solucionen los ingleses, deberías hacer lo  imposible por resolverlo tú. &lt;br /&gt;- Ya lo sé, jefe, pero ¿qué podemos hacer? Confieso que estoy en blanco. La única manera de robar los cuadros sería que se hubiesen puesto todos de acuerdo, los vigilantes de día o los vigilantes de noche, y también el Director, pues las alarmas suenan en su despacho al mismo tiempo que en las puertas de salida para advertir a los vigilantes. Hay otro detalle, la alarma no puede ser desconectada por ninguno de ellos, y sólo puede hacerlo la empresa que se encargó de su instalación; la energía eléctrica de las alarmas es independiente del museo. Tienen esas normas para una mayor seguridad.&lt;br /&gt;          Después de cambiar impresiones con el Inspector Jefe, Juan Salgado salió de la Comisaría dispuesto a pasear, a caminar sin rumbo para aclarar sus ideas y tratar de pensar en cómo podría haberse cometido el robo. Un robo extraño. La incógnita era: ¿Cómo lo hicieron? ¿Cómo pudieron robarlos sin ser delatados por las alarmas y cómo los sacaron de la Galería? Y luego, se dijo: ¿quién o quienes? Y meditando sin cesar, dando vueltas a todo en su cabeza, se dijo una vez más: vamos a ver, primero está el cómo lo hicieron, por ese orden. No, se dijo enseguida, el orden es lo de menos. ¡Si supiera por dónde empezar! Desde luego, una cosa era cierta, y es que para encontrar los cuadros habría que encontrar a los ladrones.&lt;br /&gt;          Sus pasos le llevaron al museo. Saludó a los vigilantes viendo que los dos tenían cara de compungidos. Anduvo por la sala entreteniéndose en pasear su vista por todos los rincones, mientras su mente no paraba un instante tratando de imaginar qué clase de treta habría hecho el ladrón, o ladrones, para poder llevarse los cuadros evitando las alarmas, y sin que ningún vigilante advirtiese que se los llevaban. &lt;br /&gt;          Los sensores de cada alarma estaban situados en cuatro puntos de la pared, uno debajo de cada cuadro, puntos de alarma que los mismos cuadros mantenían oprimidos al estar apoyados encima, y si uno se levantaba, disparaban su sonido. Efectuando el cambio con extremo cuidado y manteniendo siempre oprimidos esos puntos, podía separarse el cuadro de la pared, evitando que la alarma dejase escapar su estruendoso ruido. Aquella mañana él había levantado uno de los cuadros y el sonido de los timbres fue inmediato y escandaloso.&lt;br /&gt;          Decidió probar algo. Llamó a la puerta del despacho del Director del museo y le pidió que pusiese a su disposición algún cuadro que hubiese en otra sala, o en algún desván, no importaba qué tipo de cuadro, siempre que tuviese unas características similares en tamaño a los que habían robado. El Director descolgó un cuadro de su mismo despacho, de una medida muy parecida a los robados, y se lo entregó poniendo cara de intrigado pero sin preguntarle nada. Juan lo cogió con cuidado, y lo trasladó a la sala. &lt;br /&gt;          Ayúdeme -solicitó al Director-  La idea es, le dijo, descolgar un cuadro y colocar éste en el mismo sitio, con habilidad, para que no se levante el timbre que activa la alarma; me gustaría comprobar si pudieron hacerlo así. Al hablar pensó que estaba haciendo una tontería. Aunque pudiese hacerse de ese modo, habría sido necesario introducir antes un marco en el interior de la sala para disponer, al menos, de un primer marco que sirviese de substituto al primer cuadro robado. Y eso, si es que el sistema que habían utilizado los ladrones era el que se había imaginado. Sin embargo, haciéndolo de ese modo, los vigilantes sin duda se habrían dado cuenta, pues durante el día siempre se encontraba un vigilante en la sala. Siguió pensando que, de todos modos, podían haberlo hecho así, quizá utilizaron alguna treta. No era difícil entrar con un marco desmontado distrayendo a los vigilantes unos segundos. Lo difícil sería montar ese marco en la sala e ir haciendo las sustituciones de los tres cuadros sin que nadie se diese cuenta, eso ya era demasiado. Pensó también en la dificultad de sacar las del telas del museo, debido a sus grandes dimensiones. No terminó de agradarle la idea, tenía muchos interrogantes. &lt;br /&gt;          Preguntó al Director: ¿Cada marco está ahora en el mismo sitio que ocupaba antes del robo? La pregunta la hizo pensando que, de todos modos, el sistema utilizado no podía ser muy distinto al que él pensaba. Lo normal y fácil habría sido introducir un marco en la sala, pero desmontado para no llamar la atención, luego, montarlo y efectuar con él la primera sustitución de uno de los cuadros del museo. Después, utilizar el primer cuadro sustraído para sustraer el segundo, y con el segundo, sustraer el tercero. Cuando llegó a este punto en sus pensamientos, se dio cuenta de que algo no cuadraba bien en esos cálculos... ¡pero sí! ¡naturalmente que sus cálculos cuadraban! Aunque con ligeras modificaciones, por supuesto, y haciéndolo con otro orden distinto al que había pensado en un primer momento. Las matemáticas nunca se le habían dado muy bien aunque fueran sencillitas, pero su intuición y persistencia le servían siempre de mucho. Vamos a ver, se dijo, persistiendo en sus pensamientos: con el marco desmontable sustituyen al primer cuadro, y una vez éste fuera de la pared sacan la tela sin dañarla y vuelven a colocarlo donde estaba, usando la misma fórmula, y luego hacen lo mismo con los otros dos, siempre usando el marco que habían introducido desmontado... ¡Claro, esa es la manera! De todos modos -se siguió diciendo a sí mismo- era curioso el hecho de que, una vez las telas en poder de los ladrones, pues  con certeza los ladrones al menos debieron ser dos, ya que una sola persona no podía descolgar un marco y colocar el otro al mismo tiempo, se hubieran entretenido en volver a cambiar el último cuadro para recuperar el supuesto marco que introdujeron desmontado. Pudiera ser que no deseasen dejar ninguna pista, o bien que el marco que les sirvió para ir sustituyendo a los originales fuese... ¡el mismo cuadro que tenía en las manos! Sin esperar a que el Director respondiera a la primera pregunta, le hizo una pregunta más: ¿Cierra usted su despacho con llave cuando sale? El director dudó un instante al contestar, para decir finalmente: creo que sí...  &lt;br /&gt;          Juan siguió preguntando: Y dígame, el lugar que ocupan ahora los marcos, ¿están en el mismo orden en el que los colocaron la primera vez?  Y de nuevo,  el director respondió titubeando: si... eso creo. &lt;br /&gt;          A Juan le extrañaron las pequeñas dudas del Director del museo al responderle, y eso acrecentó sus sospechas repentinas, pues ¿quién podía conocer mejor las respuestas, sino el mismo Director?. Retrocedió un par de pasos y dejó apoyado en el suelo el cuadro que mantenía aún entre sus manos, y mientras su vista iba, del cuadro que tenía colocado a sus pies, al marco vacío que colgaba de la pared, continuó con sus cavilaciones. &lt;br /&gt;          Se dio cuenta de que el Director le observaba con interés. Juan dejó de mirar los cuadros y se sentó en uno de los bancos. Su mente no dejaba de buscar las posibles soluciones para esclarecer el enigmático robo. Con el rabillo del ojo seguía viendo al Director. Pocos instantes antes había sospechado de él. No sabía el por qué de sus sospechas. Era simplemente una corazonada, pero sus dudas al responder a las preguntas que le formuló acerca del lugar que ocupaban originalmente los cuadros, junto a la posibilidad de que el marco sustituto para evitar la alarma fuese el mismo cuadro que colgaba de su despacho... No había duda de que si el director fuese culpable, ese era un buen motivo para hacer el último cambio de marco dos veces, no dejando el cuadro de su despacho en la sala como principal pista, una pista muy evidente de cómo había actuado. Posiblemente, al anochecer había podido encerrarse en su propio despacho, disponiendo de toda la noche para despojar a los marcos de sus pinturas, ya que la sala se cierra y los vigilantes se quedan en la entrada. También podía ser que uno de los vigilantes de noche fuese su cómplice, o quizás los dos, y  en ese caso, las telas las podrían haber sacado por la misma puerta del museo sin ninguna dificultad, porque lo que parecía muy evidente, era que las telas no se encontraban ya en el museo.  &lt;br /&gt;          Levantando su cabeza en un gesto rápido, le miró a los ojos. Los ojos del Director, pillado de improviso, parecieron querer rehuir su mirada. No había duda, el director se sentía culpable, pensó Salgado. El inspector tenía las piernas cruzadas y las manos apoyadas en el tablero del asiento. Instintivamente, introdujo una de sus manos por debajo del banco. Lo había revisado aquella mañana en una de sus primeras acciones, pero en este momento pensó que quizá no lo había hecho a conciencia. Se levantó, y cogiendo el banco por uno de sus lados, le dio la vuelta. Vio lo mismo que ya había visto por la mañana, un simple banco de madera. &lt;br /&gt;          Llamó a uno de los vigilantes. Le pidió un destornillador, unos alicates y también una palanca, del tipo que fuese. El vigilante regresó al poco con unas herramientas, y Juan comenzó a hurgar por debajo del banco. Localizó unos tornillos, y trabajosamente los fue desenroscando uno a uno; luego, haciendo presión con la palanca y ayudándose de los alicates, fue separando poco a poco el contrachapado de madera que ocupaba la parte inferior del tablero. A medida que separaba el contrachapado fue apareciendo lo que sin duda era una de las telas robadas. Efectivamente, allí estaba, cuidadosamente colocada, una de las tres pinturas, protegida y escondida hasta ese momento por la madera interior atornillada al banco. Volvió la mirada hacia el Director. Este, apoyado en la única estantería de la estancia, estaba sudoroso e inquieto, con aspecto de derrota. Las dos pinturas que faltaban aparecieron en los otros dos bancos, escondidas cada una de ellas del mismo modo.&lt;br /&gt;          Ya en la Comisaría, el Inspector Jefe les saludó: Hola, Juan, hola señor Director. Hola, Jefe, respondió Juan. Éste, dijo Juan Salgado señalando al que estaba a su lado, será Director pero también es un pájaro de cuenta. Le explicó al Inspector Jefe el éxito de su investigación y de cómo había recuperado las pinturas. También la confesión completa del pájaro de cuenta al verse descubierto. Uno de los vigilantes de noche fue su cómplice, según confesó el Director, no pudiendo sacar las telas del museo por no alertar las sospechas del segundo vigilante. Ahora, Jefe, siguió hablando Salgado sin poder ocultar su satisfacción, ya podemos llamar a Scotland Yard y decirles que no es necesaria su presencia ni su investigación. Nosotros nos bastamos y nos sobramos para solucionar nuestros asuntos. El caso, está cerrado.&lt;br /&gt;                                               &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CASO SEGUNDO:   LA BUHARDILLA    &lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;          Días después, el inspector Juan Salgado, sentado frente a su escritorio, revisaba un comunicado que le llamó la atención. Pensó si lo que estaba leyendo no tendría relación con un caso en el que intervino años atrás: La Interpol había alertado a la policía española sobre la posible huida a España de un doctor perseguido por la justicia alemana. Al doctor se le descubrieron prácticas ilegales. Experimentaba con genes, mutando a animales, sin tener ningún permiso para ello. Un día, algunos animales se escaparon de las jaulas en las que estaban encerrados y causaron la muerte a varias personas. De ese modo llegaron a descubrir sus experimentos, fuera de la ley y de toda lógica, y  que el Doctor efectuaba en sus laboratorios. &lt;br /&gt;          La policía perdió la pista del Doctor en los montes de Álava. La perdieron completamente y terminaron archivándolo todo después de unos meses. Habían transcurridos muchos años desde aquello, pero Juan Salgado, después de leer el comunicado buceó en los archivos y revisó el expediente, recordando que quizás estuvo a punto de atrapar al doctor. Cuando por aquel entonces los días fueron transcurrieron sin encontrarle, su jefe les ordenó retirarse. Más tarde, al no volver a dar señales de vida el perseguido doctor, dieron carpetazo al asunto. Juan Salgado siempre creyó que podía haberle atrapado si hubiera dispuesto de libertad en su investigación, y por lo tanto, de algo más de tiempo. Estaba seguro de conocer el lugar donde hubiera podido esconderse. Juan conocía aquellos lugares por sus años de afición al excursionismo de montaña pero obedeció a su Jefe, y finalmente, decidió olvidar todo lo referente a aquél doctor. &lt;br /&gt;          Ahora recordaba aquel caso porque, el comunicado que tenía en su escritorio daba cuenta de que en los montes en los que perdieron la pista del doctor alemán, se habían encontrado los cuerpos de varios excursionistas muertos en extrañas circunstancias. Sus cuerpos aparecieron destrozados, atacados por algún animal. Parecía la obra de un ave salvaje de gran tamaño; algo extraño, pero los cuerpos llenos de picotazos, de mutilaciones y de desgarros así lo hacían pensar. Juan Salgado, en otra de sus corazonadas, relacionó enseguida la noticia de los excursionistas muertos con aquellos sucesos antiguos. Pensó si el causante no sería algún animal mutado por aquel científico al que nunca consiguieron atrapar, y era muy significativo que años atrás perdieran la pista, precisamente, por el lugar en el que se habían encontrado esos cuerpos. &lt;br /&gt;          Habló con su Jefe y recibió la autorización para investigar. Una semana, le dijo su Jefe. Si en una semana no encuentras nada, te vuelves. Otra cosa, siguió diciendo su jefe, al tiempo que le daba una amistosa palmada en la espalda: ¡que pases unos días agradables! Juan asintió y se dispuso a partir, no sin antes pertrecharse de lo indispensable para una misión como ésa. Le pareció que su Jefe no estaba convencido en absoluto de que se pudiese encontrar alguna pista referente al doctor. Posiblemente, le autorizaba para aquella misión como recompensa por su brillante actuación en el caso del robo en el museo, suponiendo que a Juan le agradaría visitar de nuevo aquellos parajes a los que antaño era tan aficionado.&lt;br /&gt;          Juan Salgado había llegado a la casona ya muy entrada la noche, y decidió esperar hasta la mañana siguiente para hablar con los que viviesen allí. Era muy tarde para regresar al pueblo, así que se resguardó bajo unos árboles cercanos, y extendiendo su saco de dormir se dispuso a descansar. No podía imaginarse que esa noche estaría cargada de tensión y que él apenas conseguiría unos minutos de descanso, ya que, a no tardar, sería protagonista de uno de los hechos más espeluznantes que nunca hubiera vivido.&lt;br /&gt;          Dentro de su saco de dormir, no podía conciliar el sueño. Se encontraba incómodo, perdida la costumbre de dormir así después de tanto tiempo. Quedó amodorrado y comenzó a soñar. Soñó que, lejos de la montaña dónde en realidad estaba durmiendo, había ido de excursión al mar. &lt;br /&gt;          Se vio frente al mar. Salgado se encontraba allí con la firme decisión de encontrar a la sirena de sus sueños. Se sentó en una roca y esperó. No tardó mucho en aparecer una sirena de cabellos de oro y pechos de nácar. La sirena le dijo que ella sabía lo que él deseaba y que por eso salía de las aguas, únicamente por él. La sirena se sentó a su lado y Juan recostó plácidamente su cabeza en aquellos senos plateados, sintiendo una felicidad que le pareció que no era de este mundo. En ese mismo momento, un ululante sonido atronó la costa, procedente del mar. Duró apenas unos segundos, los mismos segundos que duró ese sueño, y a medida que los ecos del sonido de la sirena de aquel barco de pesca que oía en su sueño se apagaban, igualmente se apagó la imagen de su sirena de cabellos de oro y pechos de nácar. &lt;br /&gt;          Pero Juan seguía soñando. Ahora se encontraba inquieto, y en su sueño volvió por la noche a ese mismo lugar, añorando a la sirena. Se sentó en la misma roca donde lo había hecho unas horas antes, anhelando de nuevo la visión de su sirena de cabellos de oro y pechos de nácar y escudriñó el mar, ahora embravecido y amenazante. Sintió frío, ¿o era un escalofrío? Entre las brumas y la oscuridad de la noche le pareció ver que algo emergía del mar. ¿Sería su sirena? Trató de verlo con claridad, pero era difícil. A medida que las olas acercaban aquella aparición, pues hasta entonces no podía definirlo de otro modo, en sus retinas comenzaron a dibujarse unas formas que en nada se parecían a su sirena. La imagen que estaba viendo cada vez más claramente, le producía... ¿cómo podría expresarlo? quizá repulsión, incluso miedo, por lo menos esa sensación le invadió, y sintió aún más frío. Alcanzó por fin a ver un cuerpo de mujer desnudo, pero con seguridad que no era su sirena. Ese cuerpo era rugoso, viejo. La cabeza, pues los rasgos de la cara no podía verlos bien, era deforme, y la cabellera parecía estar formada de cabellos oscuros y sucios, muy largos y pringosos, como estropajos viejos. La aparición movía los brazos de un modo extraño tratando de nadar para alcanzar la orilla, y aunque sus movimientos eran descompasados y hechos con poco tino, el cuerpo nudoso y anciano, moviéndose y flotando con el ritmo de las olas, se le iba aproximando imparablemente.&lt;br /&gt;          El terror le invadió. Estaba allí, solo en la noche, entre las rocas, esperando encontrar de nuevo a la sirenita de sus sueños, y ése ser repelente, suplantando a su sirena y aprovechándose del encanto de ella, había logrado hipnotizarle, no cabía ninguna duda. Le había hecho regresar por la noche con algún influjo y ahora se acercaba para apoderarse de él. ¡Quién sabe qué horrible destino le esperaba entre sus garras!  Se sentía entumecido, paralizado por el frío y el horror, pero con un gran esfuerzo de voluntad, temblando de miedo, se levantó de la roca donde permanecía casi en hipnosis y huyó. Huyó casi sin ver dónde pisaba, donde ponía los pies. Tropezó varias veces y varias veces estuvo a punto de caer entre las rocas. No miraba hacia atrás. El pánico se había apoderado de sus sentidos y no paró hasta llegar arriba, al paseo marítimo. Abrió la puerta del coche como pudo, pues no acertaba con la llave en la cerradura. Finalmente logró arrancar el motor, y salió de allí rápidamente.&lt;br /&gt;          Ya dueño de si mismo, pero con un gran nerviosismo, y mientras conducía su todo terreno, pensó en lo que había visto,. ¿Era una bruja del mar? ¿Una bruja de la noche?. No deseaba volver a casa. Aquel suceso que había logrado ponerle en tal tensión, le había dejado en un estado lamentable. Dudaba a dónde ir y decidió dirigirse a la montaña. &lt;br /&gt;          Le apetecía conducir, ir dando vueltas con el coche para recobrar la serenidad y calmarse totalmente. Comenzó a encontrarse mejor lejos del mar, bien protegido en el interior de su vehículo. Al cabo de un rato pensó que era un histérico, o por lo menos, aquellos momentos que había vivido habían sido unos momentos de puro histerismo. Rememoró a la bruja y mentalmente trató de ver todo lo sucedido bajo distintos aspectos. Seguro que no era una bruja, seguro. ¿Cómo podía serlo? Las brujas solo existen en la imaginación; se había dejado subyugar por la noche y el pánico le dominó, un pánico irracional. La explicación acudió a él con certera lógica: ¡Naturalmente! ¡Era un árbol arrastrado por el mar! ¡Un árbol arrastrado hasta la orilla y golpeado contra las rocas por la marea! ¡Y la cabeza y los cabellos serían la copa del árbol!  Y los brazos... ¡Eran sus ramas ! ¡Ramas que movían las olas! El miedo había ofuscado sus sentidos, pues algo parecido había visto alguna vez que había ido a pescar durante el día. La noche y la soledad no son buenas amigas, ni buenas consejeras... &lt;br /&gt;          Ya se encontraba completamente serenado. Al adentrarse en la montaña encontró un sendero que no conocía ¡Qué raro! Tantas veces paseando por allí y ese sendero nunca lo vio antes. Es la noche, la noche que nos hace ver todo distinto, se dijo.  Bueno, se adentraría por ese sendero desconocido. Después del miedo pasado, no temía ya a nada.&lt;br /&gt;          El sendero se estaba haciendo muy estrecho a medida que avanzaba con su coche, cuando encontró un gran claro entre la arboleda. La luna lucía ahora en todo su esplendor y podía ver perfectamente todo lo que le rodeaba, el camino, los árboles... Una fuerte sensación de paz invadió su alma y le apeteció parar allí mismo. Enfrente vio una gran cueva. Descendió del coche, y encendiendo un cigarrillo se acercó paseando, relajado ya completamente de la aventura pasada. &lt;br /&gt;          Era una cueva extraña y también era rara la vegetación que la rodeaba. Tuvo que saltar unas pequeñas rocas que estorbaban la entrada. Le hizo gracia pensar que esas rocas parecían dientes; eran como la dentadura de una gran boca desdentada, la dentadura de una vieja cueva. Pensó que su imaginación no tenía límites y se echó a reír. Dio unos pasos prudentes hacia el interior y se detuvo. Sus pies pisaban un suelo excesivamente blando. La oscuridad en el interior era grande. Avanzó un par de pasos más y notó que sus pies resbalaban. Miró hacia el suelo, y en la penumbra, vio que donde antes estaba seco ahora estaba húmedo; unos regueros de agua salían de la cueva hacia el exterior mojándolo todo. Volvió sobre sus pasos y su instinto le hizo levantar la cabeza. Asomando por el techo de la cueva, sobresalían unas rocas terminadas en agudos filos que parecían estalactitas apuntándole, pero le pareció que no las había visto cuando llegó. Dirigiéndose hacia la salida, desandó lo andado dando un paso hacia un lado y luego hacia el otro, con cuidado para no resbalar. A cada paso que daba, la cueva temblaba más y más, y los regueros de agua, pegajosos, eran cada vez mayores. Lo estaba viendo pero no lo podía creer. ¡No podía ser! ¡Aquello no podía ser verdad! ¡Pero, sí, Dios! ¡Sí que era verdad! ¡Aquello era la entrada de una gran garganta, era una boca enorme! ¡Y lo que parecían dientes, eran realmente dientes enormes y afilados...! Se fijó de nuevo en las rocas del techo y le pareció que bajaban hacia él, como si la gran boca estuviese cerrándose, tratando de atraparle. Inmediatamente volvió a pensar en la bruja, envidiosa de su sirenita. La bruja debía haberle perseguido hasta allí. Seguro que estaba soñando, seguro que debía ser un mal sueño pero corrió, corrió como alma que quiere llevarse el diablo.&lt;br /&gt;          Mientras Juan Salgado dormía y soñaba inquieto dentro de su saco de montaña, a poca distancia de la gran Casona, un pequeño habitante de esa casa vigilaba, al igual que había hecho durante muchas noches, una grieta del techo del salón. Ese pequeño habitante escuchaba atentamente. Oía ahí arriba una respiración extraña, sorda y profunda. No podía imaginar el aspecto del ser que se ocultaba tras aquel techo y esperaba, agazapado en la oscuridad, a que se asomase. Esa noche, por fin, mientras observaba la grieta, vio cómo emergía lentamente.&lt;br /&gt;           Tuvo un momento de terror y trató de esconderse, de pasar desapercibido. Desconocía qué clase de bestia podía ser capaz de vivir en una grieta, y aunque su curiosidad era enorme, sentía temor. Acechando agazapado, procurando no descubrirse, permaneció semioculto detrás de uno de los dos grandes sillones del  salón. Temblaba de miedo y de emoción, pero pensó que por fin sabría a qué bicho pertenecía aquella respiración que durante tantas noches había escuchado. Y su olor, el olor que percibía, era fuerte y extraño. Necesitaba saber qué criatura se escondía allí. &lt;br /&gt;          Las luces estaban apagadas, sólo una tenue claridad que alcanzaba a entrar por las ventanas alumbraba la sala, creando sombras fantasmagóricas. Lo que empezó a emerger por la grieta le asombró; nunca había visto algo igual. La débil claridad no le permitía verlo bien, y con las pupilas totalmente dilatadas se esforzó para no perder ningún detalle de lo que ya, sin ninguna duda, pensó que era una inmunda bestia. &lt;br /&gt;      Contempló a un ser repelente y oscuro, de un tamaño algo mayor al suyo propio. Primero unas garras aparecieron por la hendidura, ensanchándola, y luego, lo que parecían unos terribles ojos llenos de fuego dirigieron su mirada por la habitación. Estremecido, se encogió aún más, temeroso por poder ser descubierto, y se dio cuenta de que él podía ser vulnerable ante aquel ser horrible y desconocido. No debería haberse escondido detrás de ese sillón. Observó unos dientes tremendamente afilados y contempló aterrado a ese ser que, afianzándose en la grieta con sus garras, estaba descolgando su cuerpo del techo, un cuerpo que era lo más horrible que nunca hubiera podido imaginar y ni siquiera soñar en sus más horrendas pesadillas. Su color era oscuro, entre pardo y negro, y a cada lado de su cuerpo sobresalían lo que parecían ser unos grandes omoplatos cartilaginosos tan largos y altos como el mismo ser, llenos de membranas de color negro. Con las garras todavía afianzadas en la grieta, ese desconocido ser se balanceó en el aire, como calculando el salto que con seguridad iba a dar hacia el interior del salón. &lt;br /&gt;          Durante unos segundos, ese pequeño habitante de la gran casona se preguntó si no estaría en realidad soñando y sufriendo una pesadilla. El estremecimiento que le recorrió todo el cuerpo, y el temblor que no podía dominar, le hizo ver que lo que estaba viviendo era una terrible realidad. Su mente le decía : ¡Huye! ¡Huye! Pero se sentía incapaz de moverse, y además... sabía que ya no tendría tiempo de huir, esa bestia se le echaría encima en cuanto le viese, le atraparía con sus garras y le devoraría con sus afilados dientes. &lt;br /&gt;          La bestia seguía balanceándose atenta y vigilante, notando o quizás oliendo su presencia, como si supiera que él estaba ahí y adivinase que de un momento a otro él saldría corriendo, y esperando ese momento de debilidad suya para atacarle. Con seguridad que no tendría ninguna oportunidad de huir ni salvación alguna si huía, pensó, mientras procuraba mantenerse, a pesar de su temblor, astutamente quieto y silencioso. Decidió heroicamente luchar por su vida, defenderse hasta morir. Moriría matando, ya que no tenía otra opción. Quizás él podría también herir a la bestia antes de ser engullido, y quizás el ruido que se produjese durante la lucha despertaría y alertaría a toda la familia para que pudieran ayudarle.&lt;br /&gt;          Los ojos de la bestia tenían ahora la mirada fija en el sillón dónde él se había ocultado, como si lo hubiera descubierto, quizá, por el olfato, y observó cómo ahora ésta se balanceaba con fuerza, con más impulso... Si no era un sueño ¿Qué era aquello ? ¿Cómo podía ser que eso estuviese sucediendo ? Sabía que la rendija, allá arriba, posiblemente daba a la gran buhardilla tanto tiempo cerrada, cerrada durante años y tan grande como aquél gran caserón, un caserón solitario perdido entre los montes de Alava, y a muchos Km. de distancia del pueblo más cercano. Muchas veces había intentado subir hasta la buhardilla, pero la puerta estaba atrancada e incluso era difícil llegar hasta allí. El acceso era complicado, con los pasillos llenos de muebles viejos amontonados unos encima de otros, mugrientos, llenos de polvo y de telarañas. Aunque siempre tuvo gran curiosidad, innata en él, prefirió finalmente ignorar esa parte de la casona. Ahora ya sabía, ya tenía la certeza de que la maldad anidaba allá arriba, en esa buhardilla sucia y olvidada durante tantos años. &lt;br /&gt;         Continuó observando el balanceo de la bestia y cómo fijaba su mirada en el sillón que le servía a él de escondite. Supo con seguridad que le había descubierto, que había llegado el momento del enfrentamiento. La bestia, con un último impulso se precipitó hacia él, se le echó encima adelantando las temibles garras, al tiempo que extendía unas grandes alas negras, picudas y membranosas, que rompieron con su aleteo el silencio de la noche y de la casona. &lt;br /&gt;         La decisión estaba tomada y él salió a su encuentro. El choque fue terrible, brutal, y la bestia, que no lo esperaba, rodó por los suelos. Los dos rodaron casi abrazados y casi desvanecidos por el tremendo golpe, pero él se rehizo enseguida, no podía dar tregua a tan odiada enemiga. Se levantó rápidamente y atacó con furia. La bestia, otra vez sorprendida, quiso evitarle y trató de volar con desespero, más bien inició un vuelo atolondrado para huir del ataque pero tuvo mala fortuna, golpeándose contra el espejo de una consola y derribando un jarrón. La bestia cayó de nuevo al suelo aturdida, herida y sangrante, entre fragmentos de cristales rotos y trozos del jarrón hecho añicos. Esa ocasión era inmejorable, el pequeño habitante no podía desaprovecharla, y dando un gran salto se echó encima de la bestia para inmovilizarla con sus cuatro patas y con el peso de su cuerpo, al tiempo que hincaba fuertemente en ella sus afiladas uñas. Mordiendo con toda la fuerza de que era capaz, hundió ferozmente sus colmillos en el repelente cuello y  la bestia quedó inmóvil, derrotada, muerta. &lt;br /&gt;          Apenas dos minutos después, se abrió la puerta del salón y entró Jon, en pijama, con vivas muestras de alarma en su rostro y quedándose asombrado al encender las luces y contemplar la escena. ¡Arantxa! dijo a voces ¡No pasa nada! ¡Puedes seguir durmiendo! No tiene importancia, es el gato que ha cazado a una especie de rata, y ha destrozado... ¡Vaya por Dios! Ha roto el jarrón de la consola y también el espejo. Y esto que hay aquí, a ver, parece un murciélago, pero... es un murciélago muy extraño, dan escalofríos con solo mirarlo ¡Qué raro! ¿Por dónde habrá entrado? Y mirando al gato, le felicitó: ¡Muy bien, pequeño! ¡Te has portado bien! ¡Lástima de espejo, con la mala suerte que da romper uno!&lt;br /&gt;          Cuando apenas estaba terminando de hablar, Jon observó que el gato no estaba haciéndole ningún caso, ni a él ni a la bestia muerta, y mantenía la mirada fija y atenta, dirigida hacia lo alto, por encima de su cabeza. También notó que algo húmedo, agua quizás, le caía encima mojándole. Jon se tocó con los dedos y enseguida advirtió que era muy pringoso, parecía una extraña baba. Al mismo tiempo oyó unos ruidos en el techo. Miró hacia arriba y vio la grieta. ¡Claro ! Ya sabía yo que ahí arriba tenía que haber de todo... siguió diciendo. Pero la sangre se le heló a Jon en las venas, cuando se dio cuenta de que el techo alrededor de la grieta se estaba desmoronando. Del techo estaban cayendo grandes trozos al suelo abriéndose un enorme boquete allá arriba, y unas grandes garras, más grandes que el mismo Jon, aparecían por el agujero, y dos ojos horribles, tan grande cada uno de ellos como la cabeza de un hombre, dirigían hacia él su horripilante mirada. Una horripilante mirada llena de fuego y de odio...&lt;br /&gt;          La mayor parte del techo ya había caído al suelo del salón, llenándolo todo, y al mismo Jon, de grandes trozos de yeso. En ese momento, durante unas décimas de segundo y paralizado por el pavor, Jon pudo ver casi en su totalidad a una repelente bestia negra de más de tres metros de altura, dirigiendo sus garras hacia él. Tenía una gran cabeza de rata, y en esa asquerosa, enorme y horripilante cabeza, una horrenda boca babeante muy abierta y llena de grandes y terroríficos colmillos, como enormes cuchillos afilados. No pudo ver más, pero en el mismo instante en que la bestia, de enormes alas picudas y membranosas, tan altas como ella misma y que ni siquiera había llegado a extender, se le echaba encima, Jon comprendió que el asqueroso y pequeño bicho que había visto muerto en el suelo del salón, cazado por su gato, era una cría de ese ser abominable. El horroroso animal ya estaba encima de él, y cuando la enorme boca de la bestia atrapó la cabeza de Jon y comenzó a devorarle, lo último que Jon oyó, fue un alarido ronco y profundo que provenía de la garganta del animal. &lt;br /&gt;          Juan Salgado entró en la casa después de forzar la entrada, alertado por la lucha y el estrépito que oía dentro, y alcanzó a ser testigo de una escena que durante unos segundos le paralizó. Oyó las últimas palabras que Jon estaba pronunciando, y cómo éstas se quedaron convertidas en palabras tartamudeantes y casi ininteligibles ante el ataque de la bestia. También oyó los gemidos roncos y el alarido final del animal, y reaccionando rápidamente, disparó todo el cargador de su pistola automática sobre la horrenda bestia. &lt;br /&gt;          Más tarde, llamó a su Jefe. Hola, Jefe, le dijo. Tenía yo razón, aunque he llegado algo tarde para poder salvar a alguien. Estoy en aquella casona vieja de la que le hablé. Vivía aquí un matrimonio. La mujer está bien, pero el marido acaba de morir atacado por un ave enorme. He matado a la bestia a tiros. Al parecer, ese ave fue creciendo y viviendo en la buhardilla de la casa, junto a una cría que ahora también está muerta,. He llegado, justamente, cuando el ave atacaba y mataba al propietario de la casona. La he matado a tiros, como ya le he dicho, y luego he subido a la buhardilla y la he revisado de arriba a abajo. A no ser que haya alguna bestia suelta por los montes aquí ya no hay nada, excepto el cadáver de alguien que murió hace ya mucho tiempo, posiblemente el doctor. Lo que queda es un puro esqueleto. Hay aquí arriba muchos cachivaches como de laboratorio, pero la mayoría de las cosas están rotas. Parece que las aves tenían aquí su madriguera y también parece que una de las aves se cargó al doctor. El esqueleto tiene el cráneo destrozado. No, jefe, es imposible saber si hay más aves sueltas por ahí. Será mejor que venga un equipo para dar algunas batidas por los montes. Yo esperaré aquí. Si, jefe, creo que este caso también está cerrado.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-8125816243909106940?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/8125816243909106940/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=8125816243909106940' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/8125816243909106940'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/8125816243909106940'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/casos-cerrados.html' title='CASOS CERRADOS'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-4205639183788746118</id><published>2010-02-04T07:17:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T07:17:16.360-08:00</updated><title type='text'>COMO VERDADEROS CASCABELES</title><content type='html'>Sus risas resonaban alegremente cantarinas como deliciosos cascabeles. Yo no podía evitarlo, sus risas siempre me producían un intenso cosquilleo que entraba por mis oídos y me recorría todo el cuerpo, hasta llegar finalmente hasta los dedos gordos de mis pies.&lt;br /&gt;     Al principio, cuando la conocí, yo intenté resistir estoicamente, soportando la tortura del picor en mis dedos gordos. Encogía los pies dentro de los zapatos, deseando que se calmase ese picor, pero finalmente, y al no ser capaz de resistirlo, determiné descalzarme tan pronto como mis dedos me picasen y exigiesen ser rascados, y eso era siempre que me encontraba ante Rosarito, la niña de la fácil risa. &lt;br /&gt;      Un día aciago, Rosarito me dijo que siempre le había extrañado que cuando nos veíamos yo me descalzase y comenzase a rascarme los pies, que no comprendía esa manía mía y que a ella no le importaba, pero que no había dejado en ningún momento de parecerle chocante ese acto y también algo maloliente y, desde luego, nada elegante. &lt;br /&gt;    No he dejado de pensar en ese día en el que tanto me azoré y no supe reaccionar debidamente, pues recuerdo que yo contesté con verdadera simpleza: Rosarito, niña, es que tú... ¡continuamente estás riendo! Rosarito me miró, desconcertada, y entonces soltó su fácil risa con las más altas notas que yo hubiera oído antes, diciéndome sin dejar de reír: y eso, ¿qué tiene que ver?. Pero yo, pobre de mi, turbado y con más cosquillas y picores que nunca, no supe decir nada, atareado como estaba por las prisas para descalzarme. Y Rosarito se alejó, dejándome sentado en el suelo, desconsolado y con las botas ya fuera de mis pies, mientras comenzaba a rascarme con furor y muy apenado por no haber sabido explicarme. &lt;br /&gt;    Y como desde entonces, Rosarito ya no quiere saber nada de mi, he perdido dos placeres: uno, el de oír su risa de cascabeles, y el otro, el de rascarme los dedos de los pies.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-4205639183788746118?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/4205639183788746118/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=4205639183788746118' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/4205639183788746118'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/4205639183788746118'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/como-verdaderos-cascabeles.html' title='COMO VERDADEROS CASCABELES'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-6496920746962679633</id><published>2010-02-04T07:16:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T07:16:47.080-08:00</updated><title type='text'>MI GATA, LA PRINCESA</title><content type='html'>Tengo una gata y también una manía. Desde hace mucho tiempo creo que mi gata no es lo que parece. Estoy convencido de que bajo su personalidad de gata oculta la de un ser especial. Lo pienso porque siempre con su mirada es capaz de transmitirme sus más mínimos deseos, y si yo dudo ante lo que me pide y me quedo dubitativo, entrecierra sus ojos y mueve sus pestañas coquetamente, con languidez, como diciéndome: Si tú no me lo das, ¿quién lo hará? Siempre acaba convenciéndome, la muy lagarta. Conoce mis pensamientos y sabe los movimientos que voy a hacer antes de que yo mismo lo sepa. Su nombre es Kimshasha, aunque yo la llamo Kimsa, y su raza es Común Europea. Parece un pequeño tigre. &lt;br /&gt;      Llevo varias noches que no puedo pegar ojo por culpa de Kimsa. En lo mejor de mi sueño sube silenciosamente a mi cama y se acurruca entre mis brazos, colocando su pequeña cabecita en mi hombro. Entonces, empieza a ronronear suavemente, como si me cantase una nana con mucha dulzura, por lo bajito, única y exclusivamente para mi, y cuando eso ocurre, ya no puedo seguir durmiendo.&lt;br /&gt;       Tiene ahora cinco años y nunca me había hecho antes algo parecido. Por su edad ya va para solterona, y es posible que haya decidido evitarlo, haciéndome arrumacos y tratando de conquistarme. &lt;br /&gt;      Yo no creo en cuentos de niños ni en cuentos de hadas, nadie que esté en su sano juicio puede creer en ellos. Sin embargo, se me ocurre que esta gata, tan ladina y tan coqueta, bien pudiera ser una princesa encantada. Dicen que en las leyendas que conocemos de siempre, existe algo de verdad.&lt;br /&gt;      Fue esta noche pasada, cuando al notar de nuevo su cálido cuerpo junto al mío, apoyada su cabecita en mi hombro una vez más, rozando y haciéndome cosquillas en la mejilla con sus bigotes de pequeña tigresa, y ronroneándome dulcemente al oído, no pude resistirme. Me sentí como un niño y deseé ser un príncipe, como el príncipe del cuento que da un beso a la ranita encantada, y entonces, esa ranita, con el beso, recobra su forma natural, convirtiéndose en una linda princesa. Quizá ocurriese, quizá mi gata fuese una princesita. No perdía nada por probar. Ladeé e incliné mi cabeza y le di a mi gata un pequeño y suave beso en sus morritos.&lt;br /&gt;      Y lo que ocurrió fue que, Kimsa, mi princesa, al notar mi beso apretó aún más su cabecita junto a la mía y ronroneó con más fuerza que nunca.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-6496920746962679633?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/6496920746962679633/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=6496920746962679633' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6496920746962679633'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6496920746962679633'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/mi-gata-la-princesa.html' title='MI GATA, LA PRINCESA'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-849384922889804421</id><published>2010-02-04T07:15:00.002-08:00</published><updated>2010-02-04T07:16:21.745-08:00</updated><title type='text'>NO ERA UNA PESADILLA, PERO...</title><content type='html'>Creí estar soñando cuando entré en mi casa y me di cuenta de que a pesar de ser mi casa, de la que había salido apenas hacía unos cuatro o cinco minutos, mis familiares ya no eran los mismos. La puerta la dejé entreabierta para no tener que llamar a mi regreso, y al volver, la puerta continuaba igual, entreabierta. También el recibidor era el mismo, con su perchero conteniendo el sombrero negro de mi tío sacerdote. los mismos muebles, el largo pasillo, la misma pintura conocida en las paredes... Cuando llegué al comedor me quedé perplejo. Pocos minutos antes había querido salir a la calle para comprar unas chucherías en el quiosco que hay enfrente del mismo portal, e insistí en ello hasta que me dieron permiso. Yo podía ponerme muy pesado si no me dejaban hacer lo que se me antojaba, y conociéndome, me dijeron: Está bien, baja y no tardes, que enseguida estará la comida preparada, ya ves que todos estamos sentados a la mesa; y deja la puerta entreabierta, así no tendremos que levantarnos para abrirte cuando vuelvas. &lt;br /&gt;           Y, ciertamente, cuando volví y entré en el comedor con mis chucherías compradas, todos seguían sentados a la mesa y habían comenzado a comer. Solo que algo había cambiado en las expresiones de mis familiares. Era mi familia, no tenía duda, pero... Miré a mi tío que seguía llevando su túnica de sacerdote, pero su cara era distinta, no era la cara de mi tío. Miré a los demás y vi que a pesar de parecer los mismos, sus rostros, igual que el de mi tío, no eran los rostros de mis familiares. Repasé el comedor con los ojos sin atreverme a decir nada y vi que nada allí había cambiado, sólo la gente. Me di cuenta de que, allí parado, sin decidirme a hablar porque creía estar teniendo una pesadilla, estaba llamando la atención de todos. Me miraban extrañados y advertí que ellos hacían como si no me conociesen. ¿Quién eres tú? me preguntaron. Yo no supe responder, pero me parecía que la pesadilla ya se estaba prolongando demasiado. ¿Qué podía hacer yo ante una pesadilla como ésta? Me invadió una terrible sensación de soledad. Me sentí terriblemente abandonado como me ocurría siempre que tenia pesadillas parecidas, como cuando la bruja estaba a punto de cogerme por el pasillo y yo no podía chillar, sabiendo que mis padres estaban ahí cerca pero que no podían ayudarme porque no me oían; de mi garganta no salía la voz. Chillaba y chillaba pero mis gritos salían mudos. Entonces trataba de correr, era la única salvación que tenía. Y corría y corría, pero mis piernas no me movían del sitio donde me encontraba; seguía en el mismo sitio por mucho que intentase huir. Y la bruja estaba cada vez más cerca, ya alargaba su tremenda garra para cogerme... Y entonces me despertaba chillando. Esta vez no traté de chillar, ¿de qué podía valerme aunque mis gritos pudiesen oírse? No tenía a nadie para ayudarme, pues era  mi misma familia a la que estaba viendo allí, delante de mi, y sin embargo, no lo era, ¡No era mi familia!. No sabía qué podía hacer: ¿irme de allí? ¿adónde? ¿acaso no era ésa mi casa?. No parecía que aquella gente quisiese hacerme daño. Quizá debía esperar a despertarme y entonces ya habría pasado todo. Oí a mi tía, la hermana de mi tío cura, que aunque se parecía no tenía su cara, que decía: ¡Ah! ya sé. Debe ser el chico de arriba, que se ha equivocado de piso. Yo no entendía nada, pero así era, me había equivocado de piso. Me acompañaron al piso de arriba cuya puerta estaba entreabierta y cuyo recibidor era idéntico, con un perchero idéntico y encima del perchero un sombrero negro, de cura, también idéntico. Y la misma distribución y los mismos muebles, y las mismas paredes y con el mismo color, todo tan conocido por mi...&lt;br /&gt;           Cuando llegamos hasta el comedor, allí estaba mi familia de verdad sentada a la mesa, esperándome.&lt;br /&gt;           Aquella sensación de desconcierto, de sentirme abandonado, de sentirme como si yo fuese el centro de algún conjuro, no la olvidaré jamás. &lt;br /&gt;          En el edificio donde vivía mis tíos únicamente vivían sacerdotes y la decoración de todos los pisos era idéntica. Me dejaron mis padres con mis tíos, a su cuidado durante unos días, y la casualidad quiso que me equivocase de piso. Por supuesto que yo no tenía ni idea de que todos los pisos era iguales y que en todos vivían sacerdotes. Y para mayor casualidad en los parecidos, el sacerdote que vivía abajo tenía una criada que era parecidísima a mi tía.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-849384922889804421?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/849384922889804421/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=849384922889804421' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/849384922889804421'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/849384922889804421'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/no-era-una-pesadilla-pero.html' title='NO ERA UNA PESADILLA, PERO...'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-8987798579759606658</id><published>2010-02-04T07:15:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T07:15:44.807-08:00</updated><title type='text'>EL TONTO DEL HIGO</title><content type='html'>Yo conocí al tonto del higo una mañana de verano en la que, varios amigos y yo, fuimos a la montaña de Montjuich. &lt;br /&gt;           En aquellos tiempos, ya algo lejanos, la Montaña no estaba tan urbanizada como está ahora; fuera de la carretera principal que la atravesaba, existían grandes pinedas y zonas boscosas. A una de esas zonas la llamaban “Els tres pins” (Los tres pinos) y muy cerca, además de los pinos que daban su nombre al lugar, crecían hermosas higueras. Los domingos y días de fiesta, “Los tres pinos” se llenaban de familias deseosas de campo y de aire sano; escogían un sitio que les agradase y allí se asentaban. Los chiquillos correteaban y disfrutaban jugando entre las grandes rocas que por allí abundaban y los mayores charlaban o jugaban también, pero a las cartas. Y a la hora del mediodía, unas familias destapaban tarteras donde llevaban la comida que habían preparado en su casa o bien asaban chuletas en fogatas que improvisaban y que encendían con ramas secas, y otras, guisaban grandes paellas de arroz que colocaban encima de piedras, a modo de fogones. En ocasiones se formaban grandes broncas, rompiendo la paz y la alegría que solía presidir el lugar. Unas veces, las broncas surgían entre familias distintas por disputarse el espacio que habían escogido, y otras, entre miembros de una misma familia, quién sabe el por qué.&lt;br /&gt;           Nosotros, como era época de vacaciones, no necesitábamos esperar un día de fiesta para ir a corretear por Montjuich. Las vacaciones eran largas y tediosas y nos las ingeniábamos para hacer cada día algo distinto y que nos divirtiese. Si se nos ocurría que aquel día “tocaba” ir a Montjuich, pues hacia la Montaña nos encaminábamos decididos, a pesar de que la caminata era larga. Atravesábamos Pueblo Seco, barriada que se encuentra a los pies de la Montaña, y una vez en ésta, buscábamos vericuetos complicados pero que nos facilitaban no tener que dar largos rodeos. Llegábamos a la carretera principal, hasta encontrar la fuente “del caracolillo” y nos internábamos de nuevo por senderos que nos llevaban directamente a la zona de los pinos y de las higueras.&lt;br /&gt;           Si todo iba bien, y decir que iba bien significaba no encontrar bandas rivales -pues en ese caso, y sin saber muy bien los motivos, estábamos obligados a disputarnos a pedradas el territorio-  nos encaramábamos a las higueras y nos apropiábamos del fruto, todavía algo verde, y que al arrancarlo, desprendía un jugo blanquecino y lechoso por el extremo que se había mantenido, hasta ese momento, unido a la rama del árbol. Los higos estaban duros, que no maduros, pero eran dulces y se comían con placer, aunque si los que comíamos estaban demasiado verdes, nuestros labios se hinchaban y nos escocían debido a ése jugo lechoso, así que una vez arrancados los higos del árbol, y antes de comerlos, precavidamente cortábamos esa parte lechosa del fruto. &lt;br /&gt;           Uno de esos días, apareció ante nosotros un chiquillo desgarbado y que nos pedía que le diésemos algunos de los higos que habíamos estado cogiendo. El chiquillo, de unos catorce años, evidentemente mayor que cualquiera de nosotros, que ninguno superábamos la edad de once años, no sabía o no podía hablar pues solo emitía sonidos guturales e incomprensibles, pero nos alargaba su mano en un inconfundible gesto de pedigüeño. Iba mal vestido, con ropas desgastadas y rota por muchos sitios. Sus labios estaban rojos e hinchados, llenos de  costras secas y de heridas abiertas y de su boca, parece que perennemente abierta, en la que se le veían unos dientes negros y la mayoría rotos, caía un interminable hilo de baba. La expresión de su rostro era el de un ser anormal, igual que su actitud. Recuerdo que ese chiquillo tan estrafalario llamó mucho mi atención, pues fue el primer tonto que yo veía; nunca antes había estado tan cerca de ninguno. Todo él me inspiraba asco pero también lástima y al contrario que mis compañeros, que trataban de hacerle huir, quise entregarle los higos que yo había cogido y que llevaba en mis manos. El tonto despreció los mejores higos, los más maduros, y cogió los verdes, llevándoselos a su boca y chupeteando todo aquel líquido blanquecino y pegajoso con verdadero placer. Entendí entonces el porqué de las heridas de sus labios. Mientras chupeteaba los higos, su garganta y su boca emitían evidentes sonidos de satisfacción, algo así como ¡Uh.Uh!. Entonces, el tonto, al parecer, quiso agradecer mi gesto, ya que por lo visto era incapaz, por él mismo, de poder coger los higos de los árboles, cosa que nosotros hacíamos fácilmente y trató de abrazarme tiernamente. Le rechacé con suavidad para no herir sus sentimientos y fue cuando, al no dejar que me abrazase, y sin duda persistiendo él en su afán de complacerme o simplemente porque yo le agradaba, siguió con sus intentos, pero entonces advertí que éstos eran claramente obscenos, pues la forma en que intentaba abrazarse a mi no tenía nada de amistad ni de fraternidad. Me separé con asco y me uní a mis amigos que ya se alejaban. Eché una última mirada al tonto y vi que éste me hacía gestos inequívocos, haciéndome entender con aspavientos que no me marchase, que se quedaba muy triste sin mi compañía.&lt;br /&gt;           Nunca volví a ver a ese pobre retrasado mental, al tonto del higo.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-8987798579759606658?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/8987798579759606658/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=8987798579759606658' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/8987798579759606658'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/8987798579759606658'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/el-tonto-del-higo.html' title='EL TONTO DEL HIGO'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-6868399178819597458</id><published>2010-02-04T07:14:00.000-08:00</published><updated>2010-02-04T07:15:07.079-08:00</updated><title type='text'>EL PARAGUAS DE SAN PEDRO</title><content type='html'>Hace años que me reservaba esta historia. No encontraba el momento de contarla a nadie y mucho menos de escribirla. No encontré nunca el momento porque siempre pensé que era improbable que alguien pudiese creerla y no deseaba que me tachasen de loco o de visionario, pero hoy me he sentado frente al ordenador dispuesto a escribirla para que todo aquél que desee leerla, pueda conocer que en este mundo existen muchos misterios y hechos asombrosos; hechos y designios que escapan a nuestra razón. &lt;br /&gt;           Un día, en un instante indeterminado pero crucial para mí, el paraguas de San Pedro me protegió. El paraguas protector que San Pedro me envió detuvo “mi tiempo”; lo detuvo y sin dejar que transcurriese me trasladó lejos del peligro inminente, lejos del lugar en el que sin duda hubiera terminado mi vida. Una vez hecho esto, dejó que mi tiempo, el tiempo de mi existencia, continuase su marcha.&lt;br /&gt;          Desde ese día he ido repasando en mi mente aquel suceso sin encontrar otra explicación más que la de creerme ser un elegido; que un ángel me había escogido y protegido por algún motivo. Durante años me sentí importante, me creí alguien especial; un hombre que esperaba ser receptor o protagonista en un futuro de algún destino predeterminado e ignorado hasta el momento en que me fuese revelado. Hice, de ese modo, muchas especulaciones, pero viendo que en mi vida no ocurría nada espectacular y tampoco algo que después de ese suceso encontrase singular o distinto a lo que siempre había sido mi proceder, pues mi existencia ha ido transcurriendo de forma monótona, me dije que quizá la razón de haber sido salvado por el paraguas de San Pedro, -entiéndase lo de paraguas de San Pedro como una alegoría- fuese simplemente porque mi vida estaba engarzada a la de muchas otras vidas y que mi supervivencia podía ser necesaria por la simple razón de estar unido a ellas, y si yo desaparecía, esas otras vidas podrían verse innecesariamente trastocadas. Llegué finalmente a la decepcionante conclusión de que yo no era un elegido de nadie y dejé de considerarme importante, no obstante seguir siendo “aquello” un misterio profundo y apasionante... &lt;br /&gt;           Creo haber interpretado por fin, después de tantos años, lo que me ocurrió un mediodía del año 82, y esa explicación la ofrezco al final de mi relato. Valga decir, adelantando algo mi explicación final, que además de la posibilidad de considerarme un ser especial barajé otras alternativas. Una de ellas es que nuestra mente actúa en determinados momentos sin que nuestro cerebro pueda ofrecernos luego ese recuerdo, y si pretendemos dar una interpretación lógica a lo ocurrido somos totalmente incapaces de hacerlo; no hay explicación ni recuerdo de lo que pasó, sólo el antes y el después.  A eso se le suele denominar “mente en blanco”, pero que no significa necesariamente que durante esos segundos o minutos hayamos quedado incapacitados o que no hayamos hecho algo determinado, sino que realmente  hemos actuado de algún modo, aunque nos sea imposible recordarlo. Naturalmente, esto no es ningún misterio. Lo que es realmente misterioso, y aún, al rememorarlo, se me eriza el vello, es ver cómo, en el mismo instante en que te das cuenta de que ha llegado irremediablemente tu fin y que no puedes evitarlo porque no hay ninguna salida a esa situación, te encuentras de repente lejos de ese peligro, muy lejos y a salvo y -esto es lo verdaderamente asombroso- sin haber transcurrido siquiera una fracción de segundo. &lt;br /&gt;           Aquél mediodía del año 82... Era sábado y como todos los fines de semana la fábrica había cerrado sus puertas. Dentro quedaban dos perros guardianes. Esos perros eran amistosos pero su aspecto imponía y con ellos nos sentíamos más seguros. No son los perros los protagonistas del misterioso suceso, pero ellos fueron los causantes indirectos de lo que me ocurrió aquél día después de ir a llevarles su comida y abrir las puertas para que retozaran un poco en libertad. &lt;br /&gt;           Estábamos en aquel sábado de 1982, cuando abrí las puertas de la fábrica para que los perros pudieran corretear y airearse algo. Dispuse la comida en el suelo, encima de unos papeles plastificados, y llené los cubos con agua limpia. Esperaba que regresaran al cabo de  pocos minutos como siempre hacían pero aquel día no ocurrió así. Recordé que mi mujer me había dicho: No les lleves la comida ahora, que se ha hecho muy tarde y están a punto de llegar nuestros amigos. Sabes que no hemos reservado mesa, y si nos presentamos tarde al restaurante quizá no haya sitio libre; ya llevarás luego esa comida. Pero mis perros también tenían derecho a comer a su hora y no más tarde; y eso es lo que contesté, y además, añadí, no tardaré demasiado. Y les llevé la comida a pesar de las protestas de mi mujer. &lt;br /&gt;           En lugar de los diez minutos de paseo que acostumbraban, tardaron más de una hora en volver a la fábrica. Muchas veces les llamé a gritos aunque no supiese dónde podían estar y otras tantas veces estuve a punto de cerrar las puertas y dejarles afuera. Pero me dio pena que a su regreso encontrasen todo cerrado y tuviesen que quedarse en la calle además de no poder comer lo que les había llevado. Por fin regresaron y echándoles una gran broca les metí adentro y cerré las puertas con mucha prisa. Ya todo lo hice con prisas. No dejaba de mirar el reloj. Puse el coche en marcha con prisas, con tantas prisas que en el primer momento no logré arrancar el motor. Y es que no había anulado el desconectador de batería que siempre activo al bajar del coche. Luego, en la carretera encontré que todos los coches marchaban despacio. Demasiado lentos para mi gusto y para poder recuperar el tiempo que miserablemente había perdido por culpa de los malditos chuchos.&lt;br /&gt;           Mi coche era rápido para aquel año 82. Alcanzaba algo más de 200 Km/hora, pero su rapidez estribaba más en la aceleración que en la propia velocidad punta. Fui adelantando a todos los vehículos que estorbaban a mis prisas, y me desesperaba cuando por culpa de la raya continua no podía hacerlo. Llegué al desvío de la carreterilla que... aquí he decidido que figuren los datos exactos para que todo el que conozca o haya conocido el lugar pueda verificar que esos datos son ciertos, y doy fe de que todo lo que he relatado y relataré aquí, también lo es. Desde la carretera catalana que va de Granollers hasta Sant Celoni,  y para acceder a Santa María de Palautordera, existe un desvío a la izquierda. Tomé el desvío después de permanecer parado en el Stop lo que me pareció una eternidad y comencé a ascender a gran velocidad. Es una carretera con bastantes curvas, pero la conocía bien y mi coche y mis reflejos eran perfectos. Recuerdo mi velocidad, 110/120/130 Kms./hora. Tuve que aminorar de pronto la velocidad al encontrar en mi camino a dos vehículos. Me impacienté. Delante de mi corría, igual a como puede correr una tortuga, un pequeño coche, y delante de éste otro aún más pequeño, pequeño de tamaño, de motor y de todo. No parecían tener ninguna prisa. Pero yo no soy un suicida y solamente corro cuando puedo hacerlo, sin riesgos, a pesar de que correr siempre los conlleva. Las curvas estaban muy cerca unas de las otras y adelantar allí, sin visibilidad y sin saber si podría encontrarme a alguien de frente y sin tiempo ni espacio para rectificar, hubiera sido un suicidio. Me fui desesperando más y más. Miré la hora en el reloj del coche. Ya eran las 14,55. No había tardado apenas nada para llegar hasta el desvío y ahora, por culpa de esos dos pazguatos, a saber cuándo llegaría a mi casa. Seguro que tardaría más en recorrer esos seis Km. que los casi veinte de antes. Mi familia y los amigos estarán desesperados... Y por descontado que cuando lleguemos al restaurante no habrá sitio... Esos eran mis pensamientos  con los nervios a flor de piel. Vuelvo a mirar el reloj. Las 14, 59. Estamos cerca de llegar a una curva que hay antes de un estrecho puente. En realidad todavía falta un buen trecho para llegar a la curva. Ahí podría adelantar por lo menos a uno, al que llevo inmediatamente delante. Pero desecho la idea. Si no puedo adelantar a los dos a la vez no me servirá de nada. Después de esa curva está el puentecillo que cruza a gran altura las vías del Ferrocarril. Su angostura no permite que pueda cruzarlo más de un vehículo a la vez, y además de ser estrecho es sumamente peligroso ya que se encuentra inmediatamente al salir del viraje. Si se va deprisa no hay tiempo para reaccionar ante un imprevisto. Y luego siguen curvas y más curvas, donde tampoco podré adelantar... Cuando me esté permitido hacerlo, ya adelantaré a los dos. Eso me dije, pero desmintiéndome a mi mismo y despreciando mi propia valoración de la situación, en un impulso introduje una relación de cambio más corta que la que llevaba en ese momento y me lancé ciegamente para adelantar al coche que estaba inmediatamente delante. Eché una ojeada al velocímetro: 120, 130... Ya había pasado al primero... y era tan fácil pasar al siguiente.... a esta velocidad me daría tiempo.... Y pasé a los dos. Me encontré tomando la curva a una velocidad endiablada. Me di cuenta de pronto de lo que había hecho; de lo que estaba haciendo. Estaba comenzando la curva y entonces me di cuenta de la locura a la que mis prisas y mis nervios me habían arrastrado. Mi cerebro trabajó en esos instantes como nunca creo que hubiese trabajado antes ni creo que lo vuelva a hacer. Ese viraje solía tomarlo por debajo de los 40 Km/hora y sobrepasar esa velocidad era sumamente peligroso. Normalmente, al salir de la curva para enfilar el puentecillo que una vez cruzado lleva hasta el Pueblo, hay que estar pendiente de no encontrarse a alguien de frente. En el puente no caben en absoluto dos vehículos, y se debe poner mucha atención para poder frenar a tiempo al salir de la curva incluso aunque no venga  nadie en dirección contraria, pues hay que acertar con la trayectoria adecuada al enfilar el puente para no despeñarse. Mi cerebro trabajaba vertiginosamente. Ojeada involuntaria al velocímetro. ¡130! Ojeada al reloj. Las 15 horas en punto. Al mismo tiempo oí en la radio, que había estado encendida durante todo el trayecto, los pitidos que marcaban la señal horaria. También oí, inmediatamente después de los tres pitidos horarios la voz de un locutor que decía: Son... Todo lo vi y oí al mismo tiempo mientras mi cerebro trabajaba sin descanso. Mi cerebro me decía que si frenaba en pleno viraje a tan alta velocidad mi coche se saldría de la carretera, volcaría y daría mil vueltas de campana. Me seguía diciendo que posiblemente en ese caso también se estrellase contra mi coche el que yo acababa de adelantar, pues le había hecho un  adelantamiento tan sumamente ajustado que, tan pronto como lo hube rebasado, no tuve otro remedio que cerrar su trayectoria para poder entrar a tiempo en la curva. Pero también me decía que a esa velocidad nunca enfilaría el puente con garantías, que podría encontrarme a alguien de frente que ya lo estuviese cruzando o a punto de cruzarlo. Mi cerebro decidió eliminar la primera de las posibilidades; en absoluto era conveniente que volcase mi coche y, velozmente, transmitió a mis nervios y músculos ese mandato. No frené y en su lugar apreté con fuerza el acelerador para que la mayor tracción evitase que las ruedas resbalaran en el asfalto y pudieran mantener la trayectoria, rogando no encontrarme a nadie de frente. Y cuando ya estaba a punto de salir de la curva, a punto de enfrentarme con el puente y con lo que Dios hubiese decidido, en ese preciso instante algo ocurrió, o explotó, dentro de mi cabeza. Lo que fuese que ocurrió me impidió la visión. Una mancha negra lo ocupó todo; una gran mancha negra que duró una fracción de tiempo infinitesimal se proyectó como una diapositiva, estallando en el interior de mi mente. No llegué a salir de aquella curva ni llegué a ver el maldito puente. En la pequeñísima fracción de tiempo en que apareció y desapareció esa mancha negra, la curva y el puente también habían desaparecido. El puente no estaba allí. En lugar del puente me encontré ante una carretera recta y desconocida. Una carretera sin curvas ni puentes y que yo no conocía. En pleno desconcierto oí la voz de un locutor que estaba terminando de anunciar la hora y decía: las tres en punto... Miré el reloj y, efectivamente, marcaba las tres en punto; la misma hora que exactamente marcaba en el instante que me enfrenté a lo que creí que sería irremediablemente mi destino final. Y el locutor era el que antes había comenzado a comunicar la hora, el mismo locutor al que en plena curva yo había oído decir: Son... No entendía nada de lo que me estaba ocurriendo. Completamente aturdido levanté el pie del acelerador y fui reduciendo la velocidad del coche hasta llegar a conducir lentamente, sin prisas. ¿Cómo podía seguir conduciendo por esa carretera sin saber adónde me dirigiría? ¿Qué era lo que me había sucedido? ¿Cómo podía encontrarme en este lugar si yo sabía perfectamente que apenas hacía un instante estaba a punto, y completamente convencido, de matarme al salir de la curva para cruzar el puente que lleva al Pueblo? ¿Acaso salí de la curva y crucé el puente en estado hipnótico, en estado de trance? y ahora, en este momento, ¿dónde me encontraba?&lt;br /&gt;           Arrimé el coche a la cuneta y lo paré. No sabía qué era lo que me había ocurrido y mi desconcierto era tan enorme que no sabía qué hacer. Al cabo de unos pocos minutos, quizá tres o cuatro, no lo sé con exactitud pues no volví a mirar el reloj, vi pasar por la carretera a un coche pequeño y luego a otro. Eran los dos coches que yo había adelantado pocos metros antes de la curva. Reconocí entonces la carretera. Faltaba escasamente un Km. para llegar al Pueblo y me di cuenta de que no había reconocido el lugar al verme de sopetón en esa parte del camino sin esperarlo, al encontrarme ahí de pronto sin haber atravesado el puente que yo esperaba encontrar en ese mismo instante. Y el puente había quedado bastantes kilómetros atrás sin haber transcurrido siquiera unos segundos. Parecía que una mano poderosa, una enorme mano, hubiese levantado mi coche y lo hubiese trasladado desde la curva de la carretera hasta aquí, conmigo dentro, antes de que yo me estrellase, y todo en una fracción de tiempo tan pequeña que no se podía medir.&lt;br /&gt;           Poco a poco me fui centrando en lo todo lo que me acababa de ocurrir aunque seguía sin entenderlo. Continué durante un buen rato sentado en el coche sin decidirme a seguir mi viaje. Ya no tenía ninguna prisa. Mi mujer, los amigos, el restaurante... ¡Qué importaba eso! Pero tenía que ir a mi casa, no iba a quedarme ahí parado eternamente y reemprendí la marcha. Lo hice lentamente, muy lentamente, fijándome bien en los detalles del camino y recreando mi vista en los campos, pensando que si no me hubiese ocurrido ese milagro jamás hubiera podido volver a ver nada. &lt;br /&gt;           Paré el coche ante mi casa y mi mujer salió a recibirme contenta por verme, suponiendo que a pesar de mi tardanza no me había ocurrido ningún percance, pero cuando se acercó y vio mi rostro se asustó y me dijo: ¡Dios mío! ¡Qué pálido estás! ¿Qué es lo que te ha ocurrido?&lt;br /&gt;           Y al cabo de los años, después de pensar un millón de veces si pudo ser por los nervios, por las prisas y por el despiste que yo hubiese cruzado el puente inconscientemente y sin haberme llegado a dar cuenta de ello; después de haber desestimado otro millón de veces esa posibilidad; después de haberle dado vueltas a todo, y buscado y rebuscado explicaciones divinas, o lógicas, que podría haberlas si no fuera por el reloj que estaba indicando las tres en punto en el momento de iniciar la curva y que unos 3 kilómetros más lejos, ya a salvo de la curva y del puente, terminó de marcar esa misma hora; y que además, por si podía confundirme con ese detalle, lo rubricó el locutor de la radio que comenzó a anunciar la hora en la misma curva y sin interrupción terminó de hacerlo pasados esos tres Kilómetros... Después de todo eso estoy convencido de que lo que realmente ocurrió es que, “di un salto en el tiempo” o más exactamente, “viajé a través del espacio sin que transcurriese el tiempo”. &lt;br /&gt;           Tengo el firme convencimiento de que hay una parte de nuestro cerebro que no sabemos dominar conscientemente, una parte oculta e invisible de nuestro cerebro que en excepcionales y determinadas circunstancias de alerta, de peligro inminente, es capaz de conseguir lo que normalmente el ser humano no sabe que puede hacer. Son milagros que nosotros mismos somos capaces de lograr pero sin saberlo, sin ser conscientes de ello. En un determinado momento nuestro cerebro toma el mando y crea el milagro. Sin pensarlo nosotros, sin darnos cuenta y sin llegar a entenderlo. ¿Cómo se explican, si no, casos como el de la madre que al ver a su hija atrapada debajo de un camión, sin pensarlo un segundo se lanza para salvar a su hija, y levanta el camión con sus brazos, únicamente con sus brazos y sus propias fuerzas? Hay registrados casos similares y muchos otros en los que la mente parece actuar misteriosamente, logrando que consigamos realizar esfuerzos que están más allá de lo humano; esfuerzos que en circunstancias normales son imposibles que puedan ser realizados. Después de lo que me ocurrió he prestado atención a todos esos enigmas. Es posible que algún día descubramos el potencial de fuerzas ocultas en nuestra mente, esos misteriosos poderes que estallan en un instante desarrollando fuerzas tan poderosas como invisibles. &lt;br /&gt;           Pero también me digo... ¿y si al cabo de todo hubiese sido un paraguas milagroso el que me salvó, “el paraguas de San Pedro”?, ¿Por qué no? .-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-6868399178819597458?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/6868399178819597458/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=6868399178819597458' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6868399178819597458'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6868399178819597458'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/el-paraguas-de-san-pedro.html' title='EL PARAGUAS DE SAN PEDRO'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-1532697937470114957</id><published>2010-02-04T07:13:00.004-08:00</published><updated>2010-02-04T07:14:30.474-08:00</updated><title type='text'>EL REGRESO DE ACUARIO</title><content type='html'>Acuarius no tardó en regresar al planeta azul para visitar otras ciudades. La Tierra, nombre con el que denominaban los propios habitantes al planeta azul, celebraba un nuevo milenio, una nueva era, “La era de Acuario”, y a Acuarius le agradaban las novedades, especialmente las novedades que hacían referencia a él mismo. El pequeño planeta azul de esa Galaxia diminuta le atraía inmensamente, le divertía y le daba pena a la vez. Le divertía contemplar la laboriosidad y el empeño de sus gentes, y le causaba pena contemplar las limitaciones de sus habitantes, tan diminutos en tamaño y en posibilidades. Acuarius decidió conocer las ciudades más importantes de la Tierra. En esta ocasión, se decidió por una ciudad con muchos habitantes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No apareció como la última vez, ofreciendo su imagen y presencia gigantesca en el cielo, a la vista de todos, con sus largas barbas y enormes melenas. Sabía que los terrícolas no comprendían su existencia, y que todos esos seres pequeñines, al verle, temblarían de terror. Acuarius no pretendía ser terrorífico. Apareció más diminuto que el más diminuto de los habitantes de la ciudad, pero para ser respetado, se cubrió con un elegante traje, e hizo que sus manos fueses portadoras de dos grandes bolsas repletas de joyas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras Acuarius paseaba por una de las mejores avenidas de la Ciudad, las joyas podían verse brillar dentro de las abiertas bolsas. Estaba atardeciendo y las gentes con las que se iba cruzando, que parecían apresuradas, no dejaban de mirarle. Echaban una primera mirada sobre su persona y a continuación, inevitablemente, todos efectuaban el mismo gesto, pues miraban sorprendidos y avariciosos lo que sus manos portaban. Acuarius sabía que ese comportamiento de las gentes era inevitable,  pero se sorprendió a si mismo notando un sentimiento de placer al ser admirado, no porque era un Dios, lo que todos desconocían, sino por despertar esa admiración a pesar de ir disfrazado. Naturalmente que, las envidias despertadas, lo eran por su elegancia en el vestir y por las joyas que poseía. Empezó a comprender los sentimientos que embargaban a las mentes de esas personas con las que se cruzaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acuarius tuvo una idea y decidió llevarla a cabo. Se sentó en el bordillo de una acera; desparramó el contenido de las bolsas en el suelo, y trucó su rico traje por una vestimenta simple, ya que le pareció más adecuado para adoptar esa postura. Las gentes, al pasar, seguían mirándole, pero las miradas eran ya simples ojeadas rápidas. Acuarius leyó en sus mentes el gran malestar que les ocasionaba su presencia, lo que le sorprendió por el contraste. Siguió leyendo pensamientos, tan opuestos ahora a  los de hacía tan solo unos instantes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comenzó a ofrecer sus joyas a los que pasaban por delante suyo: Señor, tenga, esto es para Vd. Todos le hacían gestos de desagrado. y algunos, incluso, le hacían gestos con el brazo, tratando de alejar con ese ademán, sus palabras y hasta su presencia. Comprendió Acuarius lo que ocurría y se dijo que ésa era la forma de ser de los habitantes de ese planeta. No sabían lo que querían ni lo que les convenía, y la desconfianza que llenaba sus mentes, era lo que les hacía ser tan diminutos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Consiguió que alguien se detuviese delante suyo. Era un beodo. Le interrogó. El beodo le dio su parecer sobre la prisa de las gentes: Es una ciudad inmensa, le dijo, y la gente tarda en llegar a sus casas. No quieren entretenerse con nada. Una vez en sus casas, se encierran en ellas y no se mezclan con nadie. Acuarius le dio las gracias y metiendo una mano en una de las bolsas, sacó un puñado de diamantes que le regaló. El beodo se alejó, fija ya su atención únicamente en las piedras que llenaban sus manos, y que acercaba a sus ojos una y otra vez para admirar sus destellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acuarius se preguntó qué podría hacer para ayudar a estas buenas gentes. Si era una ciudad tan grande, y todos los problemas venían de eso... Se dijo que ya tenía la solución. Recuperó su gigantesco tamaño, sin temor ninguno en esta ocasión de asustar, pues lo que iba a hacer sería cuestión de pocos segundos. La figura de Acuarius alcanzó varios Kilómetros por encima de la ciudad. Miró hacia abajo, y vio que la ciudad era un minúsculo punto que apenas podrías ocupar una pequeñísima parte de una de las uñas de sus pies. Para Acuarius, si él seguía aumentando su tamaño, la ciudad no sería nada. Cesó en su crecimiento gigantesco. Se agachó, puso las palmas de las manos casi juntas, dejando el diminuto punto que era la ciudad en el centro de sus manos, y las unió ligeramente para reducir esas distancias tan grandes que hacía que sus habitantes siempre tuvieran prisa para llegar a sus casas, y que les hacía ser tan infelices. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Pero, qué imperfectas construcciones! Tan solo con cerrar ligeramente sus manos, notó que el puntito que había sido la ciudad, se derruía y se convertía en polvo. No cabía ya ninguna duda de que las ciudades eran tan frágiles como sus habitantes. Deseaba ayudarles. Podía leer sus pensamientos, pero eran tan diferentes a él... Oyó cómo subían hasta su mente millones de  ayes; de lamentos; y sintió en el alma no haberles podido ofrecer una mejor colaboración. No importa, pensó, hay más ciudades para poder ayudar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de alejarse, y para evitar inútiles sufrimientos, restregó con fuerza la palma de su mano derecha sobre aquel puntito, dejándolo confundido con la misma tierra del planeta. Dejó de oír los lamentos y se encontró satisfecho, iniciando su marcha en busca de una nueva ciudad a la que pudiese ayudar en este milenio, en esta era suya, “La era de Acuario”.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-1532697937470114957?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/1532697937470114957/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=1532697937470114957' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/1532697937470114957'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/1532697937470114957'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/el-regreso-de-acuario.html' title='EL REGRESO DE ACUARIO'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-6401259703957168513</id><published>2010-02-04T07:13:00.003-08:00</published><updated>2010-02-04T07:13:53.564-08:00</updated><title type='text'>LA ERA DE ACUARIO</title><content type='html'>Todo el mundo esperaba grandes cambios una vez llegada la era de Acuario, unos más que otros, pero todos se asombraron cuando Acuarius apareció, más alto y más grande que las más altas montañas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acuarius podía tomar distintas formas y tamaños, pero ante todos apareció tan alto que su cabeza desaparecía entre las nubes. Tomó esa precaución ante las confianzas que se suelen tomar algunas gentes con cualquiera, aunque no le conozcan de nada. El mismo Acuarius debía bajar su cabeza para poder ver lo que había debajo de las nubes. Como su altura era tanta, para mirar una Ciudad con comodidad y sin tener que agacharse excesivamente, situaba sus piernas lejos de la Ciudad, a muchos kilómetros de allí. El resultado es que cuando llegó por primera vez a La Tierra, quiso mirar a las gentes de una Ciudad agachándose para verlas, y los que le contemplaron a él vieron únicamente una inmensa cabeza que cubría todo el cielo. Creyeron que era Dios que por fin se había dado a conocer y temblaron, unos porque sabían que eran culpables de muchas cosas, y otros, aunque no sabían si eran culpables o no, también temblaron por si acaso, y porque la gran cabeza y el rostro de Acuarius ocupando el cielo entero no presagiaba nada bueno, o eso creían. Pero estaban equivocados, ya que la intenciones de Acuarius no eran malas en absoluto.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Les habló desde las alturas. Dijo a todos que venía de visita coincidiendo con la llegada de su era, y que no debían temerle sino actuaban contra él teniendo malos pensamientos, que eso sí que le hacía daño. Después de sus palabras de presentación, y como Acuarius podía tomar cualquier forma y adaptar su tamaño a cualquier medida, adoptó el tamaño de una persona normal y se dispuso a hablar con todos los que se cruzase por las calles de la Ciudad. Nadie le hizo caso, e incluso muchos le increparon cuando Acuarius les hacía preguntas por considerarlas fuera de lugar, y hacerles perder su tiempo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las preguntas de Acuarius eran consideradas por él mismo como amables, pero las contestaciones no lo eran en absoluto : ¿A Vd. qué le importa mi salud ni como me encuentro hoy si no me conoce ni nunca me ha visto antes, ni yo a Vd. ? La mayoría le respondían con estas o parecidas palabras, y Acuarius cayó en la cuenta de que al adoptar el mismo tamaño de la gente, la gente no le reconocía. También cayó en la cuenta de que nadie sabía que él sí conocía las desventuras y los problemas de todo el mundo, y que, al preguntarles, lo hacía con verdadero interés.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Acuarius se dijo que no había valido la pena el viaje, que esas gentes estaban demasiado absorbidas por sus problemas. Decidió marcharse y volver en alguna futura era para ver otras Ciudades, pero antes, y ya que se había presentado, se despediría. Recobrando su tamaño gigantesco, Acuarius asomó su cabeza por encina de la Ciudad, ante lo que las gentes volvieron a temblar. Les dijo: buenas gentes, no temáis. Sé que muchos tenéis grandes sufrimientos y los que ahora no sufrís, sufriréis más adelante, pues ésa es la condición humana. Yo, que todo lo puedo, voy a hacer algo por vosotros: he decidido evitaros tantos sinsabores. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y adelantando una de sus piernas, Acuarius dejó caer con fuerza su pie gigantesco sobre la Ciudad. Es mejor que no sufran más, pensó.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-6401259703957168513?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/6401259703957168513/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=6401259703957168513' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6401259703957168513'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/6401259703957168513'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/la-era-de-acuario.html' title='LA ERA DE ACUARIO'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-8083598540038971726</id><published>2010-02-04T07:13:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T07:13:26.078-08:00</updated><title type='text'>EL TOCADO DE LA BELLA</title><content type='html'>Llevaba un tocado especial para la ocasión. Las huellas se advertían claramente, muy profundas y artísticamente conseguidas, lo que despertó la admiración de todos los invitados tan pronto como la Bella apareció en la gran sala. &lt;br /&gt;           Su entrada fue triunfal. Le seguía muy de cerca su tocador privado, ya que el tocado especial desaparecía gradualmente pasados unos minutos y obligaba al tocador, solícito al gesto de la Bella, a ir apretando de cuando en cuando los desnudos y bien formados senos, imprimiendo siempre de nuevo esas huellas artísticas, tan admiradas por todos. Solo la Bella podía permitírselo. Un tocador era un artista, y no solo sus honorarios era elevados para la mayoría de la gente, sino que sus servicios no los prestaba más que a personas especiales.&lt;br /&gt;           Las huellas eran de una perfección exquisita y realmente profundas, pues el tocador conocía bien su trabajo, y desdeñando el gesto de dolor que advertía en la cara de la dama, apretaba de la forma que él sabía que era la adecuada. Causar ese dolor no le importaba, pues igual que la Bella, únicamente deseaba que las bonitas huellas de sus dedos siguieran luciéndose en esos preciosos pechos. El trabajo “bien hecho”, era lo único importante. El rictus de dolor lo disimulaba la Bella haciendo un estudiado gesto con la cara, un gesto coqueto y elegante, que todos admiraban y adoraban.- &lt;br /&gt;           La Bella, reina de la moda, podía permitirse ese lujo, el lujo de lucir un tocado especial. Mientras tanto, los invitados, entre mirada y mirada y saludos sonrientes con los que expresaban su admiración, se iban poniendo morados comiendo los ricos pastelillos que siempre disponía la Bella con gran generosidad, en las fabulosas fiestas que ofrecía.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-8083598540038971726?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/8083598540038971726/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=8083598540038971726' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/8083598540038971726'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/8083598540038971726'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/el-tocado-de-la-bella.html' title='EL TOCADO DE LA BELLA'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-5760525388274026855</id><published>2010-02-04T07:11:00.002-08:00</published><updated>2010-02-04T07:12:34.359-08:00</updated><title type='text'>¡MALDITO DESPERTADOR!</title><content type='html'>—¡Joba, hay que ver lo que me cuesta levantarme!&lt;br /&gt;—A mi también. Cada día es peor que el anterior. ¿Cuánto te cuesta a ti?&lt;br /&gt;—Pues ayer, como era Domingo, me costó diez euros, pero los días corrientes me cobran veinte.&lt;br /&gt;—Pues a este paso te va a salir mejor quedarte en la cama...&lt;br /&gt;—¡No, tío, que empieza la primavera y hacen rebajas!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-5760525388274026855?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/5760525388274026855/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=5760525388274026855' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/5760525388274026855'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/5760525388274026855'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/maldito-despertador.html' title='¡MALDITO DESPERTADOR!'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-7047836203012134331</id><published>2010-02-04T07:11:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T07:11:49.787-08:00</updated><title type='text'>ALGUIEN DIJO...</title><content type='html'>El tipo aquél, sin duda un loco o un suicida, caminaba por el tejado de ese edificio de tres pisos. La gente miraba desde la calle y alguien dijo: ¡Un suicida, es un suicida! Y no parecía faltarle la razón, ya que el tipo del tejado hacía peligrosos equilibrios en el mismo borde, pareciendo que podía llegar a caerse desde las alturas en cualquier momento.&lt;br /&gt;           Gran cantidad de gente se había agolpado debajo de la casa, mirando morbosamente hacia arriba. Una señora de mediana edad exclamó: ¡Yo me marcho de aquí, no quiero ver cómo se estrella contra la acera! Y alguien dijo: No se marche, mujer ¡Que esto no se ve todos los días!.&lt;br /&gt;           Arriba, en el tejado, el tipo hablaba y hacía señas a la multitud incitando a que se acercasen más. Daba la impresión de que quería explicar algo y ser oído antes de matarse. La mayoría dio un par de pasos y se acercó para poder oír mejor lo que ese tipo deseaba decirles; lo hicieron con precaución y sin pisar la acera, no fuese que el suicida se tirase y les cayese encima.  Entonces, el tipo se agachó y, al incorporarse de nuevo, todos pudieron ver en su mano una gran teja que inmediatamente lanzó con furia, mientras se reía a carcajadas; lo hizo muy rápidamente, y antes de que la gente pudiese reaccionar ya les había tirado varias tejas que se estrellaron contra el suelo, no sin antes herir a dos personas. Todos corrieron, alarmados. Y alguien dijo: ¡No es un suicida! ¡Es un loco cabrón y un hijo de puta!.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-7047836203012134331?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/7047836203012134331/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=7047836203012134331' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/7047836203012134331'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/7047836203012134331'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/alguien-dijo.html' title='ALGUIEN DIJO...'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-9103296403475885936</id><published>2010-02-04T07:10:00.002-08:00</published><updated>2010-02-04T07:11:17.079-08:00</updated><title type='text'>UN CUENTO TRISTE</title><content type='html'>La suave y dulce melodía se infiltraba, audaz por entre las rejas de las ventanas del jardín, atravesaba salones y pasillos y endulzaba mágicamente las horas de la bella pero triste princesa, condenada por su padre, el Rey, a permanecer confinada en sus habitaciones.&lt;br /&gt;¡Ah! exclamaba cada diez minutos la princesita, enajenada de amor; estaba segura de que aquella música que le hacía vibrar y soñar, venía de la flauta de su amado Bertolín, caballero sin par, y motivo de que su padre la mantuviese encerrada. El Rey no deseaba para su hija un caballero sin par, prefería lo clásico y lo que consideraba más normal. Hija mía, le dijo un malhadado día, el Rey a la princesa, hubiese preferido que te hubieses prendado de otro caballero, a éste no lo aguanto. Y cuando la princesa respondió con candor a su padre, el Rey, y le dijo que el caballero del que estaba enamorada tenía la más bella voz que nunca hubiese oído, que su voz era tan suave como el propio flautín del cual el caballero era un virtuoso, y que lo tocaba como los propios Dioses harían, si los Dioses tocasen el flautín, el Rey, su padre, se enojó y tembló de ira. Y temblaron los cortinajes, y también los pajes que, temerosos y escondidos detrás de las gruesas y ricas telas, exquisitamente bordadas, escuchaban atemorizados las maldiciones que soltaba el padre de la joven. Y temblaron las lágrimas de las adornadas lámparas y también las que la princesa, con un profundo dolor en su alma y en su corazón, dejaba deslizar delicadamente por sus mejillas de nácar. Y hasta temblaron los ruiseñores que habitaban en el jardín, enmudeciendo ante el vozarrón del Rey, quien gritando, decía: ¡por eso no lo aguanto! ¡no quiero flautines en mi palacio ni caballeros de voz atiplada!; y aclaró: ¡lo que quiero es un noble rudo y con un buen par, que los tenga muy bien puestos y en el sitio que deben estar! Y terminó diciendo: y de flautines, ¡nada!&lt;br /&gt;La princesa, recluida en sus habitaciones, suspiró profundamente al recordar el tan gran enfado de su padre, el Rey, y apercibiéndose sobresaltada de que habían transcurrido otros diez minutos, ya que el pequeño y bonito reloj de arena acababa de depositar, en su parte inferior, el último dorado grano de todos los que poseía en su interior, se apresuro a exclamar de nuevo, con extremada y sentida pena, no exenta de la delicadeza propia de una gran princesa, lo que indudablemente ella era, ese lamento que le salía del alma y que necesitaba soltar transcurrido ese imprescindible tiempo: ¡aaaaaahhhhh! &lt;br /&gt;Y la princesa, después de explayarse, colocó de nuevo el reloj de arena boca arriba, para que comenzasen a caer de nuevo los segundos y minutos. Pacientemente, pero orgullosa y altiva, la princesa se mantuvo erguida en una bonita pose, en espera de que de nuevo pudiera explayar su alma, y que sería tan pronto como transcurriesen los diez minutos de rigor.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-9103296403475885936?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/9103296403475885936/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=9103296403475885936' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/9103296403475885936'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/9103296403475885936'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/un-cuento-triste.html' title='UN CUENTO TRISTE'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-9214052517812022916</id><published>2010-02-04T07:10:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T07:10:39.756-08:00</updated><title type='text'>LA NIÑA DE LA TARIFA PLANA</title><content type='html'>La niña de la tarifa plana, cada tarde, a las seis en punto, ponía en marcha su ordenador y se conectaba con el mundo. A través de la pantalla vivía emociones sin fin, reía, lo pasaba bien y había veces que incluso lloraba. La niña de la tarifa plana no hubiera podido existir, ella lo veía así, sin su conexión diaria de realidades. Su existencia a partir de las seis de la tarde era lo que lograba que ella pudiese, hasta esa hora en punto, ni un minuto más, resistir y sobrellevar el largo y tedioso día. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se enamoró, su gozo fue completo. Minutos antes de que el reloj marcase las seis en punto, ella estaba preparada, ardiendo de pasión por estar con su amor y sabiendo que, al otro lado de la pantalla, a su enamorado le ocurriría igual. Y al conectar los dos, por fin, su alma se extasiaba. Algún día, quizá, es posible, nos conoceremos, amor, decía ella, pero ahora, mi vida, vivamos intensamente este cariño que la bendita tarifa plana nos ha brindado. Y si él insistía en conocerse personalmente, ella, pizpireta y coqueta, decía al amor de su corazón: así estamos muy bien, cariño, porque... ¿y si luego no nos gustamos?.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-9214052517812022916?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/9214052517812022916/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=9214052517812022916' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/9214052517812022916'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/9214052517812022916'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/la-nina-de-la-tarifa-plana.html' title='LA NIÑA DE LA TARIFA PLANA'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-3467724401816793914</id><published>2010-02-04T07:09:00.002-08:00</published><updated>2010-02-04T07:10:06.802-08:00</updated><title type='text'>HASTA LUEGO, MAMÁ</title><content type='html'>Hasta luego, mamá, dije tan pronto como vi que mi madre, apenas terminado de comer, había aferrado su bastón con una mano. Lo mantenía oculto entre su silla y la mesa, pero desde mi posición yo podía ver cómo lo sujetaba. Me había fijado en su expresión inquieta, deseando despedirse pero sin atreverse a hacerlo. Conociéndola, fue entonces cuando sonreí, y con tono ligeramente irónico, le dije: “hasta luego, mamá”. &lt;br /&gt;     Los invitados no habían visto que mi madre se levantase ni que tampoco expresase su deseo de irse, y por ese motivo, probablemente, no entendieron a qué venía esa despedida enunciada por mi. Sin duda debieron oírla con extrañeza, pero mi madre me miró y se echó a reír, sabiendo que yo la conocía muy bien. Mis palabras facilitaron su despedida ante nuestros invitados. Mi madre se levantó, y sin mirar a nadie, dirigiéndose a todos y a nadie en particular, dijo simplemente: estoy ya muy vieja, necesito descansar. &lt;br /&gt;    Apoyándose en su bastón, y sin volver la vista atrás, mi madre se dirigió, con lentitud y elegancia, hacia su habitación.&lt;br /&gt;    Hubo un pequeño silencio entre los invitados a la mesa. A continuación, la charla se animó y nadie pensó más en lo que, por supuesto, no había sido un incidente, sino algo muy natural.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-3467724401816793914?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/3467724401816793914/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=3467724401816793914' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/3467724401816793914'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/3467724401816793914'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/hasta-luego-mama.html' title='HASTA LUEGO, MAMÁ'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-7336434515399046420</id><published>2010-02-04T07:09:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T07:09:33.921-08:00</updated><title type='text'>YO, EL MAS GRANDE HÉROE</title><content type='html'>Era un sueño, me di al instante cuenta de ello. Y en mis sueños yo siempre era el mejor. Decidí, entonces, desechando temores que no debían existir al ser yo el dueño de mis sueños, que mi espada fuese invencible en esa batalla. Y, sin más, me dirigí hacia el lugar en que se dirimía el enfrentamiento. &lt;br /&gt;Cuando llegué, los cuerpos inmóviles eran legión y formaban grotescas y poco marciales figuras. La sangre corría ladera abajo procedente de los informes montones de muertos, pero la batalla continuaba y, tan pronto aparecí, me convertí en el centro de todo. Todos se empecinaban en vencerme, pero mi afilada espada, dirigida por mi certero brazo, cercenaba tantas cabezas, brazos, piernas y a cualquiera en movimiento que se me pusiese por delante, que hasta degollé, en mi lujuria por cercenar cuellos, a un par de carneros que asistían, impasibles y atónitos al espectáculo del que luego, más tarde, me enteré que estaban ofreciendo por televisión.  &lt;br /&gt;Algo intuí, sin embargo, cuando de reojo oteé algunas cámaras bien situadas enfocando hacia el desastre. En aquel momento no presté atención, puesto que el trabajo en que me sentía inmerso no me daba lugar más que a tener prontos los reflejos para evitar ser alcanzado por los filos de tantas espadas enemigas. Continué cercenando cuerpos enteros por la cintura y, tantos que, más tarde, pensé que si alguien desease contar el número de vencidos muertos, debería, primero, hacer inteligentemente una media a ojo de los cuerpos, y luego, dividir por dos, ya que los cuerpos que yacían exánimes por doquier, o estaban todos partidos por la mitad, o bien les faltaba la cabeza, separada por mi afilada espada. Esas debían ser las matemáticas de la batalla porque ése era el poder de mi intensa furia desatada. Las espuelas eran dos, pensé también, por lo que las matemáticas siempre servían para algo. Esas espuelas eran las que el rey había ofrecido a quién le ayudase a vencer a sus enemigos, ahora los míos, pues deseando conseguir las espuelas ofrecidas, de oro y brillantes, no lo pensé dos veces. De nuevo... el número dos. Era curioso el caso, decidí.&lt;br /&gt;Decidido como estaba a vencer, continué descabezando a cualquiera que encontrase por delante. Y tantas cinturas corté y a tantos descabecé que al rato me quedé sólo. Ya no había batalla, ni enemigos, ni tampoco amigos. Ni siquiera existía, ya, un rey para darme las espuelas. En el fragor de la batalla me había cargado todo, lo que se dice todo y a todos. Tampoco existían cámaras. Me había cargado a todo lo susceptible de ser eliminado. &lt;br /&gt;Lamenté, cuando reposé un poco y me entretuve en dirigir mi mirada en rededor, mientras limpiaba mi espada de tanta sangre en las ropas del último enemigo que se me había enfrentado, que no existiesen cámaras que pudiesen atestiguar mi heroicidad, pero ya se sabe que hay gestas que el mundo no llega nunca a conocer. &lt;br /&gt;Las espuelas ya no me importaban, vencer era lo importante y yo había vencido. Yo era un completo héroe para mi mayor gloria y para gloria de mis futuros sueños, y ahora, por fin, ya podía despertarme, sabiendo que había cumplido con mi deber de aquella noche.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-7336434515399046420?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/7336434515399046420/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=7336434515399046420' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/7336434515399046420'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/7336434515399046420'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/yo-el-mas-grande-heroe.html' title='YO, EL MAS GRANDE HÉROE'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-8873564517318460342</id><published>2010-02-04T07:08:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T07:08:59.535-08:00</updated><title type='text'>EL PREMIO</title><content type='html'>Presenté mi historia con el ferviente deseo de que fuera reconocido como el mejor relato del certamen, y conseguir el primer premio. En mi fuero interno estaba convencido de que esta vez lo ganaría. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi historia cautivaba desde que se empezaba a leer, y ni yo mismo podía creer que hubiera sido capaz de escribir un relato de tal calidad.  Lo había releído mil veces y retocado otras mil. Todo el que lo leía se quedaba asombrado primero, y luego me miraba, pensativo, como dudando de que hubiera sido yo el escritor ¿Lo has escrito tú ? me había dicho uno de mis amigos, a quién le pedí que lo leyese para que me ofreciera su comentario. En el fondo y aunque me molestaban algo aquellas dudas respecto a mi capacidad de poder haber sido yo el creador y el escritor de la historia, esas dudas, fueran ciertas o no, me halagaban, pues supuse que mi amigo pretendía expresar con ello, su admiración a lo que acababa de leer, y sobre todo hacia mi propio talento y creatividad literaria. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El relato lo leyó mi familia, mis amigos, la mayor parte de los compañeros del despacho, e incluso lo envié por correo electrónico a antiguos compañeros de estudios con los que tenía contactos por ese medio. Todos fueron unánimes en que el relato era excelente, increíblemente excelente dijeron, con palabras más o menos parecidas y con más o menos halagos, aunque debo decir que quien me defraudó, fue  mi propia mujer. Lo había leído ya sin demasiado interés, casi obligada por mi insistencia y después de dos días de habérselo entregado. Cuando por fin lo leyó, me devolvió los folios sin decirme nada y si no llego a preguntarle, seguro que todavía estoy esperando su respuesta. Pero bueno, Ana, le dije ¿te gusta lo que he escrito? Ella sabía que mi intención era presentar el relato al concurso. Se quedó unos instantes pensativa y me dijo : No está mal. Y su gesto era algo así como queriendo decir : Podía estar peor, pero si a ti te gusta....Yo insistí ¿solo eso, Ana ? Bueno, me respondió, es que estoy un poco adormilada y no lo he entendido demasiado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiero explicar que el relato debía basarse en el terror, y el protagonista de la historia tenía que ser un bicho, un animal terrorífico o algo parecido, pues esas eran las condiciones del Certamen. Ana me explicó que finalmente no entendía si el bicho era un bicho, o era el bueno de la historia, y lo del gato, bueno, tampoco había entendido eso, y además, se quedó muy sorprendida cuando le dije que era un relato de terror. Total, que estuvimos hablando un rato, por mi insistencia, sobre lo que ella no había terminado de entender. Naturalmente estuve tratando de explicárselo, y al final acabó por decirme que ya lo comprendía, pero que a lo mejor era por habérselo aclarado yo y luego, creo que haciendo un esfuerzo, lo leyó de nuevo y acabó diciendo que sí, que estaba bien. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, esperaba haberla admirado con mi relato y lo cierto es que me parece que lo conseguí. Aquello fue un chasco que hizo bajar mi ánimo, pero recordé a los amigos a los que tanto les había gustado, y pasé de mi mujer, arrepintiéndome en mi interior de haberle pedido que lo leyera, e incluso me alegré y felicité por no enseñarle nunca nada de lo que escribo. Pensé que solo para demostrarle lo que yo valía como escritor, sería maravilloso ganar el primer premio. Le pasaría el premio por las narices y... ¡pero qué más daba ! Lo importante era ganarlo y era importante por mi mismo, para asegurarme de que podía escribir bien, y con la suficiente imaginación para ser más original que la mayoría, por lo menos más que muchos escritores. La  narración no era mi fuerte ni demasiado fluida, pero lo compensaba con las historias que mi fértil imaginación podía llegar a concebir, o eso creía.... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volví a repasar de nuevo el relato antes de enviarlo, y aún lo releí varias veces más. Por fin tomé la decisión y lo envié por correo electrónico. Cuando lo hube hecho, vi que lo había enviado al correo privado de la persona que anunciaba el Certamen, y pensé que era mejor volverlo a enviar, pero esta vez a la dirección correcta que, en el mismo anuncio, especificaban. En ese momento dudé de nuevo con el título que había puesto a  mi relato, y entonces se me ocurrió otro mejor y más impactante, así que lo borré, escribí el nuevo título y lo envié, muy contento con esa decisión. En cuanto a los trámites de la presentación, la identidad, dirección, etc., ellos mismos se ocupaban de todo. Era una facilidad que te daban. Presentarían el relato al concurso y en un sobre aparte escribirían el título. Dentro del sobre cerrado, los  datos con mi identidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Faltaban pocos días para el fallo del concurso, así que el día tan esperado llegó pronto. Había viajado con mucha ilusión hasta San Sebastián, la ciudad donde se celebraba el Certamen y allí, en la librería... bueno, no voy a poner el nombre, pero allí, en la librería donde se fallaría el premio, estaba yo, esperando con ansia ese momento. Conocí a Carmen que, también había viajado, sola, desde Padrón a San Sebastián. Carmina esperaba, naturalmente, ganar el premio con el relato que había presentado. Me comentó con humor que, puesto que vivía cerca de la cuna de nuestro insigne Premio Nobel de Literatura, Don Camilo José Cela, y al nombrarle se notó que lo hacía con un gran respeto, esperaba que se le hubiera podido pegar algo de su gran genio e ingenio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía un refresco en la mano y nos encontrábamos uno al lado del otro. Nos habíamos sonreído con cortesía, educadamente, haciéndonos cómplices en nuestra espera. Me llamo Carmen, pero mis amigos me llaman siempre Carmina, me dijo. Charlamos sobre mil cosas. Me contó su vida en Padrón y escuchó cuando le conté algo sobre la mía. De repente, me golpeó ligeramente en el pecho con su mano libre y me dijo : ¿Pero no es “La Buhardilla”, el título del relato que dices que has presentado ? Parecía increíble, y maravilloso. Mi relato había sido uno de los finalistas. &lt;br /&gt;Notaba fuertemente el golpeteo de mi corazón, y me dije que solo faltaba que me diera un infarto cuando anunciaron que mi relato había ganado el primer premio. En realidad y sin saber nadie cómo, el resultado es que fueron dos los relatos finalistas, y dos los relatos ganadores, ya que habían empatado la puntuación, lo que nadie se explicaba. Dieron ganadores a los dos relatos sin más problema. Al dar a conocer los dos títulos creí que me daba el infarto temido, lo que hacía rato que me parece que me estaba ocurriendo desde que supe que yo era uno de los ganadores, aunque debo decir que nunca mi corazón me había fallado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escuché de nuevo cómo citaban los títulos. Eran los relatos “La Grieta”  y “La Buhardilla” y fue cuando caí en la cuenta de que los dos relatos eran la misma historia, era mi historia enviada  dos veces con títulos diferentes. Para complicar más la situación, un relato lo había firmado   como CUARIUS y en el otro no había puesto ninguna firma, pues lo que valía para la votación era el propio título. Una vez determinado el ganador o ganadores, se abrirían los sobres en los que debían figurar los verdaderos datos de cada autor. Me despedí de Carmina atropelladamente con un confuso pero eufórico  ¡Hasta ahora ! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Avancé hacia la mesa del jurado sin que nadie, aún, me hubiera nombrado, y sin darme mucha cuenta de lo que estaba haciendo, pero lo que había escuchado es que eran mis relatos los que habían ganado, y además por partida doble, con lo cual era indiscutible mi triunfo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras avanzaba, pensaba en un millón de cosas al mismo tiempo. Pensé en mi éxito, en mis amigos, en mi mujer... Ya casi estaba llegando a la mesa presidencial y como en un sueño escuché por fin mi nombre, primero una vez y luego mi nombre de nuevo, lo que era lógico esperar, pues los dos relatos eran míos, pero lo que oí a continuación, antes de haber podido llegar hasta la mesa, me produjo el efecto de una bofetada tremenda, o peor todavía, fue como si hubiera chocado contra una pared que instantes antes no se encontraba en mi camino, y que ahora hubiera surgido de repente, golpeándome de plano contra ella, sin haberla visto siquiera. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se oyó la voz del presidente del jurado que decía : Por graves irregularidades en la presentación de estos relatos que, habíamos considerado finalistas y ganadores, este premio se considera desierto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El silencio que se hizo después de estas palabras me despertó totalmente e hizo que me detuviera, creo que hasta me tambaleé, no podía comprender lo que había pasado. El gran silencio que contrastaba con el barullo anterior duró apenas unos segundos y luego, un barullo aún más fuerte que antes, inundó la sala. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que siguió casi no puedo ni explicarlo, me acusaron de fraude. Dijeron que podía haber presentado mil relatos si ese hubiera sido mi deseo, pero enviar varios relatos siendo en realidad el mismo, y únicamente cambiando el título y las firmas para que el jurado no lo advirtiese, eso era claramente un fraude y un deseo expreso de engañar, y de confundir al jurado. También recuerdo, entre brumas, que siguieron diciéndome algo parecido a que yo no merecía otra cosa que, un gran desprecio por haberles tomado el pelo a todos. Me amenazaron con una denuncia inmediata y me vaticinaron la cárcel por estafador, multas para compensarles de todos los gastos, y no sé cuantas cosas más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace ya tiempo de todo esto y no ocurrió nada de lo que vaticinaron. No me encarcelaron ni tuve que pagar multas, pero lo triste es que salí reseñado en todos los periódicos como un individuo bribón y aprovechado, no gané el premio y lo que es peor, ya nunca puedo presentarme a ningún concurso literario, pues mi nombre está en una lista negra. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo todo esto, ahora precisamente, porque me acaban de llamar de una Editorial interesándose por mis relatos, y me ofrecen una sustanciosa cantidad si acepto escribir una historia completa, acerca de todo lo que pasó con este premio, historia que debe convertirse más tarde en una novela, y luego, en un guión para hacer una película con la que esperan obtener un gran éxito. Parece que ya han escogido, incluso, el reparto de los actores, pero eso está todavía por ver, ya que se me ha metido en la cabeza que tengo que ser yo el protagonista ¿Quién mejor que yo mismo ? Y estoy seguro de que lo voy a conseguir.....&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-8873564517318460342?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/8873564517318460342/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=8873564517318460342' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/8873564517318460342'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/8873564517318460342'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/el-premio.html' title='EL PREMIO'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-1565726688743360233</id><published>2010-02-04T07:07:00.000-08:00</published><updated>2010-02-04T07:08:17.183-08:00</updated><title type='text'>CUIDADO CON LOS DESEOS....</title><content type='html'>El sudor invadía mis poros. Me desperté, todavía preso por el horror soñado y me dije, con total convicción, que si viviéramos como a veces soñamos, más nos valdría no vivir, mejor estar muertos,  o aún... mejor sería convivir con ellos, con los muertos, como uno más, pues de ese modo estaríamos acostumbrados a esos horrores. Y entonces, en la oscuridad de mi cuarto, la voz retumbó: ¡sea! tu deseo será satisfecho, ven con nosotros... y cientos de manos me arrebataron de mi lecho. &lt;br /&gt;Cuando de nuevo desperté, me di cuenta de que me encontraba en el interior de un panteón oscuro, iluminado apenas por las vacilantes llamas de unas velas casi consumidas. Un olor a podredumbre invadió mis fosas nasales, y vi que unas figuras negras bailaban mi alrededor celebrando lo que, advertí, era mi llegada a su mundo, el mundo de la muerte.&lt;br /&gt;¿Estoy muerto? pregunté. No, me contestaron, nunca morirás, pero vivirás con nosotros, que era lo que deseaste.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-1565726688743360233?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/1565726688743360233/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=1565726688743360233' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/1565726688743360233'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/1565726688743360233'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/cuidado-con-los-deseos.html' title='CUIDADO CON LOS DESEOS....'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-17291882938584395</id><published>2010-02-04T07:06:00.000-08:00</published><updated>2010-02-08T10:05:43.229-08:00</updated><title type='text'>EL MAL</title><content type='html'>¿Os dais cuenta de que dentro de unos años ninguno de nosotros existiremos?  Ni vestigios quedarán de que hayamos nacido. No importa, entonces, lo que hagamos, no importa el bien ni tampoco el mal, nada será perdurable. No os engañéis, no viváis con el temor a la eternidad pues ésta se os dará igual, tanto si sois unos santos como si actuáis como criminales. Vivid pues vuestro propio credo y no escuchéis a nadie. Vivid haciendo todo el mal que deseéis si eso es lo que os apetece. &lt;br /&gt;Amigo que me lees, si para sentirte bien necesitas hacer el mal, no lo dudes, hazlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora, cantad todos conmigo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Mata, roba, haz el mal&lt;br /&gt;pero no te dejes atrapar&lt;br /&gt;por nadie&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Asesina, sé un criminal&lt;br /&gt;y déjate admirar&lt;br /&gt;por alguien&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Vive tu vida como te plazca&lt;br /&gt;y navega como el capitán&lt;br /&gt;que su ley en el mar implanta&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Aplasta al que se rebele&lt;br /&gt;y no le dejes respirar&lt;br /&gt;Ponle tu bota en la cara&lt;br /&gt;y que aprenda de la vida&lt;br /&gt;cómo hay que navegar&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Bebamos amigos&lt;br /&gt;sorbamos la sangre&lt;br /&gt;de los demás&lt;br /&gt;que todo vale&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;A ver, el coro: &lt;em&gt;sorbamos la sangre de los demás, que todo vale&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Ahora, dos veces seguidas: &lt;em&gt;que todo vale, que todo vale.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Extracto de “El libro de la maldad” de Giusepe Levisco, siglo XVlll. Por este libro, la Iglesia le condenó a la hoguera. Cuando la pira comenzaba a arder, Giusepe  hizo señas de arrepentimiento. Un cura se acercó y Giusepe pidió le fuera desatado un brazo para poder santiguarse. Luego, rogó al cura que le desatara el otro brazo antes de arder para siempre, ya que deseaba unir sus manos para entonar una oración. El cura lo hizo deprisa, pues la hoguera comenzaba ya a levantar algunas llamaradas. En el momento que Giusepe tuvo sus dos brazos libres, con una mano atrapó por la pechera al cura, reteniéndolo con fuerza junto a él, y con la otra mano aventó la llamas, mientras gritaba: ¡Mirad cómo acaba el bien! ¡Igual que el mal! Y nadie pudo rescatar al pobre cura al ya haber prendido las llamas en los dos cuerpos. Y cuando pudieron reaccionar y acercarse con varios cubos de agua para intentar apagar las llamas de la hoguera, ya era tarde, pues los dos cuerpos ardían por igual. Los dos, el condendo y el cura, ardían muy juntos como teas encendidas. Y hay quién jura que vio cómo dos ángeles negros aparecieron de pronto entre el humo y se llevaron a Giusepe por los aires. Otros, juran que los ángeles eran blancos y resplandecientes de luz y que a quién se llevaron fue al pobre y caritativo cura. Cuando la hoguera quedó consumida, convertida en pequeños restos, no quedaba rastro de ninguno de ellos dos, ni de Giiusepe ni del cura.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-17291882938584395?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/17291882938584395/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=17291882938584395' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/17291882938584395'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/17291882938584395'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/el-mal.html' title='EL MAL'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-7271523515774221271</id><published>2010-02-04T07:05:00.004-08:00</published><updated>2010-02-04T07:06:34.761-08:00</updated><title type='text'>LA MAQUINA DE FABRICAR RELATOS</title><content type='html'>Hoy he pensado que os gustaría conocer la historia de una maquinita que tengo en mi poder y que fabrica relatos, bueno, en realidad debería decir que fabricaba, porque ahora está estropeada. No sé como arreglarla. Hace tiempo ya me ocurrió lo mismo y un día... pero mejor será que os cuente todo desde el principio.&lt;br /&gt;           Paseando una mañana por el Puerto, vi a un viejo chino que portaba una caja de cartón, intentando venderla a quién se la quisiese comprar. Me llamó la atención porque en el puerto, aparte de españoles y marroquíes, la mayoría de vendedores son hindúes. Nunca había visto a ningún chino por allí, pero sin duda aquel viejecillo lo era. Nadie le hacía el menor caso y me quedé un rato observándole. Era muy ceremonioso y apenas empezaba a hablar, lastimosamente todo el mundo le dejaba con la palabra en la boca, sin terminar de escucharle. Me dio algo de pena ver el trato que estaba recibiendo por la gente y me acerqué a él. Enseguida se inclinó ante mi, saludándome, y empezó a decirme tantas cosas y tan rápidamente, que a duras penas entendía yo nada; no me extrañó que nadie terminase de escucharle. Le pregunté si quería vender la caja y noté cómo sus ojillos brillaron. Pobre viejo, pensé, y decidí comprar lo que el hombre vendía, fuese lo que fuese aquella caja y siempre que no pidiese demasiado por ella, pues lo cierto es que yo no llevaba mucho dinero encima. Le escuché con atención y me di cuenta de que en realidad hablaba muy correctamente nuestro idioma.  Me dijo que necesitaba volver a su País, que él ya era viejo y no deseaba llegar a morir lejos de su Patria, que precisaba dinero para el viaje y ya solo le quedaba por vender esa cajita. Le pregunté cuanto quería por ella, pues estaba seguro de que no tendría yo en mis bolsillos más allá de unas seis mil pesetas, y pensé que si pedía más, lo único que podría hacer era regalarle el dinero puesto que ya había decidido ayudarle. Al hacerle la pregunta entrecerró los ojos y mirándome astutamente, me dijo: ¿Quieres comprarla sin saber lo que compras? ¿No tienes curiosidad por saber lo que contiene la caja? Le aseguré que sí, que tenía mucha curiosidad. ¿Qué contiene la caja? inquirí. Y entonces, el viejecillo la abrió. Dentro había otra caja de metal blanco con muchos dibujos y adornos, y en uno de sus lados, una especie de palanca. ¿Qué es? pregunté. La explicación que el viejo me ofreció fue simple, una maquinita de escribir cuentos o relatos, me dijo sin más, aunque luego añadió que él la había arreglado para nuestro idioma, pero que como no lo dominaba demasiado, quizá la máquina hiciese alguna falta de ortografía, pero, continuó, los cuentos son excelentes y muy originales. Siguió explicándome que yo debía elegir entre cuentos o relatos; las dos cosas, no. El podía cambiar los parámetros, pero que hacerlo yo sería muy complicado, así que debía decidirme y él la dejaría preparada para lo que yo escogiese. Divertido, siguiéndole el juego, escogí que escribiese relatos porque me pareció, le dije, más propio para mi, más adulto. También me explicó que la maquinita había tenido, en tiempos, una especie de soporte para colocar pequeñas bobinas de papel, pero el soporte se había roto y eso no podía arreglarse. Así que, continuó diciendo el chino, Vd. deberá introducir una hoja de papel cada vez que quiera utilizarla y eso será todo lo que ocupe el relato que la maquina escribirá. O sea, que lo que entendí fue que al no caber más de un folio, los relatos no ocuparían más que ese folio y no servía poner después otro, pues poniendo un folio nuevo, saldría un relato nuevo. Está bien, dije, continuando con el juego ¿Y la tinta? No lleva tinta, contestó. &lt;br /&gt;           Finalmente, cada vez más divertido con las maravillas que me contaba el viejo, le entregué mis seis mil pesetas que él aceptó encantado. No me creí nada de lo que había escuchado, pero estaba contento. Había hecho una buena obra y la maquinita era una preciosidad para tenerla como decoración en mi casa.&lt;br /&gt;           Cuando llegué, lo primero que hice fue introducir un folio en la máquina y darle un pequeño impulso a la manivela, como me había enseñado el chino. Ya digo que no me había creído nada, pero por curiosidad... y quedé asombrado cuando el folio salió con un relato impreso. Salió de la máquina como por arte de magia. Ese relato lo envié enseguida a la Editorial y, después de ése, hubo una larga serie que fui enviando. Un mal día, aunque hice lo que solía, introducir el folio y darle a la manivela, el folio no salió. Me volví loco dando vueltas a la caja por todos lados. Lo toqué todo, pero nada salió de ahí. Estuve mucho tiempo apretando con mis dedos los dibujos y las hendiduras que tenía la caja, buscando algún resorte secreto y tratando de hacer funcionar de ese modo el aparato, pero, al final, y después de muchos días y de muchas horas de intentos vanos, me rendí y la coloqué en una estantería para que durmiera el sueño de los justos; no hubo modo, siquiera, de poder abrir la caja. De esto, hace ya unos cinco o seis meses. El caso es que hará un par de semanas, mi mujer movió la cajita para poder alcanzar algo que estaba al lado y la dejó fuera de su estante. Cuando fui yo a colocarla en su sitio, me dio por mover una vez más la manivela ¡y salió otro relato! He ido colocando folios y más folios y los relatos que me da la máquina son los que he ido mandando durante estos días para su publicación, pues el viejo chino tenía razón en que los relatos son realmente excelentes. &lt;br /&gt;           La he ido tratando con mucho cuidado, con especial cariño, para que no se quedase otra vez sin funcionar. Me gustaría saber qué es lo que tocó mi mujer para que de nuevo funcionase. Dice que no tocó ninguna cosa especial, y yo, por más vueltas que doy a la máquina sigo sin ver nada, y ese es el problema, porque esta mañana se ha estropeado otra vez, o es posible que yo haya tocado algo sin saberlo, y es que, esa máquina tiene tantos dibujos... unos sobresalen y otros están hundidos, como grabados. Me he pasado todo el día tocando los dibujos, como la vez anterior, pero no he logrado que vuelva a funcionar.&lt;br /&gt;           He pensado que debía explicarlo. Aunque hasta ahora lo guardaba como un gran secreto, es posible que alguien tenga otra máquina igual o parecida, y pueda darme instrucciones para que mi maquinita siga escribiendo relatos. &lt;br /&gt;           Mientras sigo buscando la manera de que funcione, y como la maquinita solo escribía relatos, he aprovechado para escribir yo este cuento. Por supuesto que es un cuento con todas las de la ley, supongo que nadie lo negará. Es el cuento por excelencia. Es... un cuento chino.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-7271523515774221271?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/7271523515774221271/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=7271523515774221271' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/7271523515774221271'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/7271523515774221271'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/la-maquina-de-fabricar-relatos.html' title='LA MAQUINA DE FABRICAR RELATOS'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-4165590887380652789</id><published>2010-02-04T07:05:00.003-08:00</published><updated>2010-02-04T07:05:53.186-08:00</updated><title type='text'>PEQUEÑA ODISEA</title><content type='html'>Érase un hombre que escribía tantos cuentos, y tan variados, que un día, buscando un cuento determinado se perdió entre ellos y no supo dónde se encontraba. Los personajes de los cuentos le veían pasar y se decían: ¿quién será éste que anda por aquí. perdido? Y lo que el hombre hizo, fue empezar a contar nuevos cuentos a esos personajes. No sabía hacer otra cosa, por lo visto. Y eso le salvó de vagar entre cuento y cuento y entre siglo y siglo, pues apenas comenzó a narrar, los personajes lo reconocieron al instante y le llevaron en volandas hasta el agujero de salida de los cuentos, colocando a sus pies, justo antes del letrero que decía “Salida de los cuentos”, una bonita alfombra, tejida, al parecer, por manos expertas, las mismas manos, quizá, que tejieron la antigua, famosa y por ello conocida como “La alfombra mágica”. &lt;br /&gt;        Un personaje muy estirado, al parecer alguien principal, le dijo cuando los demás habían terminado la colocación de la alfombra,: Subid, mi señor, a esta alfombra que os trasladará de nuevo, y en un santiamén, ante vuestro teclado de escribir cuentos.    &lt;br /&gt;        Y efectivamente, tan pronto el hombre subió a la alfombra se encontró ante el teclado, en donde ahora mismo se halla, terminando de escribir ésta su pequeña odisea.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-4165590887380652789?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/4165590887380652789/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=4165590887380652789' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/4165590887380652789'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/4165590887380652789'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/pequena-odisea_04.html' title='PEQUEÑA ODISEA'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-1643558878738444077</id><published>2010-02-04T07:05:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T07:05:52.294-08:00</updated><title type='text'>PEQUEÑA ODISEA</title><content type='html'>Érase un hombre que escribía tantos cuentos, y tan variados, que un día, buscando un cuento determinado se perdió entre ellos y no supo dónde se encontraba. Los personajes de los cuentos le veían pasar y se decían: ¿quién será éste que anda por aquí. perdido? Y lo que el hombre hizo, fue empezar a contar nuevos cuentos a esos personajes. No sabía hacer otra cosa, por lo visto. Y eso le salvó de vagar entre cuento y cuento y entre siglo y siglo, pues apenas comenzó a narrar, los personajes lo reconocieron al instante y le llevaron en volandas hasta el agujero de salida de los cuentos, colocando a sus pies, justo antes del letrero que decía “Salida de los cuentos”, una bonita alfombra, tejida, al parecer, por manos expertas, las mismas manos, quizá, que tejieron la antigua, famosa y por ello conocida como “La alfombra mágica”. &lt;br /&gt;        Un personaje muy estirado, al parecer alguien principal, le dijo cuando los demás habían terminado la colocación de la alfombra,: Subid, mi señor, a esta alfombra que os trasladará de nuevo, y en un santiamén, ante vuestro teclado de escribir cuentos.    &lt;br /&gt;        Y efectivamente, tan pronto el hombre subió a la alfombra se encontró ante el teclado, en donde ahora mismo se halla, terminando de escribir ésta su pequeña odisea.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-1643558878738444077?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/1643558878738444077/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=1643558878738444077' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/1643558878738444077'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/1643558878738444077'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/pequena-odisea.html' title='PEQUEÑA ODISEA'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-7151415590779800786</id><published>2010-02-04T07:04:00.002-08:00</published><updated>2010-02-04T07:05:24.384-08:00</updated><title type='text'>ENCUENTRO DESEADO</title><content type='html'>Por fin nos encontramos. Cuando nuestro amor culminaba entre suspiros, me dijo: ten cuidado, no nos hemos puesto protección y, aunque lo deseo, no quiero un hijo tuyo. Me separé con pesar, lamentando sus palabras. Lo hice justo un segundo antes, en el momento preciso, y vi sus muslos morenos salpicados de blanco. Cuando me iba, le dije: hasta una próxima vez, cielo, si es que nos volvemos a ver. Pude oír, al salir por la puerta, cómo ella me decía: vuelve, amor, como siempre, ya sabes que nuestros doce hijos te adoran.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-7151415590779800786?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/7151415590779800786/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=7151415590779800786' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/7151415590779800786'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/7151415590779800786'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/encuentro-deseado.html' title='ENCUENTRO DESEADO'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-1481916708831445376</id><published>2010-02-04T07:04:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T07:04:55.821-08:00</updated><title type='text'>LA HISTORIA QUE UN TAL ARTURO ME CONTÓ</title><content type='html'>Conocí a Arturo en uno de mis viajes. La primera vez que le vi me llamó la atención porque estaba curioseando por el pasillo del hotel, escuchando atento tras la puerta de una habitación.&lt;br /&gt;No fue hasta unos meses más tarde que le encontré en un hotel de otra Ciudad. No me acordaba de él en absoluto, pero al encontrarlo escuchando en el pasillo, con una oreja pegada a una puerta, le reconocí y caí al instante en la cuenta de que ése era el mismo individuo al que había visto, meses atrás, merodeando como en esta ocasión. No parecía un ladrón, aunque sus movimientos eran altamente sospechosos y se me ocurrió que quizá podía serlo, es decir, un ladrón de guante blanco, un ladrón de habitaciones de hotel. Tanto es así que regresé a mi habitación y revisé que no se me hubiese olvidado dentro algo de valor.&lt;br /&gt;Cuando por la noche, cenando en el hotel, le vi de nuevo, Arturo, ante mi sorpresa, se acercó a mi mesa. ¿Puedo sentarme? preguntó. Adelante, dije yo. Siéntese. Me llamo Arturo, comenzó diciendo, y sé qué me ha visto dos veces huroneando por los pasillos, una de las veces ha sido esta mañana y otra fue en el Hotel X, hace ya unos meses. Esta mañana yo también le he recordado a Vd. y quiero pedirle disculpas y ofrecerle una explicación. &lt;br /&gt;Quedé sorprendido, pero tenía gran curiosidad por lo que el tal Arturo podría llegar a contarme, así que le dije: adelante, explíquese Vd. si lo &lt;br /&gt;cree necesario. Y Arturo comenzó a hablar:&lt;br /&gt;Espero que lo que voy a contar no le haga verme después con desagrado, es algo que me ocurre desde hace tiempo y que no puedo &lt;br /&gt;evitar, pero le aseguro que cuando haya terminado de contárselo a Vd., le agradará tanto como me agrada mi. Yo hice un gesto displicente que no quería decir nada y que a nada me comprometía, pero estaba ansioso por escucharle. Si algo me aburría de mis viajes eran las noches y tener que estar obligado a cenar solo. Le invité a acompañarme. No gracias, respondió, acababa de terminar de cenar cuando Vd. entró al comedor, pero se lo agradezco, es Vd. muy amable y comprensivo. Yo insistí en invitarle: tómese entonces alguna copa. Aceptó y llamé al camarero. Arturo pidió un Chartrés amarillo. Me chiflan los aromas y los colores, dijo, ya paladeando su Chartrés, y continuó: de hecho, vivo para los aromas. &lt;br /&gt;Yo estaba dando buena cuenta de unas codornices exquisitamente cocinadas; y la salsa, cremosa y de un apetecible color acaramelado, estaba deliciosa. &lt;br /&gt;¡Espero que lo que voy a contarle no le amargue a Vd. la cena! exclamó de pronto Arturo. Le miré enarcando una ceja, lo que suelo hace cuando algo me intriga de verdad, y contesté: ¡espero que no! y aunque ya me estaba arrepintiendo de haberle invitado a mi mesa, el tono misterioso de Arturo me impelió a rogarle que continuase. Está bien, dijo, en ese caso le contaré mi historia:&lt;br /&gt;Mi afición irresistible es ver los deshechos de los demás, aunque dicho así parezca algo execrable. Y no lo es, en absoluto. Y Arturo, en ese momento, me hizo un gesto algo especial , haciéndome entender que  su frase era un buen chiste, aunque confieso que yo no vi la gracia por ningún lado y, por tanto, no consideré necesario ser condescendiente y ni siquiera sonreí. Arturo, sin inmutarse por mi falta de complacencia, continuó: es como cuando tomas cerveza por primera vez y no te gusta, y sin embargo, después, si la bebes más veces, te aficionas a esa bebida sin remedio. Esta afición de la que le voy a hablar empezó por los ruidillos que yo oía cuando caminaba por los pasillos de los hoteles. Escuchaba y me preguntaba si sería el grifo echando agua, o el ruido de una meada. Y gracias a mi curiosidad, descubrí lo que ahora es la pasión de mi vida. No hay meadas iguales, puedo asegurárselo, ahora lo sé, ya soy un experto. Las meadas pueden ser cortas o largas, meadas que solo caen por pura gravedad o que son echadas con fuerza. La música es diferente en todas, pues depende de la fuerza de expulsión y del instrumento, así como también en dónde caen. No son las meadas, no obstante, lo que más me agrada, pues no hay nada mejor que una buena cagada, un buen concierto de cagada... pero volvamos a las meadas; las meadas, o muchas de ellas, tienen algo peculiar, especialmente ya al final. Si son de mujer hay silencio, y si son de hombre, suena un cla, cla, cla, que es el sonido que se forma al echar las últimas gotas echadas con generosidad al cielo o a donde vayan a dar. Y el sonido no es precisamente por las gotas, sino por el órgano que las expulsa. Y verá, hablando de sonidos, ahora ya no es usual oírlo, pero no hay nada comparable a escuchar una buena meada echada en un orinal. &lt;br /&gt;Confieso que las codornices se me empezaban a atragantar, pero seguí escuchando.  &lt;br /&gt;Mear en un orinal, o mejor será decir: oír la meada en un orinal &lt;br /&gt;-seguía hablando Arturo con pasión, como si estuviera hablando del concierto de una orquesta sinfónica famosa- es algo inigualable, y la pena es que ya se ha perdido esa costumbre tan grata para los oídos. &lt;br /&gt;Por un lado, como le digo, está el mear con o sin fuerza, pero en cualquier caso da igual siempre que se haga con arte y siempre consciente de lo que se está llevando a cabo, pues obligado se está a tener que ahí acertar. Hay varios tonos en una meada así, y aunque la meada sea normal, la música de la caída se mezcla, irremediablemente, de forma sublime. Le explicaré: el primer tono que suena es el sonido brusco de la meada urgente, con prisas, y que empieza a caer con más o menos empuje, pero en una mayoría de casos, de forma incontenible. La masa de orina cae, como una cascada, desde una cierta altura sobre una de las paredes del orinal y suena irresistiblemente cantarina, ofreciendo varias notas inconfundibles y que son las del rebotar de la meada entre las paredes del recipiente.  En ese punto, yo me imagino los remolinos preciosos de colores que se van formando. En seguida, el sonido cambia de tono, sin duda por buscar el meador mejor caída o mejor rebote, pues todos sabemos que por mucha práctica que se tenga en mear en un orinal, al principio suele salpicar algo, y ello obliga a buscar la mejor posición para ser más preciso, como el buen tirador que todos deseamos ser. También hace falta algo de arte, además de un buen acierto en ese mear. Una  meada en un orinal debe tener arte y precisión, lo cual requiere prestar una gran atención, y como al principio siempre rebota a menos que se sea un experto, los distintos sonidos del rebote se suceden unos a otros como en una bonita composición musical. El colofón de mear en un orinal son los sonidos finales, pues entonces, con el orinal ya algo lleno, estos son distintos. Poco a poco, el sonido disminuye en intensidad, al tiempo que va disminuyendo la propia fuerza de la meada, dando paso a algo parecido al precioso murmullo del agua de  una fuente, o al de un arroyo que discurre cristalino y placentero, produciendo sensación de paz. Uno, al escuchar la placidez de la meada, siente esa paz, hermanándose con el que mea. En esos momentos, la tentación de abrazar al meador, de unirse a él en esa paz que sin duda él siente y que te transmite, se hace intensa. Notas el arrullo y te haces cómplice con él como si te estuviera contando algo secreto, por lo bajines. Hay que poner, en esos momentos, eso sí, mucha atención para poder oírlo bien, pues como estará Vd. advirtiendo por mi explicación, es sumamente importante no perderse ni uno solo de esos sonidos. Son pura poesía y relajan de un modo increíble... Y por último, las notas finales, las gotas cuidadosas y espaciadas del final, con su gorgoteo angelical, que a veces no parecen tener nunca fin. Hoy día es difícil poder oír meadas como ésas, ya que la gente apenas usa el orinal. Todo lo bueno se está perdiendo. Naturalmente, seguía diciendo Arturo sin descanso, la meada de una mujer no es igual, no es comparable en absoluto. Ellas son muy  comedidas y muy discretas y solo se les puede llegar a escuchar un “pisssss” suave y delicado, y no te llegas ni a enterar de cuándo ha acabado. Un día miré por la cerradura para poder observar una de esas meadas tan insulsas y, ¿sabe lo que vi?. Vd. se sorprenderá, igual que yo me sorprendí, cuando se lo diga. Resulta que la mujer no estaba meando, ¡estaba rezando el rosario!. Desde entonces, paso de las meadas de las mujeres. Debo confesarle que, si viajo tanto, es únicamente por el placer de poder escuchar esos variados y bellos sonidos que produce la naturaleza humana, aunque, inevitablemente, siempre existan decepciones y que a veces no esperas. &lt;br /&gt;Arturo continuaba su historia sin pausas, sin mirarme siquiera, dando por hecho que su relato me cautivaría hasta el punto de que yo no perdería mi atención hacia él, ni hacia lo que me estaba contando, en ningún instante. &lt;br /&gt;Y recorro, continuaba diciendo Arturo, los pasillos del hotel a las mejores horas para poderme solazar, y que suelen ser por la mañana. Con el tiempo he llegado a reunir, a base de escuchar tras las puertas y utilizando el pequeño magnetofón que siempre llevo conmigo, grabaciones únicas. Las tengo catalogadas generalmente por ciudades, pero las especiales las guardo aparte. Alguna vez no he podido resistir el sublime sonido de la cagada de algún individuo que demostraba un arte inigualable, pues si hasta ahora le he hablado de las meadas, y lo he hecho de forma sucinta, espere que oiga todo lo que tengo que contarle sobre el cagar. Ante unos sonidos sumamente atrayentes, &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;semejantes a una poesía recitada con profundo sentimiento y estudiados tonos de voz, tonos que por salir de donde salen no se suelen utilizar ante ningún público y que por ello, precisamente, son tonos tremendamente sinceros, dados por la naturaleza del ser humano, sin tabúes, quedo extasiado y hasta llego a caer de rodillas para dar las gracias al cielo por hacerme partícipe y dejarme oír tanta belleza y genialidad. Unas veces son declamaciones efectuadas como si fuesen gritos enfurecidos, y otras lo son suplicando o rogando tiernamente, con dulzura, ofreciendo delicadas pausas que enternecen. &lt;br /&gt;Cuando esto último ha ocurrido he llegado a estremecerme, nunca he podido resistirlo, y he deseado entrar para poder contemplar esa obra tan exquisitamente llevada a cabo y también para poder conocer al autor, que en esos momentos, sin duda alguna, era indudable que se encontraría extasiado ante su propia obra . Tengo un truco para eso, aunque no puedo llevarlo a cabo siempre que quiero, sólo en contadas ocasiones. Justo cuando creo adivinar que ha llegado el momento final, golpeó la puerta de la habitación imperiosamente, continuadamente, y cuando oigo que me contestan con voz algo ahogada por ser ése un momento delicado para el que se encuentra en el cuarto de baño, le digo: ¡Señor! Soy un empleado del mantenimiento del hotel. ¡No tire de la cadena! Sobre todo no tire de la cadena o le caerá una desgracia encima. Termine pero sin tirar de la cadena y haga el favor de abrir en seguida. Suelen hacerme caso, asustados. Entonces, yo entro y digo que se ha roto una cañería, que debo comprobar una cosa y que será un momento. Sin importarme el azoramiento del huésped entro decidido al cuarto de baño, saco la Nickon y hago varias fotos para mi colección. Luego, más tarde, coloco las fotos, archivadas, junto a la cinta de sonido. Es primordial despedirme de ese hotel en cuanto he hecho las fotos pues sería engorroso tener que dar explicaciones, pero no me importa si es por el motivo que le digo: haber conseguido una obra de arte.&lt;br /&gt;Al llegar a esta parte de su historia yo ya había apartado las codornices a un lado de la mesa. La salsa que al principio me pareció deliciosa, me daba ahora verdadero asco. Un camarero se acercó, solícito: ¿No le &lt;br /&gt;han agradado las codornices, señor? ¿Desea Vd. que le sirva otra cosa? No, respondí, no deseo nada más. Las codornices están exquisitas, pero me temo que, esta noche, mi poco apetito no es capaz de hacer honor al buen arte del cocinero. ¿Qué podía yo explicar al camarero?.&lt;br /&gt;Tengo una colección maravillosa, guardada en fotos y en sonidos, seguía contando Arturo: ¡pasteles, verdaderos pasteles de todos los tipos y colores!. Y cuando contemplo una de esas fotos y siento añoranza, pongo la cinta y rememoro aquellos momentos sublimes...&lt;br /&gt;Me despedí de Arturo diciéndole que no se preocupara, que todo lo que le ocurría acerca de  esa afición suya, era de lo más normal del mundo. Me pareció que Arturo quedó algo desencantado ante esa simple y vaga manifestación mía, como si le hubiese decepcionado el comentario. Estoy seguro de que él esperaba haberme producido una gran admiración  por la maravillosa historia que me había contado. Le ha gustado, ¿verdad? decía Arturo mientras yo me alejaba de él lo más  deprisa que podía. Y aún le oí añadir, desde lejos, que era la primera vez que se lo contaba a alguien y que tendría mucho gusto en seguir viéndome en otras ocasiones, y que la próxima vez que nos encontrásemos me haría partícipe de más historias como ésa, que esta vez, por las prisas, había omitido muchos detalles sabrosos... &lt;br /&gt;Desde entonces, cuando entro en un hotel, pregunto en recepción si no se encontrará allí alojado por casualidad un tal Arturo X. Nunca le he vuelto a encontrar, pero si le encuentro, estoy preparado para huir rápidamente.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-1481916708831445376?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/1481916708831445376/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=1481916708831445376' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/1481916708831445376'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/1481916708831445376'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/la-historia-que-un-tal-arturo-me-conto.html' title='LA HISTORIA QUE UN TAL ARTURO ME CONTÓ'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-1102034521559344564</id><published>2010-02-04T07:03:00.000-08:00</published><updated>2010-02-04T07:04:08.610-08:00</updated><title type='text'>YO, EL NO-SER</title><content type='html'>Envuelto en el manto de la oscuridad nocturna, y embozado bajo mi capa negra, entré en la habitación de la dama que, noches atrás, me había cautivado por su dulce hermosura. Había visto a la mujer a la salida de un espectáculo y la imagen de su bella garganta no se borraba de mis pensamientos. Mi boca estaba reseca, tenía una gran sed y la mujer era muy apetitosa. Había decidido poseerla, hacerla mía como lo han sido todas las bellas mujeres que me han hechizado desde la más remota noche de los tiempos.&lt;br /&gt;          Entré por la entreabierta ventana de su apartamento, situado en un doceavo piso. Las alturas no son un obstáculo para mi: pájaro negro de las noches más tenebrosas, me complazco en volar y en visitar dormitorios en busca de las más bellas mujeres, exquisita manera de saciar mi sed de sangre fresca que me sirve como único alimento, el alimento de los no-ser. &lt;br /&gt;          Allí estaba ella, en su lecho, desnuda y más hermosa aún que cuando la vi por primera vez. Dormía plácidamente, con una bonita sonrisa en sus labios y apenas cubiertos sus muslos por una ligera sábana. El calor de este verano era intenso y yo sentía arder mi sangre con verdadero furor y pasión. Desde el alféizar de la ventana pude admirar sus senos y su vientre durante largos minutos y, no resistiendo por más tiempo a mis deseos, salté dentro del dormitorio, adquiriendo en ese instante forma humana. Soy apuesto, bien parecido y arrogante, y gracias a mi elegancia y educación exquisita, consigo que las mujeres sientan admiración por mi, pero al entrar de un modo tan poco humano en el dormitorio, podía muy bien asustarla, por lo que avancé despacio, procurando no hacer ruido alguno para que no se despertase de improviso y que mi presencia la turbase. Me acerqué y me arrodillé al lado de su cama. Noté su respiración en mi rostro y admiré de nuevo su belleza. No pude, no quise resistir la tentación y coloqué ansiosamente mis manos bajo sus pechos, los cogí amorosamente, notando su cálido palpitar, y los levanté ligeramente para apreciar su gravedad y la textura de su piel, y con mis pulgares acaricié con suavidad sus pezones, que comenzaron a erguirse y adquirir dureza. Mi adorada comenzó a gemir y a suspirar profundamente. No se había despertado, y mis caricias lograban que sus sueños fueran especiales y muy de su agrado. Yo sabía que, en sus sueños, ella me veía como el príncipe azul que siempre había deseado, y ahora, por fin, me tenía a su lado. Siempre sucedía así, mi mente es poderosa y me introduzco en los sueños de quien deseo. Cuando se despertase no se extrañaría de mi presencia: yo sería, para ella, la continuidad de sus sueños, que sin embargo, para mi, eran una deliciosa certeza. &lt;br /&gt;          Continué acariciando, con dulzura y ansia a la vez, sus palpitantes pechos, sin poderlos abarcar en su totalidad con mis manos, y los mantuve sujetos entre mis palmas, admirando sus morenos pezones ahora muy tiesos y duros, suaves y flexibles como el caucho, apetecibles como fresas maduras y los masajeé delicadamente, con mucha suavidad y dulzura. Ella se encontraba echada de lado y continuaba emitiendo pequeños gemidos de placer. Abandoné uno de sus excitantes pechos para acariciarle delicadamente la espalda con la yema de mis dedos; mi mano bajó despacio, recorriendo la suave y cálida piel, y la abandoné gustoso en sus hermosas, abultadas y atrayentes nalgas. Mis dedos palparon con pasión sus prietas y deliciosas carnes y, luego, sin poderme contener, recorrieron lentamente la abertura que separaba sus nalgas y bajaron aún más, hasta que mi tacto encontró, escondido entre sus muslos, el cálido y apetitoso refugio; jugué con su escondida y entreabierta grieta y acaricié su jugoso interior, que exhalaba, como una delicada y fragante flor, un dulce, empalagoso y muy excitante aroma. En ese instante, alcé mi rostro hasta el de ella para besar su cuello y saborear las mieles de su garganta. Mis dientes se hundieron y paladeé su sangre, néctar de vida, néctar de lujuria y de inmenso placer que recorrió mis sentidos y mis entrañas, y que me provocaron grandes estremecimientos y un intenso e incontrolable deseo. &lt;br /&gt;          De pronto, me di cuenta de que al lado de la mujer se encontraba alguien más, un hombre que dormía profundamente. Tan absorto había estado yo acariciando a mi amada, que no había advertido su presencia hasta entonces. Separé mis manos de los dulces encantos de los que había estado gozando y me abalancé sobre el durmiente. Mis más fieros instintos se desencadenaron y una rabia infinita me invadió por haber tenido que interrumpir mi banquete. &lt;br /&gt;          Odio y desprecio al ser humano aunque éste sea mi alimento; quizá por eso lo desprecio, porque es un ser inferior y no me sirve más que para alimentarme. No le di tiempo a despertarse, le cogí con rudeza por los cabellos, le levanté como si fuese un muñeco de trapo y lo lancé con furia contra la pared. No me detuve y, abalanzándome de nuevo sobre él, con mis uñas desgarré profundamente su garganta, desde el mentón hasta su pecho. Contemplé la gran herida abierta y cómo brotaba y se derramaba su sangre con fuerza, y mojé con delirio mis manos en ella. ¡La sangre es vida!. El hombre, ya despierto, sentado en el suelo y apoyado en la pared contra la que yo le había estrellado, me miraba con unos ojos muy abiertos llenos de asombro y terror, boqueando en busca del aire y de la vida que, entre estertores,  se le escapaban sin remedio, y con el cuerpo completamente ensangrentado, mientras mi boca dibujaba una sonrisa de satisfacción. Aún me miraba, cuando, con rapidez, con un fuerte y seco golpe de mi mano, introduje mis largas y afiladas uñas en su pecho y le arranqué el corazón de cuajo. No bebí su sangre. En ese momento, la única sangre que ansiaba era la de mi amada.&lt;br /&gt;          El fuerte golpe dado en la pared por el humano, y el ruido que se había producido, había alertado a los vecinos, que golpeaban la puerta del apartamento y gritaban y preguntaban, a grandes voces, qué era lo que ocurría. Mi amada se había incorporado ligeramente y se encontraba medio sentada, en la cama, reposando su espalda en la almohada, mirándome con sus preciosos ojos llenos de sorpresa y sin saber ni comprender lo que estaba sucediendo. Estaba, si cabía, aún más hermosa que antes, y con las manos puestas sobre dos grandes preciosidades, sus bellísimos y rotundos pechos. De buena gana hubiera vuelto con ella, a su lado, pero no me convenía seguir allí. Nadie debe conocer mi existencia, nadie, y quién la conozca deberá morir. Dudé unos instantes, lamentando mi anterior y desatada furia con la que había despertado a la vecindad y por la que ahora debería alejarme de tan apetitosa presa, aunque, pensé, no sería por mucho tiempo. Me dirigí hacia la ventana a grandes pasos, conservando todavía en mi mano el corazón que aún palpitaba y del que colgaban largas arterias desgarradas y sangrantes, y desde allí miré de nuevo a la mujer. &lt;br /&gt;          Más tarde, ella no recordaría nada de lo acaecido, ahora estaría para siempre bajo mi influjo y nunca podría explicarse lo sucedido durante esa noche. Dejé la víscera sangrante en el alféizar y me lancé, a través de la ventana, hacia la negra noche que ampararía mi vuelo, el vuelo del no-ser, el vuelo del que ahora era, de nuevo, un alado y pequeño animal surcando los aires en eterna búsqueda de su destino, en eterno rastreo de posibles víctimas que pudieran servirle de alimento. &lt;br /&gt;          Antes de lanzarme al vacío, dejé las huellas de mis garras de pájaro sobre la sangre semi coagulada que había ido soltando el corazón que arranqué del pecho del humano. De ese modo, achacarían el ataque y la muerte del hombre, del mortal que yo maté, a un pájaro de rapiña, a un extraño y desconocido pajarraco y sin culpar de ello a la mujer, mujer que me reservaba exclusivamente para mi gozo y placer.&lt;br /&gt;          Sobrevolando la ciudad, dirigiéndome a mi oculta guarida, pensé en mi próxima incursión, ya que en ésta no había logrado saciarme como necesitaba. Decidí que aún era temprano para retirarme. Y variando mi rumbo, me dirigí  en busca de mortales con los que  pudiera saciar mi tremenda sed de sangre...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-1102034521559344564?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/1102034521559344564/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=1102034521559344564' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/1102034521559344564'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/1102034521559344564'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/yo-el-no-ser.html' title='YO, EL NO-SER'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-2941900152083688394</id><published>2010-02-04T07:02:00.000-08:00</published><updated>2010-02-04T07:03:17.172-08:00</updated><title type='text'>UN DIA DE VACACIONES</title><content type='html'>Pablo lo pasaba bien durante las vacaciones. Siempre hacía algo inesperado y que luego, durante el resto del año, recordaba con satisfacción. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando esa tarde calurosa entró en el portal del edificio, se dirigió directamente a los buzones en los cuales figuraban los nombres de los inquilinos. Sudoroso y pleno de nervios, esperó durante varios minutos leyendo los letreros, aparentando buscar en ellos un nombre que no lograba encontrar. Por fin entró en el portal una mujer que se dirigió directamente al ascensor y él se apresuró, entonces, a subir también, como si ya hubiera averiguado la dirección exacta que había estado buscando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cortésmente pregunto a qué planta se dirigía ella, y cuando la mujer se lo dijo, él respondió: ¡ah! yo voy aún más arriba. Y pulsó, amable, el botón de la planta que la mujer había nombrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La excitación de pensar en lo que iba a hacer, le hizo estremecerse de placer. Antes de que el ascensor parase en la planta, alargó de pronto un brazo y colocó la mano medio cerrada entre los muslos de ella, hundiendo ahí sus dedos todo lo que pudo. Y luego, con un gesto rápido subió la mano, rozando con fuerza el cuerpo de la mujer hasta sobrepasar sus pechos... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer se había quedado quieta. Todo había sido muy rápido y, sorprendida, apenas se había dado cuenta de lo que había sucedido pero, sintiendo, eso sí, algo parecido a un fuerte hormigueo que le había recorrido el cuerpo, produciéndole una inexplicable sensación. Cuando el ascensor paró en el piso solicitado, la mujer no se movió pero Pablo salió de estampida, aunque antes, mirando un instante hacia atrás, la vio muy quieta, apoyada en una pared lateral del ascensor y con una expresión indefinida en su rostro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de descender corriendo por las escaleras, Pablo abrió la mano con la que había recorrido, de abajo a arriba, el cuerpo de la mujer, y dejó caer al suelo una afilada hoja de afeitar que hasta entonces había mantenido sujeta y oculta entre sus dedos, una hoja de afeitar ahora ensangrentada, mientras notaba, en su interior, el gran gozo que le había supuesto su hazaña. Y más tarde, recordando el gran charco de sangre que había visto formarse en un instante en el suelo del ascensor, se preguntó si a quién le tocase limpiarlo le agradaría hacerlo... mientras él se relamía los labios golosamente y se decía que, con seguridad, antes de acabar el verano, volvería a repetir esa hazaña que le había hecho subir hasta lo más alto sus niveles de adrenalina, y conseguido hacerle disfrutar tanto.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-2941900152083688394?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/2941900152083688394/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=2941900152083688394' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/2941900152083688394'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/2941900152083688394'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/un-dia-de-vacaciones.html' title='UN DIA DE VACACIONES'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-8693482822966417293</id><published>2010-02-04T07:01:00.002-08:00</published><updated>2010-02-04T07:02:43.046-08:00</updated><title type='text'>FUTURAS COMUNICACIONES</title><content type='html'>¿Diga?&lt;br /&gt;- Hola, Rafa. ¿cómo estás?&lt;br /&gt;- ¡Caramba, Juan, qué sorpresa oírte, hacía tiempo que no nos hablábamos!.&lt;br /&gt;Yo estoy bien, ¿y tú?&lt;br /&gt;- Pues, perfectamente, pero me gustaría poder tener contigo una pequeña&lt;br /&gt;conversación. Y preferiría que fuese en privado.&lt;br /&gt;- Claro, no faltaba más ¿te ocurre algo?&lt;br /&gt;. Si, aunque no sé si es bueno, o es malo.&lt;br /&gt;- ¡Vaya! Adelántame algo, Juan, me preocupas.&lt;br /&gt;- Mira, será mejor que quedemos en la cafetería, y allí te cuento.&lt;br /&gt;- De acuerdo, pero, ¿seguro que estás bien?&lt;br /&gt;- Si, Rafa, estoy bien. Lo único que me ocurre es que me siento perplejo por&lt;br /&gt;una serie de fenómenos que me están sucediendo y los quería comentar&lt;br /&gt;contigo. Hasta que te lo explique seguro que no lo entiendes, pero te&lt;br /&gt;adelantaré algo. Ahora mismo, tú estás hablando por teléfono...&lt;br /&gt;- ¡Claro!- dije, ante la larga pausa que hizo mi amigo y porque me pareció&lt;br /&gt;una perogrullada su afirmación de que yo estuviese hablando por teléfono.&lt;br /&gt;¿Por dónde podía estar yo hablando, si me acababa de llamar él mismo, y&lt;br /&gt;había llamado a mi número?&lt;br /&gt;- Pues yo no- dijo mi amigo&lt;br /&gt;- ¿Qué?- respondí, sin comprenderle.&lt;br /&gt;- Ya te he dicho que no lo entenderías... Lo creas o no, yo no tengo ningún&lt;br /&gt;teléfono en la mano. Hablo contigo, es cierto, pero mis manos no sostienen&lt;br /&gt;ningún teléfono.&lt;br /&gt;- ¿Por dónde entonces? ¿desde dónde me llamas?&lt;br /&gt;- Desde casa, pero para hablar por teléfono ya no necesito utilizar ese&lt;br /&gt;aparato, como tú estás haciendo. No lo comprendes y es lógico, yo tampoco&lt;br /&gt;acabo de entenderlo... del&lt;br /&gt;todo. Por eso te he llamado, para intercambiar contigo mis preocupaciones,&lt;br /&gt;igual que has hecho tú siempre conmigo y porque no sé discernir si lo que me&lt;br /&gt;está ocurriendo es bueno, o todo lo contrario.&lt;br /&gt;- No comprendo absolutamente nada de lo que me estás diciendo, pero dime&lt;br /&gt;cuándo quieres que nos veamos para charlar.&lt;br /&gt;- Ahora mismo, si es que puedes.&lt;br /&gt;- De acuerdo, voy para allí. Hasta ahora, Juan.&lt;br /&gt;- Hasta ahora.&lt;br /&gt;Noté a mi amigo nervioso, excitado, cuando él suele ser una persona de lo&lt;br /&gt;más tranquilo. Siempre era yo el que había pedido su ayuda para todo, y&lt;br /&gt;ahora, después de tantos años de ser mi paño de lágrimas, él me llamaba para&lt;br /&gt;pedir la mía. No me molestaba, al contrario, me agradaba que pudiéramos&lt;br /&gt;tener esa correspondencia, y además, así podría yo compensarle, de alguna&lt;br /&gt;manera, por las innumerables veces que él me había ayudado, pero me&lt;br /&gt;extrañaba que Juan pidiese mi ayuda; algo realmente grave, o insólito, tenía que estarle pasando para que recurriese a mi. No había entendido lo que me acababa de explicar, pero pronto lo aclararía.&lt;br /&gt;Me dirigí, muy intrigado, a la cafetería "Olivers", y tan pronto llegué,&lt;br /&gt;localicé a Juan apoyado en la barra. Ven, me dijo, sentémonos en alguna&lt;br /&gt;mesa. No quiero que nadie más que tú, escuche lo que voy a contar.&lt;br /&gt;Nos sentamos y Juan me sonrió. Me sentí aliviado por eso. Juan estaba de&lt;br /&gt;buen humor y pensé que lo que fuese que le ocurriera, no podía ser una&lt;br /&gt;desdicha. Y se lo dije. Y Juan sonrió aún más ampliamente.&lt;br /&gt;- Así es, Rafa. Sentía la necesidad de contártelo. Lo que me ocurre no es&lt;br /&gt;ninguna desgracia, pero quiero que me des tu opinión, no estuviese yo&lt;br /&gt;equivocado por no saber ver la realidad. Verás... y aquí, mi amigo volvió a&lt;br /&gt;hacer una larga pausa, lo que no era su costumbre.&lt;br /&gt;- No sabes por dónde empezar, ¿verdad? le dije. Y añadí: ya sabes, en estos&lt;br /&gt;casos... y ahora fui yo quién dejó mi frase en suspenso. Juan me miró y,&lt;br /&gt;conociéndome bien, sabiendo lo que yo pensaba y lo que quería darle a&lt;br /&gt;entender, soltó una fuerte carcajada, que hizo que algunos clientes se&lt;br /&gt;fijasen en nosotros, pensando, sin duda, que éramos dos amigos que estábamos&lt;br /&gt;disfrutando, quién sabía por qué motivo. Bien, escucha, comenzó a hablar&lt;br /&gt;Juan, después de recuperar la respiración que casi se le había perdido&lt;br /&gt;después de su larga risa:&lt;br /&gt;- Hace dos meses, quizá tres- -y aquí, su rostro me mostró la preocupación&lt;br /&gt;que estaba viviendo- advertí que estaba escuchando una conversación de mi mujer. Estaba hablando con alguien que yo no conocía, o al menos, su voz no me era familiar. Pensé que, distraído leyendo en mi despacho, no me había dado cuenta de que había llegado alguien a casa. Mi intención no fue la de escuchar, pero la conversación era en voz tan alta y clara, que no pude por menos de enterarme de todo lo que hablaron. No te voy a contar aquella conversación, no tenía importancia y, por otro lado, lo que hablaron es lo de menos. Oí cómo se despedían, y esperando yo que la visita se marchase, no osé salir de mi despacho, pues si mi mujer no me había llamado, significaba que estimó prudente no molestarme. Pero pasaba el rato y nadie se marchaba.&lt;br /&gt;Quedé intrigado,  y dejando el libro que ya no estaba leyendo encima de una mesita auxiliar, aunque lo había mantenido hasta ese momento entre mis manos, me dirigí a la sala de estar, en la que se encontraba mi mujer.&lt;br /&gt;Raquel estaba recostada en el sofá, y hojeando una revista. ¿Quién ha venido hace unos momentos? pregunté. Raquel me miró, extrañada, sin comprender mi pregunta, pero al instante reaccionó, entendiéndola al fin, y me contestó que por qué decía eso, si nadie había venido a casa. ¿Nadie? Me extrañé yo, entonces. ¡Pues yo te he oído hablar con alguien, cariño! le dije, no comprendiendo lo que Raquel me contestaba. Pero Raquel insistió en lo que afirmaba, y acabamos discutiendo como solemos acabar haciendo siempre que iniciamos una conversación acerca de cualquier cosa y en la que, indefectiblemente, ni yo la entiendo a ella, ni ella me entiende a mi. Bien, pues al día siguiente me ocurrió lo mismo, quiero decir que, esta vez, yo había oído cómo sonaba el timbre del teléfono y no el de la puerta de&lt;br /&gt;entrada. Digo lo de la puerta de entrada porque si hubiera sido así, sería&lt;br /&gt;lógico que, igual que el día anterior había ocurrido, yo pudiese escuchar la&lt;br /&gt;voz de la persona que hablaba con mi mujer si es que hubiese llegado&lt;br /&gt;alguien, claro, pero no, lo que había sonado era el teléfono, y sin embargo,&lt;br /&gt;pude escuchar claramente, muy claramente, la voz de mi suegra, como si&lt;br /&gt;hubiese venido de visita en lugar de encontrase veraneando a mil quilómetros de distancia. Me levanté, de todos modos, pues era evidente que mi suegra había venido a mi casa. ¿Le habría ocurrido algo, para abandonar su preciado veraneo? Eso es lo que me preguntaba cuando, al entrar en la sala de estar, vi a mi mujer, sola y hablando por teléfono con su madre, a la que yo oía claramente y con perfección, con tanta perfección como si estuviese presente en nuestra sala. Creo que me mareé, siento confesarlo, pero aquello sobrepasó mi entendimiento.&lt;br /&gt;Mientras escuchaba a mi amigo, me preguntaba a mi mismo si lo que éste me contaba podía ser cierto o... es que mi amigo, al que hacía tiempo que no veía, le había sobrepasado el mucho trabajo que siempre acumulaba, y por el que ya no frecuentábamos tan a menudo nuestros encuentros.&lt;br /&gt;Pero Juan seguía hablando y no le interrumpí.&lt;br /&gt;- Y así, me está ocurriendo con todo, Rafa- me decía. - Ya no necesito tener&lt;br /&gt;pegado a la oreja un teléfono para poder hablar y escuchar. Desde aquel día, hablo y escucho por teléfono sin necesidad de ello, como he podido hacer antes contigo.&lt;br /&gt;-Yo estaba perplejo, y no se me ocurrió más que preguntar: Y todo esto, ¿a&lt;br /&gt;qué crees que es debido?&lt;br /&gt;- No es que lo crea, lo sé. Ahora lo sé. Tú conoces mi proverbial despiste.&lt;br /&gt;Pues bien, todo se aclaró cuando, después de otra bronca con mi mujer, ésta me tachó de neurótico y me recordó que yo había contratado los servicios de  manos libres para toda la casa. Por la comodidad ¿sabes?- Y al decir esto, mi amigo me guiñó un ojo y soltó un gran risotada, tan grande o más que la que había soltado antes al principio de nuestro encuentro. Y entre risas, me dijo: ¡es que tenía ganas de verte! ¡y hacía tanto tiempo que no charlábamos, que quise gastarte esta broma y que nos tomáramos una copa juntos!.&lt;br /&gt;Y es que mi amigo es así. Quizá no expliqué bien al principio cómo es mi&lt;br /&gt;amigo, pero es un gran guasón y siempre se ríe de todo. Por ese motivo me&lt;br /&gt;extrañaba de que tuviese problemas, y menos, que confiase en mi para&lt;br /&gt;ayudarle.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-8693482822966417293?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/8693482822966417293/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=8693482822966417293' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/8693482822966417293'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/8693482822966417293'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/futuras-comunicaciones.html' title='FUTURAS COMUNICACIONES'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-7243737049378024766</id><published>2010-02-04T07:01:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T07:01:53.144-08:00</updated><title type='text'>LAS PIEDRAS DE “LA ESTRELLA”</title><content type='html'>- ¡Eso no es cierto! Saltó indignado Marcos, dando un bote en su silla y señalando acusador con un dedo a Jules, al tiempo que pronunciaba colérico esas palabras. ¡Tú no has estado jamas en La Estrella! añadió furioso. &lt;br /&gt;- ¿Y cómo puedes saberlo? -le replicó Jules- Claro que he estado. Justamente hace hora un mes que visité el asteroide.&lt;br /&gt;- No, no has estado, no has podido estar porque desconoces su situación, no mientas más. Es un truco para poder vender tus piedras. Sabes que diciendo que son de La Estrella te las quitarán de las manos a cualquier precio, pero eso será una estafa, no puedes actuar de ese modo, Jules, y si lo intentas, te denunciaré. La posición de La Estrella no es todavía conocida por nadie, ni tan siquiera por la Cámara de la Propiedad Galáctica, y no pienso registrarla hasta no poder defenderla de tipos como tú. Además, ya hace tiempo que instalé unos sensores y no han detectado ninguna presencia humana, aparte de la mía. &lt;br /&gt;- ¿Y si te digo que envié a mis robots?&lt;br /&gt;- Ja, ja. Sabes que los robots no tienen capacidad para escoger piedras como ésas. Y además, Jules, no me creas tan tonto, los sensores que yo utilizo detectan cualquier clase de actividad. Déjalo, no intentes más trucos. Comprendo que tienes envidia por mi descubrimiento, pero La Estrella es únicamente mía y con todo lo que contiene; yo la descubrí y me pertenece por completo. Piedras como las de La Estrella hace años que no se encontraban. Gracias a ellas me haré por fin muy rico y recibiré grandes honores. Las reservas de los asteroides conocidos están casi agotadas y su calidad no se puede comparar. Sabes que presenté al consejo unas muestras y que el Consejo en pleno quedó extasiado. Mis piedras son rosadas, no lo sabías ¿verdad? nada que ver con las que tú intentas vender,  incluso su tacto es diferente, mis piedras son como la seda, y su sabor... inigualable, aunque lo mejor de todo son sus efectos. He pensado comercializarlas de forma distinta a todo lo conocido hasta ahora, no en su estado puro, sería un desperdicio. Unos pocos gramos bastarán para que disueltos en armeliz, haga las delicias de todos los que no podemos ya prescindir de vivir bajo la fantasía que las piedras nos producen. Tendrás que continuar en tu búsqueda por el espacio, Jules, quizá la suerte te acompañe un día como a mi, pero no trates de vender piedras con engaños, pues aunque yo no te denunciara, lo harían otros cuando mi néctar se comercialice y conozcan los efectos de las verdaderas piedras de La Estrella.&lt;br /&gt;Jules rezongó algo que no se entendió y, sin despedirse, se levantó y se dirigió a la salida, pero antes de marcharse, se volvió hacia Marcos y le dijo con rabia contenida: Siempre has tenido mucha suerte, pero ya verás cómo se te acabará algún día.&lt;br /&gt;Marcos, que no se había movido de su asiento, hizo un pequeño movimiento de cabeza, incrédulo por el comportamiento y las palabras del que, en tiempos, había sido su mejor amigo. &lt;br /&gt;Jules y Marcos se conocieron en la Academia Galáctica, y juntos, cuando aprobaron los exámenes y obtuvieron sus licencias, iniciaron mil correrías por el espacio, rescatando chatarra para sufragar sus gastos y explorando más allá de donde cualquier piloto se atrevía a aventurarse. El transporte que adquirieron entre los dos era una nave pequeña, del tipo “avanzade” ágil e increíblemente manejable. El mayor volumen ocupado por la nave era su motor y las baterías, pero estaba bien equipada y con todo lo suficiente para poder remolcar naves más grandes. Durante mucho tiempo fueron recogiendo toda la chatarra que pudieron ir encontrando acumulada en el espacio, abandonada durante años y, tan lejos, que nadie se arriesgaba a llegar hasta allí. La chatarra solía ser maquinaria y restos de pertrechos de mineros que, en tiempos, habían ocupado los asteroides para explotar sus yacimientos hasta dejarlos agotados. Los mineros, una vez obtenido el máximo del asteroide y cuando ya no podían sacar más de él, abandonaban la maquinaria que tanto coste les había originado trasladar, prefiriendo regresar con su carga de minerales y dejar abandonado todo, antes que efectuar un largo viaje de regreso solamente para recoger maquinaria en desuso. También es cierto que no actuaban así al principio, cuando esas coordenadas del espacio en las que existían tantos asteroides para explotar, se encontraban llenas de naves y mineros, pudiéndose ayudar unos a otros, Pero con el tiempo, los asteroides dejaron de ser rentables, y los pocos que quedaron siendo explotados, también terminaron por agotarse. Para entonces, ya eran pocos los mineros que andaban por esos lares y era muy arriesgado no poder obtener ayuda en caso de necesitarla, pues las comunicaciones no llegaban hasta el Planeta debido al cinturón de asteroides. Marcos y Jules no se arredraron por ese motivo. Eran jóvenes,  audaces y también previsores, y a su nave la habían dotado de los más modernos artilugios para prevenir al máximo no quedar al pairo por culpa de una avería, aunque, no obstante, no dejaba de ser un riesgo viajar hasta tan lejos por el beneficio que se podía obtener al vender luego la chatarra recuperada. &lt;br /&gt;Con el tiempo, llegaron a montar su propio negocio de venta de maquinaria recuperada, y también, con el tiempo, el negocio fue a menos, pues cada vez resultaba más difícil encontrar maquinaria abandonada. &lt;br /&gt;Jules era ambicioso y pendenciero, y pronto Marcos se convenció de que no le convenía esa sociedad. Se separaron amistosamente, y desde entonces, los dos se dedicaron a buscar, en asteroides lejanos, las piedras que hacía años habían sido descubiertas y que, desleídas en bebidas inocuas, producían el efecto que siglos atrás producía el alcohol. Al principio de la separación, a los dos les pesó la soledad, aunque pronto llegaron a acostumbrarse a ella, y a medida que los años transcurrían, su antigua amistad se fue transformando en una competencia feroz, intentando demostrar, cada uno, que valía más que el otro. Los dos frecuentaban el Centro Galáctico al regreso de sus viajes y, cuando coincidían, no dejaban de reunirse para ver quién de los dos fanfarroneaba más, diciendo cada uno de ellos que había sido él quien había obtenido los mejores logros y ganancias en su último viaje.&lt;br /&gt;Al ver salir a Jules, Marcos recordó su reciente pasado, y viendo cómo continuaba comportándose su antiguo amigo, se alegró una vez más de haber disuelto su sociedad con él. Aunque al principio lo lamentó, pues lo apreciaba como amigo y compañero, estaba convencido de que hacía lo mejor al separarse. Y el tiempo transcurrido le estaba otorgando la razón, pues Jules estaba demostrando ser capaz de muchas cosas que Marcos no podía soportar. Jules era fanfarrón, envidioso, embustero, y sobre todo, su afán de dinero le cegaba.&lt;br /&gt;Marcos salió más tarde del Centro, contento por el descubrimiento hecho meses atrás en un lejano asteroide fuerza de toda ruta conocida, pero pesaroso y disgustado por Jules, pues éste había pretendido, contra toda razón, aparentar ser el descubridor de esas piedras, intentando vender otras con características inferiores, pero diciendo que procedían del mismo asteroide y que sus efectos eran los mismos. Se dirigió a la Deuvedeteca en la que el propietario y buen amigo suyo, Banter, había disuelto y mezclado las piedras en un bebida conocida, un refresco inocuo llamado ermeliz y que gozaba de buena acogida por el público. Unos pocos gramos de “estrella”, así habían bautizado su amigo y él a las piedras, bastaban para que el refresco se convirtiese en una bebida ligeramente efervescente y de un agradable color rosado, el mismo color que tenían las piedras, además de proporcionar al que la bebiese, y eso era lo más importante, una ligera euforia que hacía desaparecer del cuerpo el cansancio del día. El efecto no aumentaba si se aumentaba la dosis, eso era lo curioso. También eran diferentes los efectos de la “estrella” a todas las piedras conocidas, pues la que se habían encontrado hasta ahora y que se habían hecho populares, ofuscaban los sentidos si se abusaba de ellas, ocasionando más tarde una resaca indeseable. En cambio, la “estrella”, produciendo aparentemente los mismos efectos euforizantes, relajaba y no causaba posteriormente ninguna resaca. Podía tomarse a primera hora, nada más levantarse de dormir, para despejar la mente y ayudar  enfrentarse a la rutina diaria. En realidad podía tomarse a cualquier hora, siendo siempre sus efectos beneficiosos, sin contar con que su sabor era tan agradable, tan exquisito, que era un verdadero placer tomar la bebida. Marcos no dudaba de que cuando se llegase a conocer, su consumo se extendería, desplazando al resto de bebidas conocidas. Banter fue quién experimentó con las mezclas, dándolas a probar a sus más íntimos parroquianos. Había mezclado las piedras rosas con otras piedras del mismo asteroide, de color grisáceo, cambiando así ligeramente el sabor de la bebida, y que con esta variedad tomaba un ligero sabor ácido, igualmente muy agradable. Tanto Banter como Marcos estaban convencido de que una vez se conocieran la bebidas, nadie querría beber otras distintas. Por supuesto que tuvo que presentarlas al Consejo de Salud pública, dónde comprobaron sus efectos y dieron el visto bueno para poder comercializarlas, otorgándoles el número de licencia correspondiente. La fórmula debería figurar en cada envase, pero eso no afectaba en nada, ni siquiera en que pudiese copiarse, pues lo importante era ser el descubridor del asteroide donde se encontraba el yacimiento, lo cual otorgaba los derechos de explotación hasta que se éste se agotase. Marcos estaba convencido de que deberían transcurrir muchos años antes de que eso ocurriese. Había encontrado un buen filón. Únicamente podrían hacerle competencia si alguien encontrase otro asteroide parecido, pero con piedras diferentes, porque si fuesen iguales, la licencia le protegería y nadie más que él y Baner, con el que se había asociado, podrían comercializar la bebida. Se sintió satisfecho y pensó que por fin conseguiría todo lo que en su vida había anhelado.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-7243737049378024766?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/7243737049378024766/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=7243737049378024766' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/7243737049378024766'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/7243737049378024766'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/las-piedras-de-la-estrella.html' title='LAS PIEDRAS DE “LA ESTRELLA”'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-3950486856438969501</id><published>2010-02-04T06:59:00.002-08:00</published><updated>2010-02-04T07:01:00.263-08:00</updated><title type='text'>LA SONDA DEL CONOCIMIENTO</title><content type='html'>NOTAS PARA ESTE RELATO :&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La galaxia (J123642+621331) está tan lejana que corresponde al universo desde cuando tenía menos de una quinta parte de su edad actual. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Presidente de la Cámara de Investigaciones Científicas Espaciales, el más grande científico de todos los tiempos, se encontraba de pie en la tribuna de oradores del Palacio de Conferencias. Miró de frente a los más importantes científicos mundiales, reunidos en el especial Simposium, el mayor y más trascendental de todos los tiempos conocidos. Hizo una pausa, carraspeó y comenzó a hablar con solemnidad:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Todos nosotros sabemos que para investigar el universo con éxito, al igual que ocurre en la bioquímica, en la genética o en muchas otras ramas de la ciencia, es necesario conocer profundamente el lenguaje matemático. Las descripciones del universo, para comprenderlas, deben hacerse mediante las matemáticas”. Pero también es cierto que a pesar de haber avanzado mucho, especialmente en los últimos años, en este lenguaje tan necesario, nos hemos encontrado innumerables problemas a los que no veíamos solución”.&lt;br /&gt;                   La mayoría de los asistentes al Simposium asentían con gestos elocuentes  al discurso del Presidente, pues aunque parecía ser un tema recurrente, a todos les escocían esos escollos insalvables que encontraban en sus investigaciones y que les obligaban a ralentizar sus trabajos. La revelación que les sería hecha, anunciado en el comunicado que recibieron, probablemente sería acerca de algún descubrimiento matemático, pensaron, y era lo que les mantenía en vilo e inmersos en lo que escuchaban. No dieron importancia a lo que al comenzar a hablar les dijo el Presidente acerca de que no se sentía capaz de seguir adelante con el proyecto. Nadie mejor que él para dirigir las investigaciones sobre el espacio exterior. Eso debía ser, sin duda, una forma de enfocar la cuestión y para que, una vez más, fuese ratificado como el científico más capaz y válido para poder dirigir la Cámara de Investigaciones. El Presidente era un genio, pero  también una de las personas más humildes que se conocían y que nunca trataba de darse importancia a sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Amigos... hermanos, continuó diciendo el presidente: nos llamamos a nosotros mismos humanidad; de acuerdo, pero cuando comprueben los datos irrefutables que nuestra avanzada tecnología ha conseguido reunir, lo que nuestra ciencia imparable ha logrado, verán que todo lo que nuestra humanidad tenía como sólidas bases científicas han quedado reducidas a la nada. Hace mucho tiempo se especuló con la hipótesis de que nuestro mundo era un mundo microbiano, un mundo dentro de otros mundos, unos simples átomos dentro de otros átomos, pero muy pronto olvidamos esta hipótesis, una hipótesis que nos parecía ocurrente al principio de formularse, para acabar pensando que no tenía fundamento; pues bien, ahora tenemos las pruebas de que esa hipótesis que nos pareció infantil, es una exacta, y debo añadir, triste realidad. &lt;br /&gt;Nos llamamos humanos porque nos vemos distintos a cualquier ser con vida propia, pero creedme, somos puros microbios dentro de una escala infinita de microbios, y esta escala es infinita porque igual que existe por debajo de nosotros, también, amigos, también existe por encima nuestro sin que sepamos hasta donde llega y si tiene fin.  Lo que creíamos que era un universo, es un ser con vida como nosotros mismos. Los planetas, las Galaxias, todo lo que podamos ver o intuir, por lejano que esté, pertenece a este gigantesco ser, igual que nosotros le pertenecemos y formamos parte de su cuerpo”.&lt;br /&gt;          El Presidente, sudoroso por las vehementes explicaciones que estaba ofreciendo, calló durante unos instantes para poder beber un sorbo de agua. Todos los científicos allí reunidos escuchaban en profundo y respetuoso silencio. El Presidente, después de depositar su vaso en el atril que tenía delante, continuó hablando y ofreciendo ya, pausadamente, la explicación final, explicación que dejó caer como una bomba que estalló entre la concurrencia.&lt;br /&gt;“Desconocemos si este descomunal y gigantesco ser, en cuyo interior nos encontramos y al que sin duda pertenecemos, es algo parecido a un hombre. En cualquier caso, desconocemos todo de él y lo que nos preguntamos es: ¿posee inteligencia o es un animal irracional ?”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          El Presidente de la Cámara de Investigaciones Científicas Espaciales hizo una larga pausa, consciente de que las revelaciones de los importantes descubrimientos que había conseguido hacer, solamente conocidos hasta ese momento por él y sus ayudantes, revolucionarían las creencias que los científicos habían mantenido hasta ese momento como credos inamovibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“También se habla, desde hace tiempo, de la expansión del universo, teoría que no todos aceptábamos; pues bien, la teoría se ha confirmado, también eso es cierto, y ahora conocemos los motivos. El universo, señores, se expande y se contrae, efectivamente, pero es por efectos de la respiración de este ser gigantesco y que, de momento, está fuera de toda posible investigación por nuestra parte. Nosotros somos simples células, como lo son la Tierra, los planetas y el espacio que podemos contemplar. Somos puras células infinitamente diminutas. Y nuestro sol, así como los planetas que conocemos que existen y los que habíamos intuido con nuestros cálculos, a tantos millones de Km. de nosotros, y en fin, el universo entero, como lo llamamos, no son más que algo diminuto en comparación con este ser, y todo forma parte de él”.&lt;br /&gt;“Disponemos de muchos datos, de todos los datos que la sonda espacial ESPACE FUTUR nos ha proporcionado. Las estrellas moribundas, las estrellas rojas, la llamadas enanas, y todas las estrellas que al enfriarse se contraen, no son más que células muertas o moribundas, como pueden serlo las células que mueren en el interior de nuestro cuerpo. Habitamos en un ser de proporciones tan gigantescas y tan inauditas para nosotros, que si no hubiera sido por la sonda no lo habríamos descubierto nunca. La sonda atravesó el confín del universo, ¿y qué fue lo que encontró? Pues lo que encontró fue otro universo. Pero antes de salir del nuestro, registró  millones de planetas habitados por seres, algunos muy parecidos a nosotros, y otros muy diferentes. Esos  planetas son los órganos del gigante en que vivimos  y nosotros somos unas simples moléculas que forman parte de esos órganos. Y todos, fíjense bien, todos los universos explorados por la sonda, no son más que repeticiones, más o menos parecidas, de nuestro sistema solar. El ser humano está viviendo en un órgano de este ser, que es tan grande para nosotros, como nosotros lo somos para un microbio. La sonda, antes de salir de lo que llamábamos nuestro mundo, encontró un universo tan enorme que nos pareció que nada tendría fin, pero cuando detectamos las ondas cerebrales y las terminaciones nerviosas, lo comprendimos. Todo este inmenso y maravilloso universo tiene vida propia y actúa como en una maravillosa sinfonía. Lo terrible, señores, es que nuestro mundo, nuestro universo, nuestro gigantesco señor, está enfermo, se está muriendo. La sonda pudo detectar la enfermedad: ¡un cáncer en el cerebro de nuestro gigante! Ignoramos lo que puede durar la enfermedad... pero creemos que ha llegado a su final, que el ser ha dejado de respirar y por ese motivo ha cesado la expansión y la contracción del universo, de nuestro universo. Es posible que cuando los órganos de ese ser comiencen a descomponerse, nuestro mundo también se descompondrá, ya que forma parte del mismo ser. ¡Y ahí está nuestro reto! ¿podremos, nosotros, que nos llamamos seres humanos, huir de ese destino? Tenemos por delante millones de años para conseguirlo, pues nuestro tiempo es proporcional a nuestro tamaño, y lo que para el ser que nos cobija sean posiblemente unas pocas horas, para nosotros significan millones de años de nuestro tiempo”. &lt;br /&gt;“Y por último, la pregunta que sigue siendo crucial, la que nos seguiremos haciendo por muchos descubrimientos asombrosos que hagamos: ¿existe Dios? ¿lograremos encontrarlo algún día, si llegamos a escapar del ser en el que nos encontramos aprisionados? ¿Tendrá este ser un Dios y será el mismo para nosotros? ¿lo encontraremos algún día? El reto está servido, señores”.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-3950486856438969501?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/3950486856438969501/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=3950486856438969501' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/3950486856438969501'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/3950486856438969501'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/la-sonda-del-conocimiento.html' title='LA SONDA DEL CONOCIMIENTO'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-686565011792606967</id><published>2010-02-04T06:59:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T06:59:45.870-08:00</updated><title type='text'>SUEÑOS MUY REALES</title><content type='html'>Estoy aterrado. Lo que comenzó como un juego de mi mente y que yo creí sería divertido, ha resultado ser una realidad abrumadoramente cruel. No sé exactamente cómo diablos he logrado  encontrarme en las mismas y exactas situaciones que ya viví hace muchos años, no sé cómo lo hago, pero cuando me acomodo en este sillón tan confortable y consiento que mis pensamientos y mis recuerdos fluyan libremente, al dejarme arrastrar por ellos vuelvo a vivir con tremenda exactitud lo que ya viví años atrás. &lt;br /&gt;          Al principio me parecían simples ensoñaciones hasta que, un día, al despertar, encontré en mis piernas las marcas rojizas y sangrantes de los correazos propinados por mi padre: los recuerdos me habían trasladado a mi infancia y había vivido de nuevo aquella escena que nunca olvidé, la del día que me enfrenté a él, y mi padre, furioso y borracho por el vino y por la ira, marcó mi cuerpo a golpes y a correazos. Resulta curioso porque, ahora, mientras él me pegaba, yo sabía que lo estaba soñando, que solamente eran recuerdos, y mientras revivía esos momentos me parecía increíble que pudiera mi imaginación rememorar tantos detalles, e incluso sentir en mis carnes el dolor lacerante que me causaba la correa que mi padre utilizaba con saña.&lt;br /&gt;          Mi padre me pegaba y yo revivía aquella situación sin poderla remediar, pero al mismo tiempo, en mi interior no dejaba de pensar en lo que me hubiera gustado decirle: papá, no sirve para nada que me pegues, ya ves, han pasado muchos años y nunca aprendí algo bueno por haberme pegado tanto, ahora tú estás muerto y ni siquiera por respeto a tu memoria puedo darte la razón. Pero me sentía incapaz de decírselo, y él me pegaba sin cesar y yo traba de huir de sus golpes. Y era como si estuviese viviendo dos vidas al mismo tiempo, o como si dentro de mi existiesen dos mentes; una era mi mente de niño que sufría y la otra mente es la que ahora poseo, actuando de observadora. Cuando desperté de mi ensoñación, me encontré dolorido. Me dolían las piernas y contemplé con asombro que las tenía completamente señaladas, marcadas por la correa de mi padre. Me levanté del sillón en el que había permanecido sentado y me dirigí al botiquín; impregné un trozo de algodón con agua oxigenada y me curé las heridas sin poder encontrar ninguna explicación a lo que había ocurrido. Yo mismo no podía creerlo pero las heridas eran muy reales. Aquello fue el principio de una larga cadena de recuerdos y sucesos inexplicables. &lt;br /&gt;          Tengo tantos recuerdos... algunos de los que he rememorado no llego a comprenderlos, al menos no comprendo la importancia que pueda tener poder revivirlos al cabo de tantos años; como el de aquella mañana fría de invierno cuando, al dirigirme a la escuela, vi a un mendigo que me inspiró lástima y le entregué un bocadillo que guardaba, envuelto en papel, y que mi madre me había preparado. El mendigo se sorprendió y me entregó a cambio... ¡un botón!. El mendigo estaba aterido por el frío y tenía la mano extendida pidiendo una limosna. Al ofrecerle el bocadillo, en un primer momento no se atrevió a cogerlo, pero terminó aceptándolo con una sonrisa. En seguida rebuscó en sus bolsillos, sacó algo de uno de ellos e insistió para que yo lo cogiese. Y yo lo cogí, y al mirar lo que el mendigo me daba vi que era un botón. Me lo entregó como si en lugar de un botón fuese un tesoro; y quizá para él lo era, o pensó que para mi, un niño, ciertamente lo sería. Viví de nuevo aquella escena, respirando y notando el aire frío de la mañana y el tacto, también frío, de aquel botón, y mi mente deseaba decirle al mendigo: me acuerdo de ti, pero eres únicamente un recuerdo, no eres real. Al despertar en mi sillón me di cuenta de que mantenía una de mis manos fuertemente cerrada, ocultando algo dentro de ella y, al abrirla, ¡vi que en mi mano tenía el botón que el pobre me había entregado! &lt;br /&gt;          Fue el principio de algo que ahora no tengo otro remedio que aceptar. Llegaron otros muchos recuerdos después de aquellos y, siempre, al despertar, encontré pruebas reales de haberlos vivido de nuevo; pero nada de eso importaba a nadie y nunca me atreví a contarlo, tampoco lo hice porque no creo que me hubieran creído. Luego, empezó lo más terrible y que me ha sumido en un pánico atroz, pues comencé a vivir, como en un imposible, los terroríficos sueños lejanos de mi infancia. Y al rememorarlos los reconocí, supe que eran mis sueños, todos los malos, los peores sueños que creía tener dominados y ya olvidados. Y soñé de nuevo que ahora, al igual que entonces, yo era un viajero del espacio infinito recorriendo mundos ignorados. &lt;br /&gt;          En éste último sueño me hicieron prisionero unos seres extraños pertenecientes a un lejano mundo. Vagamente veo cómo  introducen un objeto en mi pecho. Me mantienen echado en una camilla; no me hacen daño pero tengo miedo. Les oigo hablar; me gustaría poder entenderles pero no termino de conseguirlo. Los veo reír diabólicamente. Ahora logro entender algo. Están diciendo que gracias a mi han encontrado la clave... Y al llegar aquí, no puedo recordar más que palabras incompletas y sin sentido alguno. De nuevo entiendo algo más: hablan de que una vez haya regresado yo a la Tierra, y a través de mis sueños, podrán cumplir por fin lo que desde hace tiempo deseaban. Y con las manos hacen gestos... extienden los brazos y abren las manos de un modo rápido, al tiempo que dicen: ¡pum!&lt;br /&gt;          De todas mis ensoñaciones, ésta es la que más me importa, ésta es la más terrible de todas. Ya me encuentro totalmente despierto; desconozco el motivo pero me encuentro tan aterrado que no me atrevo a moverme y no sé qué hacer. Dentro de mi oigo un débil sonido que va creciendo y que también hace temblar mi pecho. Ahora, todo mi cuerpo está temblando, y aunque trato de evitarlo me resulta imposible porque no me siento dueño de mis actos. Si pudiera pedir ayuda... A cada segundo que transcurre, noto y oigo este ruido con mayor intensidad. El ruido y mi temblor han aumentado tanto que están dominando mis sentidos, me martillean el cerebro y me nublan la visión.  Recuerdo, de pronto, algo que dijeron, palabras terribles que quisiera poder olvidar: tú eres el medio para poder llegar hasta vosotros, y cuando el dispositivo estalle... ¡feliz Navidaaad!. Y lo decían riendo, mientras me saludaban con las manos en un gesto que entendí era la despedida final.&lt;br /&gt;          Debería llamar, avisar a alguien, pero no puedo dominar mis movimientos; mis temblores aumentan sin cesar como si siguiesen el ritmo de este sonido que me invade y que, por momentos, crece dentro de mi. Y mientras permanezco en mi sillón, me parece advertir que este sonido, este retumbar infernal, es algo similar a un rápido: tictac, tictac. Tictac, TICTAC....&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-686565011792606967?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/686565011792606967/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=686565011792606967' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/686565011792606967'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/686565011792606967'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/suenos-muy-reales.html' title='SUEÑOS MUY REALES'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-1980012894652020379</id><published>2010-02-04T06:57:00.000-08:00</published><updated>2010-02-04T06:58:57.475-08:00</updated><title type='text'>GEORGE, UN HOMBRE DEL FUTURO</title><content type='html'>Primera parte&lt;br /&gt;       &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;         George abrió con mucho cuidado la trampilla que aislaba su refugio del exterior, asomando primero la nariz y luego toda su cabeza. Observó cuidadosamente la superficie y pensó que nada había cambiado. Calculó después su situación, mirando hacia Orión y consultando el pequeño triángulo de coordenadas que mantenía sujeto a su muñeca por medio de una correa de taflone.  Los datos obtenidos le confirmaron que, en efecto, su situación no había variado desde la última vez que comprobó el rumbo; éste se mantenía inalterable. El asteroide estaba siendo arrastrado por corrientes imperceptibles, por energías desconocidas. George había hecho muchos intentos para averiguar de dónde procedían esas corrientes, muchos cálculos para saber hasta qué lugar del espacio sería arrastrado el asteroide, pero le era imposible poder tener siquiera una ligera idea sobre ello. &lt;br /&gt;        El refugio fue construido cuatro años atrás. Los constructores lo hicieron convencidos de que la situación de ese remoto asteroide en el espacio sería tan estable como lo había sido desde tiempos inmemoriales, y determinaron que el asteroide sería una buena base para instalar un laboratorio y poder observar más de cerca las estrellas. En aquel entonces, las investigaciones estaban en pleno auge, el dinero corría sin cesar llenando las arcas de los gobiernos y, según publicaban continuamente los periódicos de la época, los gobiernos lo derrochaban en cientos de proyectos a cuál más interesante. George pensó en todo eso, en que él fue uno de los elegidos a quién junto a otros científicos trasladaron al asteroide y que ahora se encontraba solo entre las estrellas como único superviviente. George no era realmente humano, no lo era en toda la extensión de la palabra, pues aunque sus genes sí lo eran, éstos le fueron implantados en un cuerpo creado artificialmente. Desde su nacimiento hasta que se le consideró adulto no transcurrieron más de dos años. Durante ese tiempo le fueron implantados más conocimientos que ningún ser humano tuvo jamás, y cuando se le consideró preparado, fue enviado al espacio junto a un equipo de científicos. Ahora, todos habían muerto menos George.&lt;br /&gt;          Cuando el asteroide comenzó a derivar perdiéndose en el espacio, la pequeña colonia instalada en aquel escaso kilómetro cuadrado de roca perdió toda comunicación con la Tierra. A partir de entonces no recibieron más víveres ni repuestos, pues ninguna nave pudo llegar hasta ellos para surtirles de lo necesario. George se sintió solidario con sus compañeros al ver sus sufrimientos por la escasez de alimentos. &lt;br /&gt;          Todo comenzó a ir mal en el momento mismo en que las comunicaciones, seguras hasta entonces, fallaron ostensiblemente. Comprobaron que el asteroide, que creían fijo y estable en su posición, estaba derivando por el espacio con un rumbo desconocido. Sin poder hacer nada para evitarlo se desesperaron, pues cuando se les acabasen las reservas de alimentos, morirían por inanición.  George los compadeció, pero a él, en realidad, esa situación no le afectaba, a no ser por sus sentimientos y su solidaridad. Él no era como los demás. George no sentía sed, ni hambre, ni necesitaba aparatos especiales que pudieran facilitarle el oxígeno necesario para poder respirar como lo necesitaban sus compañeros. George no tenía las limitaciones de los humanos y fue construido para situaciones de emergencia, siendo capaz de sobrevivir bajo cualquier medio por hostil que fuera. A pesar de ello, sus genes le imbuían un fuerte sentimiento de compañerismo y, de lo que él mismo se sorprendió, de sentimentalismo, y también de impotencia ante la atormentadora situación por la que sus compañeros tuvieron que pasar cuando, uno tras otro, todos fueron muriendo, sucumbiendo de inanición. &lt;br /&gt;        George se encontró solo y no supo qué hacer ni en qué ocupar sus horas, por lo que pasaba el tiempo leyendo los manuales de ingeniería espacial que encontró en el laboratorio. De vez en cuando se asomaba al exterior, comprobando las posibles variaciones en el rumbo que había tomado en el espacio el asteroide, ya que esa roca era lo que ahora conformaba su mundo, un diminuto mundo que transportaba a George como único habitante, un mundo en el que no existía agua, ni alimentos, ni atmósfera, y que indefectiblemente se movía a una enorme velocidad que iba aumentando segundo a segundo, a través del vacío sideral, hacia algún remoto y desconocido lugar del universo. &lt;br /&gt;        George tenía suficiente con descansar cinco minutos al día, regenerando de ese modo su organismo, y el resto del tiempo se entretenía curioseando en los manuales que había encontrado en el camarote de capitán. Puesto que en el asteroide, fuera del refugio del laboratorio,  no existía absolutamente nada en lo que pudiera recrearse o que le llamara la atención. La primera vez que salió a la superficie lo hizo con muchas precauciones, y se asombró de no ser expulsado de la base y salir despedido con fuerza hacia el espacio. Sabía que en el asteroide no existía atmósfera alguna y que por lo tanto tampoco existía gravedad. Las máquinas que hasta entonces proporcionaban la pequeña gravedad suficiente para mantener pegados al suelo del asteroide a los hombres, hacía tiempo que no funcionaban por falta de combustible; fue entonces cuando comprobó que su propio organismo era capaz de generar una fuerza antigravitatoria que le mantenía adherido al suelo. También había comprobado, tiempo atrás, que sus pulmones fabricaban su propio oxígeno para poder respirar. Sin embargo, George no lo entendió hasta más tarde, cuando encontró en la cámara del capitán de la nave un manual que trataba sobre él, de sus orígenes y de cómo había sido creado. Se enteró entonces de muchos datos que se le habían ocultado y que nadie le explicó antes. Su cerebro, según detallaba el manual, no solamente denotaba una inteligencia muy superior a la de los hombres, sino que podía llegar a ser también muy poderoso en otros aspectos. Por medio de los complicados mecanismos que se encontraban insertados en su interior, combinados con los genes de su nacimiento, podía lograr, entre otras cosas, lo que él mismo ya había experimentado antes de saber siquiera que podía hacerlo: conseguir no salir despedido al espacio exterior, a pesar de la inexistencia de gravedad.     &lt;br /&gt;          Cuando la maquinaria dejó de funcionar, él supo, instintivamente, como transmitir las órdenes precisas a su cuerpo, a través de su cerebro, para emanar el magnetismo preciso que necesitaba para aferrarse al suelo. También experimentó exactamente lo contrario cuando leyó que simplemente deseándolo podía elevarse por los aires, por el espacio, sin necesidad de mecanismos que le transportasen; estuvo leyendo durante horas, y cuando terminó la lectura se mantuvo inmóvil durante mucho tiempo, pensando y asimilando lo que había aprendido sobre él mismo. &lt;br /&gt;        George, desde el mismo momento en que tuvo sentimiento de vida, supo que no era humano como lo eran sus compañeros, sabía que él no había sido procreado del mismo modo y que era diferente, pero nunca se había planteado nada que fuera más allá de ese simple pensamiento. Sabía que era muy parecido al hombre, pero que a él que le habían construido artificialmente y con dotes especiales que le hacían ser superior en muchos aspectos, como el de no tener necesidad de alimentarse ni precisar del sueño para descansar. También sabía que poseía una gran fuerza en sus músculos, al igual que conocía que su cerebro albergaba una gran inteligencia. Ahora, se daba cuenta de que dentro de sí encerraba un gran potencial y de que era más poderoso de lo que nunca hubiera imaginado.  Cuando el último de sus compañeros desapareció, y se quedó sólo, durante dos días se mantuvo inmóvil, sondeando su propio cerebro. &lt;br /&gt;        Cuando George abandonó su inmovilidad, lo hizo para probar y poner en práctica todo lo que había descubierto acerca de su latente potencialidad: intentó levantar una máquina cuyo peso era de dos toneladas y que estaba fuertemente anclada al suelo del laboratorio. Intentó primero hacerlo suavemente y no la movió en absoluto. Lo intentó de nuevo con más fuerza y esa vez tampoco consiguió moverla. George ya sabía que sería eso lo que ocurriría, solamente había intentado probar y aquilatar su propia fuerza, y entonces, decidido e imprimiendo a los músculos de sus brazos una orden imperiosa desde su cerebro, levantó la máquina al fin, arrancándola de sus soportes y elevándola por encima de su cabeza como si fuese una simple almohada de plumas. Sonrió ampliamente: lo había logrado y ahora empezaba a conocerse mejor.&lt;br /&gt;        Empujó hacia arriba la compuerta metálica que daba al exterior del laboratorio y salió a la noche del asteroide, inmerso en la profunda oscuridad del espacio. Tiempo atrás había salido y paseado siempre con mucho cuidado, pero ahora lo hizo despreocupadamente. Una vez afuera levantó un brazo, y con su sólo deseo se elevó a gran altura por encima del asteroide. Imprimió desde su cerebro una velocidad mayor a sus movimientos y en pocos segundos sobrevoló todo el perímetro de su pequeño mundo. Lo rodeó, volando, por encima y por debajo, y luego, en lo que duró sólo un instante, se alejó  hasta casi perderlo de vista; se alejó  tanto, que se encontró flotando en medio de la inmensidad, en medio de la nada, en el silencioso y oscuro vacío sideral. El asteroide apenas era un punto en el espacio. Casi tuvo miedo de haberse perdido y de no poder regresar al asteroide, su hogar. Decidió volver, y en otro instante y sin apenas tiempo de medición, se encontró de regresó en la superficie. Se sintió satisfecho y alegre por lo conseguido.&lt;br /&gt;        Desde que sus compañeros murieron habían transcurrido casi tres años, y durante todo ese tiempo, George había estudiado, asimilado y comprendido, como un alumno aventajado, la ingeniería que hacía funcionar el laboratorio, a pesar de que toda esa maquinaria permanecía ahora inactiva por carecer del combustible necesario. Sin embargo, existía un misterio que hasta la fecha no había logrado aclarar. Sus compañeros, después de fallecidos, desaparecieron sin dejar rastro. No se explicaba cómo podía haber sucedido eso. Cuando murió el último compañero, George recordaba que él se había retirado durante sus habituales cinco minutos diarios para descansar, y cuando despertó, ninguno de ellos se encontraba en el refugio. Habían muerto todos y, aunque no hubiese sido así, tampoco podían haber ido a ningún sitio fuera del asteroide. Pensó en algún artilugio que él desconociese, en alguna máquina oculta en la nave que al detectar la falta de vida, y con instrucciones precisas para deshacerse de los cuerpos, los hubiera expulsado al exterior, pero por más que buscó e investigó, nunca encontró un dispositivo de ese tipo ni la explicación al misterio, y ahora que creía conocer al detalle todo el funcionamiento del laboratorio, ya estaba seguro de que ese artilugio no existía, así que el misterio siempre le preocupó, pero sin poder solucionarlo.&lt;br /&gt;        Ayudándose con su pequeño triángulo de coordenadas, pequeño aparato de medición avanzado que le regalaron poco antes de partir y que, en aquel momento estimó era un obsequio innecesario al saber que permanecería recluido en un asteroide pero que, sin embargo, no se atrevió a rechazar, calculó que su pequeña roca avanzaba a una velocidad cercana a la de la luz. Y eso era todo, pues se encontraba demasiado lejos de cualquier mundo para tomar referencias, sin saber ni poder calcular adónde se dirigía exactamente. La roca navegaba hacia lo desconocido y quizá continuaría navegando hasta el infinito, o quizá, al igual  que un día&lt;br /&gt;había iniciado su loca carrera sin motivo aparente, se pararía de improviso en algún lugar ignoto. Lo que también ignoraba era cuánto podría llegar a vivir ; nada en los manuales lo indicaba y se preguntó, con curiosidad, qué sería de él en ese futuro del que todo desconocía.&lt;br /&gt;        Decidió, por fin, poner en práctica el plan que se le ocurrió al repasar en su mente un tratado de física. Salió al exterior y se dirigió hacia un cercano promontorio rocoso, y desde allí se elevó por el espacio como había hecho ya anteriormente, y muchas veces, desde el día que descubrió los poderes que ahora, después de practicar meses y meses, dominaba a la perfección. Desde lejos, suspendido e inmóvil en el espacio, fijó de nuevo la vista en ese promontorio, y lanzándose con una velocidad al menos un millón de veces superior a la de la luz, chocó contra la roca con los brazos abiertos, abarcando de ese modo el mayor diámetro de piedra posible. Lo había calculado muy bien antes de hacerlo, no deseaba que la roca se desintegrase totalmente o que sus pedazos saliesen despedidos al espacio. Si eso ocurría, no habría conseguido nada de lo que esperaba. &lt;br /&gt;          El impacto fue como si hubiera detonado una pequeñísima pero poderosa bomba nuclear y la roca se pulverizó, saltando en cientos de pedazos incandescentes que se alejaron del asteroide y se perdieron en las profundidades espaciales, pero George, utilizando su enorme fuerza justamente en el momento en que sus brazos impactaron contra la roca, había evitado que una gran parte desapareciese al abrazarla, logrando con ello el objetivo que se había propuesto; su poderoso cuerpo y su astronómica velocidad, al chocar, condensaron un trozo de aquella roca, siendo suficiente lo que pudo retener con sus brazos para lo que necesitaba. &lt;br /&gt;        George recogió el pequeño pedazo de roca que había quedado en el asteroide. El volumen era pequeño, pero tan denso, que ningún humano hubiera podido levantarlo y ni tan siquiera moverlo por su propio esfuerzo.&lt;br /&gt;          George se preguntó cuál podría ser el peso específico del trozo de roca que había conseguido. Más tarde obtendría, al haber condensado la materia por medio de aquel provocado y tremendo impacto, y tras complicadas manipulaciones, el combustible necesario para alimentar de nuevo la compleja maquinaria del laboratorio. Lo necesitaba para poder dirigir al asteroide hacia un rumbo que no fuera, simplemente, el que el azar había elegido como dueño de su destino.&lt;br /&gt;        Cumplida la primera parte de su plan, desmontó algunas partes de la maquinaria que consideró necesaria para lo que había ideado, cambiando, manipulando y añadiendo lo más conveniente. Cuando hubo terminado se sintió feliz. Gracias a su mente privilegiada había diseñado y construido, utilizando parte de la maquinaria destinada a otros menesteres del laboratorio, algo parecido a dos turborreactores, y cuando consideró completa su obra lo trasladó todo, desde el recinto interior, a la superficie del asteroide.&lt;br /&gt;        George sabía que en cualquier momento podía, si lo deseaba, abandonar su refugio y lanzarse al vacío estelar en busca de algún mundo, y quizá encontrar algún día uno acogedor. No necesitaba para volar entre las estrellas más que su propio cuerpo, pero desconocía qué rumbo debía tomar y no sabía qué podía esperarle en ese desconocido viaje. Acabó pensando que quizá su éxodo tardaría años en realizarse y que su vida podría no durar tanto como para poder llegar a ningún lugar. Pensar en tener que abandonar su querido refugio, sus libros y todo lo que allí poseía, le hizo cambiar de idea y diseñó en su mente otra que estimó mejor, la de viajar con el asteroide pero dirigiendo él su rumbo y su destino. Decidido firmemente, trabajó duro hasta conseguir lo que deseaba.&lt;br /&gt;        Los motores de los reactores, construidos y anclados convenientemente por George en un extremo del asteroide, se pusieron en marcha tras recibir la energía suministrada por la pila nuclear, lo primero que había logrado construir con la roca condensada y transformada después en el laboratorio por medio de un elaborado y complicado proceso. La energía era liberada de forma controlada y útil, y George, sonriendo ampliamente y aprovechando el impulso y la velocidad que ya llevaba el asteroide, situó los motores de forma que, mediante su potencia, lentamente al principio y claramente a mayor velocidad después, velocidad que aumentaba vertiginosamente por segundos, su pequeño mundo espacial tomara un rumbo definido. El asteroide, ahora, se dirigía hacia el lejano y desconocido Orión. &lt;br /&gt;        George meditó sobre lo que había conseguido y se sintió orgulloso, no obstante sentir en su interior un sentimiento de pena por no poder ofrecer a sus creadores tan increíbles hallazgos, pues el mundo que hacía tiempo había dejado atrás, necesitaba, sin duda, esa energía por él descubierta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Segunda parte&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Señor Carpenter, tenía usted razón. George ha conseguido todo lo que habíamos previsto, y sus hechos han sobrepasado ampliamente todos nuestros cálculos -el general, mientras hablaba, y con rostro de preocupación, paseaba a grandes zancadas por el despacho - Incluso la energía que ha conseguido -siguió diciendo- es demasiado poderosa para este experimento. Hasta ahora hemos podido controlar al asteroide y le hemos hecho viajar en círculos, pero me temo que con esta potencia que ha logrado quizá pueda eliminar nuestros controles y dirigirlo él mismo, como está pretendiendo... y creo que consiguiendo. &lt;br /&gt;          El general se encontraba inquieto. Los planes diseñados tan minuciosamente por el equipo de científicos habían sido superados ampliamente por la habilidad de George. Se sentó sin dejar su aire de preocupación y se pasó una mano por la cabeza, intentando alisar los escasos cabellos que tenía en ella. &lt;br /&gt;- ¿Sería posible, señor Carpenter  -dijo en un tono de voz como pidiendo  ayuda- que George, creyendo navegar por el espacio, llegase con el  asteroide hasta un extremo de la burbuja y la atravesase?  Y sin esperar   &lt;br /&gt;respuesta, continuó, alarmado: ¡si eso ocurriese, sería un  verdadero  &lt;br /&gt;desastre! &lt;br /&gt;           Carpenter asintió a las  palabras del General con un gesto grave en su rostro. &lt;br /&gt;- Si, mi general, dijo, eso sería  posible. Es demasiado peligroso, efectivamente, dejar que George continúe en su empeño. Ya sabe Vd. que él cree encontrarse en un espacio sin límites, a miles de años luz de cualquier planeta, según le marcan los datos de  su triángulo de coordenadas y que fueron falseados por nosotros antes de entregárselo; sin embargo, al  haber conseguido crear su propia energía, el asteroide podría llegar, como usted muy bien ha dicho, hasta el muro exterior de la burbuja transparente. Sólo Dios conoce lo que podría ocurrir si a esa velocidad chocase contra la barrera. Las paredes de la burbuja, por muy resistentes que sean, no podrían soportar un impacto de esas características. La energía contenida en su interior podría salir sin control y ocasionar una catástrofe de alcances  imprevisibles.&lt;br /&gt;          Carpenter, científico jefe del experimento, era un hombre maduro y de aproximada edad a la del general. Su carácter era sereno y calculador, poseía la frialdad necesaria para llevar a cabo cualquier proyecto que se le encomendase y gozaba de la confianza del Alto Estado Mayor. &lt;br /&gt;- George,  -dijo Carpenter sin mirar ahora al General- ha conseguido ampliamente y con creces lo que esperábamos de él, no sólo ha desarrollado por sí mismo y con su propia capacidad lo que suponíamos que podría llegar a hacer, sino que al encontrarse en un medio hostil, y tal como habíamos especulado, ha superado nuestros cálculos más optimistas; lo prueba el modo en como estas circunstancias adversas han despertado en él toda la potencialidad que llevaba dentro. Hasta nosotros desconocíamos lo que podría alcanzar a conseguir un ser creado artificialmente. &lt;br /&gt;          Carpenter encendió un cigarrillo y guardó silencio, sumido en sus pensamientos. El General respetó el silencio del científico. Carpenter se sentó al lado del General, sacudió la ceniza de su cigarrillo, extendió sus piernas y se puso cómodo. Sólo entonces continuó hablando. &lt;br /&gt;- Esa terrible fuerza que posee y la velocidad tan increíble que ha conseguido al desplazarse por el espacio, ni siquiera fuimos capaces de imaginar que se pudiera lograr. Cuando se elevó por primera vez, temí entonces que llegase a los límites de la burbuja. Afortunadamente, decidió regresar al asteroide. &lt;br /&gt;          En el rostro del Científico pudo apreciarse una determinación, cuando se dirigió al general.&lt;br /&gt;- Llame, por favor, a mi grupo, General, a los científicos que iniciaron el viaje con George, los que él creía que eran el Capitán y su tripulación y que pensó que habían muerto. Es curioso que nunca descubriera nada. Ellos fueron lo que adaptaron en el interior de la nave las condiciones para poder continuar este experimento. Los necesito aquí, en el control. Deben haber recuperado ya su normalidad y descansado de los cambios que introdujimos en sus organismos al reducirlos a tamaño microbiano, como a George. Ahora es necesario escucharles y que nos aconsejen lo más conveniente, si pueden hacerlo, antes de que suceda una catástrofe. Quiero asegurarme de que hemos podido registrar todo el proceso final acerca de esta desconocida energía que George ha descubierto, necesitamos conocer la fórmula exacta. También necesitamos los registros de los parámetros actuales de su cerebro. Es sumamente importante que tengamos todos esos datos sin ningún fallo; a George no podremos estudiarlo personalmente, se ha convertido en un ser demasiado poderoso. &lt;br /&gt;          El general dio las órdenes oportunas y se volvió de nuevo hacia el científico jefe, alertado por lo éste decía. Quiso decir algo, pero Carpenter, sin hacerle caso, siguió hablando. &lt;br /&gt;- Afortunadamente, ahora conocemos hasta donde puede llegar este  &lt;br /&gt;modelo avanzado. Fue una excelente idea la comprobación de sus   &lt;br /&gt;aptitudes. Los próximos robots genéticos que construyamos, llevarán     &lt;br /&gt;impreso el código de anulación o de destrucción inmediata a distancia.   &lt;br /&gt;De ese modo, no podrán nunca revelarse y dominar a sus creadores. Si  &lt;br /&gt;no hiciéramos eso, serían temibles. A George no consideramos necesario &lt;br /&gt;introducírselo, y ahora... &lt;br /&gt;- Lo entiendo, Carpenter, pero... ¿qué es lo que piensa hacer? ¿no dejar &lt;br /&gt;que  George recobre su tamaño normal? ¿piensa dejarle reducido para siempre a este tamaño infinitesimal? ¿o quizá piensa destruirle? Si es así, me parece excesivo tener que llegar a...&lt;br /&gt;- General. Le comprendo. Sé que lo entiende pero no le gusta.&lt;br /&gt;- Eso es, no me gusta. No creo que George sea capaz de hacernos daño.   Cuando lo trajeron a esta base, nadie me comunicó lo que tenían previsto. George fue... en fin, le tomé aprecio. Su carácter es agradable, siempre simpatizó con sus compañeros y no parece tener maldad alguna. La prueba nos la dio él mismo, por lo mucho que llegó a sufrir cuando creía que sus compañeros estaban muriendo de inanición. A través de la pantalla pudimos ver como se desesperaba de impotencia al no poder hacer nada por ellos. Tiene sentimientos y los demuestra. Además, ahora nos acaba de dar mucho, y creo que es inhumano por nuestra parte...&lt;br /&gt;- Lo sé, General, dijo Carpenter cortante,  pero por aquel entonces, y de   &lt;br /&gt;eso hace ya tres años para George, aunque no hayan transcurrido mas   &lt;br /&gt;de tres semanas en realidad, el robot todavía no había desarrollado    &lt;br /&gt;suficientemente su cerebro ni los poderes que ahora posee. Tenga en &lt;br /&gt;cuenta que fui yo quién lo construyó, yo lo creé y temo sus reacciones.  &lt;br /&gt;Podría volverse en contra de nosotros al sentirse engañado. Haberle &lt;br /&gt;dejado a su libre albedrío nos ha beneficiado, su cerebro ha evolucionado obligado por las circunstancias al creer que estaba perdido  en el espacio, nos ha demostrado de lo que puede llegar a ser capaz, pero aún ignoramos mucho de su posible comportamiento. Lo siento, General, pero sabe que todo estaba calculado para poder estudiarlo de  este modo. Los sicólogos fueron los que aconsejaron el experimento, incluido el misterio de la desaparición de toda la tripulación, lo que a cualquier hombre hubiera convertido en un demente. Se trataba, precisamente, de medir sus reacciones en situaciones extremadamente  demenciales para cualquier ser humano. Yo me limité a seguir esas doctrinas. No olvide que es un humanoide. Debemos destruirlo, General, porque si se convirtiese en un enemigo, es posible que aún pudiese desarrollar aptitudes aún más poderosas que desconocemos...  y podría destruirnos a nosotros.&lt;br /&gt;- Eso es lo que me parece que es, señor Carpenter, un humanoide y no   &lt;br /&gt;un robot. George está más cerca de nosotros que lo que pueda estarlo  &lt;br /&gt;una máquina. Ojalá no tengamos que arrepentirnos nunca de lo que  &lt;br /&gt;vamos a hacerle. George podría ser, quizá lo sea ya, el hombre del futuro, y &lt;br /&gt;cuando en el futuro existan más como él, no creo que se guarde       nuestra memoria con honores.&lt;br /&gt;- No, general, no estoy de acuerdo con usted, rotundamente no. George es simplemente un robot, aunque le confieso que, en el fondo, comparto alguno de sus sentimientos, pero mire, la genética debe seguir avanzando y no  podemos ceder ante sentimientos personales. Si lo hacemos, si nos &lt;br /&gt;ablandamos y cedemos, no llegaremos a conseguir nuestros objetivos.&lt;br /&gt;-  ¡Señor Carpenter! Veo que usted mismo duda de que el experimento sea &lt;br /&gt;ético... &lt;br /&gt;- General, lo siento, pero debemos terminar esta conversación. George ha descubierto el poder que posee, y lo más conveniente para nosotros es no correr el albur de que sea él quién nos destruya. Temo sus reacciones al enterarse del engaño y por ello considero imprescindible su  destrucción total y absoluta. No sabemos cómo podría reaccionar, tenga en cuenta que nadie podría pararle. No debemos aceptar correr ningún riesgo.&lt;br /&gt;- Si... si, comprendo que era un engaño necesario para que pudiese  desarrollar por él mismo toda su potencialidad...&lt;br /&gt;- Efectivamente, mi general. Hemos hecho lo preciso para que actuara y &lt;br /&gt;pensara por su cuenta con verdadero esfuerzo, como los humanos no &lt;br /&gt;tenemos más remedio que hacer en situaciones límite.&lt;br /&gt;- Bien, no puedo dejar de aceptar la realidad. Verifiquemos esos datos y... &lt;br /&gt;señor Carpenter...&lt;br /&gt;- ¿Si, mi general?&lt;br /&gt;- Cuando compruebe que todo lo tiene bajo control, puede apagar y destruir la burbuja, tiene usted mi autorización. Y por favor, haga desaparecer de inmediato el cuerpo de George, ya le he dicho que había llegado a tomarle afecto y desearía poder olvidar pronto todo este asunto.&lt;br /&gt;          El general, antes de retirarse, miró por la ventana de su despacho. Contempló, desde lo alto, el gran silo en el que se mantenía suspendida en el aire la burbuja por la que navegaba el asteroide. Lo que los científicos denominaban burbuja semejaba una gran campana de cristal transparente, y en su interior se mantenía el vacío y unas condiciones similares a la noche estelar. Dentro de la burbuja podía verse un diminuto punto brillante: el asteroide navegando por lo que George siempre había creído que era el vacío infinito del espacio. Luego, el general, con gesto triste, echó un último vistazo a la pantalla del monitor donde podía verse el rostro de George. Éste se encontraba en ese momento en el laboratorio, muy feliz y completamente satisfecho del rumbo de navegación que había tomado su asteroide.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tercera parte&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          Tan pronto como el General abandonó el despacho,, ocurrió algo que nadie comprendió. Una inesperada explosión destruyó la burbuja, justo en el instante mismo en que Carpenter pulsaba el interruptor para apagarla.   &lt;br /&gt;          Afortunadamente, aparte de la destrucción de la campana nada más sucedió. Al interrumpir la energía contenida en su interior no llegó a ocurrir lo que Carpenter había temido, es decir, que la energía nuclear liberada bruscamente por la rotura de la campana llegase a devastar las instalaciones y que causase un desastre terrible en muchos Kilómetros a la redonda. Se felicitaron por su buena suerte, ya que lo que temían no había ocurrido y sí que, junto con  la campana, se había destruido lo que contenía en su interior, que era lo que pretendían: eliminar a George. Se desintegró, aseguraron los expertos. No quedaron rastros del asteroide, de la campana ni de George. Todo había desaparecido sin causar daño alguno, escapando la energía directamente hacia el espacio. En el instante de la explosión, los observatorios militares pudieron grabar en sus aparatos vestigios de algo luminoso que no pudieron identificar: una especie de rayo que surgió del centro de la base, del lugar en el que había estado la campana. El rayo ascendió con rapidez inusitada y se perdió en pocos segundos en el espacio, desapareciendo totalmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuarta parte&lt;br /&gt;REAPARICIÓN DE GEORGE, EL HUMANOIDE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          George había escapado a su destrucción, programada por los militares. El humanoide era aún mucho más inteligente y sagaz de lo que podían imaginar Carpenter y el General. Intrigado por las misteriosas desapariciones de sus compañeros, se había dicho que era imposible que la tripulación se hubiera desvanecido en el espacio y que, por tanto, aunque desconociese los motivos, era probable que algo se le hubiera ocultado. Siempre con disimulo, y ocultando sus verdaderos propósitos, no ceso de investigar hasta el día que analizó las cámaras de vídeo que, sin él saberlo, le vigilaban constantemente y grababan sus pensamientos y parámetros de actividad. En un principio había creído que las cámaras eran utilizadas para comunicarse entre los distintos departamentos del laboratorio y no las había prestado más atención, pero cuando por curiosidad observó las frecuencias de ondas con la que estas operaban, advirtió que las cámaras no estaban allí para funcionar como unos simples intercomunicadores, sino para que las ondas alcanzasen grandes distancias. Ocurrió también algo extraño cuando George se acercó por primera vez a una de las cámaras. Las cámaras estaban situadas en los techos del laboratorio, a la altura de un metro por encima de su cabeza, y cuando se aproximó para examinarlas de cerca, un extraño zumbido le asaltó en el interior de su cabeza, produciéndole molestias. Le extrañó y no dejó de dar vueltas a ese sorprendente hecho. &lt;br /&gt;         Para comunicarse con su planeta, los técnicos habían instalado, en el cuarto de comunicaciones del laboratorio, unas magníficas instalaciones de radio. Esos aparatos quedaron inoperantes, “oficialmente”, al perderse el contacto entre la base y el asteroide cuando éste comenzó a derivar, aparentemente, en el espacio, tomando un rumbo desconocido y no previsto. La intuición de George, un sentido especialmente desarrollado en él, le hizo mantenerse alerta a pesar de no conocer con exactitud lo que ocurría, hasta que la idea de que quizá era vigilado empezó a tomar cuerpo en su mente. Concentrando sus pensamientos, operó desde su cerebro el escáner con el que había sido dotado para detectar cualquier problema que pudiera surgir en el interior de su cuerpo. Después de muchos esfuerzos descubrió que lo que había imaginado y sospechado era cierto: el escáner detectó un diminuto comunicador insertado en su cerebro. Se dio cuenta de que por ese medio le estaban estudiando. A partir de entonces ensayó lo indecible hasta que logró separar sus pensamientos y llevarlos por dos caminos distintos, creando para ello mentalmente dos canales de pensamientos. Por un canal pensaba aparentemente de forma normal, como siempre había hecho. Por el otro canal discurrían sus  pensamientos ocultos,  evitando que el intercomunicador los detectase. Una noche desconectó la energía del laboratorio para no ser descubierto en sus manipulaciones, y utilizando la tecnología de las propias cámaras insertó en ellas unos sensores de audio que previamente había construido, consiguiendo que las cámaras retornasen hasta el laboratorio los sonidos procedentes de la base. Lo consiguió gracias a sus conocimiento e inventiva, creando una sub-frecuencia invertida de la misma onda que se utilizaba para transmitir, dirigiendo los sonidos recibidos directamente a su canal de pensamientos “privado”. Cuando terminó, al cabo de pocos minutos, conectó de nuevo la energía. En la base no llegaron a advertirlo. A partir de aquel momento, y de la misma forma que a él le escuchaban en la Base, George pudo oír las conversaciones  mantenidas allí y confirmar sus sospechas. Descubrió de ese modo lo que hasta entonces le había resultado un verdadero misterio.   &lt;br /&gt;          Ahora comprendía, al fin, el proceso de las falsas muertes de la tripulación. Se alegró de saber que continuaban vivos, pero se sintió triste y despreciado al saber que habían estado jugando con él como si fuese un simple ratón de laboratorio. Se sintió sorprendido y más triste aún al conocer que ya no le necesitaban y que sería eliminado cuando simplemente apagasen la campana, esa campana que él siempre creyó que era el espacio, el vacío estelar. A partir de entonces, concibió sus planes minuciosamente y se preparó para darles una buena sorpresa que sabía no esperarían.&lt;br /&gt;          Trabajó deprisa para poder invertir el proceso de su miniaturización y recuperar su propio tamaño, escuchando atentamente las explicaciones a través de los monitores, y aunque le faltaban innumerables datos técnicos, su privilegiado cerebro supo encontrar la fórmula adecuada. Lo consiguió justo a tiempo, cuando Carpenter se disponía ya a apagar la campana. &lt;br /&gt;         George, un segundo antes de que eso sucediera, movió el conmutador de regresión para reconvertir, tanto al asteroide como a él mismo, a su tamaño natural. A continuación, forzó al máximo la impulsión de los motores y salió como un rayo de la campana, destrozándola, sin importarle poder causar un cataclismo y pensando únicamente en huir de los que querían destruirle. Navegó en su asteroide hacia el verdadero espacio estelar, atravesando la atmósfera del planeta en el que había nacido y sabiendo que debería ir en busca de otro mundo en el que se le pudiera acoger como él se sentía: como un verdadero y excepcional ser humano.  &lt;br /&gt;         Viajó durante años por el espacio. Gracias al laboratorio continuó estudiando y haciendo grandes descubrimientos científicos, hasta que llegó a un sistema solar en el que encontró un planeta que le llamó la atención por su intenso color azul; era atrayente y hacia allí dirigió el asteroide, que dejó en la órbita del planeta. Salió del laboratorio, levantando la trampilla que daba a la superficie del asteroide, la cerró después y se lanzó al vacío estelar. Cuando atravesó la atmósfera del planeta azul pudo ver que las aguas lo cubrían en buena parte, pero también vio grandes extensiones de tierra cultivada, prados y árboles. Desde el aire no avistó núcleos urbanos ni ser alguno, lo que le extrañó sobremanera, ya que la tierra cultivada revelaba la presencia de seres vivos e inteligentes. Se le ocurrió entonces una posible explicación al misterio, y dirigiéndose hacia el mar se zambulló en sus aguas.&lt;br /&gt;         En la Tierra había habido guerras, innumerables guerras. Se desencadenaron desastres nucleares que no llegaron a envenenar la atmósfera pero que sí fundieron el hielo de los polos. Una mayor parte de los humanos murieron, en principio debido a la contaminación que de todo modos existió en gran parte, y más tarde al nivel de las aguas, que se elevaron e inundaron la faz de la Tierra. Pero en otros lugares, en otras naciones, también habían aparecido soñadores que avisaron con antelación de las guerras futuras y de los desastres que ocurrirían, y algunos gobiernos se aprestaron a diseñar y terminar proyectos para evitar la desaparición de la raza humana en el planeta. Mucho tiempo antes del deshielo, y con previsión, se habían construido grandes ciudades submarinas como si fuesen grandes arcas de Noe modernas. Millones de personas se trasladaron a ellas, sobreviviendo de ese modo a la destrucción de la superficie terrestre. La vida humana seguía existiendo bajo enormes cúpulas que albergaban grandes y pobladas ciudades submarinas, y toda esa vida sumergida fue la que George descubrió.&lt;br /&gt;                    A George le agradó poder nadar. Nunca lo había hecho. Disfrutó al encontrarse en ese elemento líquido que le cubría por completo y le relajaba de una forma especial. Sintió cómo su cuerpo, en una sensación no conocida por él anteriormente, era acariciado sensualmente. Se sumergió con placer para conocer el interior del mar y descubrió, por fin, el lugar en el que vivían los habitantes del planeta. Contempló, con sorpresa, numerosas y colosales cúpulas transparentes situadas en el fondo del mar, que cobijaban en su interior grandes ciudades. Las cúpulas estaban unidas entre ellas por túneles. Las gentes pululaban por esos túneles, entrando y saliendo de los edificios y manteniendo una actividad tan normal como la que había en el planeta de origen de George. Cuando la gente comenzó a avistar a George a través de las transparentes cúpulas, se quedaron mudos de admiración: ¡una persona nadaba en el exterior sin escafandra ni protección alguna! ¿qué hacía allí afuera ese hombre, y cómo es que podía respirar sin ningún aparato que le proporcionase oxígeno?&lt;br /&gt;          George fue recibido y agasajado como un héroe, debido sin duda a la calidad extraordinaria que tenía su visita a la ciudad submarina, y ahí vivió durante un tiempo, junto a los habitantes de la Tierra. George decidió que podía ayudar a esta gente que tan bien le había acogido y puso su mente y sus manos a disposición del consejo rector de la Ciudad Submarina. Con celeridad pasmosa construyó él solo grandes diques en la escasa tierra recuperada hasta entonces por los humanos y en donde existían las pequeñas plantaciones que avistó a su llegada. Añadió tierra y extendió los límites de la superficie habitable. Más tarde, atrajo pequeñas nubes que con su lluvia regeneraron esos terrenos con eficacia, y los habitantes de las ciudades sumergidas pudieron extender algo más sus dominios fuera del Océano. Fue una dura labor y transcurrieron años hasta que los humanos pudieron aposentarse de nuevo en la superficie de la Tierra, pero gracias a George pudieron  abandonar las ciudades submarinas y volver a vivir, como antaño lo habían hecho las generaciones anteriores de terrestres, en casas y edificios asentados en terreno firme.&lt;br /&gt;          George vivió en la Tierra algo más de treinta años, sin embargo, añoraba conocer otros mundos y otras vidas, y cuando consideró que la Tierra ya había recuperado gran parte de su anterior esplendor, decidió marcharse y continuar explorando nuevos mundos. Deseaba tener una compañera que en la Tierra no había encontrado y echaba de menos también el mundo en que había nacido. Quién sabe, pensó, cómo habría evolucionado allí la vida. No obstante esos pensamientos, estaba decidido a no regresar jamás a su lugar de nacimiento. Habían querido destruirle y no lo perdonaría nunca. George había continuado evolucionando y ahora conocía cómo regenerar las células del cuerpo humano para evitar el envejecimiento, e incluso sabía cómo poder rejuvenecer al que hubiese dejado atrás su juventud, pero sus conocimientos no los quiso poner en práctica con los humanos, pues consideró que debían vivir tal como habían sido creados y que no debía interferir en sus destinos. &lt;br /&gt;          Cuando George anunció su despedida, trataron de convencerle para que no se marchase, pero todo intento de retenerle fue inútil. George debía seguir su destino, un destino que desconocía pero que él sabía que debería buscarlo entre las estrellas.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-1980012894652020379?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/1980012894652020379/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=1980012894652020379' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/1980012894652020379'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/1980012894652020379'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/george-un-hombre-del-futuro.html' title='GEORGE, UN HOMBRE DEL FUTURO'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-3548849593035358307</id><published>2010-02-04T06:56:00.002-08:00</published><updated>2010-02-04T06:57:13.237-08:00</updated><title type='text'>VINIERON DE LAS ESTRELLAS</title><content type='html'>Iba tan escotada, que los tobillos podían contemplarse mejor por el escote que mirando directamente hacia sus pies. Las pezuñas eran de importación,  eso  saltaba a la vista, y no hacía falta ser ningún lince para darse cuenta de que la mujer destilaba por todos sus poros una clase especial; pertenecía a la clase dominante, y esa clase de gente era, desde hacía muchos años, la gente que marcaban nuestros destinos. &lt;br /&gt;          La clase dominante disponían de grandes fortunas y solamente ellos podían permitirse caprichos que los demás, pobres mortales, únicamente podíamos contemplar a través de los escaparates de las más lujosas tiendas, creadas especialmente para esos seres tan especiales.&lt;br /&gt;          La mujer dio unos breves pasos y luego me miró largamente. Aquella mirada la recordaré siempre, me atravesó por completo, y fue entonces cuando me di cuenta de que necesitaba una pronta ayuda. ¡Qué estúpido había sido! Como si no supiese que debía haberme evitado dejarme subyugar. Pero ya no tenía remedio, por lo que me dirigí al único lugar donde pensé que quizá podrían ayudarme. Cuando el médico de guardia me atendió, le expliqué con detalles todo lo sucedido. &lt;br /&gt;- Y esto, doctor, es lo que me ha ocurrido. He venido en cuando me he dado cuenta de que necesitaba ayuda.&lt;br /&gt;- Vale, pues estás apañado, poco podemos hacer por ti en el hospital, así&lt;br /&gt;que no creo que dures mucho, es decir, que te quedan pocas horas de vida en tu estado actual. ¿Es que no sabes que debías haberte apartado de su camino en cuanto te diste cuenta de quién era? En cuanto advertiste sus pezuñas debiste pensar en no mirarla a los ojos.&lt;br /&gt;- Si, doctor, lo sé, pero me quedé tan embelesado...&lt;br /&gt;- Claro, como todos, pero si no te hubieras quedado allí, quieto como un&lt;br /&gt;pasmarote, su mirada no te habría influenciado. Parece mentira, pero esos&lt;br /&gt;seres acabarán dominándonos a todos, simplemente con mirarnos. ¡Y mira que lo sabemos! Pero nada, siempre caemos... Ya te digo,&lt;br /&gt;encomienda tu alma, que no hay nada que podamos hacer por ti. Y si quieres reclamar, pide los impresos a la enfermera, pero para lo que te van &lt;br /&gt;a servir... Esos, siempre se pasan el cupo por... Yo, en tu lugar, dormiría, y así, cuando esta noche te hayas convertido, estarás descansado y podrás acostumbrarte más fácilmente a tus pezuñas. Por otro lado... supongo que ya sabrás que una vez te hayas transformado, esos seres te ayudarán. Nunca serás como ellos, pero podrás vivir a su servicio y recibir algunas migajas de su lujosa vida. No vivirás tan mal, pero habrás perdido tu libre albedrío. Lo siento, porque ya vamos quedando muy pocos...&lt;br /&gt;- Si, doctor, lo sé, y es terrible, ¿verdad? Dejaré de ser... yo mismo.&lt;br /&gt;- Si, eso ya es inevitable.&lt;br /&gt;- De acuerdo, doctor. Ahora tengo mucho sueño, me han entrado unos deseos enormes de dormir y se me cierran los ojos.&lt;br /&gt;- Bien, pues duerme, y cuando esta noche te despiertes, procura salir&lt;br /&gt;despacio y sin hacer ruido, y sobre todo, no se te ocurra mirar a nadie, que&lt;br /&gt;aquí sabemos muy bien cómo trataros. Como cualquiera de nosotros note una ligera insinuación de que intentas mirarnos, ya sabes de qué modo, de la rociada con éter no te libra nadie, y también sabes lo que eso significa: tu desaparición inmediata y también la nuestra. A nadie nos beneficiará, pero no podemos permitir que nos subyugues.&lt;br /&gt;- Vale, doctor, lo tendré en cuenta.&lt;br /&gt;          Y cuando el doctor ya estaba a punto de salir de la habitación, pareció recordar algo. El doctor pensaba en todos los detalles. Era muy pulcro y le gustaba su profesión. Se volvió hacia la cama y dijo: ¡ah! y cuando te despiertes no vayas a ponerte  los zapatos: te dañarían las pezuñas. Ya sabes  que  en  adelante  deberás andar siempre descalzo, y, de pronto, se le ocurrió algo y añadió- ¿puedo llevármelos? Y ante el gesto de asentimiento del enfermo, se agachó, recogiendo los zapatos y saliendo de la habitación, mientras pensaba que esos zapatos no le venían nada mal.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8470718939316423201-3548849593035358307?l=rafaelmz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelmz.blogspot.com/feeds/3548849593035358307/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8470718939316423201&amp;postID=3548849593035358307' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/3548849593035358307'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8470718939316423201/posts/default/3548849593035358307'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelmz.blogspot.com/2010/02/vinieron-de-las-estrellas.html' title='VINIERON DE LAS ESTRELLAS'/><author><name>Rafael Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13201031927306125172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_aioE-hTZPxY/S06jKAC_jDI/AAAAAAAACK4/6O2MJ7G44iE/S220/Rafael+Mu%C3%B1oz.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8470718939316423201.post-4342602335967396348</id><published>2010-02-04T06:56:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T06:56:35.347-08:00</updated><title type='text'>UNA SIMPLE FALLIDA (O... UNA FALLIDA MÁS)</title><content type='html'>- Hola, Juan, ¿cómo está padre?&lt;br /&gt;- Pues, ahora, parece que bien...&lt;br /&gt;- Así que... ha sido una fallida más.&lt;br /&gt;- Si, efectivamente, una fallida más, una de tantas, sólo que esta vez el viejo ya estaba en la caja.&lt;br /&gt;- ¿Es posible? Yo he venido en cuanto he podido, tan pronto me he enterado.&lt;br /&gt;- Si, ya ves, consideraron, por los síntomas y su aspecto, que era definitivo, a pesar de que hoy en día, los casos de fallida son lo habitual.&lt;br /&gt;- Claro, pero de todos modos, deberían haber respetado, al menos, las ocho horas reglamentarias.&lt;br /&gt;- Si, pero también sabes que, si transcurren esas horas sin enterrarlo, los cuerpos de descomponen rápidamente. Los servicios tienen demasiados cuerpos para enterrar y, por lo mismo, también demasiada prisa. No dan abasto. He leído que van a cambiar el sistema. El Gobierno no puede soportar el coste de tantas fallidas, y el Servicio de Fallidas y Recuperación se está llevando casi todo el presupuesto nacional, eso es irrefutable, como también lo es que nosotros no podemos soportar cada año subidas del cien por cien de los impuestos; cuantos más impuestos, más comida basura tenemos que aceptar, por lo barata, si deseamos sobrevivir, y sabes que casi está averiguado por la Dirección General de Salud Pública que ese es el origen de todas las fallidas: síncopes falsos, muertes súbitas... cada día son miles las personas a las que les ocurre, incluidos nosotros. Tú mismo llevas, en lo que va de año, unas diez fallidas, y yo... hace un par de semanas tuve la última. Toda la comida es sintética, todo lo que bebemos o comemos. Y el cuerpo humano tiene un límite. &lt;br /&gt;- ¿Y dices que van a cambiar el sistema? ¿Qué van a hacer?&lt;br /&gt;- Pues nos van a obligar a tener en casa una caja por cada tres familiares. Y su precio será elevado puesto que deben ser totalmente herméticas y disponer en su interior de un sistema de oxigenación. De ese modo, en cuanto haya una fallida, los familiares estaremos obligados a introducir el cuerpo del fallido en el interior del ataúd, y si los servicios de recogida se retrasan no supondrá un problema,
